Donde hay personas hay fantasmas. La falta de sonidos es producto de nuestro cuerpo congelado. Al decir eso salió de la habitación. A pesar de no tener los pies de hielo sentí escarcha o quizás algo más compacto que envolvía los espacios entre las vértebras. Al salir observé que la puerta quedaba abierta. Pude cerrarla pero no había razón, seguro él ya estaba dentro de algún vehículo aunque algo me dijo que se desplazaba caminando. Volví al estudio con ánimos de abrirme el pecho como los científicos para observar el interior en pleno funcionamiento. Será cosa de recostarme y contar a la inversa desde cien, al llegar al 59 noté que los brazos yacían sobre el piso separados del cuerpo. Sin brazos no podré lograr el corte me dije pero luego ví que esos no eran mis brazos. Todo era inútil, en ese momento la cuenta regresiva se activó a sí misma. Al despertar, idea que me hizo pensar, encontré a otros hombres como el anterior. Estamos de acuerdo en lo mismo dijo uno de ellos, el lugar sugería un espacio no conocido, aunque reconocí características por lo que acepté el sueño, al fin estoy dentro de mí, dije.
Allí observé al cielo y nubes o formas hechas en cristales que al desintegrarse tranformaban su cuerpo en gas. Ese lugar está del otro lado y es inclasificable, dijo uno de los hombres sin que nadie se lo haya consultado. Allí o aquí encontré mucha gente que no necesariamente actuaba como si se conociera. Sin embargo también los ví respondiendo y hablando como si no tuvieran a nadie alrededor. Tras una puerta había otro sitio de características similares. Aquí o allí las puertas sobran, las hay cada cien pasos, puertas que llevan al mismo sitio pensé, de hecho estaba en el mismo sitio pero del otro lado. Cuando pregunté a uno por el lugar al que conducen éste respondió colocando otra puerta sacada de un bolsillo. Intenté guardar una de ellas en mi camisa pero su tamaño era el mismo. Uno de ellos hablaba, quizás a causa de mi bolsillo y mi puerta, estás al otro lado, al otro lado de qué pregunté tomándolo de su brazo pero mi mano se cerró atrapando solo un gas.
Pero si hay gas debe ser un viaje temporal pensé.
Al despertar observé el televisor apagado. Seguro lo he programado. El agua no caía por lo que buscé algo en el refrigerador. Nuevamente noté como la noche intentaba quedarse entre los recuerdos de los hombres, pues, ella arruina y sustituye a lo vivido en su ausencia. Para que ella no borre mis recuerdos suelo invocar un mantra sencillo. El día llega con su luz blanca para recargar el combustible, diría mi libreta si la llevara. Sin quitarme la ropa tomé una ducha, el agua tardó en llegar a la piel y al hacerlo la sensación fue de inminete peligro. Es la misma sensación de estar bajo el sol con los brazos y las piernas extendidas cubierto por una capa de aceite. El equilibrio lo hallé un día, cuando dos cubos de queso salieron ilesos de la boca de un golden. Creí que se debía a la saliva del perro, incluso unté todo mi cuerpo. La reacción fue fatal. En la noche realicé ejercicios de inmersión. El secreto mejor guardado es el que no se recuerda. Los cubos tenían piel. Llevabas años comiendo solo diría otra nueva libreta. El sol manda me dije.
Quise comprar una. Pensé un título: Viviendo de memoria.
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