La irresponsabilidad de hablar, la de escribir, la de comer la pared del sótano, las de no estudiar ni hacer las tareas ni llegar puntual al salón.
imagende: www.popspotsnyc.com/forthcoming_new_york/
Hoy me visto de negro, solo para ti a pesar de saber que hoy no nos veremos. Escucho L7 a toda puta, es decir, ya no escucho los gritos de los colonchos en el piso de arriba y tampoco la barredera y el empujón sobre la cama o a la cama de los colonchos de arriba, se dice, empujar para quitar el polvo. Por momentos quisiera tener lista mi motocicleta y meter todo hasta bajar a tu redondel y hacerte un poco de run run hasta que nos sangren las arrugas. Sabes, he tenido varios sueños de esos en los que varios hombres me hablan en kichua y en portugués, hombres con rostros rojos y hombres pequeños, bajos de estatura junto a mujeres largas y de pantalones desajustados. En los sueños, que ya son bastantes y más en estos días extraños en que la luna se abre como un coco o como el ojo maligno que dirige la película de medianoche, sucede que yo no tengo apuro pero todos parecen tener que llegar o continuar con sus mierdas, es decir, olvidándose de algo, vivir que a la cosa hay que olvidar. Suena a algo que gira a las tres de la mañana. Lo bueno de los sueños es que están llenos de decorados fascinantes, por ejemplo, un lugar plano, al fin, un sitio donde apenas se levanta una pequeña colina, mínima, sobre la cual hay un edificio antiguo, de esas mierdas europa coloniales, roja y con sus años en desuso con la pileta o el orificio para el agua lleno de algas y hojas secas.
Creo que al fin la casa intenta entrarme por la forma menos poblada, esto es, aprovechar que tengo dormido los arqueros para inducirme sus propios miedos, los miedos y la mugre y la bóñiga del páramo. Entran y salen todo el día, ya soy y ella quiere que sea su doble, la famosa casa tomada por algo más grande y más antiguo que la palabra continente o la palabra mastermop, o la palabra palabra, algo así como el gas por el que nos volvemos al dormir. Por eso digo que no soy yo el que sueña, son otros y yo sin buscarlo soy testigo y presencio esas imágenes, Ahí hago buuu. Eso se debe al caracter auténtico del cemento, lugar donde las cosas se cocinan y se tiran y se vuelven a llevar al fuego, como en esa locura Aureliana, primero oro, luego pez, luego fuego, luego otra vez oro y luego otra vez pez, entonces, el barrio y las casas y los cristales corrompidos o cubiertos de las gruesas capas y las imágenes lejanas eso, remotas, deformaciones, es decir, si la persona de la casa del frente observa a alguien entrar en una puerta, no es a alguien, observa una figura, una silueta, un recorte, cualquier cosa o ser no identificado?¿. Cosas del oro y del fuego y de cristales sucios. Eso con respecto al lugar, a la población, pero en realidad todo también es motivo del páramo y de tener los pies descalzos y los pantalones enrollados y cubiertos ambos de la verde y olorosa bóñiga, pastosa y verde y pastosa y cremosa y verde. Los pies y las uñas y la vieja del frente mirando detrás del cristal esperando, de pie, y no hay vacas, o, dónde guarda las vacas?
Quién manda a hacer casas en las faldas de las montañas jibares, tierras rellenas de lava y de combustiones, terrenos que tiemblan cada dos semanas de manera mínina provocanco el ronquido y el posterior lloriqueo de los animales. Acá, en el sitio, hay varios perros, muchos, todos ladrando al unísono, no es eso una tortura? un animal noble y delicado como el sabueso gritando a media noche o más tarde, recordando a algo, a alguien tras sentir el temblor, el rumor de cada explosión y así sin aviso, sin anticipaciones. Esto es la mierda, esto es vivir sobre la vida de otras vidas, qué piso tengo, debo ir al número ocho y llevarme a los animales hasta cuando empiecen a hablar y llamarme Cristo, y un día, en mitad de la tarde digan: maestro le organizamos una mesa, recuerde que estamos todos, y, hoy cumple 33?!
Pero más dolorosa es la irresponsabilidad de colgar todos los pantalones en un solo tendedero sabiendo que va a llover, sin pedirle o indicarle a alguien el sitio donde puede colocar las prendas dobladas, si es que puede hacerlo, si va a estar cerca de casa.
Iría a toda puta intentando cruzar entre autos y asustanto a esos hombres con la mano en la palanca. Recuerdo la primer vez que alguien chupó un helado frente a la tienda de Marios. Esa imagen ayuda a viajar con una pulsión total, semáforo amarillo, auto azul, frenazo, darle voltio, darle a la manija, entonces veo la cara de hombres tan grandes y manejando autos con tantos ángulos llenos de humo y smog y aceite y con cara de no saber si ríen o lloran o quieren lavarse las manos o quieren valientemente ser arrastrados. Es hermoso, hombres arrastrados por su propia iniciativa, porque ha tenido la caballerosidad de pedir y de recibir. Entonces, ya sobre una vía recta o apenas curva pero apta para pasar los 200 miro detrás, miro la cuerda y el cuerpo y las manos agarradas como si de ello dependiera no morir para disfrutar el terminarse, el ser arrancado de a poco. Hombres arrastrados y la moto echando tiros frente a una bóveda o frente a uno de esos aserraderos a mitad de la tarde con un cielo azul antes de tirar la puerta de una casa. Amor, aquí está Juanito, mira, todavía hay hombres por arrastrar, hombres hermosos, de dedos duros, sí, hoy quiere quedarse, hoy hay luna amor.
La zamba era otra cosa, ella ha colgado sus ropas mojadas frente al tendedero de mi habitación. Miro las gotas caer e imagino su silueta y toda esa mierda que queda debajo de los pantalones. Cuando voy a su habitación y golpeo, la puerta me devuelve un rumor como de un motor, supongo ella ha comprado un freezer, o quizás es un motor para inflar el hombre de goma con el que se recuesta cada noche en su cama de una plaza. Es verdad que apenas ocuparán espacios pero ella debe ser esas mujeres que giran y patean y ocupan todos los lugares fríos de ese mueble. Al volver escucho gente corriendo o en realidad pisando o caminando con exagerada fuerza, como si de esa forma fueran a espantar a las cucarachas que debe salir de sus armarios. Imagino que temen a todas las cosas que se mueven porque provocan en ellas mismas algún movimiento interno, algun tipo de choque tectónico que obliga a que sus fluidos broten y se derramen. El techo está seco, pero imagino que unos meses y de seguir la corredera y el desborde pronto los fluidos tocaran las estrellas que tengo pegadas en mi techo y por que no, un día me encontrarñe despierto y cubierto de ese moco. Quizás sea hora de tomar un madero y echar golpes como hace tres años cuando esas cosas terminaron, así, a las malas, con golpes a las dos de la mañana. Luego pensé que alguien hacía tontos ejercicios a esa hora, por qué? se escuchaba un subir y bajar de un cuerpo, eso de las rutinas y las series en tres o cuatro tiempos. Apenas escuchas el golpe en el suelo, pum, y bam, y callados que es hora de dormir. La gente cree que leer es saludable y mucho más si no puede dormir y encuentra un artículo en una revista con una mujer en la portada donde sugieren actividades para el insomnio. La gente está mal llevada, quiere que la arrastre en la moto hasta quedar dormida. A las dos de la mañana! Y con la revista en las manos!
En el teléfono se escribieron muchas cosas. Él quiso hacer dos cosas al mismo tiempo, tras la escritura o, sobre la cultura se volvieron tres y cuatro y luego un loop de varias cosas que sucedían al mismo tiempo. Básicamente el quería dejar de pensar, bloquear las cosas que desbordaban sus ojos y escribir un mensaje en el teléfono. Lo hizo, en realidad puso la escritura del mensaje sobre los pensamientos y pronto hubo un especie de reemplazo. Hay cosas que se hacen a la fuerza, es decir, si algo es detenido puede parecer o lucir como algo antinatural?¿ Luego la cosa fue extraña, digamos que ya el mensaje se repetía alrededor de la habitación. Cuantas veces se pueden observar palabras e imagenes sobre los muros o sobre el techo? por ejemplo, cuando él escribió American procuró hacerlo pidiendo que American lo escuche y que Americ se levante de la alfombra y saltara sobre la cortina sin ningún motivo aparente. Luego de escribir tres veces añadió la vocal A al mensaje. La idea no era muy clara pero podía servir, es decir, tres o cuatro veces repetida la palabra AmericanAmerican American, seguido de a a a a a a a a a a a a.
Visto de lejos la pantalla del teléfono servía como plataforma de algo sin sentido. Varias filas de letras a separadas una de otras por un espacio. Uno de esos mensajes que terminaban ocupando seis mensajes, pues antes habían otras cosas escritas, cosas como ophan, cosas como nadiankin, nadiankin, y varias veces la palabra dust. Si uno leía con atención podía percatarse que en una sola palabra habían pegadas dos o que, no se intentaba decir american, sino, americana, claro, leído con curiosidad, no para un simple vistazo.
Esa escritura debió tomar más de quince minutos, que en realidad debieron parecer horas. Horas en que las teclas se vuelven pinceles y los textos aunque ya imaginados una especie de aguja e hilo instrumento para cerrar los ojos o la boca o el ojo por el que salían desbordadas las ideas más oscuras del día. Eso pensabe él, ideas que sobre algo ya oscuro no deberían ser visibles. Todo por esa idea de lo pertinente y lo no calificado. El esfuerzo fue doble, luchar contra la desproporción y al mismo tiempo crear una menos pesada pero capáz de filtrarse hasta volverse arena, acaso no usan arena para detener los flujos y los fenómenos. Reproducir el mensaje es imposible. Quizás con una de esas regresiones inducidas por fármacos, es seguro que el camino queda, que hay una vertiente o una huella. Eso es gracioso, dormir tras escribir las cosas más insignificantes y dobladas, cosas capaces de no significar nada y al mismo tiempo soñar con esas palabras, con un puente que se levanta y al mismo tiempo levanta la cortina dejando entrar una luz anaranjada, una luz absolutamente silenciosa y capaz de llenar la cama, como algo irreal. Hacer lo mismo todas las noches, buscar a americana, pedirle un café, pedirle un gran pedazo de tarta de limón, levantar la camisa para que mirase su ombligo, él, con el dedo apuntando su sucio estómago y metiendo la cara en la tarta que sostiene en la otra mano. Que más puede haber, sino, lanzar la tarta y lanzarse luego contra la pared esperando quedar pegado como un espagueti? que más hermoso que esconder el tórax para que nadie sepa lo ocurre sobre la mesa de acero? Eso también hubo, el cambio, como si la pantalla hubiera devuelto un colchón, algo que no podía notarse, suave, cuando el sol ya quemaba.
La zamba era otra cosa, ella ha colgado sus ropas mojadas frente al tendedero de mi habitación. Miro las gotas caer e imagino su silueta y toda esa mierda que queda debajo de los pantalones. Cuando voy a su habitación y golpeo, la puerta me devuelve un rumor como de un motor, supongo ella ha comprado un freezer, o quizás es un motor para inflar el hombre de goma con el que se recuesta cada noche en su cama de una plaza. Es verdad que apenas ocuparán espacios pero ella debe ser esas mujeres que giran y patean y ocupan todos los lugares fríos de ese mueble. Al volver escucho gente corriendo o en realidad pisando o caminando con exagerada fuerza, como si de esa forma fueran a espantar a las cucarachas que debe salir de sus armarios. Imagino que temen a todas las cosas que se mueven porque provocan en ellas mismas algún movimiento interno, algun tipo de choque tectónico que obliga a que sus fluidos broten y se derramen. El techo está seco, pero imagino que unos meses y de seguir la corredera y el desborde pronto los fluidos tocaran las estrellas que tengo pegadas en mi techo y por que no, un día me encontrarñe despierto y cubierto de ese moco. Quizás sea hora de tomar un madero y echar golpes como hace tres años cuando esas cosas terminaron, así, a las malas, con golpes a las dos de la mañana. Luego pensé que alguien hacía tontos ejercicios a esa hora, por qué? se escuchaba un subir y bajar de un cuerpo, eso de las rutinas y las series en tres o cuatro tiempos. Apenas escuchas el golpe en el suelo, pum, y bam, y callados que es hora de dormir. La gente cree que leer es saludable y mucho más si no puede dormir y encuentra un artículo en una revista con una mujer en la portada donde sugieren actividades para el insomnio. La gente está mal llevada, quiere que la arrastre en la moto hasta quedar dormida. A las dos de la mañana! Y con la revista en las manos!
En el teléfono se escribieron muchas cosas. Él quiso hacer dos cosas al mismo tiempo, tras la escritura o, sobre la cultura se volvieron tres y cuatro y luego un loop de varias cosas que sucedían al mismo tiempo. Básicamente el quería dejar de pensar, bloquear las cosas que desbordaban sus ojos y escribir un mensaje en el teléfono. Lo hizo, en realidad puso la escritura del mensaje sobre los pensamientos y pronto hubo un especie de reemplazo. Hay cosas que se hacen a la fuerza, es decir, si algo es detenido puede parecer o lucir como algo antinatural?¿ Luego la cosa fue extraña, digamos que ya el mensaje se repetía alrededor de la habitación. Cuantas veces se pueden observar palabras e imagenes sobre los muros o sobre el techo? por ejemplo, cuando él escribió American procuró hacerlo pidiendo que American lo escuche y que Americ se levante de la alfombra y saltara sobre la cortina sin ningún motivo aparente. Luego de escribir tres veces añadió la vocal A al mensaje. La idea no era muy clara pero podía servir, es decir, tres o cuatro veces repetida la palabra AmericanAmerican American, seguido de a a a a a a a a a a a a.
Visto de lejos la pantalla del teléfono servía como plataforma de algo sin sentido. Varias filas de letras a separadas una de otras por un espacio. Uno de esos mensajes que terminaban ocupando seis mensajes, pues antes habían otras cosas escritas, cosas como ophan, cosas como nadiankin, nadiankin, y varias veces la palabra dust. Si uno leía con atención podía percatarse que en una sola palabra habían pegadas dos o que, no se intentaba decir american, sino, americana, claro, leído con curiosidad, no para un simple vistazo.
Esa escritura debió tomar más de quince minutos, que en realidad debieron parecer horas. Horas en que las teclas se vuelven pinceles y los textos aunque ya imaginados una especie de aguja e hilo instrumento para cerrar los ojos o la boca o el ojo por el que salían desbordadas las ideas más oscuras del día. Eso pensabe él, ideas que sobre algo ya oscuro no deberían ser visibles. Todo por esa idea de lo pertinente y lo no calificado. El esfuerzo fue doble, luchar contra la desproporción y al mismo tiempo crear una menos pesada pero capáz de filtrarse hasta volverse arena, acaso no usan arena para detener los flujos y los fenómenos. Reproducir el mensaje es imposible. Quizás con una de esas regresiones inducidas por fármacos, es seguro que el camino queda, que hay una vertiente o una huella. Eso es gracioso, dormir tras escribir las cosas más insignificantes y dobladas, cosas capaces de no significar nada y al mismo tiempo soñar con esas palabras, con un puente que se levanta y al mismo tiempo levanta la cortina dejando entrar una luz anaranjada, una luz absolutamente silenciosa y capaz de llenar la cama, como algo irreal. Hacer lo mismo todas las noches, buscar a americana, pedirle un café, pedirle un gran pedazo de tarta de limón, levantar la camisa para que mirase su ombligo, él, con el dedo apuntando su sucio estómago y metiendo la cara en la tarta que sostiene en la otra mano. Que más puede haber, sino, lanzar la tarta y lanzarse luego contra la pared esperando quedar pegado como un espagueti? que más hermoso que esconder el tórax para que nadie sepa lo ocurre sobre la mesa de acero? Eso también hubo, el cambio, como si la pantalla hubiera devuelto un colchón, algo que no podía notarse, suave, cuando el sol ya quemaba.

