Un juguete de dinosaurio mira desde el filo de la ventana. Hay pantalones dentro del armario, jeans doblados y firmes como tablas de madera. Sobre la cama un colchón alto y sobre el colchón la huella de un cuerpo, un orificio, uno más de todos los cráteres; la superficie accidentada, el dinosaurio mira hacia la puerta, afuera el ruido es mínimo, alguien enciende algo que suena como un horno microondas.
La otra cama dentro de la misma habitación está cubierta, luce como el nuevo mundo si los ojos fueran los de un bárbaro, almohadas rojas, mantas y vicuñas con motivos tribales, toda esta lana forma una elevación coronada por camisas celestes, un par de ellas planchadas, y otras irregulares, en todo caso, firmes como glaciares. Las camas y los montículos, tienen entre sí un rectángulo de alfombra, pero sobre este no hay hielo.
En el piso sí hay juguetes, además de colecciones amarillas de jarras metálicas, artefactos para armar y desarmar, miniaturas, piezas de juegos más grandes que representan conquistas romanas, sabotajes bárbaros, He-man o lo amos del universo. También un par de medallas y otros títulos que parecen haberse usado una sola vez.
Tras las compuertas rojas hay un balón marca spalding desinflado, con un orificio que deja ver las costuras interiores que no son más que una serie de hilos gruesos tejidos formando una red. Hay uniformes estampados, el 9 está impreso en letra impact con un tamaño 500, más trofeos y un canasto lleno de tiras de algodón que parecen ser calcetines. Debajo de una caja hay varios pares de zapatillas Adidas y una taza llena de una masa marrón. Hay también fundas o bolsas plásticas debajo de las Adidas y sobre las cajas y entre los calcetines, las marcas están impresas de ambos lados: Confitísima, Hiperaxi, Santa Mónica, luce como un universo amarillo y ruidoso, un universo tras cuatro puertas de closet. No faltan los animales perfumados y llenos de algodón, cuerpos sordos, ciegos, inanimados pero tocados por el dedo húmedo de Boss y por la lengua puntiaguda de Carolina Herrera. Dentro de todo ese ruido esos animales de recuerdo son el realidad peluches voodoo, mamíferos miniatura sin capacidad de respirar pero cubiertos con la vida de otros.
Tras las compuertas rojas hay un balón marca spalding desinflado, con un orificio que deja ver las costuras interiores que no son más que una serie de hilos gruesos tejidos formando una red. Hay uniformes estampados, el 9 está impreso en letra impact con un tamaño 500, más trofeos y un canasto lleno de tiras de algodón que parecen ser calcetines. Debajo de una caja hay varios pares de zapatillas Adidas y una taza llena de una masa marrón. Hay también fundas o bolsas plásticas debajo de las Adidas y sobre las cajas y entre los calcetines, las marcas están impresas de ambos lados: Confitísima, Hiperaxi, Santa Mónica, luce como un universo amarillo y ruidoso, un universo tras cuatro puertas de closet. No faltan los animales perfumados y llenos de algodón, cuerpos sordos, ciegos, inanimados pero tocados por el dedo húmedo de Boss y por la lengua puntiaguda de Carolina Herrera. Dentro de todo ese ruido esos animales de recuerdo son el realidad peluches voodoo, mamíferos miniatura sin capacidad de respirar pero cubiertos con la vida de otros.
En el centro y junto a la pared se ha colocado un escritorio. El escritorio tiene varios niveles o piso por lo que recuerda mucho a Metrópolis, con sus torres hechas por cuadernos de tapas de cartón y libros con títulos como: Ecuador de la nada a la esquizofrenia, Fundamentos y como poner reglas en el Marketing, La vida de los hombres de interiores verdes, Diccionario Larousse número 5 de la Gramática. Esta superficie sostiene a una ciudad poblada también de vehículos breves, plumas, cilindros llenos de goma, minas de carbón, hojas en blanco. Un carril zurcido cubre la mitad de una máquina compuesta por un teclado que es una fila de botones negros con forma de cubo que llevan impresos letras en relieve con un material acrílico de color blanco. Del lado derecho del escritorio cuelga un cable negro que termina sobre un monitor de cristal que enciende un aviso de una batería diminuta junto a un número 21 y el signo de tanto por ciento, junto al monitor hay varios documentos espiralados que parecen ser fotocopias.
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