16/6/11

Él pasó la tarde dentro de casa. La sala estaba adornada, un automóvilde las paredes colgaban cuadros con motivos similares, una lata de aluminio comprimida, una botella de cristal verde sin etiqueta, un cenicero lleno de chicles masticados, un cuarto cuadro había sido cubierto por una tela de color arena. Él, sentado como si esperara que un camarero lo atendiera, levantó la mano, tomó el teléfono, marcó un número, lo pronunció, lo hizo estando a siglos de distancia, lo hizo desde el pasado, marcó un número en una época donde aún no existía, donde él sería un gruñido, donde

15/6/11

Lan lan

La mente recrea ideas, las filtra, las descompone con un cedaso hecho de troncos, atado a huesos, cubierto por asfalto, delgado, transparente como membrana. Esas palabras, que en su forma sugieren un testamento, en la realidad saben a balas, a soga, a una química necesaria e inesperada, el segundo extra, el infarto que derrumba, el segundo que fulmina. Un corazón dotado de horas de gimnasio, gordo, como un puño adulto cerrado, recibe esos impactos tras una coraza, en sus venas rebotan las frases, languidecen, caen húmedas como un periódico mojado.

La mente, sótano asegurado bajo siete candados, carga de nuevo munición, recrea una guerra, mientras él, hecho tierra, descompone los cuerpos, habla o imagina que dialoga con esqueletos.

14/6/11

Pozo


Para él eran cuatrocientos años, los contaba con la mano, los repetía en los dedos de los pies, con cada pestaña, llegaba a contar hasta setenta, respiraba, imaginaba una cifra entera, un número natural, un cifra tántrica, entonces operaba, resolvía cada siglo de historia, contaba guerras no a través de la pólvora, inventaba nombres, familias, espadas, encargaba, como se encarga al servicio de correo, un calendario de eventos, una bitácora, la radiografía que él intuía, la radiografía de un tiempo desconocido, empolvado, la historia que retenía, como a una moneda, los hechos, los actores que borrados, o convertidos en polvo, habían escapado a la pluma de los hombres, al martillo, al fuego, a la cuerda, imaginaba para sí mismo, y para la futura generación un bosque, una extensión cubierta de árboles, bañada por lagos, un páramo que sacaba de los bolsillos, que se escurría por la nariz, como sudor, un ave de tierra, un dialecto desconocido, un cuchillo, una mirada incómoda, una cruz de madera, fe, infamia, vísceras.

13/6/11

Lunes 13

La noche era oscura. Las puertas habían sido aseguradas desde adentro. Los pisos lucían pulcros. Al encender una luz, parecía que la casa hubiera sido construida sobre un estadio, o iluminada desde el interior de cada pared.

Ella y él se presentaron oficialmente, ambos se dieron las manos, ambos recordaron sus nombres, para que el otro supiera de inmediato con quien estaba tratando, para que se familiaricen, para que lo que quedaba del día quedara entre ellos, fuera para ellos, pero sobre todo fuera, como quien dice, para que valiera la pena. Ambos llegaron a un acuerdo, antes incluso de recordar cuales eran sus nombres, acordaron, para que el resto de la noche, ambos pudieran descansar sin molestias, sin rabietas. Él, encendió un televisor con un control remoto, hizo varias veces zapping, surfeó a su modo por entre telenovelas en italiano, miró a Mastroniani encender todo tipo de cigarrillos, mientras, en la habitación del frente, ella, según él, estaría haciendo alguna rutina de ejercicios, estirada sobre la alfombra con las piernas recogidas, ancladas entre los brazos, con el cuello estirado, la cabeza de cabeza, los techos en los pisos y los pies pataleando, los pies como almohada, como pedales y como remos, de una barca de porcelana, sobre un mar de cabellos negros, de olas oscuras, como brazos de pulpo, o de pulpos, o de pelusas, o de alfombras con formas de pulpos, o de mujeres convertidas en espuma, en nubes, en lluvia, en relámpagos.

Al cambiar de canal él encuentra un documental que trata el tema de la electricidad, el filme muestra casas construidas con paneles transparentes donde cada habitación es estampada sobre la siguiente y donde es imposible diferenciar un fondo, como si se tratara de varias peceras dentro de otras peceras. Los peces o los en teoría dueños del espacio decoran los fondos, le agregan rostros, lo convierten, lo maquillan, lo transforman en maniquí. Cuando la dueña de casa entra a una de las duchas el documental adquiere otro tono, abre paso a los testimonios, el diálogo se vuelve elemental, de repente todos tienen algo que decir. Se extraña, se imagina, se desean las imágenes de la ducha, el vello púbico de la entrepierna, se produce una ligera erección, se recuerda, se pronuncian malas palabras, palabras ideales para herir con permiso, palabras firmes y útiles como dildos.

22/5/11

Ella apresura su salida. Marlena mueve la cabeza, ella la mira a los ojos, la anciana empuja la bolsa del pan, ella abandona la caja.

El sol nos calienta

Parque

La negativa es rotunda, no deja espacios, ladra como un pastor alemán desde una vereda, es firme, pesada, está blindada.
Él toma uno de sus frascos con drogas. Drogas naturales, drogas manipuladas por la mano del hombre, drogas sembradas, cosechadas, procesadas por él, drogas como parte de un regalo, de un presente, drogas, regalo de Andrés. El frasco, un recipiente negro sin el rollo fotográfico lleno de mezcalina en polvo, un polvo fino, con una pequeña capa de hongos sobre la superficie. La poción, amarga e inolora, la mezcla bebida de un solo trago, sin miel, sin endulzantes,

Él destapa el vino. Cada copa conserva una etiqueta dorada. El clima es agrabable, hay sombras; el sol también perfora esos cuerpos, orificios de luz, sombras llenas de pecas, pecas sobre aquellas sombras. Ella se sienta sobre sus piernas, estira la espalda, su posición es sana, deportiva, castigada; orgullosa como su frente. Su espalda y su frente parecen haber aprobado los mismos cursos de posición corporal, levantadas, rectas, firmes, exageradas como un maniquí, estiradas como un globo, sin arrugas, aparentemente sin esfuerzo. Ella toma una de las copas, ella mira la etiqueta, la mira como atravezada por años, estudiándola, una etiqueta dorada, redonda, pegagosa, borroneada, sobreviviente, un malestar, un olvido, un destino comparado al horror, un destino hecho de defectos, una broma, una broma redonda y dorada, sin valor, sin astucia, desnuda, un chiste pequeño, una mueca, una pirotecnia. Ella mira la etiqueta, ella hace una mueca, ella mismo es una mueca, una mueca hecha de otras muecas, ella misma se crea un destino, grita, un aullido sordo, enorme como el campo, como el Chimborazo, como la nieve, enceguecida, poblada de virtudes insignificantes, convertida en pájaro, llena de plumas, clava, como un halcón con garras, aprieta, hunde, pero no ahoga. La etiqueta desaparece, hace un vuelo, brilla, como una moneda aplastada, ella sonríe, él sonríe, él vierte el vino, él, el dueño de las copas, para ella, para el ave, sangre, sangre embotellada, sangre para evitar el sacrificio.

5/5/11

Llevo varias llaves en la mano. Llevo un solo llavero, las llaves lo hacen pesado, lo aprisionan,

2/5/11

Bosque

Él dejo de mirar el retrovisor. Los árboles avanzaron en fila , rápidos y ordenados, como con prisa, como si prefirieran no perder tiempo. Sobre muchos de esos árboles, quizás sobre la mayoría, descansaban nidos, vacíos algunos, abandonados otros, hogares de paja, de ramas y de raíces, perfectamente construidos, invisibles al hombre, invisibles para ciertas aves.
Desde el auto era imposible mirar los árboles. En realidad era imposible mirar cualquier cosa. En el tacómetro, las manecillas marcaban velocidades cercanas a las tres cifras, cercanas a los límites rojos, la manecilla, al rodar del vehículo subía rápidamente, violentamente, como cuando un auto es encendido. A través de los cristales, el bosque se sucedía como en una marcha grabada y reproducida a alta velocidad, los árboles, a través de las transparencias, de los reflejos, incluso de las sombras, se sucedía como una masa oscura, como una pared o como una serie de paredes, una serie santa, un conjunto de columnas o una tropa de columnas que sostienen un templo; las sombras, el bosque, los muros y paredes elevados como bóvedas, como naves de una catedral. Él miró el bosque a través de las ventanas del jeep, el jeep cruzó como un ave, como si volara, como si las llantas fueran alas. El templo, sus muros o sus sombras, a cada metro se juntaban como en un aplauso.

La gente de los oasis

Él mira su cuerpo. Ella está de espaldas, sostiene una camisa amarilla entre sus manos, en lo alto, como abriéndola, como si del techo fuera a salir una mano, un garfio, un rostro para llevarse esa prenda amarilla, para colocarla entre una puerta de hierro dorado y un telescopio, como sí esa prenda fuera un semáforo. Ella entra en la prenda, ella llena las mangas, el cuerpo, las espaldas con su cuerpo, con su espalda con sus brazos, ella detiene por varios segundos los brazos en el aire como sí acabara de bajar de un globo, con los brazos estirados como un clavo, como un tornillo. Entonces ella se enrosca, da un giro, dedica su perfil, sus muslos, el volumen de sus dimensiones a él, que fotografía cada pliegue, cada esquina, con una máquina instantánea imaginaria, una máquina feroz, que duplica cada imagen, que guarda una copia y expone dentro de las paredes pegajosas con forma de vientre las figuras que su retina graba y duplica y colecciona y ordena y corrompe. Ella, que desciende, ella que aterriza los pies sobre la baldosa, ella, como una pluma descansa ligera sobre el suelo, sin tomar nada del aire, siendo bomba al mismo tiempo, dueña de la habitación, como si ella fuera un objeto, el interuptor para licuar, pausar y desabotonar, como si ella fuera un vagón de metro, como si de ella dependieran todos los movimientos. Él, al igual que ella, estático, calcula la distancia, para ella son siglos. Ambos, como en un film, se miran a través de dunas y mares antiguos, bajo un sol, decorados por varios cráneos, una botella de cristal hace de ojo, resulta ser testigo. Ambos, separados por un desierto, suben, toman un transporte, el sol cuelga, el sol se refleja.

25/4/11

go Johnnie go, go

Era posible, era en todo caso, cabía toda posibilidad. Alexa repasaba mentalmente cada minuto de aquella noche. Repasaba como si se tratara de un examen: hora de entrada, tiempo atmosférico, cortina musical: Multitudes, día de la semana, número de encuentros, cruces de miradas, tamaño de su muslo. La sala de la casa dispuesta de forma que se notase la esmerada atención, el buen gusto, el olfato para elegir combinaciones agradables, entre la medida química del orden y el volumen exacto de la belleza. Una sala, amplia como un galpón, con aviones sobrevolando los techos fabricados en vidrio, transparentes, de una transparencia blanca, atravesados por el sol de las dos de la tarde, cuatro horas antes de que llegase el invitado, el tahúr, el zombie, el niño prodigio, la fecha, el onomástico, el día D, el aniversario de una vida caminada por dos pares desesperados a través de una playa cubierta por algas y elefantes, por elefantes que han vomitado algas, por algas y pisadas pisadas por otras pisadas, por un sendero cubierto por otros senderos de pisadas que unas veces van hacia el mar, otras veces salen del mar y otras parecen volver a la arena, como si de la arena hubieran salido pero instantáneamente hubieran decidido volver a ella, como arrepentidas, como si salir fuera de repente una mala idea. La playa, como toda relación escondía a un gigante con cuerpo de cangrejo.





18/4/11

(b)

Trent Reznor.. Cada palabra escrita con letra imprenta. Trent, visiblemente más corta que Reznor., Reznor., con el punto en el final. ¿Un punto final?. ¿Un final? Del mismo lado de la pared, sobre la parte descascarada, sobre ese ojo mal abierto donde es posible ver ladrillos, nombres, imposibles de relacionar con el negocio, o el hábito de la música, nombres tatuados sobre el ladrillo, ladrillos transformados en lápidas, tumbas de un imaginario cementerio. Una fotografía, incluso un boceto hecho a lápiz, dentro de un autobus, o una imagen impresa, arrugada y fuera de foco, serían suficientes, la prueba necesaria, para identificar, sin afinar la mirada, palabras, nombres, apodos, diminutivos, firmas, rúbricas, enumeraciones, títulos, definiciones, marcas, cifras, seriales, artículos, grados, géneros, edades, siglos, folios, coordenadas, categorías, voltajes, pesos, resistencias, distancias, índices. Aun, de lejos, las palabras, los autores, serían perfectamente identificables.

Junto a Trent Reznor., T e i g o he mbs. T unida a e por un espacio en blanco. T mayúscula, frase sacada de contexto. E minúscula, ¿artículo? Podría intentarse con una h.