5/5/11
2/5/11
Bosque
La gente de los oasis
25/4/11
go Johnnie go, go
18/4/11
(b)
16/4/11
Appetite for Destruction
13/4/11
Órbitas
8/4/11
El trato
Desde ese punto de la habitación, Marla y Daniela se miran, como si la una fuera espartana y la otra, una bárbara inglesa de siglos pasados. Se miran con ganas, de lejos pero desde adentro. Marla tiene por función el diseño de portadas de discos y la ilustración de novelas gráficas: un dibujo a mano, en minutos se transforma en un Cramp o en una silueta de Charles Schulz. Marla es ambidiestra. Daniela, quien detesta los dibujos animados, juega con sus dedos sobre el escritorio, como si este fuera un tambor y sus dedos unas baquetas, como si tocar un ritmo fuera el mantra que necesita para preparar estrategias, para sondear clientes, para elegir los términos adecuados, para encontrar el momento exacto en el que dejará a su jefe el resto del trabajo, el cierre nada más. Para la empresa no faltaba el cliente es la marca.
Daniela, pensaba en Marla. Pensaba que Marla era una mujer afortunada, no tiene auto, pero es afortunada.
A Marla le preocupa su edad. Pronto estaré vieja para este mouse. A la mano tenía el Harvest de Neil Young y el Lady Soul de Aretha Franklin.
La voz de Daniela sonó clara, incluso amena, sonó como una voz amiga, o de alguien que ha perdido a todos sus amigos.
¿Quieres un café? Preguntó
En la habitación, además del disfraz de Charly Brown, no había otra persona, por lo que Marla comprendió que la pregunta era para ella. Claro, dijo, y Daniela ya estaba con el café y el azúcar, y Marla con un trapo limpiando el desorden de Daniela.
Déjalo, yo lo hago dijo Marla.
Daniela que nunca hablaba de ella, se lanzó a hablar con Marla como una hermana, como con su íntima amiga. Quizás menos Marla, ella ya no tenía amigas.
Esa mañana, Marla y Daniela hicieron un trato. Marla, aún dibuja en ordenadores, incluso ha trabajado para esas marcas de zapatillas deportivas, las que salen en la película del auto de aluminio, el De Lorean creo. Daniela ya no riega el café. Sobre su escritorio, detrás de un retrato de ella, está el disco de Neil Young.
7/4/11
Weekend
4/4/11
Un día perfecto
Sobre la superficie dibujada redonda la figura del sol. La personas que descansan alrededor llevan lentes oscuros, trajes brillantes, lentillas para mirar debajo, para nadar con los ojos abiertos. Sobre el agua flotan varios niños en boyas y en juguetes inflables, grandes como tortugas y leones marinos. Un hombre flota sobre un colchón mientras su piel enrojece, acá mamá, acá grita una niña desde el trampolín, mientras su padre masajea a una mujer con pecas rojas en el pecho y en la espalda. Un camarero con el cabello peinado hacia atrás, equilibra su charola entre los niños que corren, entre los que se empujan al agua. Su rostro indica fuerza y la manera en que esquiva a los niños es señal de una estudiada paciencia. Quizás el camarero se ve a sí mismo sumergido con el uniforme, o sentado en posición de yoga, como una flor de loto sobre la superficie del agua, como una flor que flota descalza y sentada.
Él observa todo desde el balcón a 5 pisos de altura en su habitación. Él lleva dos días dentro, las probabilidades sugieren más días de encierro. En el suelo hay cenizas y fotografías quemadas, el teléfono, un aparato grande como un armadillo no recibe ni realiza llamadas, tiene cola, un cable de pocos centímetros. Él se concentra, habla solo, hace zapping, hace como si se lanzara por el balcón. Llora como un chico. En el piso patalea. Escucha su respiración, aun escondido bajo la cama, aun con los ruidos, aun colgado sin peligro del filo del balcón, su respiración, como si respirara arena, como si el aire estuviera hecho con viruta.
En la piscina la niña nada, practica, flota, sonríe al ver el flash. Al fondo, a una distancia que parece insalvable, se dibuja una línea recta, perfecta, firme, al fondo, atrás, del otro lado, un espejismo, un mar blanco, un universo estático, la dimensión encerrada entre el cielo y el sol.