Él mira a través, sus ojos alcanzan el objeto, uno de sus costados, el círculo es dividido por un conjunto de grafías, de símbolos curvos. La luz natural impide la entrada de los ruidos, lo logra porque ella ocupa la habitación, ella empuja al resto de objetos hasta cuando todos parecen colgar de los pulgares, como si fueran pianos o tractores que cuelgan de un hilo dorado del grosor de un cabello; el ruido, obligado a esperar fuera de aquel escenario sonríe mostrando y dejando escapar su aliento, pues cual polisson empaña ciertos objetos, pronto se respira un aire no a través de los poros; la curva puede ser una prolongación, el cuerpo enrollado sobre o entre sí mismo, a través él observa dos cadenas que se abrazan, al quitar la mirada otro él prueba a montar un juguete y el abrazo se vuelve un torniquette.
Qué tonos acuden desde el sótano y sin salir sin él. Una ciénega oscura inflama las baldosas. Como una imagen predilecta dice, y al cerrar la puerta, al hacer tic tac toe. Una pizarra verde y de piedra sirve de plato donde se sirven los círculos. La tiza deja polvo en las yemas.
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