En el salón todos los martes la gente se pone de pie y realiza ejercicios para practicar las palabras nuevas y para formar oraciones con cierto orden o con algo que parece ser un tipo de sentido. La profesora, una mujer enorme como un refrigerador cada vez que se acerca a los pequeños grupos repite que el secreto para recordar está en repetir. Al parecer los grupos trabajan solos, cada uno más cerrado o más bullicioso que el grupo a su lado y entre una brisa o una ola de palabras nuevas y de pronunciación embarrada y de intentos de oraciones, se pierden la profesora y su cabello recogido en un moño rojo e imposible y el tiempo el cual parece haber sido olvidado por los cursantes como quienes parecen infinitamente dichosos o extrañamente vinculados.
Varias chicas se acercan al mismo tiempo a una mujer que sostiene el libro verde y las anotaciones; cada vez que debe iniciar el ejercicio la mujer recurre a sus anotaciones para al parecer saber o guiarse antes de iniciar cualquiera de los eventuales diálogos. Las dos chicas son totalmente opuestas entre sí, algo así como que la una lleva una blusa que deja ver un collar dorado del que cuelga una especie de cruz maya mientras la otra mujer, un poco más joven y alta y delgada parece dar un pequeño salto entre ambas mujeres quedando con su rostro pegado a su libreta pero mirando desde abajo al rostro de la primera mujer, la que se guía por sus anotaciones. Esta chica lleva una camisa de un celeste algo eléctrico que más parecería ser el vestido para un bebé o para un infante de esos que un poco sorprenden por su semblante entre raquítico y sin apetito. Otros jóvenes parecen levantar la voz de manera intencionada mientras también y a pesar de que la habitación no es demasiado grande se forma, lo que parece ser un agujero. Parecería ser también que por cada silencio inesperado desapareciera uno de los chicos cuando no un grupo entero. Un vacío que está en algún lugar invisible entre todas esas personas, extraño porque a simple vista todos siguen en el mismo sitio. Uno de los chicos, su nombre debe ser Sebastián, se acerca a un joven que sostiene el libro verde abierto en otra página de la señalada en la pizarra y coloca con una fuerza inusual la mano en el hombro de aquel. Entonces ambos parecen amigos o colegas muy antiguos y empiezan el ejercicio hablando con un tono inusualmente alto como quienes hacen algo que de repetido ya se lo conocen hasta el hueso, y como si sus palabras fueran eso, un esqueleto al cual acuden solo para saber que sigue en su sitio. En realidad el salón ya parece un salón de baile y solo faltaría que unos cuantos hombrecillos delgados y muy bajos de estatura caminaran entre los grupos con charolas doradas y con copas de filos plateados, acercando las copas hacia las narices de los jóvenes e intentanto intercambiar licor por libros o dejando servilletas planchadas en sus manos. Quizás el trabajo de la profesora sea ese, al dar varias vueltas entre los grupos, soltar términos nuevos o arreglar o componer frases largas como Si yo fuera usted, quizás de un modo un tanto morboso o un tanto peligroso solo para saber, o para comprobar, hasta dónde pueden llegar esos diálogos improvisados.
Las tres chicas que en momento parecieron sorprendidas o detenidas sin saber si preguntar o responder ahora están con grupos distintos. Esa dínamica propuesta por la profesora sirve para que los grupos trabajen por un momento corto hasta cuando sea inevitable la separación; no hay ni deberían haber dos grupos que se repitan, en total son siete los que están formándose y separándose, cada uno formado por cuatro personas. El que no se repitan los ejercicios ni los grupos toma algo menos de veinte minutos. Eso parece preocupar a la profesora que dos veces toma el tiempo mirando su muñeca y anotando al mismo tiempo algo breve y quizás importante en un cuaderno espiralado. A veces los jóvenes se acercan hacia la mujer pero ella, en los momentos en que está sentada, tiene la cabeza echada hacia el cuaderno, o hacia el pizarrón de la pared de atrás y entonces el pequeño grupo que se pudo haber formado da media vuelta para lanzar miradas sobre quienes estén solos o buscando personas o repasando las palabras en el libro. Una o dos personas se quedado durante todo el ejercicio en el mismo lado de la habitación y extrañamanete parecen atraer al resto sobre todo a quienes vienen recorriendo como turistas o como errantes los otros lados, de un espacio en el que no entrarían más de cuarenta personas con maletas y carriles y quizás algo de ropa para el clima extraño. El clima es bueno, es decir, afuera el sol brilla de fotografía y los autos incluso parecen haber dejado de arrancar o parecerían estar estacionados. Ni siquiera esos rumores muy comunes del exterior invaden el trabajo de la clase a pesar de que la ventana haya sido abierta.
Las palabras que los jóvenes aprendieron de la maestra fueron: todas aquellas que pueden ser sumadas o añadidas al sufijo o la sílaba Ría. Todas aquellas palabras que indican una acción que es realizada en un tiempo por decirlo de un modo eterno, más bien continuo, por ejemplo, al decir Hablar, uno no se refiere al hecho de hablar en un momento determinado, sino, de una forma genérica si se quiere, de un hablar total, continuo o sin interrupción. También los chicos aprendieron las formas más eficaces de armar y componer frases en donde los sujetos van siempre antes de los verbos, y en donde los verbos a veces están conformados por dos formas, un verbo auxiliar que parece no tener un peso o sentido semántico y un verbo que define lo que el otro hace. En esos casos el sujeto de la oración parece estar a punto de realizar una acción que no se ha concretado, es decir, parece que el sujeto tuviera conocimiento de lo que ocurriría: Si usted pudiera viajar a... Quizás los supuesto vacíos no eran mas que esos tres puntos de suspención... Aunque ese no haya sido el motivo, cada grupo pudo conocer una parte que ni el mismo hablante podría haber visto, por ejemplo, que la profesora deseara quince minutos antes del final que la clase ya terminara para buscar a su mejor amiga, o que muchas de las jóvenes solo desearan ir el fin de semana a ver una película o que muchos desearan tener más tiempo para practicar algún deporte o incluso para ir a misa en domingo.
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