30/7/12

Padrino

Baja el volumen, baja el volumen, baja el volumen pero logro enterrar su voz e incluso alcanzo a cubrirme sin querer por lo que corro lejos de aquella área sin haber bajado ni apagado el televisor. El sol sonríe con todos sus dientes. A esta hora las filas van por su primera campaña, turno y ventanilla y un documento incompleto, fila en la peatonal, turno para la fotocopia, alejarse hasta perder y borrar y maquillar toda relación, rastro, código de ciudadano; pienso como lo haría un clavo, el sol es el martillo.  Mañana por toda la mañana y así hasta que pierdo el cuerpo.
Al despertar ya no soy un clavo. Los oídos gordos derraman y han dejado de respirar. La lengua encontrará una cueva a la que empotrará una ventana y dejará de ser cueva. Muerdo el órgano y las palabras viven comprimidas sí, bang bang, y los oídos se ponen blancos. Hay ojos para ver y plumas y el efecto y el dolor estrábico, el cuello forrado con piel y la campana que suena cada diez segundos, KO, Zzzz, KO, Zzzzz, sube la ventanilla grita El Penitente y comprendo sin ánimos y quizás fue y el viento y polvo soy, pero bang y la guillotina cae derribada y a un lado los brazos las piernas chocan con una pileta. Adentro el olor a pólvora quema las encías de Enrique quien peina su chiva de animal mamífero y medias blancas lavadas con pómez. Yo, sí, el hombre de los dos cuerpos sirvo para la materia oscura. Por motivos desconocidos entro a observación. 
Los lápices y su lugar en el taller. La cuchilla y la madera balsa. Pellejos, NIN, construcción de una nueva plaza sobre todas las plazas. El lápiz cicatriza la forma plana del libro. La superficie protegida, medio centímetro, ella cubierta por la chaqueta damas chinas. La luz que flota como espuma, no hay información, signos vitales, pulso, refrigerador.
Luis XV desayuna. La puerta deja escapar la luz amarilla. Sí, sobre la mesa hay otra mesa.

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