29/6/12

Agotados de las noches vírgenes



La canción suena al dejar de verte, hay piedras bajo los dedos y entre ellos están tus voces, tus cables y esa singular forma acomodada entre mis palmas, cuando las cierro y el peso es del tamaño de un algodón y de una almohada. Prefiero desde el centro que mira a todos los costados, junto al viejo mueble de puertas y ventanas, pagar por salir en pantalla, leer, con los ojos llenos de vidrio y la garganta atravezada, guardar las esquinas y las hinchazones dentro de la caja que guarda las monedas; entonces la mujer pregunta y entonces miramos la hora y decidimos que a la pila le quedan días antes de volverse de litio. Miro entre tus bordes, la gracia de las siete vidas, alcanzo para refrescarme y bucear y hundir el artefacto bajo el sueño de un kilo de narcóticos, los cuales dejo a la vista de todo radar para entonces fundar el tesoro de la arena de gato y las garras que dividen la cortina. Cierro los ojos una vez más para que escuches que hay de tí y tus nombres, hay de la calle que espera que camines y caigas y busques la que mejor te oculte, te recomiendo la de un solo sentido.

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