27/3/12

Son de Kaius

Pedí que se fuera, lo ha hecho, llevo despierto 2 días, hay sobras de ella, su rostro me perseguirá han dicho quienes nos conocieron, cerré con candados, apagué el frezzer, la lluvia atacó la costa, decidí no escucharla, hay discos bajo la mesa, pilas de platos sucios, la leche desbordada y el gato al igual que yo dos días fuera de casa, escucho a los vecinos freir una tira de tocino, las ventanas no atrapan los olores, es la cena? los relojes han dejado de funcionar, concentrarse para no moverse, cada silla esperando a su habitante, las luces encendidas a mitad del día, bajo el espejo una puerta con las chapas bajadas. Murmuro un nombre que es tan largo como una ballena, tomo una rebanada de pan, el café de la mañana frío bajo las encías y dentro del auto, y bajo el muñeco verde que corre tras las luces amarillas sobre mi leopardo, al sacar el rostro me alegra vivir en la mitad de aquellas elevaciones que logran congelar y refrescar aquel nervio verde e hinchado. Dos tipos golpean la ventanilla, el sol ha bajado hasta descongelar el hielo que ha cubierto las cuestas de la Cramer o de la Católica, llenan la cabina de postales y portadas rojas y un hombre de azul se persigna junto al auto y un doberman lame las llantas y es verdad digo, nadie tomó su lugar, y la mandíbula corta cuadrados perfectos que escupe dentro de una taza oxidada. Veo su único ojo buscar señales, sugiero que nada sea cierto.

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