6/7/10

El salón

Al entrar, ninguna saludó. Preguntaron, se sentaron, sonrieron a los parroquianos y ordenaron les pasaran 3 pepsis heladas.
Los parroquianos, gente que llegaba a diario al bar, observó con curiosidad la escena. Observaron sus vestidos, observaron sus carteras, uno de los hombres, el que más sudada y se sentaba con la silla echada para atrás, dijo que seguro venían de un funeral, a lo que el mas viejo del grupo, para acotar con la broma dijo, esas no saben de muertos.

Las chicas llevaban una cámara polaroid con la que se sacaron varias fotos: una junto a la rockola con discos de 45 revoluciones, otra junto al oso disecado que cuidaba la puerta; las chicas abrazadas, mirando a cámara, besándose en la boca, ajenas al pueblo y a los fantasmas que este producía.

Las actividades normales del lugar se habían detenido para hablar de ellas como quien habla de un perro muerto o de una persona extraviada. El Concejal, pidió a la gente que hiciera silencio. Instó al orden público y pidió un poco de cordura y sentido de la hospitalidad. Entonces la camarera, que acababa de llegar, sirvió las tres pepsis heladas. Los hombres de las bromas ahora bebían sus espesas cervezas en silencio. La rockola descargaba un viejo tema de Elvis Presley, mientras el concejal dejaba pagando una ronda de pepsis para las tres chicas foráneas. Cuando las chicas dejaron el salón, habían dejado olvidada la cámara, desordenadas las sillas, rayada la mesa y las últimas pepsis a medio beber.


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