Antes de llegar coloqué Major Tom en modo de repetición. Luego estuve buscando desde las ventanas alguna señal o alguna huella pero solo estaban los talleristas que habían terminado algunos cursos, talleristas por egresar. La mujer que atiende detrás de la ventanilla llevaba varias páginas en blanco y perseguía a los hombres de corbata azul para que firmaran y colocaran la fecha del día. Yo miraba todo eso a pesar de estar en el sexto piso y además todos parecían diminutos y todos parecían chocarse al dar algunos pasos y, mientras sus cabezas parecían rodeadas de pequeñas luces o estrellas ellos gritaban y alzaban las manos, agitándolas de modo que uno de los barcos que empezaba a entrar en las nubes detuvo su viaje, y supongo luego lo reinició. Creo que bajar de esa manera fue el mejor modo de perder un poco la idea que tenía sobre las cosas. Últimamente, o más bien, los últimos días me había visitado un espíritu problemático y muchas veces me daban ganas de buscar a alguien que abriera un poco las tapas y mirara a ver que andaba por allí dentro. También me había dado por tomar en cualquier ocasión y por cualquier motivo, por ejemplo estuve bebiendo muchas horas dentro o sobre un neumático usado. El neumático parecía contento y casi ni se movía, en realidad cuando yo intentaba hacerlo este respiraba, o se inflamaba, luego creo que mi peso o mi modorra también lo dormía, entonces aprovechaba pues había luz y podía ver el nombre de las calles. Sin embargo eso no era lo importante pues, en un estado como de hombre roto, sentía una profunda ligereza y ya las cosas no eran claras y eso era por lo menos como ahogar lo que estaba dentro.
Varias veces encontraba a alguien detrás de alguna puerta. Al patearlo levantaba la cabeza y tras mirarme la volvía a colocar sobre sus largos brazos. Cuando eso sucedía yo imaginaba que el sitio era un lugar muchísimo más grande, imaginaba que el resto de talleristas ingresarían por otros pasillos, otros escalones y que al caminar por los jardines amplios como esos campos en la películas con Jor-El, ellos o sus ojos, estarían casi imposibilitados de mirar a los hombres acostados detrás de las puertas. Un poco por las dudas colocábamos el seguro por dentro pero también le hablábamos a alguno de los hombres del piso de arriba, uno de ellos parecía tenernos algo como amor, luego lo empezamos a llamar enfermero y entonces prevenimos a enfermero, nunca se sabe, podríamos tener algún lío, esperábamos equivocarnos. El salón estaba poblado de cosas raras y de talleristas vestidas de negro y alguien dijo que esperaba no animarse a llamar a uno de sus amigos para cometer un poco de zigzag en el estómago de Uno. Uno era un viejo tallerista acosado por los excesos de confianza y por presencias que el soportaba, y nosotros pensábamos que hablaba de nosotros. Eran muchos los hombres de corbata azul que habían levantado grandes y encontrados comentarios y se suponía que el centro y los procesos de investigación ya no eran espacios para conflictos, es decir, cosas domésticas, a menos de que se trataran de un modelo de recolección de datos. Uno, a veces, aparecía en el sitio cargando cosas como un gran bidón semitransparente y yo pensaba como si no lo conociera que ese tipo debe ser un suicida que busca el evento para tirarse el combustible y encenderse en directo. Alguien dijo que Uno debía irse lo antes posible porque era bien mala junta. Luego hablaron de las cosas que uno puede meterse en la nariz y de los jóvenes que un día harán llorar al niño dios y luego se mezcló las cosas con proyecto de lengua y enseñanza y algo de teoría de las tres puestas de escena. Yo dije que lo dejen terminar para que ya se vaya pronto y luego Uno caminaba con su bidón y todos regresamos a la habitación.
Luego no sé que ocurrió pero las cosas no se detenían. Escuchábamos nuestra respiración y todos nos mirábamos y nuestras manos inútilmente intentaban retirar un casco invisible y pesado como un satélite. La respiración era lenta y profunda, como si tomáramos talleres de ejercicios para la consciencia con eso de la yoga o como si la respiración marcara el ritmo para entrar en esas fases que hacen que uno sienta lo que tiene entre la piel y el estómago, como si una pinza nos diera delicados y hasta estimulantes pellizcos desde el interior. La respiración era como ////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////// juuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu ///////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////// juuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
Algunos talleristas pensaban que no era buena idea y algunos decían que ya no querían estar allí o incluso simulaban cosas para sentirnos incómodos. Por ejemplo de uno ellos que parecía más tranquilo que el resto, simulaba tomar notas tras usar unas escuadras y un flexómetro invisible y era cómico porque levantaba los brazos y luego hacía como si estirara el flexómetro y luego estaba con eso de las notas en su libreta. Yo pensé que esa era una idea espléndida y luego muchos nos comcentramos en escuchar y era como si respiráramos dentro de un casco de astronauta y luego yo ya estaba tomando medidas con mi flexómetro al cual puse el nombre de Pavo, mide pavo, decía y luego pavo o yo daba fuertes palmadas a los talleristas que aún no hacían lo mismo y volvía con una libreta en las manos y según yo la habitación era un prisma irregular, lo dibuje en mi libreta, similar al gran borrador. Luego escuché algo de Major Tom y sus guitarras eran como los dedos de un ángel y de un pez o quizás como si uno bebiera desde el ano de una de esas mujeres negras que parecen un armario de pie o o las guitarras eran como atornillar la rotación en un lente Tamrom. Quise que Major nos llevara con algunos amigos hacia algún centro con el fin de meter las cabezas en aquellas grandes peceras que solían servir antes de las once, a esa hora para regresar a pie. Yo esperaba que Major nos despertara al llegar y así salir de su auto con los ojos quemados por el sol que estaría a esa hora detrás del planeta o por las luces de algunos de los bulevares inaugurados, luces con sonido propio y caminatas cerca del parque. Incluso ya había decidido que pediría una pecera llena de ron con coca cola porque eran ya muchos años desde la última vez que paseaba junto a una estrella y quería echar los pulmones por el bulevar y luego mis ojos se hicieron bicolores, el uno gris y el otro azul. Major andaba en el teléfono respondiendo a su público y ellos lo adoraban y eso pasaba entre tema y tema. Resumen de comentarios:
Algunos talleristas pensaban que no era buena idea y algunos decían que ya no querían estar allí o incluso simulaban cosas para sentirnos incómodos. Por ejemplo de uno ellos que parecía más tranquilo que el resto, simulaba tomar notas tras usar unas escuadras y un flexómetro invisible y era cómico porque levantaba los brazos y luego hacía como si estirara el flexómetro y luego estaba con eso de las notas en su libreta. Yo pensé que esa era una idea espléndida y luego muchos nos comcentramos en escuchar y era como si respiráramos dentro de un casco de astronauta y luego yo ya estaba tomando medidas con mi flexómetro al cual puse el nombre de Pavo, mide pavo, decía y luego pavo o yo daba fuertes palmadas a los talleristas que aún no hacían lo mismo y volvía con una libreta en las manos y según yo la habitación era un prisma irregular, lo dibuje en mi libreta, similar al gran borrador. Luego escuché algo de Major Tom y sus guitarras eran como los dedos de un ángel y de un pez o quizás como si uno bebiera desde el ano de una de esas mujeres negras que parecen un armario de pie o o las guitarras eran como atornillar la rotación en un lente Tamrom. Quise que Major nos llevara con algunos amigos hacia algún centro con el fin de meter las cabezas en aquellas grandes peceras que solían servir antes de las once, a esa hora para regresar a pie. Yo esperaba que Major nos despertara al llegar y así salir de su auto con los ojos quemados por el sol que estaría a esa hora detrás del planeta o por las luces de algunos de los bulevares inaugurados, luces con sonido propio y caminatas cerca del parque. Incluso ya había decidido que pediría una pecera llena de ron con coca cola porque eran ya muchos años desde la última vez que paseaba junto a una estrella y quería echar los pulmones por el bulevar y luego mis ojos se hicieron bicolores, el uno gris y el otro azul. Major andaba en el teléfono respondiendo a su público y ellos lo adoraban y eso pasaba entre tema y tema. Resumen de comentarios:
que bien habla ingles!.
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no matter what sleight of hand, mccartney, strokes, buddy holly, there is a directness there that bowie lacks.
Igual, las guitarras me llevaron a pensar en el cine y en que al día siguiente estaría mirando a la novia de Díaz, rasgando la folk mientras ese loco de la cerveza en la bota oscura de cristal al fin olvidaba que su mujer lo había encontrado con una camarera y se había ido para siempre. Para terminar la escena del bar, el hombre decía, empujando la bota con la malta que era mala idea estar casado y salir con otra mujer en un pueblo de seiscientos habitantes.
Luego pasaba eso de eres un mentiroso y yo lo tomaba con calma pero por cualquier inconveniente apagaba las redes de cobertura o recordaba esos ejercicios con flexómetro y la pantalla iluminaba los asientos y nos recortaba y éramos sala llena de cráneos y cuellos. Era genial porque eres un mentiroso estaba fuera de Major y entonces iniciaba una cuenta regresiva.
Luego pasaba eso de eres un mentiroso y yo me sentía fabuloso o con ganas de saltar en los hombros y luego creía que las cosas estaban pasando para bien como cuando tras cavar encuentras en mitad del patio un queso envuelto en tela, con la piel húmeda como para lavarse los dientes. eres un mentiroso sucedía desde el 12/8/10 y luego tuve una buena idea para cambiar mi keygen.








