Pink Floyd se derretía a ambos lados de la habitación. Una mano rosada y pecosa manejaba la perilla para levantar y callar de golpe los aullidos prolongados durante la reproducción de carefull with that axe, y Eugene se estiraba hasta alcanzar unos siete kilómetros que cruzaban como un espiral de piernas y brazos hacia el centro supuesto de ese supuesto edificio en donde nos estábamos quemando. George que corría a la velocidad de un avestruz, tomó con su pico una zanahoria que sufría de rabia de una las paredes y por mas que intentó no pudo evitar que la zanahoria echase espuma de una de sus raíces. George sentado junto a la escalera, lloraba y su llanto producía ríos y yo sentía que se me había olvidado como era eso de nadar. Mis manotazos eran desordenados ya que el agua pretendía tragarme de un solo bocado, enorme como ballena con dientes de tentáculos, entonces recordé el mantra, godolan, godolan, gritaba, mientras la ballena era harponeada por gatos y amarillos caballos. El extintor rodó por las escaleras y mis gatos entraron en silencio al departamento.
Pink Floyd se derretía por las paredes. Pink Floyd es una maleza donde conviven bajo las piedras un millón de grillos.
Pink Floyd se derretía por las paredes. Pink Floyd es una maleza donde conviven bajo las piedras un millón de grillos.
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