5/8/12

Televisión holística

Ilustración de Marco Chamorro


Los brazos colgaban de su cuerpo en forma plana, sin volumen, como dos tiras de cartón, el sólo cruzar junto a su cuerpo producía un temblor, el cual parecía listo a derrumbar también el fondo que rodeaba a la figura. Lograr una perspectiva era imposible puesto que la figura había sido concebida desde la ubicación frontal. En este caso quien observaba los cuerpos y los brazos que colgaban lo hacía desde la posición de butaca frente al escenario, y así cada una de las figuras presentaban la misma disposición y así parecían listas a poblar páginas y portadas y los carriles de los niños de entre 5 y 8 años para quienes las figuras serían amistosas y hasta familiares.
Al estirar el pie lo manipulo hasta alcanzar el escorzo e imagino la imagen fabricada o compuesta por tiras y recortes. Ella ha colgado el aviso sobre la puerta y pienso en lo inútil de vivir y de querer alcanzar metas que parecen llenar de orificios los minutos del día, pienso en la mañana, en la luz que rebota sobre las sábanas y en las palabras que pronto saldrán sin un sólo sentido y la marea y el pulso sube, entonces quisiera tener el volumen de una figura en cartón, pero todo dice lo contrario, varios capítulos en loop que amarran hasta dejarme tullido.

3/8/12

Siglo



Hay una mariposa que choca contra el vidrio. Podría levantarme y correr la ventana y escuchar una vez más su aleteo y el ladrido y el rumor de la calle cercana. El pie está extendido hasta donde dá, el estómago poblado de ácidos y químicas logran por fin que todo quede lucuado mientras por la claraboya el sol comienza a dar aparición. Pasarán dos horas entre hacerse a un lado y correr a la ventana; la música y  en especial la escala que suena de la trompeta impiden que vuelva sobre mis pasos, el disco es uno de Laurau. El pie sigue extendido, tiene la historia de la noche y recuerda la calle y el agujero y el traslado en vagón. El sol y cielo parecían ser los mismos de esta mañana pero ayer las alas giraban en todo el campo, coleccioné los movimientos, rápidos, imprevistos. Al despertar los labios llevaban horas mojando el pavimento. Guardé silencio y me dispuse a sentir el proceso del motor. El cabello golpeaba mi rostro, lo apreté con fuerza en su espalda. Quizás eran ir a 100, a 200, la luz entonces fue blanca, es decir el cielo de nuevo estaba sobre nuestros cuerpos tan cerca que borraba sus colores. 
La garganta dividida, es la química, la cabeza bajo la ducha y el rebote que hace el trip del tubo al espejo, los labios llenos, refrescado, envuelto, listo para el patio. El sol quema las carnes y la ropa colgada gira como en un parque y los ruidos, las máquinas que podan y los camiones cargados de arena y el viento, dorar la otra porción, el pasto bajo el pecho, el sol tan cerca, las puertas y las ramas a los costados, el cuerpo buscando todas las direcciones, durante el resto del día.

31/7/12

Highway

Conduzco, por la ventanilla entra el perímetro, a los lados, en dirección desde adelante cruzan letreros, esquinas, semáforos. Uso una sola mano, en realidad la mitad del cuerpo, el resto ha llegado o está sentado frente a una mesa, bebiendo ron o ponches o tapando el rostro tras una cortina tras la retirada de Lola, o Lolita o la hija de Marla o la exhalación anterior a la inmersión. No la vi venir. Como no es recomendable soñar o recordar mientras conduzco sacudo con fuerza el rostro hasta dejarlo pegado a las ventanillas y el tablero pero el rostro llega a la carretera e incluso a los faros del auto que viene en sentido contrario. La música logra su fin y pronto viajamos dentro de una panga y son las olas y el rumor el que impulsa a la tripulación. El semáforo levanta un dedo pero ya la vuelta y el giro lo dejan de espaldas, subo el volumen como un acto de fe ante la maravilla de un trailer o una barrera o las paredes y las ruedas de un tren. 
El siguiente semáforo corona la llegada del medio día. Son horas y kilómetros, todos los movimientos laterales, vistos de perfil, incluso la música que carece de sentido y significado pero que acomoda su volumen entre el espacio del copiloto y el aire acondicionado. Subo el vidrio, las barreras en las curvas evitan rozar al auto.

30/7/12

Padrino

Baja el volumen, baja el volumen, baja el volumen pero logro enterrar su voz e incluso alcanzo a cubrirme sin querer por lo que corro lejos de aquella área sin haber bajado ni apagado el televisor. El sol sonríe con todos sus dientes. A esta hora las filas van por su primera campaña, turno y ventanilla y un documento incompleto, fila en la peatonal, turno para la fotocopia, alejarse hasta perder y borrar y maquillar toda relación, rastro, código de ciudadano; pienso como lo haría un clavo, el sol es el martillo.  Mañana por toda la mañana y así hasta que pierdo el cuerpo.
Al despertar ya no soy un clavo. Los oídos gordos derraman y han dejado de respirar. La lengua encontrará una cueva a la que empotrará una ventana y dejará de ser cueva. Muerdo el órgano y las palabras viven comprimidas sí, bang bang, y los oídos se ponen blancos. Hay ojos para ver y plumas y el efecto y el dolor estrábico, el cuello forrado con piel y la campana que suena cada diez segundos, KO, Zzzz, KO, Zzzzz, sube la ventanilla grita El Penitente y comprendo sin ánimos y quizás fue y el viento y polvo soy, pero bang y la guillotina cae derribada y a un lado los brazos las piernas chocan con una pileta. Adentro el olor a pólvora quema las encías de Enrique quien peina su chiva de animal mamífero y medias blancas lavadas con pómez. Yo, sí, el hombre de los dos cuerpos sirvo para la materia oscura. Por motivos desconocidos entro a observación. 
Los lápices y su lugar en el taller. La cuchilla y la madera balsa. Pellejos, NIN, construcción de una nueva plaza sobre todas las plazas. El lápiz cicatriza la forma plana del libro. La superficie protegida, medio centímetro, ella cubierta por la chaqueta damas chinas. La luz que flota como espuma, no hay información, signos vitales, pulso, refrigerador.
Luis XV desayuna. La puerta deja escapar la luz amarilla. Sí, sobre la mesa hay otra mesa.

12/7/12

Las flores con limón






Qué opinas pregunta Charles y como yo había preparado la respuesta desde la noche pasada respondo te pasaste con el caos organizado Charles, entonces lo veo bajar su mirada y encontrar mi rostro en fragmentos que le sonríen desde el suelo con esa sonrisa tan llena de dientes blancos y grandes que me caracterizan. Ahí me quedo de pie pensando en atraer metales raros en forma de aletas, de aguijones no rubios ni ancianos pienso para adentro, y entonces Jordan le toca la cintura a Diana, que viene cargando desde la mañana en que metimos dos goles, mañana de asado en la mitad del estadio donde llenamos por una semana la fosa. Ahí estamos, Diana, Las manos de Jordan El arquero y mis ganas de ser una figura de plástico o un paper toy. En las gradas hay gente sentada, con los pies colgando pues parece que al personal le rodea una muralla, lástima pienso, podríamos formarnos frente al sol y condenarlo al desgraciado a pedir permiso o a quemar con delicadeza, de a ratos, por partes, somos cincuenta y todos con labios y cuerpos oblicuos y laterales. Prontó llegará tarareo mentalmente y entonces Troya aplaude con ambas manos, más bien nos esforzamos y sobrevivimos a La explosión aunque algunos corren en busca de sus extremidades y uno que otro hígado, sabemos lo que sigue y el Japonés hace la intención de bajar y yo lo acompaño y frente al Troya planto mis huesos.
Troya es el único que escucha, un jueguito ha de ser hoy digo pero algo pierdo y las vocales llegan inconclusas. Troya no está, es decir, Troya está de tour, quiere barra brava, debí suponer y lanzarme para técnico digo en voz baja y ya vienen los que funcamos como futuro gris de la supuesta Patria. Patria que navegará sobre una panga pienso. Ya de una Troya nos larga de sus narices hasta la cancha más lejana lejos del mundanal ruido que debe suponer nos tiene tan aterciopelados aunque debería primero mandarnos a aprender a soplarnos los mocos: lo veo al Jordan con Anelo, al maricón del Elvis con El Drol, supongo que yo iría tras sus filas nalgeando sus rosadas carnes y pujando por lograr que todos graben mi rostro, pero entonces se acaba el minuto romano y me despierto en la confusa misión de escoger equipos. Mi silencio es inmortal. Algo hago y así, sin pedirlo surge el universo.
Siento a través de los dedos y pronto veo el destino: la roja larga y pegajosa. Para ponerme un rato a salvo hago como si la religión me prohibiera caminar hacia el este ¿cuál de todas? me digo para evitar convertirme en La sal, esa roja y mojada y agridulce que baja estirándose de los oídos, desde la contusión interna entre el nervio óptico y el lugar donde se reproducen los sonidos. Te pasaste con el Branded le grito al Charles, que debe mirar entre sus manos como si estuviera hecho de agua. Una aguita o las medias dice el maricón del Elvis, puto el másoholgazán me repito y le dibujo los naranjazos y el chaj chaj y lo veo rogarme y salir corriendo y desde la media cancha volver a rogarme y salir corriendo y yo como hidrante de piedra, fuckyouputobabitas le digo, ni tan stone, y entonces lo veo y me veo agarrarlo con la zarpa y luego un ¡zum!, ¡paf! y pronto soy alcanzado y la aguita roja que ya no sale de las uñas y el rico Chaj!.

Brujería

Robi toca, apuro a colocar la oreja y el nervio junto al parlante, salen los riffs, los arreglos, descubro con emoción que mi cuerpo se ha estirado hasta alcanzar la forma de un sorbete. Bebo y dejo que la vida de estos músicos me lleve lejos, hasta cuando sea posible recordar las imágenes de todos los pasados, las líneas finas del instrumento parecen salir gracias a la acción de mis yemas, yemas duras como la palma de un lobo, así escucho a Robi que estira el cuello hasta la luna, llora tras regar la leche, la sombra llega hasta mis pies y es en esa montaña donde recibo los escombros: vienen siguiendo el ritmo de una piel estirada entre los anillos de un tambor, son empujados para que bailen y luego formen el piso y la tierra y la superficie de los nuevos escombros, bajo sus pies y su cha cha bum, yo mismo sigo pensando en quedarme hasta que alcancemos el ojo, hasta que nos alcance para beber la lava.

Robi mira hacia el suelo sin levantar los ojos como si ahí hubiera descansado hasta cuando mató al pulpo. Quizás mira aún la sangre negra y las pupilas hinchadas del exceso de oxígeno, como si aún aquel bicho de las profundidades fuera a levantarse, capaz que Robi llevará en el cuello uno de sus ocho miembros, para qué exponerse a otra batalla, pues las últimas nos han alejado a Robi.

29/6/12

Agotados de las noches vírgenes



La canción suena al dejar de verte, hay piedras bajo los dedos y entre ellos están tus voces, tus cables y esa singular forma acomodada entre mis palmas, cuando las cierro y el peso es del tamaño de un algodón y de una almohada. Prefiero desde el centro que mira a todos los costados, junto al viejo mueble de puertas y ventanas, pagar por salir en pantalla, leer, con los ojos llenos de vidrio y la garganta atravezada, guardar las esquinas y las hinchazones dentro de la caja que guarda las monedas; entonces la mujer pregunta y entonces miramos la hora y decidimos que a la pila le quedan días antes de volverse de litio. Miro entre tus bordes, la gracia de las siete vidas, alcanzo para refrescarme y bucear y hundir el artefacto bajo el sueño de un kilo de narcóticos, los cuales dejo a la vista de todo radar para entonces fundar el tesoro de la arena de gato y las garras que dividen la cortina. Cierro los ojos una vez más para que escuches que hay de tí y tus nombres, hay de la calle que espera que camines y caigas y busques la que mejor te oculte, te recomiendo la de un solo sentido.

22/6/12

Rin 24´´

En la estación gritaron con ánimo. Las palabras fueron escuchadas incluso por las personas que viajaban en sentido contrario. Palabras de gruesa munición tales que se vuelven primarias, se transforman en arrugas y manchas como las de los felinos. Un hombre empujó la silla en el momento en que el vagón anunció el regreso al ritmo normal de las cosas, de modo que todos volvimos a nuestra posición dentro de aquel estómago, unos más cubiertos que otros, con los brazos en alto, con los cuerpos echados sobre otros cuerpos más resistentes o elásticos o acostumbrados al desplazamiento. En cada parada era posible mirar sucesos salidos de alguna historia irreal, como si la respiración fuera un mecanismo activado desde un botón. Varias miradas permanecieron bajo los pliegues y la piel dejando el clausurado el paso. De modo que ser dentro de aquellas esferas, en esos instantes, era realmente parte del hábito. Yo también cerré por un instante los ojos, en comunión permanecimos, un tiempo corto como el de un comercial, preguntar, me dije sin tener aún la respuesta hasta que se me ocurrió que sería mejor juntar recuerdos, entonces vino aquel hombre, aquella mujer de vestido azul, aquel anciano de manos largas como una estatua de Génova, la respiración al ritmo de cuatro ruedas que cruza una bajada, las manos, el caucho renegado sobre la superficie de roca, las puertas automáticas, es necesario el parlante me pregunto, sin ellos estaríamos ciegos dice un hombre de pie a mi lado el cual parece poder leer mis pensamientos, pero nos quieren volver sordos digo en voz alta, entonces logro detener el tiempo, y la vejez, y el humo de las fábricas y todo queda guardado en las esferas de aquellos que han vuelto al espacio de aquel vagón.
Al cruzar el semáforo los autos cruzan con sus narices el paso sombreado. Una motocicleta escoje la vereda para su circulación, vereda sobre la que ruedan mis cauchos, y en la que apenas he puesto el cuerpo, el rugido logra dividir las tumultuosas lagunas de carne y seda y algodón dejando su estela gris en sus brazos y lo míos. Aquel artefacto ligero vuelve a detenerse una o dos cuadras adelante al igual que las personas que miran como se mira a un semáforo. El pulso vuelve, pienso en rescates y filmes de ciudades devastadas. Cada ladrillo produce el temblor dentro del músculo, las prisas son falsas repito y el sol proyecta una sombra de auto y conductor, aunque ornamentada por una gorra con el eslogan Fruit es nuestra en vez del cazco para la protección. La carrera es de otros diría Hemingway de modo que mientras impulso el vehículo pienso y ensamblo las voces con los rostros, como en un juego de Match. Al terminar el tramo y girar la esquina soy de nuevo empujado pero no hasta mi destino, es decir, al impulsarme lo hacen con el pie, creo ver tras el resplandor otro vestido azul. Afuera el parlante ha sido reemplazado por un sonido constante, casi diría que es el sonido que hace una nube al ser atravezada por un motor. Bajo la vista, llevo la silla al rumbo.
Qué hacer me pregunto. Las puertas tienen dos candados voluminosos como un muslo. Anoto el número en el celular, miro el parque del otro lado, dar una vuelta y tomar un helado, la contestadora fiel intenta que la siga, uso aquel aparcamiento e intentó fundar una ciudad en él. Pronto las visitas, el hombre y su arma y su uniforme y su perro. Ladramos o nos reconocemos, abra, le pido, el perro ladra pero el auto continúa hasta el semáforo, el guardia amarra al canino, entonces hace una pregunta, quiero una sombrilla respondo y al mismo tiempo siento que somos forasteros o dos gotas de aceite. La conferencia es breve, decido esperar.
Media hora después vuelvo al teléfono, el guardia ha marcado por mí. Ya veo el viaje, ya escucho los parlantes, de regreso sin sombrilla, los candados siguen puestos como muslos, piden que espere otros diez minutos pues están en camino. Sonrío, yo también camino, pienso.

8/6/12

Haciéndoxe aire

Al escucharlo pensó en su siguiente disco. Para ello se hizo acompañar de Laura. Luego ella encendería el reproductor, después de todo él estaría pensando en la cena y los postres y la película e incluso tendría en mente alguna rutina de imágenes para llamar al sueño. El siguiente disco sería la piedra máxima, pensó olvidando todo lo dibujado, de entre esas canciones que quizás ya existían y aun esperaban el cansancio de la grabación actual, él tomaría un himno pues era hora se dijo. Sin embargo la noche que rodea el edificio lo encontraría sobre un sillón o sobre una cama. Él decide probar a ser como en otras vidas, un suspiro o un gas sin forma y sin olor, al punto de que pronto toca con su rostro las partes más alejadas de la habitación. De entre esas líneas el distingue nombres propios e incluso fechas que van marcando en su espalda que yace pegada a una esquina, grietas o surcos por donde bien podría dirigirse sin ruidos ni órdenes impresas e incluso filtrando los litros que él suda por dentro. Sobre la pared la mancha termina por transparentar el ladrillo, la pintura, la cortina, incluso la construcción del otro lado se deja ver, luce oculta pues la noche no parece ayudar. Laura de espaldas alejada aún del vórtice.

31/5/12

Tesoro Indio

Corrí sin mirar a los lados. Lo supe, desde que puse el primer pie sobre el asfalto, sin embargo eso no fue suficiente para motivar y transformarme en una figura de colección, como aquellos dibujos animados de cabezas gigantes y cuerpos de gnomo, por ello la vista se mantuvo a ras de piso, entre los tobillos y las colillas de marlboro y las cajas de vin´s, es decir, en vez de caminar casi que mi cuerpo levitaba de manera horizontal o paralelo al suelo y a sus complejas edificaciones o civilizaciones de fuego, tungsteno, celofán y cafeína. Pude ver sin girar los ojos que a cada lado, entre las esquinas y los balcones de los edificios levantados estaban los objetos que pretendían guardarnos, a mí y a mi otro yo, a mi yo chiquito e inocente y a la calavera que lo mantiene firme antes de que vuelva a sus estados de gelatina y vapor. Hacerse el loco sería lo ideal, a cada altura un oxígeno distinto, el mío, ya tornado de un sabor, un aroma y un color característico es inválido para otras formas cercanas, por lo que la captura intenta ser inmediata. Bajo una mesa veo recortadas las pisadas de aquellos que tienen sus miembros sobre la superficie, hay pares que cruzan de sur a norte, hay otros que esperan la luz roja o el cambio de una moneda o la fracción que los separa de la estadística y de la fila ante el edificio de emergencias. Al dar las espaldas casi que choco con el objeto que fabrica mis defectos, las puntas de nuestras narices perciben la misma distancia y por ello acaban por reconocerse y sin hacer preguntas lograr evitarse, me alegro profundamente saltando sobre el balde de un auto hecho de los mismos objetos que intentan guardarme pero mi astucia o su error consiste en no saber que son el resultado de mirar o de andar con los ojos abiertos. De ese modo vuelvo a la carretera a través de una cortina roja hecha de carnes o pellejos o nervios o tejidos que apenas si dejan pasar unos rayos de luz y eso me hace tan dichoso como un niño que jamás es encontrando.
Al llegar a otro pueblo descubro que el objeto que intenta atraparme tiene sus partes empañadas, dos o tres segundos a mis favor, el tiempo que tarda el agua en bajar. Giro la mariposa, entonces los dedos reciben la descarga como en los inviernos y la piel luce su mejor momento pues parece haber sido instruida bajo las mismas temperaturas, del mismo modo bajo en la dirección de la pendiente hasta cuando frente a una pared el líquido y nosotros comenzamos a empozarnos. Los miembros saltan sobre esa lámina alterando de manera fantástica los ladrillos y las gradas de los siguientes pisos, a una velocidad que vive dentro de otras velocidades. Al levantar mis manos empujo hacia nuestro charco aquello que ha perdido toda resistencia aunque también lucho con fuerzas que luego ruedan a distancias astronómicas dentro de órbitas cercanas. Entonces sus ojos y los míos terminan por congelar aquel elemento pero nosotros ya estamos fuera de él, con nuevas prendas, escribimos como sobre cemento fresco. Los dedos, aquella mezcla y bajo el sol que empieza a calentar, vuelvo sobre mis pasos, sobre los de él, terminamos hundidos, en unas horas apenas giraran nuestros cuellos.