Al escucharlo pensó en su siguiente disco. Para ello se hizo acompañar de Laura. Luego ella encendería el reproductor, después de todo él estaría pensando en la cena y los postres y la película e incluso tendría en mente alguna rutina de imágenes para llamar al sueño. El siguiente disco sería la piedra máxima, pensó olvidando todo lo dibujado, de entre esas canciones que quizás ya existían y aun esperaban el cansancio de la grabación actual, él tomaría un himno pues era hora se dijo. Sin embargo la noche que rodea el edificio lo encontraría sobre un sillón o sobre una cama. Él decide probar a ser como en otras vidas, un suspiro o un gas sin forma y sin olor, al punto de que pronto toca con su rostro las partes más alejadas de la habitación. De entre esas líneas el distingue nombres propios e incluso fechas que van marcando en su espalda que yace pegada a una esquina, grietas o surcos por donde bien podría dirigirse sin ruidos ni órdenes impresas e incluso filtrando los litros que él suda por dentro. Sobre la pared la mancha termina por transparentar el ladrillo, la pintura, la cortina, incluso la construcción del otro lado se deja ver, luce oculta pues la noche no parece ayudar. Laura de espaldas alejada aún del vórtice.
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