7/4/13

La Grenouillère

Llevaba ya la mitad de un cuaderno pequeño y casi toda la tarde buscando mínimas combinaciones:

R Rodrigo, Rivera, Ramada, Rubalcaba, Rincón, Rajuela, ratonera, Robamba, rupestre, radioactivo, rocas, Ripalda, rastro
A Atahualpa, Armendáriz, Albuja, asociaciones, Adán, Adám, Alfa, Alpham, ático, atributo, austeridad, astronaútico, anormalidad
U ultimátum, ultraísmo, ulterior, ultraje, ukelele, unidades, uretra, uróboro,
L lacerado, latifundio, localidad, latitudes, lápida, liar, lear, Lucas, libélulas, lentilla, lores, lario

Al apellido lo deformó, ejercicio morfológico:

Montesdeoca, Montesedoca, Mondesteoca, Monocatesde, Monotesdeca, Tesdemonoca, Ocatesdemon, Cadeotesmon, Detescaomon, Notedacoems, Domescoenot, Setedomnaot, Nttmsdoaoee

Luego pensó -qué inútil- Cerró el cuaderno como si saltara de un elefante. Intentó hablar a Y pero su teléfono estaba apagado. El hambre tocó la puerta interior de la bolsa estomacal y sintió al mismo tiempo como si le crecieran los colmillos, entre un gusto extraño, metálico y dulzón.

B lo encontró derribado sobre el parquet en medio de un charco marrón. Eran las diez de la noche. B colocó su bolso en la silla antes de rodearlo. Al agacharse escuchó su respiración.

La ciudad estaba llena de autos. El chófer encendió la radio. Sus manos eran pequeñas, con dedos gruesos y arrugados.
Raúl Montesdeoca repetía Detescaomon, Detescaomon. B miraba hacia las calles, tras señalar un sitio para detenerse, bajó del auto y la radio anunció música sin comerciales durante las próximas tres horas. Tras diez minutos B volvió. El resto del viaje lo hizo con la ventanilla abierta.

-No ha dejado de balbucear, no sabe quién es-

El doctor levantó las cejas de Raúl, mientras apuntaba con su linterna preguntó, a B y Raúl, a qué hora lo encontró.

A medianoche Raúl miró la pared roja del apartamento. B no terminaba sus dibujos y añadía con apuro sombras a unos rostros que carecían de cabello. B se levantó y tras cerrar la puerta se escuchó el correr del agua sobre la porcelana. -Tus dedos son largos- dijo sin dejar de ver a la pared roja y cubierto por varias mantas. Tres camiones pasaron al mismo tiempo aunque el segundo parecía llevar menos prisa. B colocó una manta extra sobre el lado de su cama, una manta que cubría la mitad de las otras mantas. Con las luces apagadas la habitación parecía una tienda para acampar, con capacidad para cien personas recostadas o para 200 personas de pie. Pronto se volvió una pluma, una pluma tejida de plomo. B pensaba varias cosas mientras escuchaba respirar a Raúl, Raúl de plomo. Luego el cansancio terminó por volver a B una roca. Esa noche soñó que llevaba rocas rojas en su estómago. En el sueño las tocaba, la piel del estómago alrededor de las piedras le hacían pensar en muñones y en escenas dentro de laboratorios girando y haciendo una órbita en el espacio.

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