Le he pedido que no me lo repita pero ya es tarde, ya pertenece al otro bando. Lo extraño es que cuando pido que baje el volumen la voz del periodista queda muy por debajo de su intensidad normal, extraño, pienso, inaudito y anecdótico, resulta que su voz sostenía mis convicciones; en esa circunstancia que doblega y empuja la decisión se vuelve la regla. Cada palabra sucede a la anterior en una cadena que se estira en todas las direcciones. Colocar un signo más para asociar y establecer otra posición. Tras esa perspectiva se adivina, la idea adquiere sus relieves. Para no salir de los límites guardo las relaciones anteriores y espaciales. Una posiblidad, un plano o una profundidad, las figuras quietas, los movimientos imperceptibles, en todo caso o explicándolo mejor: el desgaste. Materia y polvo. Desintegración. Ecos, cuerpos que rebotan. Tolerancia a la marea. Si las posibilidades son excepcionales vale retardar el recorrido.
Aquí hay cosas infladas, hacen falta litros y exhalaciones para no quitarlas de los lugares apropiados. También dentro y sobre una silla ellas mantienen su sitio inflando y desapareciendo hasta salir del otro lado. En ese sitio se cree o se propone como una radiografía. El sitio tiene una exclusa. Yo la llamo claraboya. Es igual a estar seco y al abrirla ser empapado. Los tornillos sirven para estar regados sobre el suelo, juntos, brillantes, o para ajustar la madera, invisibles, separados. La madera cruje, está ha camino de ceder, ha salido y entrado, su vida es la misma dentro o fuera del agua.
hay un aviso que no ha sido contestado. Hay preguntas, miles, hay respuestas, hay palabras inutilizadas, ruidos dentro de otros ruidos, órganos inflados por noche, llamadas que nunca serán hechas, rostros que jamás verán la vejez, iras que dormirán solas, noticias que nunca se recordarán, disculpas que esperan un oído, sueños convertidos en horas de aurora, vidas que se han vuelto rocas. Zenith, zima, cima, arrabal, gran bsas, habilidad sobre el tiempo, fotografía de movimiento.
La música entra, el pie repite el compás, el dedo intenta seguir pero la creación es intensa, ahoga. El pie no piensa, los dedos hacen el trabajo de los que bailan, siguen el boom, la voz sale grave, hay aliento no hay sonido. La interpretación inflama, las manos cuelgan, los hilos sacuden el cuerpo, el cuerpo es más alto que las cortinas. El escenario es amarillo, las tramoyas cuelgan sobre los trombones. Se cae el piso, resiste dos segundos pero vuelve a ceder. Una nube se levanta. La cortina los cubre. La luz perfora el gas. El gas sube haciendo formas hipnóticas. Los ojos se cierran. Los cuerpos golpen los espaldares. Las bocas abiertas, las cabezas sobre los muslos. El olor es de pólvora, hay elefantes, sudor, gente apretada en sus almohadas, asalto a la orquesta. Metales fundidos, entrelazados como cordones, fajas y carnes derretidas, la luz cruza los gases hay insectos, hay resortes, diminutos objetos que caben en los dedos.
El dinosaurio mira desde la ventana. No lo hace de frente pero su nariz es un sexto ojo. Sus orejas son dos parlantes, yo viajo sostenido de ellas, las aprieto para llegar más pronto, las balas no dañan las escamas de su cuerpo, en el agua uso un snorkel, el dinosaurio come mientras nos sumerge, solo debe abrir su fauce, traga al mar, al plancton, al submarino ruso lleno escafandras, su garganta brama, provoca al mar, derrite los polos, en la profundidad se detiene y duerme o muere o hiberna, la superficie cambia de color, la piel se torna azul.
La música entra, el pie repite el compás, el dedo intenta seguir pero la creación es intensa, ahoga. El pie no piensa, los dedos hacen el trabajo de los que bailan, siguen el boom, la voz sale grave, hay aliento no hay sonido. La interpretación inflama, las manos cuelgan, los hilos sacuden el cuerpo, el cuerpo es más alto que las cortinas. El escenario es amarillo, las tramoyas cuelgan sobre los trombones. Se cae el piso, resiste dos segundos pero vuelve a ceder. Una nube se levanta. La cortina los cubre. La luz perfora el gas. El gas sube haciendo formas hipnóticas. Los ojos se cierran. Los cuerpos golpen los espaldares. Las bocas abiertas, las cabezas sobre los muslos. El olor es de pólvora, hay elefantes, sudor, gente apretada en sus almohadas, asalto a la orquesta. Metales fundidos, entrelazados como cordones, fajas y carnes derretidas, la luz cruza los gases hay insectos, hay resortes, diminutos objetos que caben en los dedos.
El dinosaurio mira desde la ventana. No lo hace de frente pero su nariz es un sexto ojo. Sus orejas son dos parlantes, yo viajo sostenido de ellas, las aprieto para llegar más pronto, las balas no dañan las escamas de su cuerpo, en el agua uso un snorkel, el dinosaurio come mientras nos sumerge, solo debe abrir su fauce, traga al mar, al plancton, al submarino ruso lleno escafandras, su garganta brama, provoca al mar, derrite los polos, en la profundidad se detiene y duerme o muere o hiberna, la superficie cambia de color, la piel se torna azul.
No hay comentarios:
Publicar un comentario