¿Qué seguía?, el cuerpo desordenado, la vista dividida, los objetos con sus sombras sobrepuestas, habré cruzado alguna línea invisible o era sólo el abuso del éter, ese demonio licenciado para tullir, el último recuerdo es el de aquella farmacia en Blonfield a kilómetros de algún centro de salud y de sus barbitúricos, multiplicar dije, aquel despertar tendría que soportarlo dentro de esta ciudad, contando en reversa, mirando cada tanto la punta de mis pies, no sería difícil, ya antes las cosas se han inclinado, sería razonable no caer en la coincidencia fonológica, buscar pronto el Ending world, allí sería mas fácil con el cuerpo rebotando y todo ese ruido llenando los espacios. Éstas luces pretenden encenderme como a un semáforo, detenerse diré, durante las próximas horas de mi paseo por las ramblas de la ciudad del Conejo.
Encontré un lugar para el tiburón. -Ésta noche- pensé, y vi a diez personas acercarse, personas que esperaban encontrar la verdad en la voz de cualquier buen ciudadano. Quizás hablaba en voz alta, VozAlta, dije, en voz alta, antes de que un hombre parecido a un rinoceronte sostuviera mis brazos en alto, brazos que aún me parecen débiles y largos como tallarines. Es el dueño del mar, dije, señalando hacia donde se encontraba el tiburón pero el acorazado se dedicó a hurgarme con sus cuernos. Adentro guardé el ticket y miré como unas cebras cargaban en sus espaldas al gran pez. La señal había pasado, las cosas ocupaban sus lugares, no vi monkeys, pienso que ellos son los llamados a mirar de frente y a los ojos. Aproveché para calar la pipa, no olvidaba que afuera estaba el conejo, capaz de actos verdaderamente irreconciliables. Otro rinoceronte me observaba con ganas de convertirme en su mueble. Bebí del vaso. Las luces de apagaron, antes de llegar al escenario, me pregunté con bastante ánimo si sería cierto, al fin estaba yo ubicado en el centro mismo o es que había conquistado la jungla dorada sin una pluma ni una mitad de papel. Reflexione también sobre la civilización romana, siglos de interrogación seguidos de hombres condenados sobre el mismo puente, mi papel creí era el de representar y tomar nota de todo lo que fue y de aquello que quiere ser, mastiqué un hielo, un gordo con la remera hasta el ombligo dijo buenas noches, lo vi desde el público, lo hizo sin abrir su boca,
Encontré un lugar para el tiburón. -Ésta noche- pensé, y vi a diez personas acercarse, personas que esperaban encontrar la verdad en la voz de cualquier buen ciudadano. Quizás hablaba en voz alta, VozAlta, dije, en voz alta, antes de que un hombre parecido a un rinoceronte sostuviera mis brazos en alto, brazos que aún me parecen débiles y largos como tallarines. Es el dueño del mar, dije, señalando hacia donde se encontraba el tiburón pero el acorazado se dedicó a hurgarme con sus cuernos. Adentro guardé el ticket y miré como unas cebras cargaban en sus espaldas al gran pez. La señal había pasado, las cosas ocupaban sus lugares, no vi monkeys, pienso que ellos son los llamados a mirar de frente y a los ojos. Aproveché para calar la pipa, no olvidaba que afuera estaba el conejo, capaz de actos verdaderamente irreconciliables. Otro rinoceronte me observaba con ganas de convertirme en su mueble. Bebí del vaso. Las luces de apagaron, antes de llegar al escenario, me pregunté con bastante ánimo si sería cierto, al fin estaba yo ubicado en el centro mismo o es que había conquistado la jungla dorada sin una pluma ni una mitad de papel. Reflexione también sobre la civilización romana, siglos de interrogación seguidos de hombres condenados sobre el mismo puente, mi papel creí era el de representar y tomar nota de todo lo que fue y de aquello que quiere ser, mastiqué un hielo, un gordo con la remera hasta el ombligo dijo buenas noches, lo vi desde el público, lo hizo sin abrir su boca,