31/8/10

A propósito de septiembre

La ciudad hizo crack, luego burfff, luego expulsó gases como si toda ella fuera un enorme tubo de escape, mientras la lluvia que había empezado a caer se perdía entre las olas de polvo y de sol.

Varias cabezas de vacas caminaban maquilladas a través de las pequeñas veredas hechas para una sola cabeza, cabezas hermosas y a la vez estrambóticas, de varios pares de ojos y con cuernos cortos como acné. De pronto, al tropezarse con otras cabezas, sonreían y afilaban los cuernos en los cuerpos cubiertos de cuero y en las corbatas hechas de hilos de hierro. Una de las cabezas, la del cuerpo mas fofo, derribaba a su paso a cuanto niño encontraba y daba la impresión de ser una señora cabeza porque tras de ella corrían varios becerros que colgaban incluso de sus grandes ubres. Las veredas de esta ciudad son tan pequeñas que uno debe andar de puntillas y chupado la barriga. La ciudad volvió a hacer implosión y como en un eructo expulsó un aliento más parecido a la boñiga de ciertos animales. Inmediatamente recordé a mis abuelos, su pequeña casa en el campo, mientras enjuagaba la saliva que colgaba de mi cuello. Las manos, que jamás me habían sangrado comenzaron a amarillarse y a arrugarse así como mi rostro que dejo de ser suave y brillante para convertirse en un rostro arrugado y bastante quemado. Al mirar al cielo la virgén de las Mercedes se transfiguró mientras las nubes junto a ella tomaban forma de sacerdotes y feligreses.

Tarde era, lleno de polvo me acosté, apenas era un 18 de septiembre, la ciudad estaba a dos meses de su fin.

30/8/10

A propósito de Mr T

Era obvio sentirse como Mr T, lleno de cadenas y con un corte entre lo punk y lo militar. Supongo era esa actitud autodestructiva de T lo que lo hacía tan cercano, tan familiar sobre todo a quienes lo veíamos de niños. Sabías que sí a Mr T lo disparaban, las balas rebotarían o con su boca Mr T las masticaría como a un par de tic tacs. Mr T era el hombre, la máquina, la razón de la guerra y la guerra misma y por eso quizás no importaba si tenía dos líneas tontas o se cagaba de miedo antes de subirse a un avión. Malditos libretitas que lo hicieron tímido hacia las chicas, aunque, por ahí algo tenía escondido, su sonrisa lo delataba. Mr T era al glam lo que Syd Vicius fue al punk y sus cadenas fueron a su cuello lo que el oro fue a algunos dientes. Aunque Mr T nunca fue el jefe bien pudo conducir una banda de motociclistas o ser entrenador de cualquier boxeador. Mr T era diez mil veces mas poderoso que Rocky Balboa, y Balboa podía noquear con la zurda a un caballo. Mr T era un caballo y claro que despotricó en Rocky 3, pero los golpes de T lo pusieron a parir a Balboa en Rocky 4. Los comics de T no fueron tan conocidos como sus apariciones en películas de acción y tampoco importaron lo mal que estuvieran dibujados. Si era católico, protestante o judío no lo sabremos ya que en sí mismo Mr T era una religión, al igual que otros hombres duros como Chuck Norris o Charles Bronson. T seguro bailaba con Donna Summer y hasta pudo enseñarle un par de pasos a la Toya que luego los copiaría Madonna y años después los recordaría Beyonce; de seguro T pudo enseñarle a Hammer a rapear el U can´t touch this y ahora un premio llevaría su nombre, el T a mejor interpretación monosílaba.
Mr T donde estés pongo algo de Van Halen aunque sé que prefieres el soul.

27/8/10

A propósito de lo lumpen

Lumpen.- desencajado, disfuncional, ineficaz, de bajos recursos.

Andrés escribía a mano. Llenar una hoja en blanco es un trabajo sencillo, a la vez que divertido y extrañamente escandaloso. Una frase provocadora equivale a un beso robado, a meter gol de chilena o a robar fondos para compartirlos con los amigos, osea, que una frase provocadora es un producto de la abundancia. Un jabón ahogado en una tina de agua no es sinónimo de abundancia, es sinónimo de ceguera. Mentir también es un defecto aunque haya razones para creer que en una mentira hay algo de cierto. Las mentiras son verdades mal contadas o más bien ejercicios de cirujía: corta un poco, agrega, quita, expande. A veces lo que más importa es el fin y si no preguntenle que piensa un hincha de cualquier selección.

Una gran verdad son los cromosomas y la herencia genética. Dos cromosomas iguales dan origen a una niña, lo que equivale a un par XX. Dos cromosomas distintos, uno X y uno Y dan origen a un sujeto niño tambien llamado del género masculino. Ambos géneros tienen 23 pares de cromosomas y también los mamíferos suelen ser gregarios.

Por herencia pierdo el cabello. Creo me sobra un cromosoma osea sumo 49 y parece que siempre voy a escribir a mano.

26/8/10

A propósito de la escafandra

Nadar sin ropa era lo más emocionante que Andrés había hecho. La ropa bien puede ser una protección pero bajo el agua esta no es mas que un estorbo, digamos algo inútil porque el cuerpo de todos modos se moja, al igual que el cabello, luego uno tiene que buscar quien lo recorte. Un paraguas si es algo útil, ya que evita que la piel y la ropa se mojen, por lo menos hasta donde el paraguas lo puede cubrir, al igual que un perro cuida una casa de extraños para que ellos no naden desnudos en la piscina de su casa. Una casa es un lugar donde conviven por lo general un grupo de personas pero también hay casas abandonadas, protegidas por grandes paredes. También existen departamentos abandonados aunque esto más le compete al negocio inmobiliario. Una casa casi nunca está abandonada, en ella pueden vivir, tíos, okupas, actores de teatro, estudiantes de intercambio, ovejas, células madre, ratones de laboratorio, niños, dibujantes de historietas, militares, prostitutas, abuelos, lagartos, pintores, árabes, gatos, bebes, perros, canarios. En una casa lo que casi nunca encontramos son misiles, tablas de snowboard, rinocerontes, lápidas, motores de aviones, escaleras eléctricas, soldados palestinos, transbordadores, canguros, icebergs, trenes. Una casa casi siempre tiene una puerta, una ventana, un cerco, un perro y una cerradura. Perder la llave de casa no es un problema siempre y cuando tenga a la mano un par de anteojos. Las piscinas son un lujo por lo tanto hay que rodearse de amigos que sepan nadar. Si nada desnudo recuerde hacerlo con gracia, y mejor al medio día, así sus vecinos tendrán charla para el almuerzo. Si la casa está abandonada okúpela. Una casa abandonada representa menos impuestos al gobierno.

24/8/10

cerca de la casa
he vuelto a ver las naves
y los cruceros en silencio se hundieron

tras de la ventana
bajo llaves y bien peinado
tomo notas mientras quemo el dinero

y el planeta es un desierto
y la arena habla por teléfono
y es verdad que no he querido perder la razon

si esta es mi memoria
si esta es una charla
quiero ser el ultimo en partir

un lunes en la tarde
crei saber las letras
de los himnos mas graciosos del pais
y en verdad estaba lejos
convertido en un minero
buscando piedras como criptonita para avion

aunque diga buenas tardes
y el saludo sea el correcto
sabre mirar de lejos la habitacion

aunque tengas mas preguntas
y respondas cien respuestas
la verdad se hara por siempre perseguir



Los diez años

Su intención no era denunciar sin embargo, después de varios años de pensarlo decidió escribir una carta para no olvidar los hechos tal como él los seguía recordando.

Su enfermedad duró exactos diez años. Los médicos, tanto locales como extranjeros habían recomendado reposo absoluto, cero azúcares y actividad física. Los primeros cinco meses se los dedicó a trabajar sobre su memoria, los juegos iban dirigidos a recordar palabras para lo que usaban cartulinas con figuras dibujadas a mano. A veces, Camilo confundía al tigre con el dinosaurio aunque no sucedía lo mismo con los instrumentos musicales. También Camilo podía recordar ciertas ciudades como Barcelona y Berlín y pronto los doctores detectaron su facilidad para memorizar palabras que empezaren con la letra B. Ese día los doctores bebieron sidra y festejaron su poderoso avance.

El plano afectivo también estaba destrozado por lo que los médicos recomendaron hacer terapia de imágenes. El trabajo era desolador ya que Camilo, no recordaba a ninguna de las personas con las que se había fotografiado, ni siquiera a sí mismo. Sus padres le hablaban tiernamente de sus primos, de la casa en los Balcones, de su perro Titan, pero todo parecía ser inútil. La madre de Camilo lloraba y pensaba que su hijo jamás volvería a ser el mismo. Camilo para esos día tenía 22 años.

La casa de sus padres era como un hospital con jardines y campo por donde pasear. Camilo caminaba a través de toda la propiedad y eso le llevaba por lo menos media mañana. Varias veces se topaba con una de las empleadas e iniciaba alguna conversación. por lo general se refería al clima y que pronto llovería. Más tarde al encontrase de nuevo con la misma empleada Camilo volvía a entablar conversación hablándole nuevamente del clima como apenas hacia algunos minutos. Para las empleadas esto resultaba ser un hecho gracioso.

Camilo también recibía la visita de familiares y amigos. Para Camilo era agradable recibir a esas personas que intentaban hacerlo sentir bien en todo momento. Camilo casi no hablaba pero tampoco parecía necesario ya que las otras personas siempre tenían algo que contar. Así se enteró de que él había conducido un jeep sin frenos a través de un bosque de eucaliptos. Que cuando cumplió quince compuso una canción la cual le dedicó a una chica que con los ojos mojados aceptaría ser su novia. Que en la universidad en la cual era uno de los preferidos habría montado un complejo sistema neumático para reemplazar los ascensores por plataformas y palancas. Nada era familiar para Camilo sin embargo los escuchaba, con verdadera atención y a la vez se preguntaba si él algún día volvería a tener la vida que había perdido.

El doctor revisa a Camilo con sus instrumentos y lo encuentra fuerte a diferencia de su mente en la que parece no haber avances. Le habla a Camilo por su nombre pero él mira el bosque a través de la ventana. Qué es lo que ves le pregunta a Camilo, quien responde que sabe como se llama aquel lugar en el que están pero no lo recuerda. La casa, Camilo y el doctor se encuentran en San Juan de los Andes, a cinco horas en auto de Santiago. Desde Santiago sale el doctor cada quince días para visitar a Camilo. A pesar de estar bien pagado preferiría que en San Juan existiera un aeropuerto. Anteriormente a Camilo lo visitaban tres o hasta cuatro neurólogos, psiquiatras, expertos en el habla y una psicóloga. Todo pagado por la universidad. Al dejar Santiago los médicos alquilaron una furgoneta y las visitas se volvieron personales. Dentro de la furgoneta un neurólogo y la psicóloga entablaron un romance. Para la última visita a Camilo, un marzo del 2000, el neurólogo le pidió matrimonio. Ese día Camilo recibió un beso en la frente y comió torta preparada en un horno de leña. Bocagrande, Bocagrande es donde estamos, yo lo sé repite Camilo, Bocagrande es como ustedes me ensañaron.

Desayuno

De todos los modos posibles se valía Rodrigo para convencer a Clara. Ella gritaba que todo era bullshit, desde la esquina, desde la casa de alado, volando sobre un globo aerostático y Rodrigo intentaba taparle la boca y así evitar avergonzarse con el público, con los vecinos, con algunos de los presentes, a diferencia de Clara que esperaba que todos la escuchasen ya que para Clara nada era un secreto.

Al fin aliviado Rodrigo encendía el televisor y navegaba a través de los programas más inverosímiles sin disfrutarlos y sin siquiera entenderlos. Su alivio era escucharse a sí mismo y controlar con la mayor precisión sus respiraciones hasta por fin quedarse dormido. En sus sueños era imposible encontrar a Clara y este refugio (el único donde su violencia estaba vetada) duraba preciosas horas. Rodrigo soñaba con viejos compañeros de escuela, con viajes a ciudades desconocidas, con montañas que terminaba de escalar pero nunca jamás con Clara. Ella, por la mañana lo despertaba acariciando su rostro.

Clara seguía gritando y su voz se multiplicaba por los ascensores, por los pasillos. Tomó una taza de porcelana que no soportó chocar de frente contra una pared. Tranquilo, como frente a un programa de noticias Rodrigo fue precipitándose en imágenes de nieve y vapores de nieve descongelada. Rodrigo aunque despierto, soñaba con montañas, con el aroma a café y cimas donde Clara perdía de pronto la respiración.

23/8/10

Los mitos

En ese punto, una alegría cubrió todo su rostro.

Para su siguiente encuentro planificó enseñarle los panales que había cuidado. Le hablaría de las abejas, de lo saludable que es la miel hoy en día y de las vendedoras que mezclan azucar a sus ventas. Ya entrados en conversaciones preguntaría algo clave. Si García contestaba que sí, Carrera lo estaría considerando para al fin, en más de diez años considerar a alguien como un amigo.

Todo sucede una tarde con sol de un febrero de 1993. Carrera quien era ampliamente conocido por sus negocios ilícitos invita a García con el fin de convertirlo en su cómplice, su socio, su consultor y amigo de la familia. Tanto la familia empresarial como la familia legal.
García llega, saluda, observa su reloj, hace dos acciones o más acciones a la vez. Carrera para no molestarlo pretende comprenderlo y pone manos a la obra. Lo invita a levantarse, los whiskys para más tarde, solo toma un sombrero y dice algo que rebota en las paredes e inocentemente quizás escuchen los cuadros.

Carrera parece una adolescente, lo que es peor, una adolescente a la que no le importa verse enamorada. Atentamente explica el proceso por el que las abejas construyen panales eligiendo siempre lugares donde tengan un costado de sombra y un costado de sol, mientras la reina copula con todos los obreros. Tántricamente afilando las tildes y pausando en las comas cirujanamente. Carrera toma con propiedad a la abeja reina y coloca en manos de García. Pronto la abeja atrae a varios obreros.

Ella te considera un panal, repara Carrera.

Carrera se considera una reina, y como reina hace un banquete, invita a otros amigos y brinda en honor a García.

García asiste a cada reunión. A los bautizos de cada nuevo hijo, al grado del primer hijo, al velorio de los padres de Carrera, a las pelas de gallos, al fútbol y a los lanzamientos de sus nuevos productos. Siempre como socio pero ante todo como amigo. Luego de medio siglo de éxitos, García es uno más de familia, al punto que varios de sus hijos están comprometidos con los hijos de Carrera. García nunca lo dijo y eso no lo hacía menos compañero, pero en el fondo Carrera para García era como el hermano al que nunca dejó de vigilar.

20/8/10

Las manos se mantenían en alto como ramas de árboles

El monstruo y el culpable

El monstruo lanzaba fuego de su boca que quemaba los bosques que se extendían bajo nuestros pies. Sobre su hombro yo miraba, como el espectador privilegiado que era y también en el fondo esperaba culpable que el monstruo decidiera lanzar ese fuego sobre mi diminuto cuerpo.

La luna miraba al bosque, al monstruo y era cortada y maquillada por la nubes y por un aviso de lluvia.

El monstruo lanzando un rugido tomó con sus largas manos dos montañas y las elevó por encima de sí. Las montañas cayeron haciendo temblar el suelo, y mi cuerpo sobre su hombro sintió ese estremecimiento. Con los ojos cerrados y alargando los brazos el monstruo desprendía rocas gigantes que amputaba de esas montañas y en un rápido movimiento me las mostraba antes de volverlas a lanzar con el propósito de destruir la tierra sobre la que caminábamos sonámbulos. En cada uno de sus movimientos se sentía un temblor de intensidades mayores que lograron activar la lava de ciertos volcanes. Entonces, como en un vómito lento, los cráteres expulsaron sales rojas y brillantes en silencio aunque sobre un temblor que despertaba a otros animales. Casi satisfecho y sin mirarme el monstruo me dejo sobre una valle y caminó a esconderse detrás de aquel volcán. Su propósito, aquel de mostrarme su fuerza había terminado. Acepte mi culpa pero creí innecesaria su violencia.

Cuando la luna observaba desde el centro mismo de la bóveda el monstruo volvió, ya sin furia, ya sin odio, y como un humano cansado me pidió lo ayudara, se acostó junto a mí, y susurró gravemente que solo quería dormir.
El monstruo lanzaba fuego de su boca que quemaba los bosques que se extendían a sus pies.

18/8/10

Un día perfecto *

Sobre la superficie del agua se dibuja redonda la figura de un sol color rojo. La gente que descansa alrededor de la piscina, llevaba gafas oscuras y era casi seguro que ninguno notaba la figura roja de ese sol. Sobre las aguas flotaban varios niños en boyas y en juguetes inflables como tortugas y leones marinos. Un hombre de unos 35 años flotaba con el cuerpo echado boca abajo sobre un colchón sobre el que también flotaban varios vasos vacíos con sorbetes de colores dentro. Una niña, en lo alto de un trampolín, pedía a gritos ser observaba mientras un hombre, posiblemente su padre daba masajes a una mujer hermosa, de pecas y manchas en la espalda. Un camarero vestido de frac, con pelo echado hacia atras, equilibraba su charola entre los niños que corrían y entre los otros pequeños que querían empujarlo al agua. Su rostro lucía cansado y quizás en el fondo prefería estar sumergido con delantales y zapatos quizás incluso tirarse desde el trampolín.

Marcos observaba todo desde el balcón a 5 pisos de altura en su habitación. La puerta estaba totalmente asegurada y nadie a menos que tuviese llaves podría poner su cuerpo adentro. Entonces Marcos, que llevaba varios días de reclusión voluntaria, casi sin darse cuenta entró en pánico y largó a llorar como un chico. Se lanzó al piso, pataleó, cortó los cables del teléfono, encendió unas cartas que había escrito a mano, en un principio pensó que podría enviárselas a un periódico y luego se metió a la cama donde trató de escuchar su propia respiración.
Paulo Cisneros, el extranjero tocó la puerta varias veces y en vista de que Andrés no contestaba esperó que sea Marcos quien lo atendiera.

Marcos abrió la puerta más para recibir ayuda, y con los ojos mojados dio un apretón de manos a Paulo, el extranjero. Paulo echó un breve vistazo a la habitación e invitó a Marcos a tranquilizarse y hablar un poco. Paulo estaba igual o más asustado que Marcos.
En la piscina la niña se había tirado del trampolín y el hombre que flotaba con los vasos vacíos, bebía su tercera ronda de la mañana.

16/8/10

Tú mi junkie

Ella mira de costado. 45 grados después ella mira de frente. Mira en un espejo redondo, mira en espejo de mano, mientras mira ella estudia, en su reflejo encuentra que su rostro aún continúa desordenado. Entonces, ella toma las tijeras, toma una hoja azul de afeitar, toma un jabón y sobre este vierte medio litro de agua caliente mientras tararea una canción. Mientras, a través del espejo redondo, ella mira su cabeza reflejada, su cabello húmedo, la cama pulcramente ordenada, las almohadas sobre la cama, el vestido y la caja de zapatos junto a las almohadas mientras mira su cabello, mientras tararera una letra, mientras se mueven sus labios, mientras corta su cabello. 45 grados después ella mira satisfecha.

Ya sin cabellos, ella, que ya no luce como era ella, decide disfrazarse, decide ser niña, decide jugar a ser muñeca. Ella pinta unas cejas exageradas, coloca una peluca hecha con cabello de muñecas y viste un vestido de cuero negro. Vestido, cuero, peluca y cejas que combina sobre unos tacos rojos, altos, firmes como dos estacas. Antes de salir, ella coloca dentro de su bolso un revólver, las llaves en el llavero de Scooby doo, dos monedas de 100 pesos, cada una para los taxis y un teléfono celular al que lo tiene en modo de silencio. Entonces, ella mira el espejo girando, dando vueltas, mira, dice en voz alta, que no te canses de mirar. Gira 180 grados, coloca llave, detiene un taxi, sube, dá una dirección.

Ya en la calle es posible observar a niños manejando autos, autos hechos de madera y con dudosos sistemas de frenado.

El taxi cruza una calle. La calle termina en otras calles.

15/8/10

El hogar sin puertas

Omar desde la cima lanzó cuerdas para que los elefantes que venían tras de él, las amarrasen prontamente a sus cinturas. La cima fue lo más sencillo de alcanzar se repetía Omar, mientras en el cielo se dibujaban como costras las nubes de una tormenta que atacaba el volcán mas próximo. Los elefantes llegaron por fin varias horas después debido a su paso y la montaña por un instante se dobló tras el peso de aquellos cuerpos llenos de arena y con trompas de ladrillo. Se acostaron de lado uno encima de otro y permanecieron durmiendo durante las siguientes dos semanas. De esta forma celebraron la conquista de aquella montaña.

Cuando al fin Omar y los elefantes se sintieron aburridos, decidieron que lo mejor tanto para ellos como para la montaña sería abrir un cráter, esperar a que brote agua e inclinar sus palas hasta que la montaña sea un pozo. Al cavar, los elefantes habían perdido los colmillos pero el níquel que encontraron fue convertido en en mejores colmillos. Cinco años después salieron del otro lado del mundo. La vista, más que privilegiada les mostraba un desierto donde solo habían dos bicicletas.

Los elefantes y Omar se quedaron cansados y profundamente dormidos.

Al despertar, Omar no tuvo de otra que vagar por el desierto. Lo hizo a pie ya que las bicletas se las habían llevado los elefantes. Bajo un árbol negro, Omar encontró una serpiente o lo que había sido una. Sentado, pensó que bajar de esa montaña, aunque llevara su tiempo, tampoco había sido complicado. Entonces Omar, se preguntó, por primera vez, cuál era su nombre.
Al despertarse, Omar, con una mandíbula de caballo, escribió en la tierra con letras claras, un nombre que era el único nombre que recordaba Omar. Por tercera vez en el desierto, Omar volvió a quedarse dormido.


13/8/10

El público y las cortinas

La pared dividía en dos lados a la banda y al departamento, al ruido que vomitaban las trompetas, la batería, del silencio casi místico que rodeaba como cápsula a los gatos en la sala de Marcela.
Omar en primer plano e iluminado por el monitor, deja todas sus actividades y espera que Marcela, capte sus movimientos en breve, lo observe, y abandone todas sus actividades. También dentro de Omar se dibujan posibilidades que atentarían contra el bienestar de ellos, como cuando una persona se ha vuelto peligrosa, cuando gritas tan alto que te vuelves ronco.

Marcela con los auriculares conectados a su cerebro, ignora el fondo, el oxígeno, el planeta y los espacios y mecánicamente, con la precisión de un cirujano ilustra tapas de revista para una portada atrasada. Su pulso se hace visible como una montaña a un costado de su cuello mientras en el monitor dos personas que asisten al cine mastican snacks con los rostros de estrellas de cine en una película llena soldados disparando sus últimos misiles bajo las órdenes de un teniente desnudo. Marcela, como cambiando de canal, de sala, de trabajo y de laboratorio escoge un escenario donde una banda toca temas colgados de cabeza y con luces brillando desde el suelo.

El trío, toca versiones de The Mars Volta en una sala sin público, Omar detrás de un bajo amarillo deja de cantar para observar a Marcela que cambia varias veces de instrumento mientras una docena de gatos reptan por la paredes hamacándose en telarañas que ellos mismos han tejido.
Marcela acaricia a los gatos, observa a Omar a través de la habitación y apaga las luces dejando el escenario como un cuadro negro.

11/8/10

Lados C *

Charly García intentaba cantar por tercera vez. Asesíname gritaba el público. Sobre el escenario caían botas, botellas de cristal, cámaras filmadoras, García era protegido por guardaespaldas, García entre escupitajos alcanza a decir nos bombardea Kito norte.


Entre el público un niño le pide a su padre que lo levante en hombros. El niño ve rostros, ve una luz y luego no ve más. Todo es parte del show dice una mujer de 35 años que trabaja de camarera y ha pedido que la suplanten. Andrea que esa noche trabaja hasta las doce, tiene un novio que le regala discos de bachatas. El sonido es una mezcla de percusión con ciencia ficción. Ficción de Ed Wood. Las filas de atrás ven primero el humo, las llamas. Una vieja Rickembacker cae en llamas de su pedestal. En los camerinos no hay nadie. En dos horas piensa Andrea, mientras toma 1 dólar y lo guarda junto a las otras propinas. Solo dos horas.


María Gabriela despierta. Charly tiene la cabeza echada hacia un lado. En Lima María se toma un té, memoriza acordes. Duerme. Cuando la azafata la despierta María recuerda que soñaba con una niña. María observa a Charly. María cierra los ojos. María sueña con Charly flotando sobre un lago.


En casa y luego de un baño el niño juega con sus dinosaurios, al más grande lo llama Lex. Luego se cuelga una guitarra eléctrica, luego repite no soy un extraño. Luego ve sus juguetes, su guitarra, su rostro en el espejo y se aburre. Su padre lo llama para que apague la luz. El niño apaga la luz. Antes busca la linterna. Esta es mejor que la luz dice.

10/8/10

El porvenir*

Andrea los miraba a ambos y sin saber por que decidía que a ambos los amaba, que a ambos los entendía y por ambos sería capaz de cambiar su estilo de vida, algo que para Andrea resultaba infinitamente sencillo.

Joaquín era enormemente distinto a su hermano gemelo. Quizás por esas diferencias que solo Joaquín era capaz de percibir es que Andrea imaginaba con él una familia y la estabilidad de un hogar en las afueras de la ciudad. Quizás incluso en un pueblo donde ambos manejasen su propio negocio. Para ello y sin que Joaquín se entere Andrea organizaba salidas a volcanes y ríos o playas donde los días parecían ser todos los mismos y donde según Andrea, Joaquín aprendería los usos y las razones de una vida simple.

Marco a diferencia de Joaquín era más inestable, de carácter explosivo y algo intolerante. Para él Andrea reservaba salidas nocturnas donde Marco podía sentirse como el rey de una selva que Andrea sin proponérselo solía componer. Si alguna vez hago carrera, tu serás mi protagonista le había dicho Andrea quien definitivamente se había decidido por una vida mas hippie, más a lo John Lennon que a lo Paul McCartney.

Los tres jóvenes salieron de la ciudad. Ayudaron a una anciana antes de tomar el colectivo y en alguna de las paradas vía Papallacta se hicieron la promesa de encontrarse, en el mismo lugar luego de 10 años de vidas, mejor si lo hacían en silencio. Andrea va por los cinco años sin contacto, guardando dinero para ese encuentro. Joaquín y Marco han creado una empresa multimedia donde como socios y dueños negocian a diario entre cientos de oportunidades. A pesar de los ríos de personas, de novios, de bares inaugurados, Andrea, Joaquín y Marco algunas noches se encontraban sin saber todos juntos antes de dormir. A Papallacta le han descubierto aguas termales. En algún lugar, John Lennon hacía los coros en un tema viejo nombrado get back.

Patricia.

Jim Morrison ingresa al área de las duchas. Jim Morrison es delgado, lleva una chaqueta de piel, fuma un marlboro rojo; el humo, su cabello, desordenado. Tras Morrison una mujer, más baja que Jim, cabello oscuro, cuaderno en mano, lentes, cristales como ojos. Nadie los sigue, todos se han quedado atrás.

Un hombre gordo, vestido con un sombrero vaquero, discute con otro hombre, uno alto y delgado que también viste como vaquero. Cuatro hombres cargan un parlante tan grande como un elefante. El hombre gordo tira el sombrero al piso, levanta su dedo y antes de empujar al hombre delgado el hombre delgado agarra el dedo en el aire como un ave, como una águila, lo atrapa, lo enjaula, lo detiene. Las puertas del recinto se abren a las seis responde el público, como ha sido y como seguirá siendo dice el hombre gordo. Yo me encargo de mis músicos. El hombre delgado hace llamadas, levanta la voz, fuma un red apple, el hombre delgado junto al hombre gordo parece hacerse más delgado.

Ella tiene 16 años. Ella mira a su amiga. Ambas son menores, ambas han dicho verdades a medias. Una sombra atraviesa la puerta, una masa de brazos y de volúmenes. Ambas se despiden con prisa, ambas parecen dos hermanas. El público cruza la puerta, el sol desaparece, se filtra, ambas son menores y continúan contándolo a medias.

El escenario es rústico, frágil, poco confiable. Jefferson Airplane promete, Jefferson sale a escena, la fecha, 1969.

Jim Morrison y Patricia charlan como viejos e íntimos conocidos. Se sueltan, se escuchan. Repiten afectos, respiran a sus anchas, se lo toman con calma. Patricia guarda todo, cada detalle, incluso escucha y resalta frases al mismo tiempo. Patricia repite Morrison, Tricia, como si lo pronunciara por primera vez. La química, esa salvaje probabilidad se vuelve un método, un análisis, termina, se hace del tamaño de un resultado. Patricia y Morrison abren la llave, un hombre de azul los empuja, el gas cae, solo para músicos dice el hombre, Jim, Patricia, el público.

Afuera corean White Fanny, afuera el hombre gordo tiene el rostro hinchado.

9/8/10

Los minutos que algunas canciones suenan en blanco.*

Ella intenta motivarlo usando prendas ajustadas y fabricadas en cuero. El, debajo de la cama como un sabueso olfatea el lugar en el que cayó el control para cambiar de canal. Ella, constipada, se suena los circuitos con un pedazo de nylon, mientras el televisor deposita sobre la cama imágenes de refrigeradores y antenas para coleccionar una centena de canales. Él apaga el aparato mientras sus dedos pulsan los botones dentro de la muñeca. Ella, la muñeca deletrea lentamente las vocales de Papá.


Ella intenta un truco y logra casarse, tener dos autos, un departamento y tres hijos en el instituto. Para ello solo invirtió diez años.
Él, se gastó la plata, se convirtió en traficante, ahora tiene otro nombre y visita a sus hijos a través del skype.


La banda grabó doscientos éxitos, recibió siete premios de la asociación, filmó 14 documentales y aún sus integrantes no han pasado de los cuarenta años de edad.
Los fans del otro lado del mundo empeñan sus pianos para comprar una entrada en la reventa.
El día del concierto tocan todos los éxitos, excepto el que el dueño del piano deseaba con todos sus músculos escuchar. La banda hace un bis y el público sueña con días prósperos. Esa noche el hombre del piano, por fin compone su primer éxito.


Después de las señas y de tocarse las manos por debajo de la mesa, los niños se dieron pequeños picos en las bocas con aroma a centeno. Ya de grandes se llaman por twitter y su aliento tiene la supervisión de un especialista vestido de blanco.


Él regañaba con el mismo ímpetu de hace 20 años atrás. Ella no escuchaba como cuando él hace 20 años la empezó a regañar.

1956*

La niñita miraba fijamente a la lente mientras el fotógrafo retocaba la luz junto al parasol. Afuera el sol quemaba los techos de los autos estacionados en la calle y la gente transitaba con sus parasoles como protección. Mientras la niña sonreía, el fotógrafo sintió un fuerte apretón en su pecho, como si una mano aplastara violentamente y por repetidas ocasiones un globo lleno de agua. La camára empezó a disparar por repetidas ocasiones mientras el cuerpo del fotógrafo caía como una bolsa de arena sobre el piso. Ni la madre, ni la niñita, ni el hermano menor de la niñita pudieron dormir por tres noches.

Treinta años después la niña, ya grande acude con su sobrino a un nuevo estudio fuera de la ciudad. El fotógrafo, un hombre de contextura corpulenta, y menos años que el primer fotógrafo levanta al pequeño sobre un caballo de madera del tamaño de un caballo real. La mujer siente un ahogo en el pecho aunque logra desvanecerlo con un malboro que saca de su cartera.
La luz del flash hace boom mientras el niño, rojo como un globo sonríe y el fotógrafo hace tomas desde distintas posiciones. Al otro lado del galpón varios hombres apilan cajas amarillas y un hombre de jean y sombrero afina un viejo piano de tubos.
La mujer se termina el malboro, el niño la toma de la mano, ella pregunta cuánto es, mientras el fotógrafo mirándola de pies a cabeza, le dice que no puede ser, que la ha estado esperando, que ahora no se puede ir.
el niño asustado le tira de la mano a su tía. La tía comprende y lo suelta. El fotógrafo le invita un café.

5/8/10

Decepticons

Roberto Retama tocaba el piano como un hijo bastardo de Stranvinsky. Desde la avenida Sir Elton John, hasta las puertas oxidadas del parque Botánico, los gatos del barrio se sentaban sobre sus colas recogidas a escuchar el preciso opus que Roberto Retama regalaba cada martes y jueves. Un miércoles, embutido en su cuerpo de chorizo y cubierto por un abrigo negro, Roberto Retama tomó el colectivo 107 y se internó por 13 meses en el castillo donde dormía su madre y sus 16 hermanas. Su misión era quitarse ese cuerpo de chorizo y volver a Roma convertido en una saludable costilla, antes de que los gatos uno de esos jueves lo buscaran para empezarlo a morder.



Su cabello era como una peluca de látigos en guerra y bajo los efectos de una botella de champagne más 16 pastillas de antidepresivos. Mi rostro era una bolsa para boxeo hinchada como un delfin asfixiado guiado por la mano de un brazo de mar una noche de agüaje. La motocicleta, la carretera, los pueblos y la madrugada eran los proyectiles que escuchábamos zumbar como una flotilla marciana de Decepticons. Faltaban cinco minutos para recoger nuestros cascos.


Jim Morrison aullaba que hagamos el amor y sin pensarlo ni un instante acuchilló a una de sus fans mientras la policía lo levantaba como a un criminal. Con mi cámara logré sacar una instantánea donde se advierte el carácter infantil del homicidio.


La máquina de escribir me mira con sus ojos de cangrejo y con la tecla espaciadora me invita a acercarme. La botella que traigo en las manos chorrea una lengua de espuma que cubre el suelo hasta mis rodillas. La luz que sale del foco que cuelga como araña en el centro exacto de la habitación derrite las paredes mientras los vecinos de los departamentos contiguos observan sentados en unos sillones con forma de retretes el programa de preguntas y respuestas auspiciado por un chocolate de una marca roja muy popular. La máquina de escribir me invita con su tecla espaciadora a sentarme frente a ella, mientras observo que he estado escribiendo sobre revistas y portadas de películas que había olvidado devolver. La máquina ha tomado con su tenaza la botella y la mastica con las teclas del uno al diez.


Al despertar Roberto Retama escuchaba el sonido de la ciudad que equivalía a pájaros cantando sobre los cables de electricidad y teléfonos. Roberto Retama por dos minutos en la mañana era feliz, dichoso, respiraba contento y despierto. Luego los cables de los teléfonos que cubrían el ciento por ciento de la ciudad cubrían a los pájaros y a sus nidos, envolviéndolos como momias hasta la nueva salida del sol. Entonces Roberto Retama en silencio y con el pulso acelerado dudaba entre tomar una ducha o volver con todo su cuerpo al colchón. Luego y en simultáneo los teléfonos de todo el edificio timbraban, y quienes llamaban, porteros, padres, enfermeras, pedían comunicarse con la central, con Santiago, con el canal de Panamá, con el mismo Roberto y Roberto congelado entre la puerta de su habitación y el living o el comedor perdía primero los brazos, luego las rodillas y por último sentía como su cabeza abandonaba su cuerpo, que luchaba con los cables y las antenas del aparato telefónico que sonaba sobre su velador. El reloj de pared marcaba las 7 de la mañana. Entonces Roberto contestaba cada llamada mientras tomaba una ducha y en televisión repetían Delicatessen.





4/8/10

En el séptimo día

Cuando un hombre y una mujer estaban a punto de llegar a un orgasmo, Dios con un martillo comenzó a romper las figuras de porcelana de un elefante, un cerdo, una ballena y un pinguino. Junto a Dios, un niño vestido de rosado colocaba discos de acetato en una rocola conectada a la cola de un pescado gigante dormido. Cuando el pescado despertó hechó de su cuerpo un fluído cristalino mezclado con globos que el niño de rosa tomó y colocó dentro de una boca que encendía una luz roja que marcaba un puntaje que subía con la cantidad de globos que guardaba esa boca. Dios desecho y con la ayuda de Shiva y el Sol, cayó rendido y empezó a soñar que conducía un aeroplano con los ojos cerrados, mientras una lluvia de paracaidistas caían sobre él. En la cama, el hombre y la mujer descansaban abrazados uno del otro. De repente el niño de rosado despertó a Dios, quien miró que la cama del hombre y la mujer volvía a moverse. Entonces tomó un teléfono rojo, una guia en llamas he hizo una llamada de larga distancia.
El niño tomó al pez gigante y salió llorando de la habitación.
Mi labor como fotógrafo era presenciar en primerísimo primer plano el nacimiento, climax y autodestrucción del rock en uno de esos festivales organizados en los arrabales de la ciudad.


Del círculo salían expulsados como cohetes, cuerpos que parecían haber perdidos sus huesos, cabezas llenas de cabellos largos como muñecas, niños con cuerpo de adulto que vomitaban a los lados, gritando y levantando los brazos arrimados a los parlantes. El sol calcinaba por segundos y se volvía rápidamente a ocultar en ese sábado llamado literalmente Rock al pantano.

La banda que tocaba sobre el escenario bien podía bajar a enterrar sus instrumentos en uno de los tantos pozos del campo. De frente y a 20 metros del escenario observé como el doble bombo de la batería provocaba un temblor mientras la tierra era abierta como una boca hambrienta que se tragaba la amplificación y al ingeniero de sonido. El público que miraba con los ojos blancos, desde los bordes lanzó botellas y toda clase de inmundicias mientras el vocalista, ebrio y completamente inmune obligaba a sus compañeros a no abandonar la nave. Tarde era, el escenario se había transformado en un hueco negro e inmundo.

3/8/10

El decorado*

La decoración consistía en toda clase de artilugios relacionados con la mente y el juego que la hace producir un yo distinto pero gemelo. En tamaño natural una estatua de cera de un hombre vestido de soldado, sostenía en sus brazos a otra estatua, idéntica a él pero que con las manos juntas suplicaba quizás que le quiten la vida. Al frente en una pantalla sobre el escritorio de la mujer que hacía de recepcionista se repetían las imágenes de una película de fantasmas que habitaban los salones del antiguo museo. Las imágenes eran reproducidas en un aparato de blue ray que además amplificaba los sonidos hasta la habitación de alado.

Para hacer más inquietante la escena y quizás por recomendación de algún otro médico, se había decidido colgar un cuadro visiblemente gótico de Don Quijote de la Mancha. En el cuadro, el artista, dejaba ver la locura en la que se había sumergido el señor de la mancha, a través de caballeros y molinos que intentaban hacer daño al caballero de la mancha. La pintura había sido pintada al óleo, y no dejaba ninguna clase de posibilidad a otra interpretación que la que acabamos de leer. Don Quijote había sido vencido por su locura, y ni siquiera Sancho, se asomaba para calmarlo.

El doctor me pedía le explicase esa escena, pero a mí, en particular me atraía estar afuera, con amigos, tomándome una cerveza o quemándome la espalda al sol. Al explicarle de esto al doctor, de mis ganas de irme de vacaciones, el doctor soltó una risa, y en su voz y en su frente se dibujaron ciertos rasgos de asombro, ternura y resignación. Tú, dijo, tú Mateo, no puedes ir ni siquiera solo al baño.

Por cierto, en esta habitación también existía una figura a escala de Jack, el protagonista de pesadilla antes de navidad. Tim Burton también dirigió Beetlejuice y una donde los monos eran los dueños del mundo, donde bailaban alrededor de una ojiva o cabeza nuclear.

La cruz que Judas regaló a Magdalena*

En el hospital las cosas estaban ordenadas, ascépticas, en horario y bajo control. Nadie me vió llegar, nadie me vió bajar de la ambulancia, nadie supo cual era mi nombre hasta cuando una mujercita, delgada, la vedette de la muerte pensé, preguntó mi nombre y la razón de mi visita.

Una hora antes dormía de lo más cómodo en la cama más alta de mi litera. Cómodo producto de la charla y el desorden de la noche pasada o de que en la habitacíon, dispuesta para 3 personas más, no se encontraba otro que no era yo mismo y el colchón. De repente y sin aviso la oscuridad que reinaba el cuarto como una telearaña se desprendío y dejó entrever a contraluz la figura de un joven que más parecia un ángel o un enviado de la providencia.

El tipo, vestido con una camiseta roja me dió órdenes de abandonar la habitación para que lo acompañase, ya que en su departamento tenía algo que yo debía ver. Entre dormido y extrañado pensé que estaba loco si pensaba que yo lo iba acompañar así que respondí que no tenía tiempo. El cerró la puerta con cuidado y la telearaña bajó de nuevo dejándonos en presencia de nuestros ruidos. Las maderas del piso crujían mientras él se acercaba y casi al oído, al borde de lo onírico él dijo, hay alguien que te quiere ver. Vistiéndome delante de él, decidí acompañarlo al departamento, que alguna vez también fue mi departamento.

El lugar no había cambiado en absoluto. Sin embargo los posters de Kafka y Warhol que yo había pegado en la sala ya no existían y en su lugar colgaba un gráfico de unas latas mal iluminadas de cerveza. Las mismas aberraciones de siempre pensé y al darme la vuelta para observar dentro de la cocina me encontré con un rostro que me estudiaba con cuidado.

Ella procuraba no llorar ni espantarse ante mi presencia. Quizás pensaba que todo lo que le habían dicho de mí era mentira y que en el fondo quizás yo no estaba loco. La saludé con un beso de confianza que en mi interior iba acompañado por un estoy bien, despreocúpate, mientras en su rostro que permitió me acercase, se dibujaba una pequeña sonrisa que me permitió respirar recién el aire de ese día que no se parecía a ninguno.

Después de una breves palabras en la sala de mi amigo Judas, me subieron a la ambulancia, no sin antes prevenirme que era por mi bien. Sobre la camilla y con ella, que no se había separado ni un instante de mi, al fin entré al psiquiátrico bajo los cargos de ezquizofrenia y desorden público. Los enfermeros me abandonaron a la entrada del hospital, la recepcionista al igual que mi esposa procuraron hablar solo lo necesario. Por supuesto yo fui capaz de pronunciar sin ayuda mis dos nombres.

Charles versus Keaton

La clase de historia estaba llegando a su fin. El profesor había sacado las cintas del reproductor de video, había apagado el televisor, la luz seguía en off y una cierta modorra se mantenía en los pupitres de todos los que se mantenían con la cabeza agachada, al borde, casi del sueño. Al encender las luces, el profesor, visiblemente nervioso también encendió un cigarro y pidió que por favor alguien le trajera un café de la máquina. La clase había tratado el tema de la modernidad en el cine del género mudo y las imágenes de películas como Metrópolis y Tiempos modernos más que impresionar, a diferencia de la película de Buñuel y el ojo mutilado, había generado una crítica tonta y bastante olvidable.

El profesor, un hombre corpulento pero joven aun, mecía el azucar de su vaso de plástico con una palita tan delgada como un palillo para dientes que daba la impresión de que en cualquier momento se iba a quebrar para ahogarse entre la espuma del expreso. Era tan delgada como una aguja que además raspaba el fondo del vaso de plástico produciendo un sonido largo y agudo, parecido al sonido que hacen los frenos de los trenes al llegar a una estación. Ese ruido de frenos y metales se mezclaba con la exposión de uno de los chicos que aprovechaba el fin de la clase para ganarse unos puntos extras y por supuesto exonerar el examen final. Alguien desde el fondo gritó que Chaplin es un poeta y Keaton un burócrata mientras el resto de los alumnos habían empacado sus cuadernos y esperaban hablar de Burroughs y algunas adaptaciones.

El ruido fue seco, como un costal de arena golpeando un suelo de mármol. Detrás del escritorio una cortina de humo se elevaba, alta y se confundía con el eco de aquel cuerpo que había caído hace segundos. En círculo los alumnos observaban las manos del maestro que habían estrujado el cigarrillo y el vaso de café convirtiéndolos en una mancha lodoza sobre su camisa blanca de verano. Uno de los muchachos salió empujando a los otros, en especial a quien intentaba ganarse esos puntos extras, y su grito se escuchó en los salones contiguos cosa que en minutos estaban todos, incluso el guardia que trabajaba en la puerta de entrada y de salida.

La profesora de lógica pidió que dejaran espacio para que entrase el aire. El director golpeaba el pecho del maestro y soplaba fuerte dentro de su boca. Lo que nadie notó, solo una de las mujeres de limpieza era que la máquina de café botaba más azúcar de lo normal, los 5 gramos que le habían prohibido al corpulento profesor.

2/8/10

La celebración

La música que escupía el aparato reproductor de sonidos había dejado estampando los cerebros rosados de más de la mitad de los asistentes al cumpleaños de Iván. Ivan por supuesto sonreía con un vaso de whisky en la mano y un revolver por si acaso se animaba a estampar el suyo propio.
Los discos que Iván había escogido para la celebración eran fácil de encontrar en almacenes o tiendas de centros comerciales pero Iván había preferido bajarse todos los discos a través del internet, así de paso probaba la banda ancha por la cual pagaba una suma con la que bien podía pagarse dos o hasta tres discos originales. La piratería le permitió hacerse de títulos como:

De-loused in the comatorium de the mars volta
Silver apples por los Silver apples
Blues for the red sun de Kyuss
The bedlam in goliath, también de the mars volta
A thousand leaves de Sonic youth
of natural history de Sleepytime gorilla museum
Diabulus in musica de Slayer
Renegades de R.A.T.M
A night at the opera de Queen
Death to the pixies de Pixies
Disco volante de Mr. bungle
Guitar uno de Frank Zappa
Asmodeus de John Zorn

Nadie estaba de acuerdo con el maltrato animal, y menos con llevar cuadrúpedos a una fiesta. Un ligero sobresalto suele ser suficiente para asustar a un animal que teóricamente es un burro y en la práctica se comporta como un marsupial. Ese cambio de rol, producto de la mezcla de ambientes, ha dado origen a una serie de posibilidades que van de la clonación de células y el cultivo de cristales para la fabricación de componentes cada vez mas pequeños a la sodomía y otras variantes donde perros, travestis, enanos y estudiantes de intercambio se mimetizan a oscuras entre las frazadas de una habitación con olor a hospital.

Varios cerebros rosados han quedado estampados también en los techos y en una fender de tonos azules. El cuadrúpedo que asistía a la fiesta fue devuelto entero y el zoo jamás lo cruzó.

El alfajor

Eran exactas las seis de la tarde, Andrea lo sabía porque apenas había acabado de mirar por centésima vez su reloj. Además al fondo de la estación colgaba un reloj enorme, con dos manecillas que marcaban las seis de la tarde con un minuto. Decidió quedarse en ese lugar durante un minuto exacto, ni uno más ni uno menos, y pensó que al bajar las gradas para tomar su subterráneo, sacaría un peso de su monedero y compraría dos alfajores de chocolate blanco y uno de chocolate negro que lo sumergería en una taza caliente de leche. A Joaquín, su novio, le gustaba también el chocolate negro, pero en vista de que parecía que por tercera vez la dejaría plantada, decidió comprar un solo alfajor para la única taza, la de ella.

El invierno era impiadoso con los bonaerenses, que embutidos en sus bufandas y sus atuendos de lana parecían ser refugiados de alguna guerra en busca de víveres. Como en una de esas películas donde las ciudades han colapsado, los habitantes de ese vagón del subterráneo, lucían como sobrevivientes de un nuevo holocausto tecnológico: muchachos que encendían pantallas de cristal portátiles con información de revistas y periódicos al otro lado del océano. Auriculares en forma de diadema colgado de sus cráneos y con extensiones inalámbricas para hacer llamadas solo con pensar en un número. Ropa que cambia de color según la luz y la temperatura corporal. Dispositivos microscópicos capaces de reproducir música a nivel telepático. Libros impresos en papel couché. Punks sentados en el piso del último vagón. Mientras Andrea leía un libro de psicomagia y terapias tántricas, una voz que salía de los parlantes repetía: la isla está a su alcance. Ríndase. Todos los estímulos.

El subterráneo alcanzaba velocidades que juntaba los polos mas opuestos de la ciudad en cuestión de minutos o el tiempo suficiente para dejar caer un pañuelo, esperar que el hombre sentado en el lado opuesto se lo recogiera, sonreir medio en broma, medio con culpa, y esperar a que el sortilegio tomara efecto. De pañuelos botados y de hombres desconocidos vivía Andrea, y se puede decir que su corazón jamás sentía culpa, solo quizás cuando la cacería le traía esa especie, que se parecía a Andrea en genéro, solo entonces para estas, Andrea reservaba uno de los alfajores blancos.