No se puede esperar nada de un semáforo. Dentro el oxígeno parece inagotable. Hay cajas en la parte de atrás, la fila parece llegar dos cuadras tanto adelante como al fondo, los autos se pierden en el pequeño cristal del retrovisor. Hay varios bloques de concreto sobre los bordes de las aceras y varios hombres con cascos amarillos llevan carretillas llenas de rocas pequeñas sobre senderos hechos con tablones sobre la calle. Son senderos de un solo carril por donde no pueden circular dos hombres a la vez. La ventana se mantiene cerrada y los ruidos parecen alejados.
En la planta baja hay mesas con las sombrillas cerradas. Son pequeños y largos cuerpos de pieles rojas con letras blancas estampadas entre sus pliegues. Junto a ellas los arbustos son sacudidos del mismo modo por pequeñas ráfagas que parecen entrar por una de las calles por donde circulan autobuses. Del otro lado o en la acera del frente hay varias personas de pie sobre la esquina esperando su turno para poder cambiar de vereda. También hay personas que hablan con otras, llevan trajes y camisas limpias y hablan usando al mismo tiempo sus manos y mirando a ambos lados, sobre sus hombros. Cuando el semáforo cambia algunos dan varios pasos largos mientras otros miran a los autos que han dejado de avanzar.
En la mitad de la pequeña avenida hay varios postes de energía. En uno de ellos se alcanza a leer un informativo que resume algunas posiciones de índole político. Está la imagen del actual representante o canciller dentro de un recuadro cubierto por tela de araña. La mitad del afiche luce más amarillo que el resto, que está impreso en dos tintas. Las motocicletas a veces cruzan de un lado a otro mientras las puertas de los parqueaderos se abren o cierran de manera automática. Entre ambas vías hay un oficial de policía que parece esperar su turno para cruzar pero a veces mira hacia un lado y a veces hacia el otro. Al final el hombre camina en medio de los autos sin detenerse ni junto a los arbustos ni junto a los postes. Los arbustos alcanzan un metro de altura pero son bastante robustos.
Hay varios hombres vestidos con zapatos de suela y punta de pico de pato. Al saltar sus zapatos hacen un ruido seco y bastante claro, como de una correa o el de un pedazo de madera cayendo sobre un saco lleno de harina. Los autobuses no parecen dispuestos a detenerse. En la mitad de la calle están cruzados un automóvil y un autobus. El automóvil tiene la nariz junto a la llanta del autobus. Ambos se desplazan sobre la calle al mismo tiempo. Tres personas bajan de autobus. Una cruza por el espacio que queda entre ambos vehículos. La otra ingresa a una pequeña escuela que anuncia sus servicios en papelógrafos que cuelgan junto a la puerta de entrada. Los papelógrafos sin querer forman una especie de arco alrededor de la puerta. La otra persona cruza por detrás del autobus.
De una de las casas salen un nube espesa de humo gris. Un hombre lleva en sus manos un rectángulo atado a un pequeño mango de plástico. En la puerta están colocados pequeños avisos publicitarios. En letras rojas sobre un fondo amarillo se indican los precios y el nombre de los productos. Del otro lado, detrás de la nube hay pequeñas cajas colgadas dentro de tiras elásticas. La puerta junto a la que cuelgan es bastante estrecha. Una mujer pequeña lleva dos maletas en las manos. Una niña con el cabello corto la sigue. Un hombre corre dos veces de su auto a uno de los almacenes. Unos metros adelante están de pie los hombres de casco amarillo mirando hacia los autos.
La vereda tiene varios orificios llenos de tierra, pequeñas piedras, tiras plásticas, monedas de un centavo oxidadas. Sobre la parada del autobus hay varias personas. Dos mujeres ocupan la pequeña viga de acero que funciona como asiento. Tres hombres miran con insistencia hacia la calle. Uno de ellos lleva camisa a cuadros rojos y negros. Su rostro es delgado y huesudos. Lleva un bigote muy espeso. Otro de los hombres camina dando pequeños pasos y formando un círculo invisible. Lo hace dos veces. Luego mira hacia el interior, hacia los edificios que están detrás de él. La parada del autobus tiene un pequeño techo semitransparente, bastante amarillo o amarillento y lleno de cortes o rayas destacadas por el sol.
Una mujer mastica pequeñas porciones de pan como si fuera un ave. La mujer tiene el cabello recogido en un moño. Detrás de ella hay un almacén donde venden mesas y sillas para exteriores. Las mesas están detrás de un cristal y son de plástico o fibra de vidrio. Junto a la mujer hay un pequeño puesto de periódicos, además de diarios la dueña del puesto tiene dulces, frituras y boletos de lotería. La mujer está sentada sobre un pequeño taburete del que sobresales cuatro patas azules debajo de un chal azul. El chal parece bastante antiguo y está perdiendo su color. Hay dos motocicletas parqueadas junto a un poste de energía. Ambas están aseguradas por un cadena de color rojo, sus ruedas delanteras están encadenadas al poste. Junto a las motocicletas y el poste hay un basurero metálico de color azul. El tarro tiene dificultades en volver a su posición original, parece lleno del lado izquierdo y vacío del derecho.
Un hombre toca una canción desconocida usando una guitarra con cuatro cuerdas. Junto a los pies del hombre hay una pequeña taza de acero de color azul. El hombre está de pie frente a un parqueadero privado. Las verjas de acero del parqueadero permiten ver los autos dentro. Además de los autos hay varias personas detrás de las verjas. Una mujer de cabello claro parece haber perdido su auto. El hombre de la guitarra sonríe a cada persona que cruza frente a él. Entre él y las personas hay dos o tres metros de distancia. La sombra del edificio junto cubre a la mitad de los autos estacionados. Frente al parqueadero no hay postes de energía ni pequeños arbustos. Del otro lado de la calle sí hay arbustos y la entrada a un centro de compras. También junto hay una panadería con ventanales que llegan al piso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario