Él de lejos tiene un cierto aire, piensa ella. La luz alarga la sombra, en la pared el cuello del hombre de aquel aire toma la forma de una L, creo se dice ella, pero no disfruta de la búsqueda, aunque llegue a sus sentidos a través del olfato; el hombre de aquel aire es diferente aunque pueda llamarse Roy Orbison. Los autos convierten la imagen en un filme de tres dimesiones. Ella, sin embargo, o sin querer, hace un esfuerzo mientras los autos, violentos y lentos y tortuosos también hacen de cortina, cortan, hacen de él, el hombre de aquel aire, un ser tridimensional dentro y entre un escondite. Ella, prueba a lanzar los dados, a mirar en lo profundo de su vía láctea; de cada lado surten una multiplicación de reuniones, ella frente a una cámara de pestañas desconocidas con los brazos en alto, ella frente a un plato lleno de recortes de fotografías de spaghettis, ella, que pronto cree haber dado en el clavo piensa que aquello es inútil, imposible e inútil y decide que al trabajo le ponga ritmo , que se yo, se dice en voz alta, que lo haga el semáforo. Entonces, al fin, sin querer, la identidad perdida sin hedores o sustantivos propios se presenta de sorpresa, lo sorprendente, piensa ella, que aquello haya sido hace un año: tú qué ves, mucho, vuelve a decir ella, sin principio, solo fin
Cuando el semáforo deje lugar al paso, piensa ella, cuál paso se repite: el muñeco agita sus brazos, intenta apretar la luz bajo sus pies, paso 1 a -1. Ya con los pies o más bien, con la vereda a la altura del calzado, ella busca el lugar donde termina su sombra, qué ves dice en voz alta, mientras el hombre de aquel aire repite anygunuwant, anygununeed.
No hay comentarios:
Publicar un comentario