A las tres de la tarde estábamos sentados juntos y mirando al profesor. Al mismo tiempo él nos miraba y quizás deseaba que nos calláramos o que abandonáramos la clase. Es cierto, cuando hablamos lo hacemos de modo que todos escuchen y de modo que todos se queden en silencio como si fuera importante lo que estamos hablando. Nunca lo que decimos es importante, de hecho parece que habláramos o señaláramos cosas tan comunes, insignificancias que quizás le importarían saber o conocer a un laboratorio de fármacos o quizás a algún partido político. Esas cosas que uno dice sin pensar en absoluto, manías, misterios, sueños o cosas que ocurrieron hace ya décadas, a veces saco conclusiones, tras haber hablado cosas del tipo: parece que estás viviendo una tercera o una cuarta vida, vidas que nunca terminan de entenderse, vidas que parecen copiadas o repetidas. El profesor desde su escritorio mira una revista que alguien acaba de alcanzársela, uno de esos textos publicados en las universidades en donde hay varias páginas llenas de ensayos y de información detallada, aquello de informar y estar a la vanguardia no ha pasado de moda, en realidad la revista parece aburrirlo pues lo vemos pasar una tras otra las hojas sin quedarse ni siquiera a mirar las fotografías o las ilustraciones; quien lo culpa si las ilustraciones de ese tipo de revistas siempre parecen hechas al apuro. Por un momento guardamos silencio pero solo somos nosotros pues en la parte de atrás siguen riendo e incluso parece que llevaran días sin mirarse, pues, pronto se escucha el deseo de planificar cosas y actividades para los días siguientes. Esos planes también son contados con brevedad pero con fuerza, de modo que todos quienes estamos adelante sabemos lo que parece sucederá. Incluso el profesor que parece querer decir algo, una palabra o dos salen de sus labios como balbuceos y yo antes de mirar al escritorio lo observo intentando reconocer si aquello va en serio.
Afuera el clima es extraño. Parece un buen día de finales de verano, con el sol palideciendo sobre la caja y los cristales cubiertos de una gruesa capa de polvo, pero, transparentados por la fuerza. Sin embargo hay algo de frío, algo de corrientes que parecen entrar por todas las ventanas y al mismo tiempo parecería que todas las ventanas y las puertas de aquel viejo edificio hubieran sido abiertas al mismo tiempo o por la misma razón. De hecho, tras encender el cigarro el humo es llevado en varias direcciones, entonces como soldados o como refugiados arrastramos los pies y nos ponemos a la búsqueda. Arrastrar los pies no es la mejor idea pues parece que fuéramos levantando lo que queda del edificio, eso recordando que faltan algunos meses para que terminen los arreglos. Hay gente que baja con prisa cargando pesadas carretillas y gente que lleva cascos amarillos para evitar accidentes. Desde nuestra parada observamos no el patio de atrás, sino, uno de los escenarios donde muchas veces suelen realizarse eventos y encuentros entre facultades. En realidad todos abajo parecen tener contorsionados los cuerpos, quizás eso sucede por un efecto de la altura, estamos en el cuarto piso y desde allí las cosas lucen distintas, algunas mujeres tienen los cuerpos casi recostados sobre algunas de las gradas de cemento, otras en cambio han levantado las piernas, es decir, las han estirado a lo largo de las gradas y sea ya por el color de sus vestidos o por la distancia como quiero creer, algunas lucen como si les faltara, como si fueran mancas. También es gracioso observar a todos en general, es decir a la gente reunida, de pie, en círculos, muchso parecen estar congelados, pero en realidad hacen pequeños o cortos movimientos, también parecen conversar con cuidado, casi como respirando las palabras que es un modo gracioso de decir que ellos no emiten palabras, las palabras los viven y las palabras han sido las que han reemplazado al oxígeno. En todo caso todos parecerían llevar algo hipnótico, creo que algún tipo de sedante ha sido inoculado e imagino que debería caer desde la ventana justo en la mitad de uno de esos círculos solo para ver si terminamos todos, junto ami cuerpo incendiados y pidiendo calma. Luego observo que el humo otra vez se dirige a varias direeciones.
Varias veces creo haber escuchado que decía eso de que alguien (yo) mentiroso, Creo que no quise entender o creo que lo comprendí tan claramente que al fin pude dejar de hablar y pensar en cosas que no venían a cuento. Quise entender totalmente cada parte del significado de esa palabra pero me costaba mucho, me pasó, como si de cargar un caballo en las espaldas se tratara. Además, pronto, inmediatamente fui vencido por el peso de las cosas, por pasar de un estado a otro absoluto, indefinible, oculto, sobre un sitio que parecía sostener mis pies. Eso era cierto, lo más poderoso y real que pude recordar. Luego estuve pidiendo un encendedor en una caseta de snacks o hamburguesas con la imagen de una fruit pintada en una ventana que parecía haber sido clausurada hacia ya muchos años. Luego el rebote y las continuas regresiones, es decir, aquella boca repitiendo que eres un mentiroso, eres un mentiroso, aquella rutina que pensé jamás presenciar, aquello de ser es una cosa inservible, y sin embargo parecía que los muros hablaran y que el suelo en cualquier momento estuviera dispuesto a levantarme hasta sobrepasar la altura de los árboles solo para luego dejarme caer, con ese peso tan común y con los brazos agitados como dos alas, eso es ideal, pero las cosas suceden siempre del modo más conocido, siempre sucede que uno se relaja sabiendo que debe esperar que cosas más inverosímiles y fantásticas ocurran, así, sencillamente, tras la sentencia y luego de agitar los brazos para suavizar el golpe, nada sucede, una mano sostiene mi culo, o una pinza me ha tomado el pelo para sostenerme en la mitad del cielo (!?), en la mitad de dos edificios llenos de agujeros como para que pasen elefantes o ascensores llenos de elefantes. Desde esa distancia observo mis pies agitarse, por que sí, en ese momento en vez de caer sigo flotando o quizás ya muerto y esperando mi turno para reventar, o que diablos, intento que alguien observe pero misteriosamente o todos se han ido o todos han entrado en uno de los salones más amplios para observar detrás de los cristales a un hombre, o un ave, supongo que ni una ni otra. Luego el ejercicio que intuyo necesario, es decir, ya pasado el pánico comienzo a murmurarme cosas para bajar, de modo que luego de pensar con rudeza distingo lo evidente de lo necesario. El peso de saborear aquella frase, cada letra va tornándose en un plomo que sirve para acercarme al lugar de todos. Sin embargo, pienso, entonces me doy cuenta o me convenzo de ser o parecer o pesar como algo real.

