B se repite a sí misma y en voz muy baja: concéntrate. Luego da varias vueltas dentro de casa; B, que parece estar allí por primera vez, abre la tercera puerta que encuentra. Dentro B se comporta como alguien que busca algo que sabe que está allí, como cuando algo está sobre el lugar más cercano o en el sitio más evidente. Luego B camina como una sombra hacia el baño, hacia el closet, incluso se la ve mirando debajo de la cama y levantando las mantas y las almohadas. Por la ventana se puede observar los muros grises del patio, el camino rojo y las terrazas de dos casas que parecen estar llenas de musgo. B parece grabar o usar los ojos para tomar algo de lo que observa a través de la ventana pero luego parece volver en sí.
Luego B abre la puerta del baño social, un pequeño orificio a donde B solo ingresa la mitad del cuerpo, la otra mitad cortada por el marco de plywood, parece una figura sobre un escenario, la mitad de un pájaro con la pierna o el ala levantada como retando a su propio peso y a una supuesta gravedad que debería hacerla girar sobre su pie o caer. Pero B no cae hacia un lado ni se escucha el golpe seco del cuerpo ni el vestido queda semiinflado. B sale del lugar tras mirarlo brevemente llevando los jeans azules y eléctricos del día anterior.
La casa es un conjunto de pisos que van desde la madera apolillada y sin brillo hasta el porcelanato rojo cubierto por una cortina leve, casi una mancha transparente que en realidad es como un vidrio opaco, pero que no es ni grasa, ni jabón o detergente aunque ambos sean lo mismo, sitios en el suelo donde el sol no brilla pero tampoco las pisadas parecen ser guardadas por el peso del cuerpo. Las paredes y los pisos se combinan hasta que uno piensa haber entrado en un consultorio para ser chequeado por un pediatra de esos que cuelgan en las paredes grandes posters con nombres alemanes o suecos de empresas farmaceúticas que auspicia su labor. En la sala está colgada Uma Thurman mirando a cámara con un cigarro en la mano con la actitud de quien dice el remedio es la enfermedad o algo así como el revólver pregunta si vives o mueres o como si sus ojos, grandes y oscuros como semillas fueran el reflejo de un precipicio que en realidad es el cielo o un platillo hondo lleno de salsa rosada con tiras de queso nadando entre tallos verdes. Nada de pastillas o cremas o vitaminas para engordar o para controlar el peso.
Además en la misma sala y a vista de cualquiera, están las mesas de trabajo dispuestas como hacen los ingenieros y los ilustradores antes de dormir o tras beber algunas tazas cargadas con café. Sobre los planos hay recortes de mujeres y de algunos accesorios del tipo que usan las chicas que cursan carreras del tipo artísticas o de sesgo social. Algunas de las mujeres recortadas con bastante cuidado parecen mirar un espectáculo pues saludan al escenario y otras también han sido fotografiadas mientras aplaudían. Eso parece pero bien podrían estar mirando un partido de soccer, o el paso de un tropel de soldados jóvenes con sus bolsas en la espalda. La sala de todos modos tiene las cosas en sitios inverosímiles, las sillas arrimadas hacia las ventana con el respaldar fuera, los recortes pegados con cintas gruesas a las mesas de trabajo, debajo de una de las mesas un montículo de lo que parece ser una manta y una almohada al parecer levantadas para evitar el paso a no ser por un zapato de hombre o mujer que en conjunto da la apariencia de alguien que no alcanzó a correr o que ha sido torpemente enterrado.
La casa parece tener su propia vida a pesar de que los ruidos externos a veces se mezclen en el interior de las habitaciones o en la cocina. La cocina parece ser un lugar lejano, aunque un pasillo que no lleva sino hacia una pared verde sea el sitio al parecer más íntimo o secreto. Puede ser la distancia de los muros que no permitirían a dos personas pasar por él y también por estar levantado de costado a la casa junto a una pared que colinda con el muro de cerramiento que separa el terreno sin dueño de la casa de B. Al colocar la oreja en cualquiera de las paredes se escucha el vibrar y el rumor ya sea de los aparatos electrónicos, de la banda elástica encendida por la mañana o de la carretera cercana. El rumor que hacen los muros es tan lento y grave como algo que dentro, en el centro mismo de los ladrillos pareciera respirar o crecer, que da igual. Las casas más antiguas del lugar han sido construidas casi todas pegadas a la pared del fondo, dejando el patio adelante como en las casas de la costa. La casa de B tiene su lugar en la posición de las nueve, si se piensa en un reloj como un borrador de esos que llamaban de queso. Frente a la casa y en la posición del número tres han sido construidas dos habitaciones a las cuales se accede por la misma puerta hecha con madera y hierro. Entre las construcciones debe haber quizás quince metros. Además un camino o una vereda viene desde la pared de adelante, la del número doce hasta su contraria, la número seis. El camino va de pared a pared, está hecho con ladrillo o algun tipo de mineral triturado pues es rojo y es curioso que no lleve a ningún lugar pues viene de la pared rasa hacia la otra pared también rasa. A primera vista parece dividir con exactitud al terreno por la mitad.
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