4/2/14

de ganas de roja, las galletas verde son de humano

Era interesante y terapeútico observar los pedazos, la cosa interiore del cuerpo de uno sobre una mesa, con el tiempo suficiente para enumerarlos y sobre todo con esa luz que los hacía, digamos, un poco menos horrorosos y quizás casi fantásticos, como si se trataran de las partes de un maniquí de consultorio médico. Ahí estaban todas esas partes y uno se preguntaba dónde estaba la parrilla y a uno le entraban las ganas de ir al supermercado a buscar un poco de carbón y ya se imaginaba uno preparando los aderezos y un poco quemándose las manos y las pestañas y los pelos de los brazos mientras avivaba las llamas. Pero las partes estaban sobre una banjeda metálica junto al cuerpo, y todas tenían un color saludable, y los rojos eran rojos intensos y los violetas eran unos violetas casi misteriosos, y había algo blanco y largo y también parecía limpio y sano, algo gelatinoso y carente de las comunes enfermedades que saltan a la vista, y eso era bastante saludable y motivante, y a uno ya no le daban ganas de asarlo todo en el jardín, ni el patio de la casa, y menos de armar un partidito de ecuavoley con las respectivas pilseners, a uno le entraban las nostalgias y pensaba en los hijos que no estaban, en las novias fallecidas, en los compadres a los que había traicionado y en un montón de personas, decenas, que ya no estaban y que se habían ido en el momento menos pensado; y era muy común que uno la estuviera pasando de fábula y que de repente alguien desapareciera o que alguien se acercara para pedirte que le abrieras la puerta o le quitaras el candado. A veces uno la pasa tan bien y cree que a todos les ocurre lo mismo y resulta que no es tan así y unos cuantos ya tienen la cabeza en la almohada de casa. 

De todas formas uno estaba con la cocina encendida y con la tetera llena de agua, y el agua en diez o menos minutos hacía vapores y la tetera soltaba un ttuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu y eso era buena señal para levantarse y mirar un poco como estaban las cosas en las otras habitaciones, y era como tener una gran reunión con varias pequeñas reuniones cerca, y detrás de puertas y de muros diminutos y uno siempre encontraba a personas pequeñas con sonrisas pequeñas jugando a la play o jugando a mirar los filmes de georgelucas y eso quizás era ideal, y de vuelta en el salón ya alguien tenía el cuello largo y a veces a uno le entraban las ganas de morder y succionar, y a veces me interesaba que todos fuéramos iguales, lo que quería decir que otros también fueran capaces de ver otras diez generaciones nacer y volverse polvo, pero quizás esas cosas debía dejárselas a alguien menos imprudente, y menos impulsivo y digamos alguien capaz de compartir su misterio o maldición. Luego para calmarme me servía una gran copa de roja y la sed se apagaba.

Pero varias veces se mostraban aquellos órganos, mis órganos y la sorpresa era bella y sus ojos se convencían de que aquellas formas esponjosas eran el producto de un artesano de guano o uno de quisapincha, y es que en guano fabrican todo tipo de cosas y recuerdo brevemente a gente tocando tejidos y luego o en otra parte a todos manchándose los rostros con la roja de verdad y eso era muy cómico, y a veces los invitaba a meterse algunas cosas, y era como si empuñaran sus corazones y cuando los tocaban con los labios literalmente los corazones se detenían.

Recuerdo que varias personas bailaban unos temas rápidos de bossanova, y eso era raro porque la bossa suele ser un ritmo lento, y un poco creí que había perdido el ritmo de la cosas y exacto era eso, porque pronto dos desconocidas me miraban mientras colocaban sus vientres cerca, y luego los frotaban el uno frente al otro al ritmo de esas músicas, y yo no quería ver sus ojos pero pude ver que eran como fantasmas, o como mujeres muertas o como cortinas, y un poco se parecían a unas cantantes a las que no había visto de hace unos años, y una de ellas ahora manejaba un negocio en el centro de la ciudad pero ahora ellas eran mucho más poderosas, es decir, con solo verlas uno sentía deseos de correr porque era evidente que andaban disfrazadas y lo siguiente sería despistar pero también uno quería enfrentarse con esos cuerpos semidesnudos y con esos vientres planos y entonces uno se acercaba y luego estaba el juego de matar al otro, y bailábamos en círculos como en una ronda, y una o dos personas más se nos unían, y uno un poco las tomaba de las manos y luego la idea era perder la razón para hacer cosas sin sentido como entrar al círculo para dejar que el resto gire alrededor de uno, y las manos aplaudían o éramos como la ronda de las muertes, y nos invocábamos aplaudiendo, y luego sus ojos que brillaban, y me parece que por un momento pude ver a través de ellos, y esos ojos veían con claridad y miraban a la luna, o por lo menos yo observé con mis ojos cerrados y a través de sus ojos y vi que ellas tenían fascinación por la noche, y en el cielo que ellas miraban mientras yo miraba con sus ojos había una luna enorme, y un poco amarilla, y esa luna estaba cubierta por nubes, así que todo era mucho más sobrenatural y por un momento pensé que me volvería un lobo o aullaría, llamando a los olvidados, porque se supone que uno aulla cuando recuerda o los quiere de vuelta, o recuerda o percibe su olor pero quizás ya estaba muy ebrio, y además alguien no paraba de servirme roja, y los giros eran cada vez más rápidos, y luego una de ellas dijo los lobos tienen seis colmillos. Quizás ya estaba dormido, pero también sonó como si cientos de pájaros agitaran las alas, y en casa no teníamos aves, y además era muy tarde y las aves se supone descansan bien temprano.

Luego estaba rodando muchos escalones, y ya no era en la casa, y tampoco en uno de esos salones para fiestas, ni en las reuniones de los sábados y yo ya estaba extrañando salir un poco para perder la cabeza, y eso de bailar con personas desconocidas, y eso de beber de vasos extraños; y esa era la pérdida, y más bien tenía que rodar hacia el piso nueve y al hacerlo parecía que mis partes se iban ensamblando, como se emsamblan las partes de un robot, como cuando voltrón llamaba a sus brazos y los brazos eran leones, y luego llamaba a sus piernas, y unos robots en forma de dinosaurio salían o rompían una caverna y del otro lado de la pantalla los niños hacíamos ehhhhhhhhhhh, y luego estaba yo rodando hacia el piso nueve, y sentía como si varias partes: brazos, cerebro, canillas, dedos del pie, volaran hacia mi cuerpo, y poco a poco empezara todo a pegarse, o a ocupar un sitio donde cabían perfectamente, y al hacerlo uno sentía que esas partes se pegaban, y eso era doloroso porque al pegarse la verdad un poco quemaba, como si la piel se derritiera y las personas alrededor no miraban, y quizás no se daban cuenta pues uno estaba dando vueltas, y ellos subiendo o bajando y tampoco podía detenerme mucho a quejarme o a decir cosas o gritar, y creo esperaba que el dolor me hiciera más poderoso y pensaba que tras los giros y el dolor un nuevo hombre, uno doble, girara los brazos en lo alto como dos hélices. Pasó lo contrario y más bien las partes empezaron a abusar, es decir, se pegaban y despegaban por puro gusto y yo estaba rodando y ellas como si fueran nubes de insectos picando aquí y debajo de allá, y el cuerpo inflamándose y creo que ese era el modo de hacer que me detenga, y también perdí un poco la razón, pero al quedarme sin sangre dejé de rodar y también olía a masa como de gel verde pero quizás ni eso, ni soylent green.

De todos modos llegué al piso nueve y alguien dijo que todos estaban en la terraza, y yo recuerdo que (como si me tratara de un topo o de sonicelerizo) dejé de ser una bolita, y empecé a usar mis piernas y a ponerme de pie, y era una cosa como volver a nacer, y tomaba tiempo sincronizar las ideas, y las órdenes, con ese cuerpo que en todo caso era conocido pero extraño, y quizás era cosa de desear no caer o desea dar dos pasos o de tomar un balón e iniciar un partido de baloncesto pero de todos modos me tomó tiempo, y siento que aún hay cosas que no fluyen de modo convencional y parece el caso de un tipo persona que entra en rehabilitación y luego camina entre el agua, y la pileta tiene varias escalones y varios pasamanos de acero, y loos músculos vuelven a ser los mismos y luego algunos prefieren un partitido de baloncesto, y algunos meten dinero y cigarros y alguien quiere apostar el televisor que está atornillado al muro .

El marlboro auspicia al baloncesto.

Un poco atrofiados ciertos órganos y eso es normal, y recuerdo que una tallerista recibió un mensaje por error y alguien le pedía que dejara de atrofiarle el cerebro, y esas cosas de reclamos, y esas cosas son como cosas serias, y no es bueno jugar con el cerebro de otro aunque esté a la vista, y quizás el origen del mensaje erróneo fue un tubo de ensayo o un cilindro de vidrio con la masa rosada un poco atrofiada como un maní, y estaba a la vista, un tubo de ensayo como con un fluido seco o al que le ha dado mucho tiempo el sol.

Luego estuvimos tomando el sol y contándonos cosas y parecíamos una gran familia de talleristas vestidos al apuro por una mujer a la que le sobraban dos brazos, y un poco riéndonos para que otros no se rieran de nosotros.

Luego estuvimos buscando la parte sin pintar. Todo era amarillo. Una vez regalé una flores amarillas. Quizás fue la primera vez y creo que lo volvería a hacer, y creo que haría que alguien se coma las flores y me gustaría que las flores brillaran en el estómago de esa persona y en la noche la persona diría que le gustan las flores porque las flores brillan en las noches.

Luego hablamos de beber roja; y sin beber actuábamos como ebrios y en verdad eso era lo mejor que sabíamos hacer.

Nuestra especialidad en accidentes.

Luego eres un mentiroso fuera del gran galpón y me dieron ganas de roja.


Thelostartofthenocturnalemissio

La cabeza a veces colgaba del cuerpo, apenas sostenida por el cuello, y dentro de la cabeza parecían convivir insectos o cosas alargadas y llenas de patas, cosas que tras respirar lograban que la frente se inflamase; y esto era harto incómodo, porque era bien difícil andar con la cabeza limpia, y clara, y uno andaba con la sensación de patas, o pelos, o antenas, y la idea de que algo, eso, bien pronto, iba a perforar los huesos de la frente para dejar que una masa fucsia, o rojiza, saliera de ella como el relleno de un pastelillo, solo que un relleno caliente y quizás sin olor.

Luego uno solo tenía fuerzas para desarmar la cabeza con el fin de quitar las cosas que estaban dentro. Esto lo hacía en un lugar limpio y procurando que nadie se enterase. En realidad esperaba quedar como nuevo, para que los talleristas confiaran un poco más en las cosas que estaría por decir. Por ejemplo, notaba que ellos siempre se mantenían a distancia, y seguro ya habían visto las patas de los insectos que llevaba dentro, y por ello preferían mirarme de lejos, y eso en esencia no me importaba. Luego me empezó a preocupar y luego ya era como demasiado, como si uno no pudiera tener una vida normal, y esto era hablar con personas, por lo menos durante cinco minutos seguidos. Un poco yo me comparaba con otros talleristas, y aunque digan que esto nunca se debe hacer yo lo hacía, y a veces me sentía mejor, y pensaba cómo otros tipo llevaban eso de convivir con cosas, y eso ocurría en sus brazos, y debajo de la lengua, y alrededor de los testículos, y también pensaba en talleristas que habían cambiado el rostro por el de un insecto y luego pensaba que saldrían en la portada del fascículo de los domingos del diario el comercio, y el titular diría algo así como hombre antes se ve como hombre y ahora se ve como insecto, y luego no habría diferencias y todos los editores y correctores y fotógrafos y diseñadores se llamarían diseñador insecto, y corrector insecto, y editorial insecto, y fotografía estudio insecto y ya no sería literatura sino insectotura. Luego supongo que ambos salimos en una national geographic, eso luego de querer verme tan delgado, y tan insecto, luego de empezar con eso de comer bien poco, y el rostro parecía alargarse, y más bien tenía un aspecto de yonqui, yonqui antes que insecto, pero igual suponía que saldría en una portada de revista científica y sería famoso y todos me irían a buscar y yo diría no hay satori definitivo ni solución final. De todas maneras a veces les decía a los talleristas que estaban bien feos y que mejor se quedaran en casa, y ellos decían que yo debía dejar de ser un gay reprimido, en realidad ni me hacían caso, y entonces nos mirábamos, y nos doblábamos de la risa, y luego ya estábamos todos muy cerca, casi rozándonos las entrepiernas hasta que aparecía una tallerista, y un poco montábamos otra escena. Recuerdo que llevábamos las botas del trabajo, que eran esas botas con punta de acero, y por un momento lucíamos como verdaderos obreros, y eso era increíble porque era como llevar trajes que nos cargaban con los superpoderes.

Igual tuve que buscar una habitación limpia para iniciar el trabajo, y un poco dejé advertido que si no aparecía me buscasen en el piso diez. En el piso diez existían algunos laboratorios y muchas veces uno se topaba con talleristas vestidos de blanco, y mujeres de corbata azul usando también mandiles, y esas máscaras blancas, y uno quería que en esas habitaciones existieran todo tipo de frascos y quizás los exoesqueletos, alguna variedad de alien o libélula o una mezcla de ambos, y el laboratorio debía llamarse laboratorio riddley scott, pero en esos sitios se trataba con gérmenes invisibles o por lo menos con cosas que apenas si ocupaban el fondo de un tubo de ensayo, manchas o fluidos secos. 

Luego pude escuchar el Sleepless, y eso mi hizo sentir mejor, y tenía ganas de que muchas personas supieran que escuchaba ese disco que, entre otros es uno de esos discos que no es una cosa ni otra, y a veces a esos libros, u obras, o edades se las llaman de transición, y es como si una banda estuviera buscando un sonido, o algo sobre lo cual detenerse, para mí, buscando en qué creer. En todo caso era un gran disco aunque supongo que deben haber cientos de álbumes, y ya resulta muy poco motivador intentar que una persona sienta las cosas que otro tiene, sobre todo en personas expertas en bandas y en cosas más nuevas. Lo que pasa, es que estuve recordando a Ll, su poco entusiamo al cual nada parecía complacer, y por lo general hablábamos, pero también pronto éramos extraños, y uno siempre pensaba, lo hago bien? y luego era como si trabajáramos un viernes o un sábado por la noche y como si colgáramos de un hilo; supongo que la única vez que acordamos fue sobre Sleepless, aunque no nos hemos vuelto a ver, y ahora al escuchar este disco siento que ese día nos intercambiamos los brazos y quizás un día nos busquemos, o quizás ambos vamos por ahí dando abrazos, como abrazos dobles. Toco el muñón y veo pelusas o pedazos o moléculas de otras personas, y eso es un poco desagradable pero no tengo idea de qué hacer.

De todos modos y luego de la banda, encontré una mesas, y parecía que ya nadie iba a estar cerca, y un poco me acomodé, y luego haté mi cuerpo con unas correas y eso era en caso de que quisiera levantarme y ahorcarme a mí mismo, como le sucedió al dr. frankenstone. Luego yo ya era dos A.K, el uno en la mesa atado y el otro con guantes de goma y sosteniendo algo que parecía ser un serrucho, y todo se veía muy sangriento. Luego recordé algunos temas de The silent enigma y eso me dió valor, lo que no era muy seguro es en quien sonaba ese disco. si en el A.K de la mesa o en el que sostenía la sierra, y luego hubo una confusión, y ahora no sabemos cuál resultó encendido y cual apagado para siempre, cuál de los dos habla ahora, es decir el A.K que habla ahora puede ser uno de los dos, o ambos, o quizás un programa con sus recuerdos y materialemente no existe. De todos modos tomé la sierra e hice unas ligeras perforaciones, o sea, apenas si corté el hueso, y luego estuve mirando por todos los lados aquella materia rosada. Mientras, en la mesa el tipo se retorcía, y un poco sus brazos y sus piernas se encogían, y era más como si alguien le hiciera unas cosquillas enormes y como si un poco disfrutara, pues su rostro cambiaba del pánico, a expresiones de satisfacción, como de alguien que acaba de comer. Diez, treinta segundos, no lo sé, supuse que eso podía alterarlo permanentemente y más bien toqué un nervio, eso lo puso a dormir. Su rostro ahora es inolvidable, es más común recordar a un hombre que adquiere un aspecto animal que a un animal imitando lo que hace un hombre. A.K sobre la camilla fue muchos animales al mismo tiempo.

Era curioso que tras abrir la cabeza, varios recuerdos empezaran a llenar el salón y era como tener un juego de luces o como presenciar uno de esos espectáculos holográficos. Muchos hombres vestidos con uniformes miraban hacia los muros, y me parece que eran militares, algunos con sus grandes mostachos y con sus insignias, y otros similares, pero con los rostros alargados, o derretidos como las obras de ese chino, las obras de kwangho, y a a veces esos hombres llevaban gafas, y lentes con marcos redondos, y no parecían el tipo de militar que sale o se retrata en las guerras franquistas, y menos esos locos que disparan a mujeres y ancianos desde un helicóptero, mientras gritan y se sientan sobre sus cascos. Entre otros hologramas estaban los de delfines, y los de un bosque bastante espeso que parecía uno de esos bosques tropicales de un país como Costarica, y junto al holograma había un cartel que invitaba a dejar de fumar. Algunas mujeres ocupaban una porción del suelo y sus cuerpos tenían algo rojo encima, que era la misma luz de otros hologramas, roja, intensa, y el cuerpo de la mujer parecía cubrirse como si para ella la luz fuera nociva, y muchas mujeres lucían un poco cansadas, y un poco como si ya las cosas no tuvieran solución, también vi armas, o granadas, y junto perros en adopción, y no se sí se trataba de esos equipos para dispararse pintura en un bosque.

Otro holograma se trataba de una mujer que preguntaba cuántas personas vivían en aquella casa, una encuestadora, y esa mujer llevaba una gorra azul que tenía estampado un sello del INEC, y ese holograma tenía sonido, como en los filmes, y el holograma luego saltaba como un acetato rayado, y una y otra vez la mujer preguntaba cuántas personas vivían allí, y era como escuchar y mirar un disco rayado.

Luego estaban otros recuerdos, y luego más bien coloqué la tapa en su sitio y luego pensé que nada había sido cortado; por lo tanto debía funcionar como siempre y más bien serví dos vasos con aguardiente y abracé a A.K, fue o era como abrazarme a mí, en realidad era abrazarme a mí mismo y luego entré en A.K. o A.K. entró en mí, o los dos nunca estuvimos separados y luego soñamos con varios sombreros rojos para celebrar cumpleaños.

En las paredes leí o leímos eres un mentiroso.

Luego rodamos algunos escalones, o rodó A.K. o rodé yo solo.

Luego estuve o estuvimos o estuvo A.K. montado en los hombros de alguien. Esa persona caminaba hacia la calle a través de una de las aceras del centro y A.K. o yo o ambos mirábamos a otros talleristas, y era como caminar sin tocar el suelo y un poco esa era la sensación favorita de A.K. o la mía, o la de ambos, un poco andar en las nubes o sobre los hombros de alguien que camina por una acera. Eso pasó, no sé si de dio cuenta, o quizás nos permitió o le permitió a A.K, que fue como si me lo permitiera a mí.

Luego dijo eres un mentiroso.

3/2/14

Una puerta viajando en el asiento trasero de un taxi

Un día estuve pensando en todas las cosas que pasaban a través de una puerta. La puerta era la de un taxi, quizás uno marca aveo, o quizás uno volkswagen, como en méxico. La verdad yo no era el chófer, pero si una persona que estaba en la calle mirando a los autos hasta el momento en que uno de ellos se detenía frente a mí, y preguntaba si quería subir. Luego ese taxi avanzaba unos metros hasta ser detenido por una silla. La silla tenía las patas largas y el respaldar era bastante delgado y a mí esa silla no me daba demasiada confianza, en realidad pensaba me vía sentado, poco tiempo antes de caer de espaldas, y luego pensaba sería incómodo y doloroso tener que levantarme. O sea, estaba acostumbrado a sillas algo más voluminosas y esta silla que ya estaba sentada en el asiento de atrás del aveo, parecía más una de esas sillas de sastre, esas que sirven solo para colgar las chaquetas, es decir, una especie de maniquí. También parecía un mueble de fantasía, como las fotografías en los catálogos de los carpinteros. En todo caso la silla ya estaba dentro del taxi, y luego de dar direcciones el auto avanzó hasta perderse en el horizonte. Luego me vino eso de estar pensando en que otros objetos podrían pasar a través de una puerta, y luego dirigirse hacia una dirección. Se me ocurrió que un teléfono monedero podría hacer lo mismo, aunque, siendo así, era más probable que el teléfono no tuviera que esperar y más bien realizara un par de llamadas para que lo pasaran a recoger. Luego pensé que por la puerta del taxi podría pasar un tanque de gas, y yo lo veía dando direcciones y pidiendo que cambiaran de estación, quizás en la radio estaba el programa de alguna de esas chicas nerviosas que habla de todo al mismo tiempo, y quizás el tanque solo querría viajar en silencio o escuchando el sonido de la ciudad, después de todo los tanques de gas pasan una buena parte de su vida debajo de una mesa de cemento, o fuera de casa, y luego montados en un camión que los pasea durante algunos días por las calles de algún barrio que puede o no ser el mismo cada mes. Después de todo, el tanque bien puede decidir hacia donde va, ya sea que vaya lleno o vacío, pero supongo que es más común tomar un taxi con el interior vacío, y supongo que eso pregunta el chófer cuando va a levantar a uno está lleno sr?, lo llevo a que lo carguen?

Eso me recuerda el chiste sobre el borracho, la pizza y la coca, y un taxi por la noche en una calle de guayaquil. Se supone que un borracho pregunta muy cortésmente al taxista si le permitiría dejar la pizza y la coca en el asiento de adelante. El taxista, muy conmovido por la cortesía de un hombre tan borracho, no puede, sino decirle, que no hay problema, déjela no más. Luego el borracho hace buuaghh, o sea, vomita la pizza y la coquita sobre el asiento, o sea, acaba de dejar la pizza y la coca sobre el asiento de adelante.

Luego imaginaba que por la puerta de un taxi podría caber el motor de una motocicleta vespa. Imagino también una caja llena de luces para árboles de navidad y también podría caber una foca y tres pinguinos. Luego pensaba en objetos a los cuales humanizar, y de nuevo estaba el tanque de gas, usando un par de gafas oscuras, y quizás una puerta sosteniendo un periódico en la sección de editoriales. Con qué sostiene el periódico? eso no está muy claro, pero supongo que el periódico estaría flotando frente a la puerta, y ahora que lo pienso debería ser un diario con solo una o dos secciones, como el últimas noticias, y supongo es un diario que la puerta toma del mismo taxi.

Imagino a la puerta dando las indicaciones, y al taxista escuchando con atención la dirección. En verdad imagino a la puerta pero no puedo escuchar las indicaciones que da, o sea, eso queda para el entendimiento del chófer que quizás a esas alturas de su vida conoce varios idiomas e incluso habla algunos. Lenguaje puerta.

Recuerdo que unos días después intentaba olvidar los escalones que había rodado, lo hacía volviendo a caminarlos, y si era posible volviendo a rodar sobre ellos, solo que esta vez quería empezar en la planta baja y de allí echar hacia el piso noveno, un poco como los autos cuando toman lagasca desde laamérica en dirección a laoccidental; entonces me imaginaba rodando a un ritmo lento, pausado, un ritmo que se sentía esforzado pero siempre constante, a fin de no tener que volver a arrancar y para ello miraba a quienes estaban por bajar, y quienes subían a un ritmo más lento con el fin de no tropezar, y varias personas llevaban pequeños maletines, y supongo eran talleristas sin prisas, y yo suponía que ellos tenían tareas por terminar, y que era esa la razón de su lentitud, y a veces eran dos o tres talleristas, y ese momento uno dudaba si detenerse o pasar por encima, pero era cosa de esperar un momento y luego dejaban el camino libre, y luego uno seguía en esa marcha o ascenso sin mayores interrupciones. Lo malo o negativo era eso de tener que realizar lo mismo varias veces, durante toda la semana y sin conseguir eso del olvido, ni eso del cambio de emociones. Empecé a preocuparme dos semanas después de iniciado mi supuesto tratamiento, pues, aún recordaba mis primeros escalones hacia el piso de abajo, y sobre todo recordaba la forma en que la memoria parecía entrar en lagunas, o cómo luego ya no sabía si subía o bajaba o si iba de izquierda a derecha. Al subir, uno estaba consciente, e inconscientemente preparado, o programado, para llegar, y el viaje era algo así como ir de a hacia c sin pasar por b y las cosas tenían demasiado sentido, y por lo mismo no valían la pena. Luego supuse que era tiempo de interrumpir la trepada y quizás era eso, quizás debía quedarme detenido entre el piso cuatro y cinco, quizás debía esperar a que un grupo me diera paso luego de empujarlos, o quizás debía saltar sobre ellos, quizás eso diera otro sentido y otra dirección al tratamiento.

Luego un día estuve mirando por el interior del gran agujero, y tuve unas ganas increíbles de lanzarme a fin de experimentar con eso de dejar de ser. Estaba a punto de hacerlo, pero pronto estuve recordando que aún me quedaba aquello de olvidar los primeros escalones y la manera en que iba cayendo hacia la planta baja. Recuerdo de manera imprecisa que mientras caía, una persona intentó levantarme, supongo eotro tallerista, y también creo recordar que ya estaba yo sobre sus hombros, mirando al resto de talleristas e intentando leer algunas cosas que habían escrito sobre los muros. Un par de cosas me parecieron totalmente insólitas, o quizás era que yo seguía rodando, y creía estar sobre los hombros de alguien. Por ejemplo, leí cosas escritas sobre uno de los muros, junto a las gradas, cosas como ¡ya entendí! Eso de la leche es por tu madre enferma, y es que tienes mandrágora debajo de su cama. Un poco quise estar sobre un plato bañado en agua tibia, y era que los huesos estaban largos y porosos, y también que necesitaba uno o dos marlboros. En realidad supongo que rodaba los escalones y luego en la planta baja, una o dos personas me levantaron, y luego me dejaron en los sillones del salón de los hombres de corbata azul. Ese salón estaba casi siempre deshabitado y eso que estaba lleno de mesas de ajedrez, ping pong y dos mesas de billar. La cafetera era una de esas máquinas enormes y antiguas, y creo que además servía para preparar varios tipos de café; sobre una repisa la máquina brillaba y parecía que alguien le quitaba el polvo cada día. Desde el sillón miré un poco de teve, eso no es algo de lo que pueda dar fe, pues solo supongo que estuve allí y no dentro de la cafetera o en la casa de uno de los talleristas, luego de subir a sus hombros y miraba un programa de un canal de miami. Ahora me pregunto cuál será el gentilicio de un gringo de miami, se lo llama miamense, miameño? y en el programa una mujer presentaba las noticias de personas que habían sufrido accidentes o de niños con poderes especiales como el basket boy, un niño que encestaba desde cualquier punto de la cancha, con los ojos cerrados, con una mano atada a la cintura, un niño freak del deporte.

Luego me dormí y luego me desperté, y otra vez estábamos en clase resolviendo un cuestionario extremadamente largo, y bastante técnico sobre términos nuevos, es decir, neologismos, prefijos tomados del árabe y algo de sinonimia y antonimia, y era divertido, pero a la vez nos tenía a todos los talleristas con las cabezas clavadas a la mesa, y muchos parecían haberse dormido con las hojas en sus caras y otros parecíamos un grupo de zombies sedientos pero supongo era el interés de no tener tareas para las vacaciones, cosas que estaban por empezar. O sea, a como de lugar queríamos sacar provecho de todas las cabezas, que por cosa rara del tiempo parecían sincronizadas, o trabajando en equipo por el común objetivo. Pensé que hubiera sido fenomenal tener una cámara de fotos, y también pensaba en esa tallerista, aquella del trabajo de fotógrafa a la cual no entendía muy bien, pero suponía que estas cosas para ella serían trabajos, eventos sin importancia, y es que hay artistas solo interesados en los grandes momentos, y los grandes decorados, y los rostros hermosos y las grandes luces, y no sé si ella era ese tipo de artista pero tampoco estaba cerca como para explicarle lo que estaba pasando, a fin de que nos fotografiara.

Todos estábamos cansados y sobre todo veíamos que iba a ser imposible terminar aquel trabajo; sencillamente necesitábamos guía y otros textos. Luego nos miramos y como teníamos muchas ganas de reir lo hicimos, parecíamos niños, y nuestras sonrisas eran nuevas, como si acabáramos de estrenarlas, y tomábamos mucho aire, y parece que teníamos la adrenalina lista para esperar un taxi.

Luego recuerdo eres un mentiroso. Supongo que ahora estoy o siempre estoy y luego estoy eres un mentiroso.

betrayed in progress

Bueno, la situación era bastante inestable. Muchas veces entre talleristas nos sometíamos a juegos sádicos y no era raro que un tallerista agrediera a otro o que una tallerista pidiera explicaciones y todos hicieran como que no escucharan, y parecíamos niños, y decíamos que la pared es mía, y que la ventana es mía y que los focos son míos y también pedíamos atención, o la exigíamos o la tomábamos de los otros, los obligábamos a mirarnos, y no hacíamos nada, ellos observaban y nosotros callábamos y luego escribíamos en los cuadernos con mucho orden, bien prolijos. En realidad éramos niños muy grandes, muy avanzados en cuerpo como en experiencias pero realidad desprotegidos. Muchos talleristas tenían sus propias familias, muchos eran migrantes y hablaban sobre días en la ciudad y días en el campo, sobre vivir en un piso y vivir en el patio de una casa, habían exconvictos y uno o dos exyonquies. Supongo que muchos entramos al centro con el fin de cerrar esos círculos torcidos, y también, un poco, con la esperanza de lo desconocido. Lo que no sabíamos es que, por mucho que nos opusiéramos, más pronto (y sin saberlo) seríamos afectados, un poco como gobernados por la fuerza, o el orden de quienes tenían experiencias con grupos. Por eso andábamos como gritando y como peleados con la vida, como pidiéndole que nos devolviera algo, no sé, como cobrándonosla. En realidad queríamos ser libres, libres como para dar órdenes, pero aún no sabíamos dirigirnos y por eso cumplíamos esa premisa, eso de que no había nada más peligroso que un loco con un arma.

De todas maneras nadie salía muerto, aún, y eran varias las experiencias que alimentaban, creo, el insomnio; eso durante varios meses. Por ejemplo, en manos de un exconvicto asistimos, sin interés, a un decapitamiento; en sentido metafórico. De alguna manera los hombres de corbata azul miraban o presenciaban estos hechos y eso hacía más oscura la cosa, y uno no sabía para dónde mirar porque a cualquier lado estaba la voz de víctor (así lo llamamos) y sobre todo escuchábamos sus argumentos y, no hay nada peor, supongo, que asesinar con autorización. Luego supimos que aquel tallerista tenía un proceso encima, algo inventado por el centro, por algun hombre de corbata roja, aprovechando el desorden y eso del estado de transición. Sin embargo, algo decía el código de convivencia con respecto a las faltas entre talleristas, y así fue, pero víctor no tuvo que soportar ningún informe. 

En breves palabras aquel tallerista mandó a callar a otro en mitad de un foro, un desacuerdo entre lengua de origen y lengua vernácula. En realidad todo pasó por un breve escándalo, esas cosas inaceptables para un centro y que los talleristas calificaron de momento grotesco.

De todos modos los encuentros no terminaban y luego estaban otros liderazgos que intentaban sacar partido a las coyunturas de tipo religioso-político. Con el tiempo algunos llegamos a creer que el término politiquero se podía aplicar con los ojos cerrados; jamás había sido tan pertinente. Muchas ocasiones el discurso, que empezaba por mostrar aspectos iconográficos e históricos, terminaba en arengas que nos invitaban a ir en contra de todos y en especial en contra de los grupos dominantes, unos a favor, otros en contra y luego las cosas hacían un viceversa. Para un grupo como el nuestro esas palabras eran palabras al viento y nos gustaba verlas flotando y eran los hombres de corbata azul quienes las tomaban y luego nos las volvían a traducir. Luego nos sentíamos justificados, contentos, creíamos entender y ser parte o tener una cuota, una parte del mango. Podíamos pasar una hora escuchando quejas sobre el gobierno, sobre venezuela, sobre los hospitales, sobre los sueldos, y quizás eran cosas que apenas conocíamos y también eran cosas que habíamos escuchado todos los días, quizás durante más de veinte años. Quizás teníamos, (como se tiene una fiebre) una profunda incredulidad. Supongo que todo lo que deseábamos era terminar los ciclos para de una vez enrolarnos en la burocracia, y de una buena vez asegurarnos un papel en los archivos de los catorce millones, es decir, no teníamos medios, ni energías para otra cosa que no fuera dirigir una clase con 35 alumnos. Bueno, pienso que muchos éramos aún muy jóvenes como para conocer y creer en lo que no nos había tocado, como si nos faltaran pruebas, y también era eso de ver a las cosas convertirse en otras, como aquello de los nuevos profesionales y eso de los organismos que ahora realizaban estudios, estadísticas y también contrataban, firmaban, como si así colocaran resultados para confirmar lo que el cliente esperaba. El problema no es derecha o izquierda, el problema es el capital. Luego alguien dijo que entre luchar y callar muchos habían elegido mirar, es decir, dijo, sacrificaban su derecho. Era fácil aparentar desconocimiento y quizás eso nos volvía invisibles, místicos, seres peligrosos; los fundadores de un partido mudo, quizás un partido parapolítico.

Varias veces estuvimos discutiendo sobre prioridades,  me gustaba escuchar que los jóvenes estaban en la punta de la pirámide. Aunque, yo creía que importaban más los padres. Varios talleristas habían tenido encuentros o malos entendidos con alumnos de centros secundarios, y había una discusión con respecto a sus actitudes y en eso también entraba aquello de la recepción de los contenidos. Esto encuentros referían a acosos por parte de alumnos, al revés de como comúnmente ocurriría, acosos masculinos, femeninos, y tampoco había mucha voluntad de aprender; había actitud para ser, demostrar, imitar, una especie de voluntad trastocada. También era común observar a varias jóvenes con sus bebés en los brazos y uno de los padres, generalmente mamá, tirando fuego y cuadernos en llamas al departamento de orientación, un capítulo entero titulado Familia nuclear ardía frente a la puerta y uno de los inspectores corrió para hacer una llamada. Un día las profesoras llevarán sus bebés en brazos, y sus padres parecerán sus hermanos mayores. Las talleristas estaban acostumbradas, eso decían, a las bromas de los alumnos pero algunas, muy pocas, solían explicar, en ese momentos, lo que a ellos les ocurría.

Y esos alumnos escuchaban, como si les hablara un árbol. 

L solía hablar con los chicos fuera de clases y eso parecía lo más apropiado, en realidad era una charla bastante informal, en mitad de las canchas de baloncesto y por lo general en el tiempo dedicado para el recreo. Yo creo que asistí a la rehabilitación de uno de los jóvenes, pude ver el trabajo en proceso, lo que los gringos llaman el work in progress. Un poco admirado conversaba con L y ella me sabía explicar aquello de hablar como un amigo, y aquello de mostrar interés en el otro, un poco como la psicología transpersonal pensé. Luego aquel muchacho mejoró sus notas y ya no parecía preocuparse por entrar a clases y quizás habían otras cosas por hacer, quizás el trabajo nunca iba a terminar.
Era cierto? Evitamos la autodestrucción?

Recuerdo que una de las talleristas solía invitarme a fumar marlboros en la parte de la terraza, allí todo el suelo estaba pintado de amarillo. A veces yo intentaba decir algo pero ella parecía estar en otro sitio, pensando en algo lejano. Me parecía una gran persona porque en realidad destacaba en la habitación, además tenía amistad con algunos de los hombres de corbata azul y era agradable, es decir, olía bien, tenía su atractivo, era joven y quizás su familia tenía dinero pues siempre vestía con chaquetas que parecían costosas o calzaba diferentes pares de zapatos, ahora que lo pienso un día me dijo algo sobre sus trabajos como fotógrafa o como correctora. Sonaba como algo cool. Sin embargo las dos o tres ocasiones que estuvimos cerca ella parecía un poco perderse, como si estuviera en dos sitios, en la terraza, y en otro al cual no me permitía entrar. Yo quería saber más de ella y creo que algunas noches me descubrí pensando en su misterio o en cosas triviales como su olor, un poco a laboratorio y a cigarrillo, y creo que un día dije que no estaba bien ni era saludable obsesionarse por algo que no conocía así que la llamé, y la verdad esperaba que no me contestara.  Tras poco tiempo la escuché del otro lado, un poco como siempre parecía lejana, aunque también escuché que pedía a alguien que esperara unos minutos porque su amigo A.K. la estaba llamando. Eso me puso contento y era el saber que mi nombre estaba en ese sitio, sea quien fuera la persona que la acompañaba; no me sentía importante pero sí estimado, como podría sentirse un colega, o un hermano menor. Luego ella dijo que debía colgar porque iba a pasar el resto del día con su padre. Yo quise decir que estaba loco por ella, o que empezaba a tener insomnio pero al decirlo las líneas parecían perderse, escuchaba que ella decía que hable más claro y yo dije que llamaría de otro sitio y entonces salí hacia una máquina de monedas.

Varios días estuvimos juntos, creo que fueron algunas semanas pero fueron un poco irreales y creo que esa era la forma de vida que llevaban las personas casadas. Era extraño tener a alguien encima, alguien como preocupado de tus necesidades y de que todo esté siempre bien, y se sentía como una gran vacación con todos los gastos pagados. O sea, era como salir con una secretaria y una enfermera y una mamá y una mujerzuela y la dueña de un país y no podía pedir más, y fue en honor a esos días que decidimos casarnos de verdad. Luego en casa resolvíamos las tareas juntos aunque ella estaba a punto de terminar su investigación.

Luego ella estuvo en la cama con uno de los hombres de corbata azul o eso había ocurrido uno o dos años antes de conocernos, no lo sé. Luego alguien dijo que los hombres o que los caballeros no tenían memoria, no lo sé, quizás eso solo fue un sueño.

Luego creímos que tener hijos era parte de crecer y no había apuro y yo le sacaba en cara el haber estado con un hombre de corbata azul, ella lo tomó mal y ese noche dormí en el sillón y al día siguiente ella no fue a trabajar y se quedó todo el día en la cama, pero sí fue al centro y luego regresó sola a casa y la verdad yo me sentía un poco traicionado, y creía que apenas habíamos empezado y no podíamos contarnos aún nuestras miserias.

Luego llegaron unas largas vacaciones y ella dijo que iría para otavalo, vacaciones con los tíos dijo, y pienso que debía quererlos mucho, y quería que me llevase y recuerdo que su padre por esos días me pidió que lo visitara. Luego habló sobre el tiempo, y sobre los días que no son iguales jamás y luego dijo con un tono un tanto oscuro, como de policía que me alejara de N.N. Norma Narvaéz o Nina Nuñez o Narcisa Noroña o Nubia Nérida, N.N. La primera esposa. Yo dije que podía irse al diablo y que buscara otro tipo con quien apostar, bueno, dije que no quería hacerlo porque la quería de verdad. En el fondo ya no sabía qué diablos sentía por N.N, pero si estaba seguro de no querer que se alejara. Era un poco como un niño al que le quieren quitar uno de sus juguetes. Luego dos hombres de traje azul me hablaron de cosas que solo N.N y yo habíamos hablado y eso me dejó bien preocupado, quizás fue solo una gran casualidad, en realidad decían que yo me estaba volviendo una especie de amenaza, y también que ella llevaba tiempo protegiéndose de mí. Antes de llorar le puse un nombre a la cosa, betrayed in progress, luego me fui a dormir pero antes comimos higos en la cama, y ella los mordía, y los colocaba entre los labios, y era muy bella, y sus labios eran suaves y luego nos masticamos, y al despertar yo ya no hablaba castellano, y me asusté, y luego me volví a dormir.

Un día para olvidar las cosas me monté sobre los hombros de alguien, pero luego leí eres un mentiroso. Sentí que era una gran casualidad.


2/2/14

Catorce vidas y miniS

Y eso... Un día intentamos entender al loco sabina y luego de varias medias horas llegamos, a secas, coldturkey, a duras conclusiones, y fue gracioso porque lo hicimos en mitad del pasillo, un poco estorbando con toda la mala voluntad a los otros talleristas que cruzaban con prisa pues rendían pruebas, y un poco hablando en voz alta palabras como corpiños, pelada de los cables o catorce vidas son dos gatos. Una tallerista se detuvo a escucharnos, un poco al disimulo, y J empezó con eso de la mujer que subió al escenario y que intentaba bajar a serrat porque estaba tan contenta que quería irse a casa cargando con música y madera. En realidad yo estaba contento porque cada vez, según yo, un poco entendía mejor las razones de algunos artistas, esa energía invisible y reversible capaz de componer cosas donde solo hay muros; y donde solo hay paneles con botones que alguna vez sirvieron y ahora estaban fuera de uso, botones que no encendían. En realidad nos tomó algún tiempo concluir que al loco de sabina le gustaba cantarle a todo aquello que estaba perdido. Eso quería decir que todas las cosas por las cuales nosotros luchábamos, en sabina eran agua quemada y nosotros, muchas veces, como don nadie bailábamos con cualquiera. Un poco eso era molesto, luego el círculo empezó a desaparecer y era que una u otra persona se acercaba casi en silencio a pedir cosas o para llevarnos hacia otro sitio, y un poco todos nos mirábamos mientras dábamos algunos pasos hacia atrás y parecía que al mismo tiempo nos decíamos, ve en paz, o ve en calma, o tienes mi permiso, o sigue no más, eso en vez de decir no ir, no seguir, no hemos terminado. De alguna manera ya éramos todos y todos buscábamos movernos de modo que nada quedara atrás. 

Ese círculo estaba formado por K, por N, por L, un poco menos por LL, quizás U, quizás R, quizás alguien del octavo, quizás alguien más del octavo, y muchas veces creímos que el tiempo no pasaba pero también ocurría lo contrario, y en esas ocasiones aprovechábamos para tirarnos al piso y sin respirar o con un solo aliento intentábamos contar toda una historia, como una película en un minuto, reíamos, buleábamos a alguien con eso de dónde estaban las motos, ocurría cuando uno de nosotros llevaba pantalones oscuros o cuando U traía su chaqueta de cuero y era graciosa pues su moto debía ser una pasolla, o una vespa, y al igual que ella seguro no hacer RUMMMMM sino riNnnnnnnnnn.

Un poco andábamos parándonos a hablar de cualquier cosa, en cualquier sitio, y esto se debía a que la carrera había perdido su centro estudiantil, y también a que se había realizado una evaluación, y algunas autoridades tenían auditorías encima, y esos eran problemas, pues solo nos quedaban los pasillos, y era molesto e inconveniente para discutir futuros sabotajes o acciones contra las políticas públicas y las del centro. Sin embargo, en un viaje hacia uno de los valles, N propuso algo, algo sobre una dependencia capaz de brindar asistencia a jóvenes y sus supuestas familias disfuncionales, y N usó esos términos, y a mí me pareció algo urgente, bastante razonable, pero sobre todo, y eso me preocupó, su propuesta se alejaba de las usuales manifestaciones de N, propuestas caracterizadas por un tono histriónico, por criterios subjetivos, epifanías. Creo que podíamos montar esa organización, acorde a las necesidades, que a veces en realidad no eran más que el resultado de desatenciones, dije a N que dejáramos que el tiempo colocara en el camino a una de esas autoridades, que nos palanqueáramos. Luego fui lustrabotas y en 1964 formamos el centro del muchacho trabajador.

Eso de hablar en cualquier sitio era molesto porque, generalmente, mientras sucedía, en otro lado (un poco como en otra antípoda) resultaba que otros guardaban silencio.

Luego estuve dentro del gran galpón y me sentía como alguien que acabara de levantarse y que no entiende muy bien qué mierda está pasando, y tenía junto a mí a una persona vestida absolutamente de negro, y era como estar en uno de los filmes de timburton, y un poco yo llevaba zapatos de piel y una chaqueta bien cara, y todo era extraño porque el galpón es un sitio para filmar comerciales tipo cocacolita y tipo lachispa de lavida ahora con más gas, estaba lleno de familias que nos miraban como si acabáramos de regresar del espacio, como si fuera el mono que habla y patina o como en ese filme del planeta donde dios es una ojiva nuclear, aunque luego dejaron de mirarnos, yo había dicho soy yo vestido de negro acompañándome y continuaron con sus cosas y esa persona siguió su camino y yo dije que guardaría el puesto y luego pensé que otros talleristas debían estar en el galpón, y busqué pero la mayoría eran oficinistas y amas de casa y luego exhalé y el galpón se inflamó.

Supongo que los frigoríficos saltaron en chispas o que los pavos se descongelaron, y luego varios hombres de traje blanco y boinas blancas llevaron sus escobas, y sus baldes con moscas acechando, pero eso habrá ocurrido de un modo discreto o quizás pensé todos éramos los hombres del congelador que acabábamos de descongelarnos.

Debo, pensé, tengo la obligación de decirle a alguien que los años habían hecho estragos en su rostro. Un poco era cosa de un homenaje al Mini ESE.

Luego me volví gato y de nombre me puse Paco. Un poco en honor a un viejo amigo y un poco dejando que la imaginación perforada de mi padre, mi padre el escrito, hiciera las cosas que le gustaban, es decir, lo que él quería, además los gatos en casa eran propiedad de mi padre. Un poco me daba miedo o repudio hablar del gato con otras personas, sobre todo porque era inevitable que preguntaran cómo me llamaba. Yo daba algunas vueltas antes de responder, y otras veces decía el nombre sin preámbulos, como quien quiere acabar las cosas de inmediato, y no faltaba un escandalizado que pensaba que mi familia era de esas que apologizaban el vicio; quizás sí, quizás era lo único que conocíamos. Un poco creo que me volví Paco dentro del galpón, para poder trepar a los hombros de algunas personas y desde allí esperar y vivir sus estrañas reacciones, y la mayoría era del tipo cámara escondida, algo así como qué ocurre?, por qué me ocurre a mí?, y yo no fuí!, y corro pero ojalá la encuentren! y muy divertido, se pasan, de grande quiero ser así...

Luego me puse a suponer que un hombre de camisa rosa llamaría por el altoparlante al dueño de un gatito que anda saltando sobre los coches y sobre los hombros de nuestros clientes. Habría terminado con algo como el gato se llama Paco y es muy lindo y parece que si nadie lo reclama pasará a ser propiedad de blockbuster entertainement y corporación Llanos. Por cierto el gato no dice miau, dice arre.

Igual, tuve tiempo para mirar al galpón desde un punto muy alto, en medio de dos reflectores que un poco chamuscaron mis bigotes. Las personas en su mayoría se paraban frente a los estantes y parecía que tomaban lo primero que les encadilaba la vista, y supongo que daba igual si compraban caballo que digamos raíz de vildigusroman. Bueno, dejé de ver esas cosas y luego intenté probar mis reflejos saltando y caminando sobre los cables que sostenían el techo, ese tipo de cables de acero que se usan para levantar vigas mediante plumas en la construcción de edificios, como los edificios nuevos de la colón (espero me guarden un departamento amarillo en la azotea). Me sentía bien, pero estar cerca del techo me hizo pensar que ya nada estaba en mis manos, o que todo era inevitable, y luego pensé que sería bueno perder una vidita así que busqué una licuadora encendida o un bidón con agua y entonces hice un clavado triple del tipo acapulco, patas estiradas, garras recogidas, luego la resucitación.

En los muros estaban escritas algunas cosas pero no las entendía, además estaba regresando de la muerte y eso es un poco oscuro, y mi cola aún no funcionaba bien.

Dos personas se acercaban hacia el galpón y una de ellas estaba sentada sobre los hombros de la otra, y en realidad la que estaba encima parecía agarrarse del aire, y se tambaleaba a cada paso, o era como si la una no supiera que tenía a alguien encima o como si la de encima no supiera muy bien hacia donde ir, un poco como subir a un elefante e intentar dirigirlo con el pensamiento. La gente se abría a su paso, y quizás, pensaban que debían dejarlos avanzar, entonces algunos detuvieron los autos, y los vendedores de bosques en las afueras del galpón se persignaron; luego ambos avanzaron cuando la luz estuvo en verde.

Luego yo ya no era gato, pero seguía en los hombros de alguien, o era que el hombre de camisa rosa dijo algo sobre ayudarme y tomó algunas cosas y las guardó en las bolsas blancas.

"Pero hace un rato yo esperaba la luz verde".

También ví a un gato en el techo del galpón y creo que el gato me estaba mirando. La otra persona ya estaba en el estacionamiento y los autos se manejaban solos y las espaldas parecían pegadas, y se estiraban; era una mancha negra y mi chaqueta bien cara.
Eres un mentiroso.

Corpiños con ralladura de naranja y peky enojado porque andamos muy bazuco y culiando deportivamente

Un día intenté escuchar a los otros talleristas; por lo general yo llegaba, miraba hacia el interior, luego colocaba mi maleta sobre una de las mesas, por lo general a una o dos mesas de distancia de la que estuviera ocupada y luego volvía salir, no sin haber dicho alguna cosa casi entredientes o habiendo creído que el resto se reía de la broma que se ma había ocurrido, bromas que en realidad eran observaciones sobre el calor que hacía, sobre las tareas que el resto estaban terminando en la habitación o sobre la posibilidad de querdarnos encerrados, sin más opciones, ya regreso decía, voy por una llave y un televisor en caso de quedarnos encerrados. 

Luego ponía Sumo a toda puta, y me largaba a los pasillos a jugar que me paraba sobre una tabla, y que las personas eran una especie de ola, y era que jugaba a montar la cresta y entonces cada tallerista era una oportunidad para girar, hacer algo de splashh y luego mostrar un poco mi tabla y un poco el desinterés y respeto y temor que sentía por ese océano que se supone le daba una motivación o una razón a mi deporte invisibe. En el ipod estaba el loco de petinatto quemándose la boca, los labios en llamas mientras el pelado hablaba de la mujer, el tornado, el jardín primitivo y uno podía llegar a convencerse, con ese fuego rozando los ojos, que todo estaba hecho y que no tenía sentido tomar las cosas, una por una, para darles algún orden. En realidad nada estaba hecho y uno estaba tan huérfano como siempre solo que medio estimulado por la velocidad, y eso pasa siempre que el mar revienta sobre la arena, y creo que estábamos aprendiendo a dominar el mar, pero, también aprendiendo a ser agua, espuma, sal, el tornado, el jardín primitivo y un poco la tabla y las piernas, y qué ganas ya siendo mar, de echarse a uno mismo desde la tabla para hacerla deslizar sobre la espuma.

Si el octavo piso era un mar, el sitio era un islote y ese islote parecía reducirse cada día, un poco como un cubo de azúcar rodeado de agua roja. Quizás por eso los talleristas faltaban a menudo y otros ya no habían regresado nunca, y supongo que un día llegarían sus ropas o sus viandas tupperware rotas, o con las tapas cambiadas, junto a sus libros o sus cuadernos escritos con gel verde. Una de ellas y cada vez que volvía y encontraba a G, lo abrazaba, y decía cosas como sigues siendo papá oso. Recuerdo que algunos talleristas habíamos perdido la memoria, pues, nos saludaban, y nosotros levantábamos la mano, más por educación o compromiso pero sus rostros nos provocaban desconfianza. Muchos ahora se buscaban la vida y otros habían levantando negocios en las afueras de la ciudad. Me parece que tener algo fuera de quito es necesario, siendo que acá un poco siente que la ciudad crece como una raíz, y eso implica que uno mismo empieza a tambalear al sentir las bases rotas, los brazos enrollándose en el cuello, es decir, a veces creyendo que la parte salvaje del campo no existe, dando solo paseos en bicicleta y oliendo la boñiga debajo de la cama, en las botas. De todas maneras las cosas parecían achicarse, y era como si los muros respiraran sobre uno, y como si los muros fueran la decoración de un día de reyes o un día para celebrar santos inocentes.

A veces se celebraba onomásticos y dos o tres cumpleaños y alguien llevaba una tarta preparada de manera artesanal, y también vasos plásticos, y también bebidas, y cola de naranja, pero siempre olvidaban las servilletas. En esas ocasiones algunos talleristas aprovechaban para darse a conocer, sobre todo aquellos que en clases mantenían silencios de asesino de masas o de tubo o probeta de ensayo. Aparecían los pseudo filósofos y sobre todo un puñado de comediantes que no parecían improvisados, tipos que debían estar en la teve pues sabían de memoria diálogos enteros de dibujos como los de cósmico, y algo de los plop del loco pájaro chileno. Entonces mientras la gente mordía la tarta, y algunos ya repitían, y algunos aún estaban fuera sin animarse a pasar, entonces, los comediantes pedían silencio y luego abrían los brazos como si fueran a echar a volar, ahí, en medio de la habiatación y luego estaban con eso de los niños tartosos, con eso de la isla para ocho personas, con un conde de callejón o no sé qué ocurrencias que nos tenían con los ojos grandes, y con las bocas como platos. También la gente comía en silencio, y quizás era comprensible que uno no estaba allí por la broma ni por el pastel, y quizás parecía que todo era circunstancial, eso que uno no atrae. Luego me venían a la mente frases y quizás era cierto que no teníamos idea de lo que hacíamos, dónde estábamos o quiénes éramos y eso era por aquello que había escrito un hombre de corbata azul, un tipo expulsado del centro, algo sobre el no saber ni conjugarse. Entonces, esa noche no estábamos, pero éramos o estábamos y no éramos, y quizás yo era uno y también dejaba estar en al otro o en lo otro, y me preguntaba si era conjugarse, si era posible estar sin ser. Los alumnos del centro no saben ni congujar el verbo ser. Supongo que hay que estar para luego dejar de ser. Luego el cumpleañero mordía la tarta, y luego lo tiramos por la ventana y al día siguiente se hablaba de lo bien que estuvo el día anterior y ya planeábamos el siguiente onomástico. Yo siempre respondía que el mío había pasado; nos tomaba dos días volver a ser los mismos, es decir, a jugar al mar, las olas, y de nuevo Sumo echaba por los auriculares a toda puta. 

Amigos de tarta, de caídas por la ventana y de chistes sobre arqueros pasados en merca.

A veces yo bajaba los escalones para ir un poco a fumar un marlboro y últimamente no lo hacía por sentir eso de la tensión y el cansancio; era cosa de disfrutar el alquitrán, la hoja de tabaco y la sensación de breve adrenalina, y en eso estaba, drogándome con cosas legales y desconectando todos los sensores como haciendo eso de resetear, estamos en mantenimientos, como con el sitio. Por lo general iba hasta el tercer piso y luego buscaba un lugar seguro, un lugar donde las personas no estaban detenidas o donde se cruzaba sin hacer demasiado caso. De necesitar una canción para ese momento, en medio de un piso y con hombres de casco amarillo alrededor, hubiera sido el discobabydisco de los corpiños a la madrugada. Un poco de misterio y mala leche, como si el cantante dijera no te acerques demasiado y como si en ese sitio estuvieran pasando las cosas que uno quiere que le pasen. De todos modos a veces el cigarro entre varios talleristas y a veces nos entusiasmaba hablar de las cosas que no habíamos hecho, y descubrimos que pocos se habían acostado con sus primos y primas, pero en realidad creo que jugábamos a ser tipos indeseables, al igual que las talleristas, menos talvés, un poco presumiendo de haber tocado una entrepierna, de haber besado una boca, y esas cosas, no sé si las decíamos para llenar un poco el tiempo o porque nos resultaban excesivamente graciosas, y siniestras; de hecho no parábamos de reír; quizás pensamos conocernos mejor hablando de nuestras cosas vergonzosas, tesoros y juguetes oxidados. Tesoros oxidados sería un título para un libro, título vendedor, y supongo en ese libro alguien explicará el valor de las cosas que nadie quiere mostrar y puede tener una serie de cuentos, sobre jóvenes que desaparecen sin dejar rastros y de cuyos amigos se presume su desaparición.

En medio de uno de esos pisos yo sentía que podía volverme humo y me gustaba esa sensación de no tener peso y un poco me disgustaba no sentirme importante, o valioso, pero igual me volvía pseudo invisible, y según yo, visitaba otras habitaciones y entraba en los ojos de otros talleristas y eso me hacía sentir importante, de un modo secreto, y creo que cada vez que encendía un cigarrilo era para entrar en las encías y para obligar a otros a tirarse por el gran agujero o por las ventanas.

El sol quemaba y el cielo anaranjado parecía un incendio. Uno también quería tocar con las manos la nubes o beber un poco de ese gas.

Cuando preguntó qué sucedía, yo solo alcancé a decir algo que había preparado dos o tres noches antes: he perdido la cabeza, la cabeza me permitía asociar las cosas y llevar un sombrero para no quemarme, ahora he perdido la cabeza y el sol se acerca a partir de las seis aeme. Era cierto, y nadie sabía bien como darme una mano, luego tuve que inventar cosas sobre la sordera, la ceguera y sobre los sentidos atrofiados e invité a que observaran unos vídeos de gusanos fuera de la tierra retorciéndose, y eso era casi como asistir a un laboratorio y un poco yo quería que todos llevásemos un microscopio. Mi cabeza no debía estar muy lejos y quizás yo la andaba perdiendo por puro gusto, para ejercitar la memoria antes de entrar en esas edades terminales, pero también era uno de mis vicios, desarmar y extraviar cada parte del cuerpo.

Quitarse la cabeza es sencillo y complejo a la vez, uno necesita otro cuerpo y una antena de recepción que puede ser un celular o el control remoto de un auto de juguete. Bastante básico, bastante cyberpunk y uno anda con ese aparato tapado, pegado, adherido en el cuerpo, y claro, si se mira con atención otro puede notar que uno ya es medio robot.

Quitarse la cabeza ayuda a pensar en menos cosas y a ser más libre, casi como el aterrizaje de una mosca sobre un plato con miel, y luego uno anda clavado en mitad del plato con las piernas o patas en los aires, agitándose, y con la boca llena de dulce y los ojos cerrados y eso es como si el muñeco de una torta de matrimonio fuera intencionalmente clavado en el tercer piso de la tarta, pero luego uno puede volver a hacer las cosas nada peligrosas de antes, pero necesita un disco de recuperación. Muy sencillo todo, nada que el DOS (deoese) no haya hecho antes.

/eresunmentiroso
//eresunmentiroso
//eresunmentiroso.dll

Mi cara brillaba como un monitor conectado a un sistema 386 de disco floppy.

Todo onda cyberpunk y al revés, o sea, viando de los 80 tas a los dos miles y de los dos miles a los ochentas.

Luego dijo eres un mentiroso.


1/2/14

televator

Alguien me estuvo preguntando que qué mierda andaba escuchando por esos días, y yo debí responder kyuss, o tame impala, o ikaracolt, pero dije lo primero que se me vino a la mente, y con una voz casi militar salió eso de The Mars Volta. Era verdad que no había dejado a esta banda, pero también al tenerla en el ipod la adelantaba, a no ser que fuera aegis, o quizás day of baphomets, que son temas con los que uno desearía ver el fin del mundo, esa gran llama violeta cuyo gas derrite o derretirá las rocas y los muros y volverá gas el mar. De todas maneras dije themarsvolta y pensé que la imagen de esos dos imbéciles, serviría para que M.B tenga un par de días para pensar en esas cosas, y en la música, y quizás también se anime un poco hasta dar con el trabajo solista de ambos, y quizás también con los filmes del mexicano. Recuerdo que esa banda tocó en santiagodechile y yo por esos años intentaba trabajar en la teve, y conseguía solo trabajos eventuales cargando cables y eso estaba bastante pesado, y bueno, pude hacerme con un par de entradas, y el show de los mars estuvo bien, y por momentos uno miraba algo que aún no existía, y esos momentos valían por todos los cables y los días que comería solo pasta y tomate, y todo era nuevo, y todos estábamos estáticos, y la música era otra cosa y todas las cosas al mismo tiempo, los volta juntaron ese día, y ya otros, en otras fechas, el siglo pasado, el que se fue, con el mundo que aún estaba por llegar; y en ese planeta el agua es roja, y los hombres y las mujeres están en varios lugares al mismo tiempo. Eso ocurrió en 2005, ahora la banda se ha separado, no existe, no gira, no toca. M.B dijo ah, de lujo, pero me pareció que solo era amable, y luego nos quedamos callados y no se preguntó nada más. 

Para no ponerme a llorar, busqué una cinta y por suerte alguien, quizás la tallerista chaleco nelson, había dejado su maleta y ahí encontramos cintas de liquid sound y algo de unida. Uno de ellos era el tercer album ouroborous y tenía dos o tres de esas "suites" interminables y luego estaba sonando el frances, la muda. Agradecí en silencio ser camarada de la tallerista chaleco nelson, y un poco me puse a pensar las tardes que pasábamos desnudos y tirados, tomando sol en mitad del campo. Recuerdo que llevábamos el trooper de mamá, y luego estábamos junto al río y las ropas en los asientos, y nosotros, no sé por qué torpes impulsos, recostados sobre el pasto, y quizás no habían personas cerca, o quizás no se atrevían a acercarse, pero en realidad estuvimos desnudos de frente al cielo, y la sensación de peligro y verguenza no se iba, pero al mismo tiempo, y tras convencerme que nada peligroso sucedería, creía que mi cuerpo se cargaba, como una inflamación, y extrañamente me sentía invulnerable, y de hecho quería que alguien viniera y practicaba eso de mirarlo a los ojos, y luego sonreía, y todo era hacer cosas sin sentido junto a chaleco nelson, que supongo anda por mardelplata o quizás por el estado de tabasco, no se sabe, ella a veces dice mevoyavolver y eso lleva uno, dos años.

Bueno, al sonar la cinta comprobé por qué eran tan buenos y si alguien pensaba lo contrario tendía que dedicarse a escuchar música concreta, quizás sonidos midi o esas canciones en los karaokes. Sonaban bien y luego dejé una nota junto a la cinta, decía nosotros no estamos. atte. mars

Luego estuve pensando que los volta habían inventado el mundo. Nosotros seguíamos siendo los egoístas de siempre y supliqué que no vuelvan a reunirse; tuve el tema hasta cuando me acosté y me alegré de que nadie los conociera, o quizás me alegraba de acostarme sin despedirme de nadie.

M.B miraba hacia algún sitio, pero yo no estaba muy seguro, y mejor intenté quedarme inmóvil o quizás dije algo y luego alguien fue a dejarnos en casa, recuerdo que pasamos frente a una estación de combustible puma, y las luces eran demasiado intensas y yo dije algo sobre como la luz difuminaba los bordes de los objetos, y creo que nadie me escuchaba y luego que hacían preguntas y que deseaban ir hacia calderón o hacia esmeraldas; yo pensaba ojalá los volta nunca más regresen pero estaba seguro de que así sería, porque esas cosas son predescibles, era como  ver a dos niños enojados, y también pensé que en unos meses estarían más enojados.

Luego estuve con varios temas de los volta en el ipod y la verdad parecía un tipo extraño, con los pies jugando a tocar la batería y con las manos agitándose en el aire, dentro de un autobus, eso fue un día que viajaba a latacunga. En realidad iba solo en el penúltimo asiento, y los asientos o espaldares eran tan altos que, visto desde la puerta, el interior del bus parecía vacío. Dos mujeres con lentes gruesos miraron, y creo que intentaban reconocerme, y yo también las miré, pero nunca las había visto en la ciudad y luego me resultaron absolutamente desconocidas. El haber dejado latacunga me había vuelto un poco como un turista, y eso no estaba mal, y además sin querer yo había alcanzado esa sensación de anonimato y bajo perfil que hace de la vida un placer o un acto prohibido, un acto por romper. Todos los días rostros nuevos a través de unas calles que eran las mismas desde hace décadas. Luego seguí jugando a que tocaba una batería invisible, y todo era acompañado por la velocidad del autobus que bajaba hacia Tambillo, que luego correría frente a Machachi como un maldito proyectil que volaría el peaje y por qué, no, al mismo Cotopaxi, cotopaxi con todo y cóndores y con las truchas azules que nadan dentro de chalupas; y eso era el vértigo, un licor que habían guardado en botellas diminutas que yo andaba bebiendo desde el 2004.

Un día Cedric me dijo que yo debía terminar las oraciones con un punto final. Esa madrugada estuve escuchando a dos equipos de fútbol cinco, y creo que habían llevado sus propias barras que animaban cada "jugada maestra". Eso era a las 2 o 2 y 30 de la mañana. Luego pensé que no era posible que la gente jugara al fútbol cinco hasta tan tarde, y al mirar a la ventana me pareció observar las luces de los reflectores, una luz intensa, o inmensa, blanca, como para iluminar el darksideof la luna y de paso filmar la odisea 2001. Luego dije que seguro estaba alucinando y que lo que escuchaba era parte de un sueño, y un poco y con algo de temor intente dormir, y creo que pasó media hora, y luego soñé que alguien me decía christian killer, y no era como si dijera que christian es un killer, no, decía, christian killer. En medio de la madrugada me puse a relacionar esas palabras con personas a las que había tratado, pensaba en alguien nuevo, quizás un o una tallerista de otro centro. Al día siguiente intenté hablar con G.D de aquel sueño, pero la contestadora dijo que era su día libre o que la llamara el jueves. Ojo, eso lo decía la contestadora, una voz eléctrica, y no ella, que pudo o no grabar el mensaje. Fue como llamar al servicio técnico del ietel.

Al día siguiente recibí algunos correos y entre ellos uno de G.D. Decía cosas sobre el trabajo, y también me había incluido unas fotografías, algo de su paso por sanmigueldelosbancos; en todas ellas sonreía, sería porque abrazaba a ernesto, su nuevoviejo, teamoodio novio. Como pensé que estaba,  intenté que respondiera sobre mis sueños christian killer; primero recibí un correo donde hablaba de tomarse tiempo, luego no escribió más y luego dijo ya regreso. Supuse que no podía hablarme y luego entendí por qué me había escrito y adjuntado esas fotos. Revisé otro correo y me pedían unas retenciones, el mensaje estaba marcado como urgente. Yo llevaba un tiempo haciendo fotografías para un ministerio y luego pensé que las fotos habían quedado bien, y al ver la fecha supuse que no era muy urgente. Luego G.D escribió que Guillermo buscaba a alguien libre. Lo pensé bien, y luego recordé que Guillermo trabajaba haciendo logos para empresas, dibuja o muere era, algo así como su lema, y a veces necesitaba fotógrafos y también contrataba sin preguntar. Luego lo llamé pero conectó con el buzón de mensajes; luego colgué el aparato y luego también olvidé eso de asesino de cristianos.

Al día siguiente estuve yendo al centro, y muchas caras se volvían para mirarme, y era extraño, en todos los rostros reconocía a alguien; saludaba, y ellos me miraban desconfiados, bueno, luego de pensarlo, algunos contestaban mi saludo y creo que regresamos unos siglos atrás, y solo faltaba que las campanas sonaran al mismo tiempo. Pensé que tanta campana en tanta iglesia podría activar las fallas sobre las que crecía la ciudad, y quizás un volcán podía encenderse. En el estacionamiento habían dos hombres, pero no parecían tener prisa, eran quizás las cinco. Algunos funcionarios llevaban varios días infiltrados en los centros, y en los normales, un poco mirando el día a día y planificando y transcribiendo lo que debía reemplazarse. Entrar al centro era como comerse un pan, cualquiera pasaba por autoridad, bastaba llevar traje y corbata azul o traje y corbata roja. También sucedía que nadie hacía preguntas, y era como si los guardias tuvieran orden de preguntarlo todo, pero también como si por experiencia, hubieran decidido no hacerlo, como si saber no cambiara las cosas.  Así estábamos todos, dormíamos con el enemigo.

Luego rodé por los escalones. Sobre los hombros de alguien observé las cámaras del circuito cerrado; las cámaras parecían seguir los movimientos de los autos. También vi un borde, y unos pies, supuse era la acera. Luego esperamos en una esquina la luz verde.

Eres un mentiroso


sorber seis de la tarde

Estuvimos discutiendo, y nuestras caras empezaban a inflamarse, y un poco yo suponía que de ese modo debían verse los rostros de quienes estaban siendo alcanzados por algún fuego en forma de gas azul, y eso era como estar sentados y discutiendo en el centro de un incendio. Me miraba, y al mismo tiempo miraba al resto de talleristas, y eso era rápido, y pienso que llevaba un grabador de mano en lo ojos, que para entonces se habían vuelto aparatos capaces de registrar las cosas con verdadera prisa y exactitud. Una de las talleristas llevaba colgado de su cuello un enorme crucifijo, y me parece que estaba hecho de acero, y me gustaba creer que por el peso de aquel amuleto ella caminaba como un fantasma o como un dibujo, y también verla me hacía pensar en la madrastra de las películas de waltdisney, y ella, creo, apreciaba o disfrutaba que la miraran de esa forma. Un día que todos estuvimos reunidos, incluso los cursos superiores, viendo temas y los trabajos de actualización, al fin pude preguntarle que qué rayos hacía con la cara pintada de blanco, y era gracioso, porque ella tenía ese color de piel irreal, como esas personas que parecen muertos y su rostro o sus huesos eran bastante delgados, y demasiado pálido, y con el polvo en el rostro se veía como un algodón y eso sería el tema de lo irreal, era como ver el interior de un oso de felpa. Ella sonrió, o me miraba como si yo fuera a atacarla, y creo recordar que ella dijo algo sobre su acné, o sobre cubrir esas manchas, y a mí me pareció algo tierno o era como si el oso de felpa tuviera vida; no pude, sino, invitarla a tomar un helado y en realidad creo que esa tarde me sentí como un padre que acaba de encontrar a la hija que había perdido, o la hija desconocida, como en esas series mexicanas donde un hombre grande y corpulento y con el cabello desordenado, o sucio y de apariencia siniestra se despide al apuro de una mujer que intenta detenerlo, y luego ella cuenta, cómo ese hombre, un día, por cosas del trabajo, y ya quince años después de intentar detenerlo, regresa a ese pueblo, y se encuentra con esa mujer quien concebería a su hija, y luego el hombre decide que su hija es más importante que todo y empieza otro problema en la capital, y todos quieren ir para allá, y la esposa actual no sabe nada y todo es breve, y sencillo, en la serie mexicana que quizás se llama la virgedeguadalupe, y parece ficción, pero también parece bien normal, y luego nos casamos, como en la película del francés gaspár.

Bueno, eso pasó, dejé de mirar al resto de talleristas que tenían la misma edad, y todos habíamos escuchado los mismos temas populares, que ahora no sonaban a todas horas pero la  mayoría tenía el peso de varios años más, y creo que al ver mi hija esposa, la tallerista de polvo blanco en el rostro, me sentí un poco mejor, e incluso me vi clavado de cabeza en la mitad de una tina llena con helado blanco, sintiendo como el cerebro se detenía y como los ojos se congelaban y la lengua un poco como que disfrutaba del sabor, que no era vainilla sino ronpasas, y luego de a poco ya yo estaba en ese sitio, y los pies dejaban de agitarse, y era ya una estatua, para una muestra, en cualquiera de los museos que abrían esos días, a todas horas, pues, empezaban ya las fiestas, y esas celebraciones para homenajear que la ciudad seguía en pie, y sobre todo, porque, no quedaba sino salir, y un poco distraerse, porque en la ciudad todo el mundo estaba bien dedicado a trabajar y a vacacionar en la costa cada vez que el trabajo les daba tiempo, o cuando el gobierno dictaba que podían detenerse, y entonces nos perdíamos los unos a los otros con la ayuda de todos, y era de ver cómo llenábamos las calles, y los bares, hasta dejar de hablar, y éramos esqueletos con agua por dentro. Ella miraba desde la mesas mis piernas que habían dejado de moverse, y que salían como dos cucharas o sorbetes desde la montaña de helado y dijo que por favor comiera, que no estaba bien que pidiera todo ese helado y lo dejara ahí, sin tocarlo. Luego yo trataba de recordar un viejo chiste que hablaba sobre un niño que quería comprar helados todos los días, algo sobre cucharas para helado o sobre un niño disléxico, o era que el niño luego tomaba los juguetes de su hermano mayor y los llenaba de caramelo, o el niño se había mordido la lengua, o no se qué, pero no lo recordaba y miraba que la tallerista seguía con su helado que no tenía fin, y luego me miraba y quizás creyó que la iba a atacar o ponerle mis dedos dentro de su helado y mejor le conté algo sobre música que escuchaba esos días, y eso pareció agradarle, es decir, de nuevo miró su helado, y su cuerpo ya no parecía contorsionado, y sus brazos incluso se estiraron, como si al fin estuvieran cómodos. Luego dije que el helado había estado muy bien y ella dijo que pensaba lo mismo y quizás en ese momento debía decir hasta otro día hija.

Luego la tarde continuó su paso ilustre y los buses echaban los humos sobre las personas que tomaban el smog y empezaban a fabricar un tipo de combustible.

Luego el sol quemaba los parabrisas y se escuchaba un silencio bastante inusual, y era como si el tiempo corriera hacia el otro lado, y en realidad era una tarde para tomarse fotos, y creo que el día se hizo más largo y un poco todo tenía una luz de cuadro de museo a las cuatro de la tarde o la luz de escuela indígena, y solo faltaban los perros corriendo tras una liebre o una cascada de agua vaporosa, en cuyo fondo se podían observar a los peces sonriendo, como contentos con los rostros de quienes los miraban, con un sombrero de copa y un bastón en sus aletas.

Había algo aquella tarde sobre los árboles, algo que le hacía pensar a uno en CamilleCorot, y en el dios, y en la foto de dos hermanos anónimos; como si esperaran que respirara el árbol al caminar sobre el asfalto.

Luego estuve varios días rodando por los escalones y eso me tenía bien molesto, y andaba por las habitaciones gritando a los otros talleristas, y ellos me sonreían, y yo pensaba que no estaba del todo mal levantar la voz, o tener ese estado de ánimo, pero, en los talleres, con los chicos de educación básica las cosas no resultaron iguales, y ellos tuvieron tiempo para quejarse con uno de los inspectores, y luego recibí mi primer memo, y en este se detallaba el manejo descuidado que tenía con mis alumnos, y algo sobre el desorden en el diálogo, y, solo faltaba que me enviasen a charlar con uno de los especialistas, pero pude notar que la oficina donde se realizaba eso del direccionamiento de actitudes estaba aún cerrada, y mejor estaba pensando en las cosas pendientes y me sentí un poco miserable porque eran cientas, decenas de diminutas tareas que parecían no acabar. En el bar del colegio compré agüita carbonatada que venía dentro de un envase de un color verde esmeralda, y cuyo envase a la vez tenía la forma de una gota de agua, y noté que esa forma era bastante singular y que ayudaba a diferenciar la marca de entre el resto de ofertas, pero, resultó inútil dentro de mi maleta, su barriga inflamada, como gota que era, no permitía que mi maleta cerrara completamente. Luego compré dos galletas de veinte centavos y prácticamente me dí por almorzado. Una de las compañeras de corbata celeste me pidió que la acompañase a colocar seguro en su auto, y, a cargar con unos libros que ella acababa de corregir; y luego pidió que sujetara la compuerta de atrás, y era una compuerta que se quedaba de pie sola, porque su auto era un renault, y ella al verme con los brazos en alto dijo que bueno que está este pan y luego me dio la impresión de que estaba revisando las compras para su casa, y en una bolsa amarilla tenía sánduches de queso y lechuga o de lechuga y pavo, o no sé qué; luego estuvo metiendo y sacando cosas, en realidad las mismas cosas una y otra vez, y eso me puso nervioso, y ella dijo algo, pero no conmigo, y creo que yo estaba con el cuerpo de un esclavo egipcio como en el vídeo de thebeloved, y por un momento creo que también llevaba cadenas y joyas bañadas por el sol que a esa hora estaba maldito, y ella, a veces, detenía sus ojos sobre mi estómago, y luego miraba hacia el pubis, pero yo no estaba estimulado, y solo tenía ganas de beber mi agüita carbonatada. De todas maneras ella miraba por breves milésimas con sus ojos de rayos, y yo pensaba que nada era importante y ya se terminaría el día, y luego el siglo, y luego nos caerían caballos y esos jinetes con nombres de colores, y ella luego me dio su sánduche y dijo que comiera pero yo dije que lo haría en la noche.

Luego estuve resolviendo un cuestionario y eso me produjo catarro, y para calmarme salí a fumar un marlboro y bajé con cuidado para no rodar; y un poco mirando a las cosas, y buscando un momento para trepar a sus hombros, pero no bajaba nadie, y mejor charlé con otra tallerista aunque ella no parecía muy interesada, y era por eso que ella se reía de las cosas serias que y luego se ponía seria cuando yo decía cosas graciosas, y cuando me preguntó por qué lloraba yo respondí que no lloraba, sino, que estaba paralizado de la risa, y ella dijo me quieres violar no... y empezó  a gritar en los pasillos violador, violador. Así estuvimos hasta el divorcio.

En la pared habían escrito usando aerosol y una plantilla la frase eres un mentiroso. Esa pared separaba las gradas de un departamento de estudios superiores, y si uno quería observar los carteles con horarios y fechas para matrículas tenía que levantar la cabeza o echarla cabeza hacia atrás. Supongo que el muro era semitransparente pues el sol quemaba, y las nubes sobre las montañas estaban anaranjadas como un pájaro y solo faltaba un sorbete, y algo de alcohol, y una boca sorbiendo de las nubes; como sorber fuego y gas de nube y eran quizás las seis de la tarde.

Centrodeinvestigaciones y controlremoto

Una tarde estuvimos observando el interior del gran agujero. Uno de los talleristas tomó por los hombros a otra tallerista y fingió que la tiraba al interior, y la tallerista parecía tener muchas ganas de caer y por ello cuando dieron dos pasos yo me acerqué para tirarla de verdad, y luego ella estaba en el subsuelo, quitándose algunas manchas y polvos que se le habían pegado al caer, y yo me reía, y ella estaba bastante molesta pero luego dijo algo y abrazó a otro tallerista y salió hacia donde estaban estacionados varios autos. Luego se hizo popular la frase esa de bajar por la vía rápida, y luego muchos empezaron a usar las gradas y eso sirvió para evitar los empujones, y eso molestaba a los hombres de casco amarillo pues estos todos los días cargaban sus carretillas con escombros y ahora también debían cargar con cuerpos inconscientes, y algunos cuerpos eran grandes como elefantes y por eso alguien puso una cinta amarilla alrededor de las puertas que llevaban al gran agujero, y además alguien dijo que los cimientos y las bases del sitio tendrían que ser reforzadas, eso por algunos cuerpos caídos las semanas pasadas, y eso un problema porque ya llevaban varios meses de trabajo. Luego volvimos a usar los escalones hacia el noveno aunque de subida encontramos filos y bordes rotos, y parecía que algunas personas habían caído de frente sobre los escalones frescos y por eso se sugirió usar cascos y yo usaba a veces un casco amarillo pero nunca comprobé si seria capaz de protegerme en una caída.

Algunos talleristas subían los escalones estudiando con los cuadernos abiertos en las manos, y muchos de ellos tuvieron que rendir algunos exámenes extra para aprobar los veintiocho puntos que era la calificación mínima, y recuerdo que también miraban al techo mientras rendían el examen, y yo pensaba que en el techo estaba pegado algún pizarrón en el cual se habían escrito previamente las respuestas, pero solo estaban los agujeros donde antes habían unas lámparas, y creo que quizás esos talleristas tenían alguna conexión mística con uno de esos dioses invisibles, y yo dije oye dios a mí también, pero cuando pensaba en esto los otros talleristas, que en verdad tenían fe, me miraban y de alguna forma censuraban mi indisciplina, o mi actitud superficial, y yo creo que el dios estaba con ellos porque no decía nada, pero también pensaba que ese dios era de aquellos que estaba con las minorías y por unas semanas intenté conocerlo, pero sus fieles eran personas que tenían sus recatos, y mientras yo andaba por las habitaciones haciendo ruidos, o intentando conocer a talleristas más jóvenes, ellos colocaban sus sillas azules en dirección hacia una meca, y hacían culto, pero no creo que era culto, sino, algo más filosófico, además guardaban sus libros sagrados entre los muslos. Sin embargo, varias veces compartimos mesas, y viajes, y una vez en un viaje hacia ibarra me invitaron a nadar desnudo en las aguas de una pequeña fuente de aguas verdosas, y esa agua era tibia, y ellos decían cosas entre ellos pero nadie me explicaba de qué se trataba todo, pero el agua era tibia, y hasta hirviente, y recordaba cuando mis papás me llevaban a unas fuentes dentro de una montaña en la vía al tena, y recordaba a mi padre, el escritor, trepadote en un gran trampolín, y, yo, tras de él, y mi madre abajo, gritando tíralo y yo luego empujando a mi padre que seguía con su temor a saltar, y solo me faltaba apuntarle con un revólver, y mi padre estaba en el filo del trampolín, y abajo el agua era verde como la de las fuentes, y echaba vapores. En esa ocasión decidí quitarme la ropa y entrar en la fuente, y algunas talleristas me abrazaron, y otras se quedaron dormidas o se hicieron las indiferentes tras mirarme el pito, mientras, yo intentaba curarme ciertas inflamaciones, sobre todo en los hombros. Una de las talleristas tenía unas tetas enormes, y ella se sentó sobre mis rodillas y me dio sus tetas como para que yo las chupara, y eso hice, y su piel era blanca y pálida y un poco me sentía como en la escena final del filme que escribió stanley, y el loco de anthony, y me daban ganas de morder sus brazos pero ello que me abrazaba tenía los ojos abiertos, y parecía hipnotizada, así que mejor guardé silencio y dejé de pensar en cosas y luego solo escuchábamos a otros talleristas dormidos, y luego al vapor que se pegaba en los muros y algunos nos acercamos y nos recostamos con una toalla en la cara.

En la parte más alta de la montaña vimos a dos unicornios, uno celeste y otro rosado que entrelazaban sus cuernos como si lucharan. Debían ser unicornios jóvenes pues los adultos suelen tener un color más oscuro.

Los exámenes intentaban conocer qué tanto habíamos asimilado durante los primeros tres meses. Muchos exámenes constaban de preguntas objetivas, pero también daban pie a que nosotros elaboráramos pequeñas teorías o pequeños ensayos que nos acercaban al trabajo de investigación que tanto se empezaba a priorizar. Esto de investigar manejaba un campo tan amplio y por lo mismo tan desconocido, un sitio en el cual era más fácil salir con nuevas dudas y tocaba replantearlo todo. Quizás por esto muchos talleristas decidieron enfocarse en trabajos de aplicación y luego discutían las reacciones y estaban en eso de la elaboración de manuales y metodologías. Según sus informes trabajo estaba en la evaluación y también buscaban causas a la poca atención en el proceso de enseñanza. Hablaban algo de la repetición inconsciente o débil de contenidos. Algunos intentamos centrar nuestra atención en los problemas que tenía el lenguaje, ya sea en la escuela primaria, ya sea en la educación superior pero aún no apuntábamos al verdadero cuaderno de trabajo, aquel espacio dominado por las radios, la teve y la construcción de códigos lingüísticos. La teve se había vuelto el profesor de tiempo completo, y nuestro país, la escuela, estaba actuando como el profesor de reemplazo. Eso era frustrante pero a la vez lo invitaba a uno a reflexionar. Quiero decir, varias discusiones improvisadas que tuve con dos o tres hombres de traje azul terminaban en las posiciones irreconciliables de yo enseño español, yo enseñaré ecuatoriano. Sin querer abrimos una brecha de matices culturales y quizás era el momento para inventar cualquier arquetipo capaz de cobijarnos, como el martinfierro, como el werther, como el sanchopanza, como el conde lucanor, el botija, jotajota, másnoblequeunalechuga, cualesquiera, un padre urgente.

Yo apoyaba al negroquesalíaenloscomercialesdefruit; pero, mi padre era mi padre, el escritor. Creo que muchos habíamos asimilado la idea de vivir entre varios mundos sin que por ello uno limitara a otro, y sin embargo también parecía que uno de esos mundos aún era un mito. Luego decidimos escribir muchas palabras usando la q por la c y luego cambiamos la h por la doble v y ya no decíamos voy pa tungurahua sino voy al tungurawua y también hola soy washinton por hola soy huashinton. Supe que alguien de noveno tenía pensado un argumento para una novela a la que titularía El huachiman.

Muchos tras los exámenes quedaron bastante comprometidos, y era común que al no alcanzar un determinado promedio subieran la roca de la segunda mitad del ciclo, y uno ya se predisponía a lo peor.

Luego estuve mirando al interior del agujero y un poco sentía una incomodidad en la garganta, y tenía carraspeos, y sentía flemas en la garganta y sin embargo luego estaba dándole al marlboro, y luego miraba cómo el humo subía hasta alcanzar formas extrañas, y en esas formas que no duraban ni un segundo intenté leer mi futuro, pero antes debía tomar un taller de lectura rápida de siluetas en humo de cigarrillo; y creo que observé un anuncio para un taller en una revista catalana, y me preguntaba cómo pude haber leído eso si ni siquiera tengo contactos catalanes en mis redes, aunque, una vez, vi un reportaje, o documental, de un barrio en una ciudad cerca de Horta-Guinardó y en ese distrito los vecinos parecían llevarse como personas civilizadas, pero en realidad era como si fueran colegas que siempre estaban resolviendo problemas, y metiéndose en otros problemas que en el documental no eran expuestos o tratados de manera explícita, porque el documental se trataba más de las dinámicas entre vecinos, de cosas espontáneas, y muchos vivían solos en casas o departamentos, y el tono general del filme, es decir su coloración tendía más a los grises, y a los colores apagados, desaturados, y varias veces llovía y eso le daba a la imagen un clima triste, y quizás en uno de esos muros, de ese barrio, que por cierto así se llamaba el filme, pude, o abré visto un anuncio para tomar clases de lectura rápida de siluetas en humo de cigarillo.

Espero no haber enfermado pues, enfermarse requiere de un seguro médico, y llevaba dos años sin una cobertura, y esperaba, tras mi último ciclo, iniciar alguna relación en la cual me brindasen alguna cobertura. Por lo general uno tenía un servicio médico para diagnóstico pero uno mismo debía gastarse con las medicinas, aunque, de un tiempo para acá ya se estaban produciendo genéricas, y a veces en los centro de salud uno obtenía de manera gratuita antibióticos, y a veces el tratamiento duraba dos semanas. Sin embargo, procuré guardar los marlboros, e incluso empecé a obsequiarlos. Un tallerista fumaba tres veces más que el resto de talleristas y además tenía la apariencia del hombre marlboro, y me daban ganas de preguntarle dónde había dejado el caballo y el sombrero, pero tenía la impresión de que respondería con alguna broma y más bien pregunté a otro tallerista que de qué barco se había bajado, como en un cuasi homenaje a la escena en que Mcfly regresa al pasado llevando un chaleco, y ya que el tallerista llevaba un chaleco similar, le pregunté oye, de qué barco te bajaste, y solo yo me reí, y creo que nadie estaba enterado de esa trilogía, ni de martin en el pasado, creo en 1955. 

Luego estuve rodando hasta la planta baja. Luego me trepé en sus hombros. Luego miraba un filo bastante uniforme, luego miré unos pies. Luego a las personas que caminaban con sus bolsas blancas en las manos. 

Unos hombres dirigían el tránsito y creo tenían controles remoto.

Luego dijo eres un mentiroso. El marlboro me miraba. Luego repitió que yo eres un mentiroso.
Luego, las espaldas que ya estaban separadas como a dos cuadras, parecían de nuevo pegadas, no de manera explícita pero sentía que la piel se nos estiraba, y se alargaba, como los dibujos animados.

Diez minutos después eres un mentiroso.