30/3/12

Segundo tanque.

Ni las toses lograron cumplir mis cometidos. Muevo el cuerpo esperando que sea la casa y la cuadra quienes cambien, quienes sufran un mínimo telúrico. Lo que sucede es instantáneo, sucede que las patas de la silla crujen sobre la madera, viven durante dos segundos. Entonces es posible observar: veo que a cada lado de el espacio surten suertes de balcones y escenarios. Nada como el redondel en la mitad de la plaza, polifemo absorve y graba como en una cinta. Sin ocupar espacios consigo la infinita cualidad del ser doble, el movimiento derecho es casi un reflejo del complicado girar izquierdo, casi que cada extremidad camina por su lado contrario, mientras uno posa frente al sol del sur, el otro mira debajo de algunos cuerpos celestes. Cuerpos próximos al verano. El monitor aumenta su resolución, las palabras adquieren una vida icónica, es tal su magnitud que siento ser tan poco apto para entenderlas. Entonces los párráfos caen como desde una volqueta, párrafos amontonados de avisos recortados, sucede que dentro de ellos se repiten los nombres que había usado cuando preguntaban mi procedencia y mi virtud. Pienso y busco aquel que recuerdo haber tenido en la garganta, el más combinado, pruebo a pronunciar palabras en varios sentidos, me toma volver del verano, retratar un cuerpo sobre aquel balcón , pienso en que hay nombres a los que se les dedica no solo una mañana, bajo el ojo de un buzo, inmóvil en la escafandra.

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