A se ha quedado en casa, tiene varios días de reposo antes de regresar al trabajo. Los lunes el aire de las montañas parece bajar con pereza y alrededor de la casa la gente parece seguir dentro de sus camas. En el muro de la habitación hay dos cartulinas con la imagen, cada una, de un niño sonriendo o mirando al frente, uno de ellos tiene el cabello rojo y el otro sostiene en la mano un teléfono con el cable largo y en forma de espiral, las migas y la crema de una tarta roja cubren sus mejillas y sus pómulos grandes incluso llegan hasta sus ojos como si el pequeño hubiera metido toda la cara en la pequeña o gran tarta de la cual solo sostiene una porción mientras intenta hablar por el auricular. En la casa no hay nadie además de Leo, Leo es un pastor alemán que hasta hace unas semanas cazaba los conejos y a los gorriones que corrían o caían en el patio. Ahora Leo y los gorriones están separados por una cerca o alambrado y se los puede ver, a los unos corriendo o dando largos saltos y al pastor parado en dos patas y con la lengua fuera junto a la cerca. Hasta la habitación llegan el bufar del perro aunque, eventualmente sea cubierto por la gente de la radio o por los programas de la televisión.
La música suena ligera como una cortina aunque a veces A tenga que bajarla o subirla, esto depende de cada album. A aprovecha para mirar fotos y retocar manchas o grietas o rostros que han empezado con la desaparición, en las fotos hay mujeres con cabellos como melenas que parecen haber saltado de un avión o de una torre o como si llevaran por cabellos sombreros redondos y pegados al cuello. Sus rostros por lo general lucen jóvenes y llenos de ángulos con grandes ojos y fuego o incendios como cabellos, esto se repite, es decir, que su cabello parezca en realidad un sombrero en muchas de las mujeres, se observa en las fotos de grupo. Además, casi siempre parecen estar felices y casi siempre estan de pie junto a alguien. Los hombres junto a ellas o frente a ellas miran a cámara como con poco interés e incluso algunos de ellos parecen mirar desde tras del lente, como si ellos se fotografiaran a sí mismo sin lograr el equilibrio entre posar y tomar. Algunos hombres llevan lo que parecen ser uniformes, uniformes deportivos, uniformes de fábrica, overoles, cascos, levas, y siempre con ese gesto de pregunta, como si al mismo tiempo hicieran dos cosas o acabaran de bajar de un globo. No parecen molestos pero tampoco contentos, más bien lucen como si pensaran en algo proximo o da lo mismo, algo que no han hecho. Uno de los hombres tiene el rostro fuerte, parece una escultura con la nariz enorme y los pómulos como paredes y la boca como si se tratara de una caja o un cofre o una especie de archivero del sótano de un banco, aunque, también su mirada parece la de un niño.
Las imágenes son bastante buenas, una que ha sido tomada en un parque deja ver detalles diminutos como las hebillas en los zapatos púrpura de una niña, quizás hayan sido oscuros o negros aunque en la foto, junto al grupo, varias coronas de flores púrpura ocupan unos armatostes como trípodes o caballetes de pintor. En los grupos se repite un patrón, hombres jóvenes junto a niños o mujeres jóvenes junto a ancianos. La foto parece haber sido tomada a las once de la mañana y la familia en ella parece estar vestida por motivos festivos, uno de los hombres, alguien que luce como quien ha terminado un curso, sonríe y ocupa la mitad del grupo. En otras páginas los hombres forman filas que parecen tropas fotografiadas minutos antes de un ataque, aunque en realidad sus uniformes sean camisetas anaranjadas con números negros en su pecho. No se puede jurar sobre las edades pero todos parecen estar en los veinte y cinco y los treinta años. Al fondo el campo verde y las tribunas están ocupadas por las marchas de otros grupos dirigidas por una mujer y un niño con un balón en las manos. A observa el vestido de la reina de aquel equipo. La mujer tiene un pie delante y un ramo de flores blancas al cual carga como a un bebé con una sola mano y al mismo tiempo como a un saco o chalina o un paraguas, el campo brilla en la foto aunque parece un día de poco sol. Luego hay imágenes de los hombres corriendo sobre el campo, algunas fotos son mejores que aquellas de los diarios, muchas de ellas deteniendo movimientos muy rápidos, balones llegando al arco, piernas dobladas y pies levantados del suelo, la mejor imagen es la de un hombre que ha saltado para cabecear el balón venciendo a dos hombres y al hombre con gruesos guantes y con el cabello que parece una antorcha rasgando el balón. La música se ha detenido varias veces y antes de que A haga algo se ha reiniciado sola.
Luego A ha cerrado los ojos para iniciar las series pedidas por el médico hace dos días. El médico fue claro al indicar la posición de la cabeza intentando siempre prolijidad, esto es, una almohada en el cuello y la cabeza echada como si acabara de ser descoyuntada, A, mientras respira y cuenta el tiempo, cuelga también los brazos, intentando tocar el suelo al mismo tiempo que da cuenta de sus exhalaciones y del avanzar del aire dentro del pecho. Tras inflarlo y desinflarlo la cabeza de A parece estar ligera y sus ideas algo más claras hasta el punto de juntar cosas y sonidos y de elaborar planos largos donde siempre hay personas o nombres que connotan historias más graves, es decir, A cree que puede ver el futuro o algo que no ha pasado. Luego A piensa que no es la primera vez que escucha decir que el secreto está en la respiración. Secreto de qué pregunta A, y tras barajar nombres y personas a las cuales no ha visto, en realidad tras escuchar sus palabras o quedarse en sus rostros en sus gestos parece quedarse dormido. En la habitación hay dos botellas plásticas sin agua y montones de hojas de papel sin orden y borroneadas que cubren la mesa y parte del suelo. La respiración de A es fuerte, casi como ronquidos o quizás lo son, y A que parece consciente o quizás muy dormido, larga el siguiente ronquido con más fuerza que el anterior. Los ladridos de Leo desde el patio llegan a la habitación en el mismo momento en que la música vuelve a correr sin que nadie haya aplastado ningún botón. También llega el ruido que hace Leo al saltar o pararse en dos patas sobre la malla de hierro.
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