Estoy en la cocina, estoy sentado, abro la puerta, el motor me mantedrá despierto, al asomarme veo una barra de manteca, el brillo ilumina mis dedos. Su sabor alcanza para cinco minutos. Tengo menos de una hora. Ella cuenta el tiempo en ambos sentidos, para ella la noche es una aliada. Con la mantequilla hago un sandwich pero no lo como. Busco entre el mobiliario. El fuego haría maravillas, del tipo derretidas, croquetas que humedecen el paladar. A ciegas enciendo el horno. Por recomendación lo dejo solo, hasta que la habitación se llene y nos atraiga. Las manos están quietas pero ya he fabricado una combinación. Ya hay relleno, al apretarlo riega sus jugos, aún vive, debe estar con vida al entrar en el horno. No gritará, o acaso el motor apagará su risa, pues sabe, entrará al grado Zero, desde allí desplegará su superficie durante los siglos que dure el fuego dentro y cada lado de los hemisferios. La eterna tibieza, ligera coraza. Mis manos lo atraen, su peso es ideal, caben varios, las manos sugieren crear una tropa, hay tiempo, no los mastico, quizás deje uno para Ana, que también eleva su témperatura, llega la nieve, tomo el azúcar, mis yemas parecen estar pegadas, los dedos recortados, dirigiéndose entre las especias, hay un gusto de noble corteza, de esto sabe Ana, presumo que equivocaré las porciones, saldrán elefantes, extremidades extras, parecidos en todo caso, nos reconoceremos gracias al aliento del horno.
Quizás deje uno a Ana, Ana suele regresar agotada.
2 comentarios:
wtf??????
WTF????????????
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