5/2/14

cam pam cebolla dulce

Luego estuvimos discutiendo sobre sus anteojos y a mí me daban ganas de decirle que seguro esos eran los anteojos lesclapool y todo empezó porque nos sentamos a comer unos burritos y ella puso sus lentes lesclaypool junto a mis gafas de imitación, y ella dijo mira, y yo dije qué quieres que mire y ella dijo mis lentes junto a los tuyos, representan nuestras diferencias y también lo que somos y yo dije un poco para molestarla qué lindo, qué hermoso, es lo más artístico y lo más creativo que he visto en muchas semanas y ella se tapó la boca, y luego su dedo me señalaba pero también subía y bajaba como el martillo o la lanza de odín, o como un dibujo animado, y luego añadió que los unos (los lentes) eran los de una persona delgada y las mías (las gafas) eran las de una persona gorda. Yo para no complicar más el almuerzo siendo que tenía verdadera hambre, y un poco esos burritos a primera vista no me parecían capaces de saciarme o derramarme, dije que los suyos no eran solo lentes para chicas o para que los usaran personas delgadas y que ahí estaba lesclaypool que había usado unos similares en 2010 en esa presentación en que supongo la habré visto por el youtube y ella dijo que amaba a lesclaypool y luego, señalándolo con el tenedor, que ese chile rojo era demasiado. Yo sonreí y solo faltaba que sonara el porksoda pero se escuchaban las conversaciones de las mesas cercanas y las máquinas de monedas junto a la sala de cine. Quise decir algo más pero pero luego coloqué el burrito de pollo en dirección a ella y ella dijo algo así como esoquiero, y mejor le clavé el tenedor al burrito de carne y luego al chile rojo, y casi me desmayo y luego tuve que darle al jugo de tamarindo con verdadera fruición.

Supongo que todo comenzó por eso de conocer nuevos lugares, y uno tenía que hacer espacio para salir del centro y luego para volver, y durante unas pocas horas estaba caminando y casado un poco metiéndome por esos patios de comidas, y un poco caminaba con el culo levantado y con el pecho inflamado, y eso me hacía sentir como un pollo porque los pollos y las gallinas caminan agitando el culo de izquierda a derecha; o tan paradito como la punta de un helado de máquina o tan hinchado como un globo o un robocop, y más o menos yo iba así por los largos pasillos, mirando las perchas con zapatos o las ropas de las mujeres que se veían bien en esos maniquíes, y muchas prendas eran hechas con encajes y transparencias, y otras también eran oscuras y largas y uno tenía ganas de correr hacia la habitación de un hotel, quizás una habitación del tamaño de las habitaciones del centro pero con más iluminación y otra pintura y más espejos, y luego jugar a observar a dos o tres maniquíes, jugar a mirar como estiran las kilométricas e infinitas piernas mientras sus manos tiran o colocan nylon oscuro, y un poco como si se trataran de las manecillas de un reloj haciendo las diez y veinte minutos, los brazos largos recortados por el sol, y yo sentado como un gran javathehut, con la lengua afuera humedeciendo la cara, o mejor javathejit, variación capaz de hablar castellano, sentado sobre un cómodo trono, girando la lengua en muchas direcciones, usándola para ahorcar los cuellos de los maniquíes, y luego sosteniendo un gran vaso lleno de roja, quizás soylent helado o lo que sea, algo, cualquier cosa lo suficientemente refrescante y quizás un poco de cocacolita.

cocacolita.

Eso pensaba pero luego ella caminaba delante de mí, algunos pasos, no mucho, y era increíble ver lo mucho que las cosas habían cambiado, y a veces estaba tan convencido y luego me acercaba y le contaba algún chiste breve o jugaba a que la perseguía, y de verdad mi cabeza fue reemplazada por una nube gris.

Andábamos esperando y haciendo tiempo para la función de las cuatro, y yo esperaba estar de vuelta en el centro a las siete pero también quería comer bastante, y a veces sentía que el hambre era mitológica, y no comprendíamos el seguir llenos de energía y entonces empezamos a colarnos en las funciones mientras los empleados limpiaban otras salas, y creo que eso nos ayudaba antes de que empiece eso de querer comernos el uno al otro como dios el número siete lo ha mandado, eso, de manera literal, y más bien necesitábamos sentirnos provocados o atemorizados, necesitábamos ser atormentados por algo externo. De todos modos pedimos burritos y supongo eso se debía a sus abuelos y sus recetas pachucas, y era gracioso pensar en pachucos en ecuador pero algo de eso había e incluso el tal aníbalgalarza había sido parte de algunos filmes pachucos o nerones, algo entre las interpretaciones o el equipo o crew de una banda llamada los coyotes, y algo sobre un joven antonyqueen dueño de la creta . De eso hasta la fecha, y ella siempre guardando en la alacena frascos con yerbas mágicas, ramas secas y amarillas y de una intensidad de nube, cosas que debían servir para moler o aromatizar la carne aunque con el tiempo todos nos fuimos haciendo al veganismo, ella más justo después de separarnos. De todos modos no era raro dejar que otros prepararan lo que sabíamos, como si lo hicieran por nosotros y de ese modo estuvimos visitando varios restorantes cubiertos de rojo y con bandera verdes colgadas de los muros y la lengua se nos quedaba atrapada entre dos chiles, y ella sonreía y yo sonreía para para no gritar, y mi cara se hinchaba, y era como si un hombre nos masticara, y como si masticara un chile rojo y uno verde a la vez, y luego bebiera con fruición el juguito de tamarindo.

En esas estábamos y hacíamos tiempo pero luego la función se canceló porque alguien dijo que había una bomba en el mall, y eso que el mall debía tener cuatro meses de inaugurado, y, mejor, para no complicarnos, nos largamos porque ya se estaba haciendo costrumbre el morir sin razón y aparecer luego en los periódicos, y además es sencillo armar un par de granadas y según wikipedia solo hace falta clavos, una olla de acero y algo de permanganato de sodio, eso, todo un tutorial para fabricar cosas que hacen katapoooommm, y mejor caminamos como en los viejos tiempos, y parábamos de vez en cuando para darnos besos, y dos o tres personas venían atrás nuestro y parecía que estaban estudiándonos porque cada vez que nos deteníamos, en mitad de la acera, frente a los pug de porcelana, ellas hacían lo mismo, y cada vez que dábamos algunos pasos ellos hacían lo mismo, y con la misma velocidad de modo que no podían adelantarnos y no querían retrasarce tampoco, y siempre mantenían una distancia prudente y similar y eran como nuestras sombras.

Luego tuve que volver al centro y ella dijo que iría a vender unas cámaras fotográficas que su padre le había dejado, y yo no dije nada, y más bien ayudé a levantar la mano para que parasen dos autobuses.

Luego estuve mirándome durante varias horas frente al espejo, y al mismo tiempo me hablaba repitiéndome que yo no era la mujer ciega de dancerinthedark e inmediatamente me decía otra vez yo nosoy la mujerciegadedancer inthedark y yo nosoy la mujerciega de dancerindedark. Eso me dio tiempo para tomar una siesta, y mientras me repetía esto, mirándome al espejo, esto de yonosoylamujerciegadedancerindedark tomaba un poco una siesta. Mientras siesteaba observé algunas cosas raras, y sobre todo algo que parecía una jaula de acero, algo como caja de zapatos o como caja de fósforos, de color gris brillante sobre un fondo oscuro, y la jaula parecía moverse en varias direcciones, como los objetos tridimesionales en autocad, y supuse que se acercaba o que alguien me estaba haciendo girar desde su ipad.

prehistoriatecnológica pensé.

Pero esos sueños eran los sueños de otros... y me gustaba esto de saltar de casa en casa como un gato.

Luego estaba trepadote en un autobus.

En el bus me dió por leer un pasaje de la biblia, y si mal no recuerdo era el mateo 12 del 43 al 46. Algo sobre limpiar la casa y luego hallar que la casa ya no es la casa de uno. Muchas personas viajaban hacia quito, y uno tenía ganas de leer más cosas pero el ruido era parejo, y era cosa de leer lo escrito o leer lo que ocurría en el bus, y luego me asustó encontrar a otros lectores y entonces ya no se trataba de observar y leer sino de leer y leer, y era como si esas lecturas dijeran leéme y eso estaba repetitivo, pero según ese maestro hindi todo era cosa de voluntariar lo que estaba fuera de uno. Así pude leer y luego fui tinta. Luego mirábamos el campo y las calles recién abiertas, y a un grupo de chagras con sus ponchos y sus vegijas infladas de aguardiente, y luego la persona empezó a dar los vueltos.

Mientras rodaba me daban ganas de levantarme a leer las cosas que estaban escritas sobre el muro, y creo que pude detenerme durante unos segundos, y según entendí, alguien había escrito que ya había entendido lo de la leche, y que se trataba de tu mamá enferma y algo con un plato y con la mandrágora. Decía ya entendí eso de la leche, era porque tu mamá estaba enferma y tú querías llenar el plato para la mandrágora. Luego seguí cayendo, y mientras lo hacía me preguntaba si ese mensaje estaría bien escrito, y si la persona entendería lo que habían escrito, y creo que me sentía responsable, recordé a un exjefe, algo de la mercadotecnia y el punto áurico, y tenía ganas de mejorar la promoción o visibilidad del mensaje de la mandrágora, y pensé en alguna técnica o en alguna estrategia del tipo hay que alquilar una avioneta y poner el mensaje en el cielo pero luego pensaba que no era tan probable que el destinatario lo leyera, a menos que el mensaje cubriera como una gran sombra toda la ciudad, y luego pensé en una vaca con el mensaje pintado en los estómagos, pero me dio miedo porque que es demasiado pecado una hermosa vaquita con su campanilla en su cuello haciendo tolón tolón, y más bien tomé otra siesta, o era que ya estaba en la planta baja y alguien me preguntaba cuál es tu nombre, y yo pensé eso es, quién es el destinatario?

Eresunmentiroso.


atropellado después de varias cosas nevermind

Una noche soñe con mi amigo Ray, en el sueño él sonreía y me invitaba a hacer algo, algo puede ser cualquier cosa pero recuerdo que en el sueño Ray llevaba gafas, una camisa violeta y conducía algo más pequeño que un auto, quizás una caja; también escuché que alguien me sugería o exigía que apoyara a J. Pérez para que vaya a marvel comics. Estas cosas me estaban sacando demasiado de onda, es decir, me daban tanto material para pensar y tras meditar un poco terminé convencido de que muchas personas tenían muchas cosas guardadas debajo de la alfombra y empezaba a sentirme como pelusas y como pelo de gato y algunos pelos me hablaron y decían que era hora de formar un frente y hablaban de los votos y Ray no estaba o quizás él era la alfombra y yo tosí varias veces.

Luego estuve leyendo las noticias en una red social y encontré el tema de J. Pérez. Era cierto pero yo lo había soñado por la mañana antes de bajar por una taza de cocoa caliente, no lo sé. De todos modos me pareció que nosotros éramos una mierda pero no encontré un sitio para mostrar mi opinión. La hazaña de oro estaba en una lista junto a otras hazañas, nominadas, para formar parte del guión de un filme millonario. Tres hechos sucontinentales, tres seguro, clips de noticiero, sometidos a una votación. Otras hazañas? thekira cantando waka je waka en un estadio de áfrica. La primera clasificación del equipo de fútbol boliviano al mundial de 1994. El rescate de los mineros en chile en 2012.

Hechos que no han ocurrido:

thekira vende la medalla de J. Pérez y consigue mar para Bolivia que ahora es capital de Sudáfrica. 

J. Pérez ciudadano sudafricano detenido por explotación y tráfico de oro en la mina de thekira, a dos horas de la Paz, Bolivia.

Quince mineros miran el mundial mientras J. Pérez canta el himno nacional y Sudáfrica oficializa el quechua como segunda lengua.

Recuerdo que sus ojos decían que me detuviera o que por favor la perdonase. Y las luces eran altas, enormes y los flashes hacían que perdiéramos el sentido, la ubicación. La gente llevó sillones de piel y madera y cuadros de marco negro y el vidrio tenía huellas dactilares y seguro yo esperaba que alguien escribiera un par de oraciones con esmalte de uñas y seguro ellos pensaban girar y girar y ya todos daríamos vueltas incluso en el suelo, incluso dormidos. Yo era bailaba para la colombiana y la colombiana estaba siempre en el centro y nosotros la levantábamos, o la protegíamos pues, todas las coreografías se trataban de ella, y su poder, y ella en nosotros o nosotros intentando estar en ella; y ensayábamos algunas horas y casi no teníamos tiempo para improvisar o para dar un paso de más, y ella nos llamaba sus koopas y yo recordaba que los koopas habían tenido reinos antes de convertirse en guardianes.

Recuerdo que sus ojos decían que la perdonase o que parara de hacer lo que estaba haciendo, y en esos momentos con una luz azul o casi violeta yo la levantaba en mis brazos, luego ella pedía que la dejase caer y yo hacía como que la soltaba pero no lo hacía y luego los otros guardianes estiraban sus brazos como si fuera un tela o mejor una red y ella hacía eso de mirar al cielo, y yo la dejaba resbalar un poco y todo se trataba de ser raptado, y entonces ella y nosotros luchábamos, poníamos resistencia pero todo era parte del baile, y ella luego en su papel nos dejaba saber que un koopa no podía pretenderla, y luego nosotros hacíamos eso de la ronda, y la gente estaba de pie y uno rompía la ronda para cargarla pero nosotros ya éramos sus guardianes y lo sometíamos pero no era tan cierto y yo miraba de pie a un lado del escenario, y era como observar un pedazo de madera en mitad del mar, en mitad como si el mar lo sorbiera.

Antes de dormir mirábamos estos programas donde se habla un poco de todo, y la verdad ella siempre pedía que apagara el teve y que por favor la dejara dormir. En realidad ya teníamos un año de casados y no era nada malo, yo había subido de peso y era que desayunábamos con verdadera fruición, y no faltaban los granos y los cereales y a veces pensaba que tanta comida serviría para inflar a un niño y por un momento pensé que lo importante en la primera etapa era tener algo, lo suficiente para que un niño se alimentara, y entonces creí que sería ideal traer un niño propio al mundo. Luego con las cosas del trabajo, y luego entre leer esas cosas y preocuparme un poco por lo del marvel comics terminé olvidando al niño y pensando más bien en eso de dejar de mirar teve.

Una noche soñé algo sobre un muñeco koopa. No entendí muy bien pero lo asocié con mi preocupación por los exámenes finales o porque hacía tiempo que no miraba a mi familia.

Un koopa es una especie de dinosaurio. También es capaz de tirar fuego por la boca, entonces debe ser mitad dinosaurio y mitad dragón.

En la teve seguían hablando del mundial, y ya pasaron creo dos años y hablaban de bebés, y de fotografías, y de futbolistas famosos que estaban por oficializar alguna relación con una cantante millonaria, una cantante con nombre de mina de cobre en mitad del desierto.

También hablaban, y un poco menos de los hijos de un artista a los que les estaba prohibido visitar el mausoleo de su padre.

Si me prohibieran visitar algo que me gusta me encerraría en mi habitación y dejaría que todos creyeran que he desaparecido, luego colocaría un cartel en algún sitio visible y al mismo tiempo pero no muy público, y el cartel diria algo así como se equivocan, si quiero un mausoleo.

Por qué no incluir en el guion aquello de la dictadura chilena; o el socialismo cubano, o la desaparición de personas en manos de militares o quizás la explotación de hidrocarburos o la publicación del Informe para ciegos. Quizás también los informes estadísticos y demográficos de las crecientes metrópolis, la deserción del campo y la tasa de suicidios en las capitales, el terremoto de ciudad de méxico y los insultos o desencuentros entre autoridades, en especial o subrayando aquello de usted es un donkey.

Quizás se pueda listar el fortalecimiento paramilitar.
La organización y activismo GLBT.
Los funerales de García.
Los funerales de García en 2006.
Los funerales de García y el concierto multitudinario.
El concierto y los dos millones de asistentes
Los funerales de García, los cuatro días de festival y los dos millones de asistentes.
El recital de  García antes del funeral.
La muerte de Hectormachocamacho.
Lavoe tirándose del noveno piso de un edificio.
Un cenicero volando en medio de una multitud.

Luego estuve fumando un marlboro y eso era ya fuera de casa, y más bien esperaba no tener que volver a la habitación, y eso era imposible, y alguien debía arrestarme o alguien debía bajar para de una vez montar en sus hombros, pero nadie bajaba, y el marlboro apenas estaba encendido y otros talleristas parecían molestos y parecían preocupados por los negocios, y es que ellos debían pasar la mitad del día en el centro y la otra cuidando que sus cosas anden bien, es decir, regando plantas o atendiendo un centro de salud, como eso de atender un centro spá, negocio bueno pero malogrado, con eso de usar cloro todos los días, y yo solo esperaba que alguien bajara para treparme y luego ver que pasaba, tenía ganas de decir cosas lindas o cosas que uno guarda y no sabe bien cómo decirlas, y además tenía ya un año de divorcio y estaba agotándome eso de ir cada fin de semana al mismo sitio, y eso de beber muchas cosas, y era divertido, porque por un tiempo era todo lo que quería pero no estaba seguro de mis energías, y a veces pasaba días enteros con los ojos entrecerrados y con unas ojeras enormes que parecían otro par de ojos, y con la piel de un tono ceniciento y en las clases era evidente que estaba más en la cama y dentro de las luces o en mitad de un cenicero pero aún así intentaba no bajar en calificaciones, y un día dije mejor dejo los rumbos y me daban ganas de tirarme encima de los hombros de alguien que bajara con su perfil lleno de ángulos como esquina de estación de combustible en la vía a carapungo pero esa tarde, mientras el marlboro decía cosas sobre el pasado, cosas como esto ya lo has vivido, seguí de pie, mirando a los escalones y luego a las ventanas y un poco me estaba resignando pero sobre todo aburriendo, y estuve a punto de tragarme el marlboro encendido pero él dijo yo no tengo culpa de que te vaya a arder a la salida.

Luego cerré una ventana, y parecía que alguien me miraba desde el otro lado y era como si los dos nos miráramos al mismo tiempo pero yo no me quedé para comprobarlo, y de alguna manera sin verlo igual sabía que era alguien de la casa del frente, y cuando quería entablar un diálogo él o ellos no estaban y era pasaba lo mismo del otro modo, viceversa, y quise aceptar que así sería siempre, una especie de cosa sin sincronía y a veces eso pasa con las casas vecinas y con talleristas de otras habitaciones e incluso con mis hermanos, y quizás era la razón por la que ya no hablábamos, nunca habíamos hablado.

Luego rodé o me caí de sus hombros, y luego esperó a que me levantará, y luego caminamos juntos pero estuve un rato ahí y estaba buscando, pero luego caminábamos, y su paso era breve y yo tengo piernas largas pero igual sentía que me estaba esforzando y luego me hizo una pregunta y fue como si otra vez estuviera en sus hombros, y caminábamos y por un momento quedé de cabeza, y miraba unos bordes bien definidos frente a un fondo oscuro y creo que era la acera y también pienso que estaba de cabeza y quizás tomado de sus rodillas o tobillos, y además colgado de los bordes y del asfalto, y miraba sus pies dando pasos y yo respondía un montón de cosas y como las decía de manera atropellada creo que no se entendían, y mejor me callaba también de manera atropellada y era como nevermind.

Luego dijo eres un mentiroso.

 



4/2/14

de ganas de roja, las galletas verde son de humano

Era interesante y terapeútico observar los pedazos, la cosa interiore del cuerpo de uno sobre una mesa, con el tiempo suficiente para enumerarlos y sobre todo con esa luz que los hacía, digamos, un poco menos horrorosos y quizás casi fantásticos, como si se trataran de las partes de un maniquí de consultorio médico. Ahí estaban todas esas partes y uno se preguntaba dónde estaba la parrilla y a uno le entraban las ganas de ir al supermercado a buscar un poco de carbón y ya se imaginaba uno preparando los aderezos y un poco quemándose las manos y las pestañas y los pelos de los brazos mientras avivaba las llamas. Pero las partes estaban sobre una banjeda metálica junto al cuerpo, y todas tenían un color saludable, y los rojos eran rojos intensos y los violetas eran unos violetas casi misteriosos, y había algo blanco y largo y también parecía limpio y sano, algo gelatinoso y carente de las comunes enfermedades que saltan a la vista, y eso era bastante saludable y motivante, y a uno ya no le daban ganas de asarlo todo en el jardín, ni el patio de la casa, y menos de armar un partidito de ecuavoley con las respectivas pilseners, a uno le entraban las nostalgias y pensaba en los hijos que no estaban, en las novias fallecidas, en los compadres a los que había traicionado y en un montón de personas, decenas, que ya no estaban y que se habían ido en el momento menos pensado; y era muy común que uno la estuviera pasando de fábula y que de repente alguien desapareciera o que alguien se acercara para pedirte que le abrieras la puerta o le quitaras el candado. A veces uno la pasa tan bien y cree que a todos les ocurre lo mismo y resulta que no es tan así y unos cuantos ya tienen la cabeza en la almohada de casa. 

De todas formas uno estaba con la cocina encendida y con la tetera llena de agua, y el agua en diez o menos minutos hacía vapores y la tetera soltaba un ttuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu y eso era buena señal para levantarse y mirar un poco como estaban las cosas en las otras habitaciones, y era como tener una gran reunión con varias pequeñas reuniones cerca, y detrás de puertas y de muros diminutos y uno siempre encontraba a personas pequeñas con sonrisas pequeñas jugando a la play o jugando a mirar los filmes de georgelucas y eso quizás era ideal, y de vuelta en el salón ya alguien tenía el cuello largo y a veces a uno le entraban las ganas de morder y succionar, y a veces me interesaba que todos fuéramos iguales, lo que quería decir que otros también fueran capaces de ver otras diez generaciones nacer y volverse polvo, pero quizás esas cosas debía dejárselas a alguien menos imprudente, y menos impulsivo y digamos alguien capaz de compartir su misterio o maldición. Luego para calmarme me servía una gran copa de roja y la sed se apagaba.

Pero varias veces se mostraban aquellos órganos, mis órganos y la sorpresa era bella y sus ojos se convencían de que aquellas formas esponjosas eran el producto de un artesano de guano o uno de quisapincha, y es que en guano fabrican todo tipo de cosas y recuerdo brevemente a gente tocando tejidos y luego o en otra parte a todos manchándose los rostros con la roja de verdad y eso era muy cómico, y a veces los invitaba a meterse algunas cosas, y era como si empuñaran sus corazones y cuando los tocaban con los labios literalmente los corazones se detenían.

Recuerdo que varias personas bailaban unos temas rápidos de bossanova, y eso era raro porque la bossa suele ser un ritmo lento, y un poco creí que había perdido el ritmo de la cosas y exacto era eso, porque pronto dos desconocidas me miraban mientras colocaban sus vientres cerca, y luego los frotaban el uno frente al otro al ritmo de esas músicas, y yo no quería ver sus ojos pero pude ver que eran como fantasmas, o como mujeres muertas o como cortinas, y un poco se parecían a unas cantantes a las que no había visto de hace unos años, y una de ellas ahora manejaba un negocio en el centro de la ciudad pero ahora ellas eran mucho más poderosas, es decir, con solo verlas uno sentía deseos de correr porque era evidente que andaban disfrazadas y lo siguiente sería despistar pero también uno quería enfrentarse con esos cuerpos semidesnudos y con esos vientres planos y entonces uno se acercaba y luego estaba el juego de matar al otro, y bailábamos en círculos como en una ronda, y una o dos personas más se nos unían, y uno un poco las tomaba de las manos y luego la idea era perder la razón para hacer cosas sin sentido como entrar al círculo para dejar que el resto gire alrededor de uno, y las manos aplaudían o éramos como la ronda de las muertes, y nos invocábamos aplaudiendo, y luego sus ojos que brillaban, y me parece que por un momento pude ver a través de ellos, y esos ojos veían con claridad y miraban a la luna, o por lo menos yo observé con mis ojos cerrados y a través de sus ojos y vi que ellas tenían fascinación por la noche, y en el cielo que ellas miraban mientras yo miraba con sus ojos había una luna enorme, y un poco amarilla, y esa luna estaba cubierta por nubes, así que todo era mucho más sobrenatural y por un momento pensé que me volvería un lobo o aullaría, llamando a los olvidados, porque se supone que uno aulla cuando recuerda o los quiere de vuelta, o recuerda o percibe su olor pero quizás ya estaba muy ebrio, y además alguien no paraba de servirme roja, y los giros eran cada vez más rápidos, y luego una de ellas dijo los lobos tienen seis colmillos. Quizás ya estaba dormido, pero también sonó como si cientos de pájaros agitaran las alas, y en casa no teníamos aves, y además era muy tarde y las aves se supone descansan bien temprano.

Luego estaba rodando muchos escalones, y ya no era en la casa, y tampoco en uno de esos salones para fiestas, ni en las reuniones de los sábados y yo ya estaba extrañando salir un poco para perder la cabeza, y eso de bailar con personas desconocidas, y eso de beber de vasos extraños; y esa era la pérdida, y más bien tenía que rodar hacia el piso nueve y al hacerlo parecía que mis partes se iban ensamblando, como se emsamblan las partes de un robot, como cuando voltrón llamaba a sus brazos y los brazos eran leones, y luego llamaba a sus piernas, y unos robots en forma de dinosaurio salían o rompían una caverna y del otro lado de la pantalla los niños hacíamos ehhhhhhhhhhh, y luego estaba yo rodando hacia el piso nueve, y sentía como si varias partes: brazos, cerebro, canillas, dedos del pie, volaran hacia mi cuerpo, y poco a poco empezara todo a pegarse, o a ocupar un sitio donde cabían perfectamente, y al hacerlo uno sentía que esas partes se pegaban, y eso era doloroso porque al pegarse la verdad un poco quemaba, como si la piel se derritiera y las personas alrededor no miraban, y quizás no se daban cuenta pues uno estaba dando vueltas, y ellos subiendo o bajando y tampoco podía detenerme mucho a quejarme o a decir cosas o gritar, y creo esperaba que el dolor me hiciera más poderoso y pensaba que tras los giros y el dolor un nuevo hombre, uno doble, girara los brazos en lo alto como dos hélices. Pasó lo contrario y más bien las partes empezaron a abusar, es decir, se pegaban y despegaban por puro gusto y yo estaba rodando y ellas como si fueran nubes de insectos picando aquí y debajo de allá, y el cuerpo inflamándose y creo que ese era el modo de hacer que me detenga, y también perdí un poco la razón, pero al quedarme sin sangre dejé de rodar y también olía a masa como de gel verde pero quizás ni eso, ni soylent green.

De todos modos llegué al piso nueve y alguien dijo que todos estaban en la terraza, y yo recuerdo que (como si me tratara de un topo o de sonicelerizo) dejé de ser una bolita, y empecé a usar mis piernas y a ponerme de pie, y era una cosa como volver a nacer, y tomaba tiempo sincronizar las ideas, y las órdenes, con ese cuerpo que en todo caso era conocido pero extraño, y quizás era cosa de desear no caer o desea dar dos pasos o de tomar un balón e iniciar un partido de baloncesto pero de todos modos me tomó tiempo, y siento que aún hay cosas que no fluyen de modo convencional y parece el caso de un tipo persona que entra en rehabilitación y luego camina entre el agua, y la pileta tiene varias escalones y varios pasamanos de acero, y loos músculos vuelven a ser los mismos y luego algunos prefieren un partitido de baloncesto, y algunos meten dinero y cigarros y alguien quiere apostar el televisor que está atornillado al muro .

El marlboro auspicia al baloncesto.

Un poco atrofiados ciertos órganos y eso es normal, y recuerdo que una tallerista recibió un mensaje por error y alguien le pedía que dejara de atrofiarle el cerebro, y esas cosas de reclamos, y esas cosas son como cosas serias, y no es bueno jugar con el cerebro de otro aunque esté a la vista, y quizás el origen del mensaje erróneo fue un tubo de ensayo o un cilindro de vidrio con la masa rosada un poco atrofiada como un maní, y estaba a la vista, un tubo de ensayo como con un fluido seco o al que le ha dado mucho tiempo el sol.

Luego estuvimos tomando el sol y contándonos cosas y parecíamos una gran familia de talleristas vestidos al apuro por una mujer a la que le sobraban dos brazos, y un poco riéndonos para que otros no se rieran de nosotros.

Luego estuvimos buscando la parte sin pintar. Todo era amarillo. Una vez regalé una flores amarillas. Quizás fue la primera vez y creo que lo volvería a hacer, y creo que haría que alguien se coma las flores y me gustaría que las flores brillaran en el estómago de esa persona y en la noche la persona diría que le gustan las flores porque las flores brillan en las noches.

Luego hablamos de beber roja; y sin beber actuábamos como ebrios y en verdad eso era lo mejor que sabíamos hacer.

Nuestra especialidad en accidentes.

Luego eres un mentiroso fuera del gran galpón y me dieron ganas de roja.


Thelostartofthenocturnalemissio

La cabeza a veces colgaba del cuerpo, apenas sostenida por el cuello, y dentro de la cabeza parecían convivir insectos o cosas alargadas y llenas de patas, cosas que tras respirar lograban que la frente se inflamase; y esto era harto incómodo, porque era bien difícil andar con la cabeza limpia, y clara, y uno andaba con la sensación de patas, o pelos, o antenas, y la idea de que algo, eso, bien pronto, iba a perforar los huesos de la frente para dejar que una masa fucsia, o rojiza, saliera de ella como el relleno de un pastelillo, solo que un relleno caliente y quizás sin olor.

Luego uno solo tenía fuerzas para desarmar la cabeza con el fin de quitar las cosas que estaban dentro. Esto lo hacía en un lugar limpio y procurando que nadie se enterase. En realidad esperaba quedar como nuevo, para que los talleristas confiaran un poco más en las cosas que estaría por decir. Por ejemplo, notaba que ellos siempre se mantenían a distancia, y seguro ya habían visto las patas de los insectos que llevaba dentro, y por ello preferían mirarme de lejos, y eso en esencia no me importaba. Luego me empezó a preocupar y luego ya era como demasiado, como si uno no pudiera tener una vida normal, y esto era hablar con personas, por lo menos durante cinco minutos seguidos. Un poco yo me comparaba con otros talleristas, y aunque digan que esto nunca se debe hacer yo lo hacía, y a veces me sentía mejor, y pensaba cómo otros tipo llevaban eso de convivir con cosas, y eso ocurría en sus brazos, y debajo de la lengua, y alrededor de los testículos, y también pensaba en talleristas que habían cambiado el rostro por el de un insecto y luego pensaba que saldrían en la portada del fascículo de los domingos del diario el comercio, y el titular diría algo así como hombre antes se ve como hombre y ahora se ve como insecto, y luego no habría diferencias y todos los editores y correctores y fotógrafos y diseñadores se llamarían diseñador insecto, y corrector insecto, y editorial insecto, y fotografía estudio insecto y ya no sería literatura sino insectotura. Luego supongo que ambos salimos en una national geographic, eso luego de querer verme tan delgado, y tan insecto, luego de empezar con eso de comer bien poco, y el rostro parecía alargarse, y más bien tenía un aspecto de yonqui, yonqui antes que insecto, pero igual suponía que saldría en una portada de revista científica y sería famoso y todos me irían a buscar y yo diría no hay satori definitivo ni solución final. De todas maneras a veces les decía a los talleristas que estaban bien feos y que mejor se quedaran en casa, y ellos decían que yo debía dejar de ser un gay reprimido, en realidad ni me hacían caso, y entonces nos mirábamos, y nos doblábamos de la risa, y luego ya estábamos todos muy cerca, casi rozándonos las entrepiernas hasta que aparecía una tallerista, y un poco montábamos otra escena. Recuerdo que llevábamos las botas del trabajo, que eran esas botas con punta de acero, y por un momento lucíamos como verdaderos obreros, y eso era increíble porque era como llevar trajes que nos cargaban con los superpoderes.

Igual tuve que buscar una habitación limpia para iniciar el trabajo, y un poco dejé advertido que si no aparecía me buscasen en el piso diez. En el piso diez existían algunos laboratorios y muchas veces uno se topaba con talleristas vestidos de blanco, y mujeres de corbata azul usando también mandiles, y esas máscaras blancas, y uno quería que en esas habitaciones existieran todo tipo de frascos y quizás los exoesqueletos, alguna variedad de alien o libélula o una mezcla de ambos, y el laboratorio debía llamarse laboratorio riddley scott, pero en esos sitios se trataba con gérmenes invisibles o por lo menos con cosas que apenas si ocupaban el fondo de un tubo de ensayo, manchas o fluidos secos. 

Luego pude escuchar el Sleepless, y eso mi hizo sentir mejor, y tenía ganas de que muchas personas supieran que escuchaba ese disco que, entre otros es uno de esos discos que no es una cosa ni otra, y a veces a esos libros, u obras, o edades se las llaman de transición, y es como si una banda estuviera buscando un sonido, o algo sobre lo cual detenerse, para mí, buscando en qué creer. En todo caso era un gran disco aunque supongo que deben haber cientos de álbumes, y ya resulta muy poco motivador intentar que una persona sienta las cosas que otro tiene, sobre todo en personas expertas en bandas y en cosas más nuevas. Lo que pasa, es que estuve recordando a Ll, su poco entusiamo al cual nada parecía complacer, y por lo general hablábamos, pero también pronto éramos extraños, y uno siempre pensaba, lo hago bien? y luego era como si trabajáramos un viernes o un sábado por la noche y como si colgáramos de un hilo; supongo que la única vez que acordamos fue sobre Sleepless, aunque no nos hemos vuelto a ver, y ahora al escuchar este disco siento que ese día nos intercambiamos los brazos y quizás un día nos busquemos, o quizás ambos vamos por ahí dando abrazos, como abrazos dobles. Toco el muñón y veo pelusas o pedazos o moléculas de otras personas, y eso es un poco desagradable pero no tengo idea de qué hacer.

De todos modos y luego de la banda, encontré una mesas, y parecía que ya nadie iba a estar cerca, y un poco me acomodé, y luego haté mi cuerpo con unas correas y eso era en caso de que quisiera levantarme y ahorcarme a mí mismo, como le sucedió al dr. frankenstone. Luego yo ya era dos A.K, el uno en la mesa atado y el otro con guantes de goma y sosteniendo algo que parecía ser un serrucho, y todo se veía muy sangriento. Luego recordé algunos temas de The silent enigma y eso me dió valor, lo que no era muy seguro es en quien sonaba ese disco. si en el A.K de la mesa o en el que sostenía la sierra, y luego hubo una confusión, y ahora no sabemos cuál resultó encendido y cual apagado para siempre, cuál de los dos habla ahora, es decir el A.K que habla ahora puede ser uno de los dos, o ambos, o quizás un programa con sus recuerdos y materialemente no existe. De todos modos tomé la sierra e hice unas ligeras perforaciones, o sea, apenas si corté el hueso, y luego estuve mirando por todos los lados aquella materia rosada. Mientras, en la mesa el tipo se retorcía, y un poco sus brazos y sus piernas se encogían, y era más como si alguien le hiciera unas cosquillas enormes y como si un poco disfrutara, pues su rostro cambiaba del pánico, a expresiones de satisfacción, como de alguien que acaba de comer. Diez, treinta segundos, no lo sé, supuse que eso podía alterarlo permanentemente y más bien toqué un nervio, eso lo puso a dormir. Su rostro ahora es inolvidable, es más común recordar a un hombre que adquiere un aspecto animal que a un animal imitando lo que hace un hombre. A.K sobre la camilla fue muchos animales al mismo tiempo.

Era curioso que tras abrir la cabeza, varios recuerdos empezaran a llenar el salón y era como tener un juego de luces o como presenciar uno de esos espectáculos holográficos. Muchos hombres vestidos con uniformes miraban hacia los muros, y me parece que eran militares, algunos con sus grandes mostachos y con sus insignias, y otros similares, pero con los rostros alargados, o derretidos como las obras de ese chino, las obras de kwangho, y a a veces esos hombres llevaban gafas, y lentes con marcos redondos, y no parecían el tipo de militar que sale o se retrata en las guerras franquistas, y menos esos locos que disparan a mujeres y ancianos desde un helicóptero, mientras gritan y se sientan sobre sus cascos. Entre otros hologramas estaban los de delfines, y los de un bosque bastante espeso que parecía uno de esos bosques tropicales de un país como Costarica, y junto al holograma había un cartel que invitaba a dejar de fumar. Algunas mujeres ocupaban una porción del suelo y sus cuerpos tenían algo rojo encima, que era la misma luz de otros hologramas, roja, intensa, y el cuerpo de la mujer parecía cubrirse como si para ella la luz fuera nociva, y muchas mujeres lucían un poco cansadas, y un poco como si ya las cosas no tuvieran solución, también vi armas, o granadas, y junto perros en adopción, y no se sí se trataba de esos equipos para dispararse pintura en un bosque.

Otro holograma se trataba de una mujer que preguntaba cuántas personas vivían en aquella casa, una encuestadora, y esa mujer llevaba una gorra azul que tenía estampado un sello del INEC, y ese holograma tenía sonido, como en los filmes, y el holograma luego saltaba como un acetato rayado, y una y otra vez la mujer preguntaba cuántas personas vivían allí, y era como escuchar y mirar un disco rayado.

Luego estaban otros recuerdos, y luego más bien coloqué la tapa en su sitio y luego pensé que nada había sido cortado; por lo tanto debía funcionar como siempre y más bien serví dos vasos con aguardiente y abracé a A.K, fue o era como abrazarme a mí, en realidad era abrazarme a mí mismo y luego entré en A.K. o A.K. entró en mí, o los dos nunca estuvimos separados y luego soñamos con varios sombreros rojos para celebrar cumpleaños.

En las paredes leí o leímos eres un mentiroso.

Luego rodamos algunos escalones, o rodó A.K. o rodé yo solo.

Luego estuve o estuvimos o estuvo A.K. montado en los hombros de alguien. Esa persona caminaba hacia la calle a través de una de las aceras del centro y A.K. o yo o ambos mirábamos a otros talleristas, y era como caminar sin tocar el suelo y un poco esa era la sensación favorita de A.K. o la mía, o la de ambos, un poco andar en las nubes o sobre los hombros de alguien que camina por una acera. Eso pasó, no sé si de dio cuenta, o quizás nos permitió o le permitió a A.K, que fue como si me lo permitiera a mí.

Luego dijo eres un mentiroso.

3/2/14

Una puerta viajando en el asiento trasero de un taxi

Un día estuve pensando en todas las cosas que pasaban a través de una puerta. La puerta era la de un taxi, quizás uno marca aveo, o quizás uno volkswagen, como en méxico. La verdad yo no era el chófer, pero si una persona que estaba en la calle mirando a los autos hasta el momento en que uno de ellos se detenía frente a mí, y preguntaba si quería subir. Luego ese taxi avanzaba unos metros hasta ser detenido por una silla. La silla tenía las patas largas y el respaldar era bastante delgado y a mí esa silla no me daba demasiada confianza, en realidad pensaba me vía sentado, poco tiempo antes de caer de espaldas, y luego pensaba sería incómodo y doloroso tener que levantarme. O sea, estaba acostumbrado a sillas algo más voluminosas y esta silla que ya estaba sentada en el asiento de atrás del aveo, parecía más una de esas sillas de sastre, esas que sirven solo para colgar las chaquetas, es decir, una especie de maniquí. También parecía un mueble de fantasía, como las fotografías en los catálogos de los carpinteros. En todo caso la silla ya estaba dentro del taxi, y luego de dar direcciones el auto avanzó hasta perderse en el horizonte. Luego me vino eso de estar pensando en que otros objetos podrían pasar a través de una puerta, y luego dirigirse hacia una dirección. Se me ocurrió que un teléfono monedero podría hacer lo mismo, aunque, siendo así, era más probable que el teléfono no tuviera que esperar y más bien realizara un par de llamadas para que lo pasaran a recoger. Luego pensé que por la puerta del taxi podría pasar un tanque de gas, y yo lo veía dando direcciones y pidiendo que cambiaran de estación, quizás en la radio estaba el programa de alguna de esas chicas nerviosas que habla de todo al mismo tiempo, y quizás el tanque solo querría viajar en silencio o escuchando el sonido de la ciudad, después de todo los tanques de gas pasan una buena parte de su vida debajo de una mesa de cemento, o fuera de casa, y luego montados en un camión que los pasea durante algunos días por las calles de algún barrio que puede o no ser el mismo cada mes. Después de todo, el tanque bien puede decidir hacia donde va, ya sea que vaya lleno o vacío, pero supongo que es más común tomar un taxi con el interior vacío, y supongo que eso pregunta el chófer cuando va a levantar a uno está lleno sr?, lo llevo a que lo carguen?

Eso me recuerda el chiste sobre el borracho, la pizza y la coca, y un taxi por la noche en una calle de guayaquil. Se supone que un borracho pregunta muy cortésmente al taxista si le permitiría dejar la pizza y la coca en el asiento de adelante. El taxista, muy conmovido por la cortesía de un hombre tan borracho, no puede, sino decirle, que no hay problema, déjela no más. Luego el borracho hace buuaghh, o sea, vomita la pizza y la coquita sobre el asiento, o sea, acaba de dejar la pizza y la coca sobre el asiento de adelante.

Luego imaginaba que por la puerta de un taxi podría caber el motor de una motocicleta vespa. Imagino también una caja llena de luces para árboles de navidad y también podría caber una foca y tres pinguinos. Luego pensaba en objetos a los cuales humanizar, y de nuevo estaba el tanque de gas, usando un par de gafas oscuras, y quizás una puerta sosteniendo un periódico en la sección de editoriales. Con qué sostiene el periódico? eso no está muy claro, pero supongo que el periódico estaría flotando frente a la puerta, y ahora que lo pienso debería ser un diario con solo una o dos secciones, como el últimas noticias, y supongo es un diario que la puerta toma del mismo taxi.

Imagino a la puerta dando las indicaciones, y al taxista escuchando con atención la dirección. En verdad imagino a la puerta pero no puedo escuchar las indicaciones que da, o sea, eso queda para el entendimiento del chófer que quizás a esas alturas de su vida conoce varios idiomas e incluso habla algunos. Lenguaje puerta.

Recuerdo que unos días después intentaba olvidar los escalones que había rodado, lo hacía volviendo a caminarlos, y si era posible volviendo a rodar sobre ellos, solo que esta vez quería empezar en la planta baja y de allí echar hacia el piso noveno, un poco como los autos cuando toman lagasca desde laamérica en dirección a laoccidental; entonces me imaginaba rodando a un ritmo lento, pausado, un ritmo que se sentía esforzado pero siempre constante, a fin de no tener que volver a arrancar y para ello miraba a quienes estaban por bajar, y quienes subían a un ritmo más lento con el fin de no tropezar, y varias personas llevaban pequeños maletines, y supongo eran talleristas sin prisas, y yo suponía que ellos tenían tareas por terminar, y que era esa la razón de su lentitud, y a veces eran dos o tres talleristas, y ese momento uno dudaba si detenerse o pasar por encima, pero era cosa de esperar un momento y luego dejaban el camino libre, y luego uno seguía en esa marcha o ascenso sin mayores interrupciones. Lo malo o negativo era eso de tener que realizar lo mismo varias veces, durante toda la semana y sin conseguir eso del olvido, ni eso del cambio de emociones. Empecé a preocuparme dos semanas después de iniciado mi supuesto tratamiento, pues, aún recordaba mis primeros escalones hacia el piso de abajo, y sobre todo recordaba la forma en que la memoria parecía entrar en lagunas, o cómo luego ya no sabía si subía o bajaba o si iba de izquierda a derecha. Al subir, uno estaba consciente, e inconscientemente preparado, o programado, para llegar, y el viaje era algo así como ir de a hacia c sin pasar por b y las cosas tenían demasiado sentido, y por lo mismo no valían la pena. Luego supuse que era tiempo de interrumpir la trepada y quizás era eso, quizás debía quedarme detenido entre el piso cuatro y cinco, quizás debía esperar a que un grupo me diera paso luego de empujarlos, o quizás debía saltar sobre ellos, quizás eso diera otro sentido y otra dirección al tratamiento.

Luego un día estuve mirando por el interior del gran agujero, y tuve unas ganas increíbles de lanzarme a fin de experimentar con eso de dejar de ser. Estaba a punto de hacerlo, pero pronto estuve recordando que aún me quedaba aquello de olvidar los primeros escalones y la manera en que iba cayendo hacia la planta baja. Recuerdo de manera imprecisa que mientras caía, una persona intentó levantarme, supongo eotro tallerista, y también creo recordar que ya estaba yo sobre sus hombros, mirando al resto de talleristas e intentando leer algunas cosas que habían escrito sobre los muros. Un par de cosas me parecieron totalmente insólitas, o quizás era que yo seguía rodando, y creía estar sobre los hombros de alguien. Por ejemplo, leí cosas escritas sobre uno de los muros, junto a las gradas, cosas como ¡ya entendí! Eso de la leche es por tu madre enferma, y es que tienes mandrágora debajo de su cama. Un poco quise estar sobre un plato bañado en agua tibia, y era que los huesos estaban largos y porosos, y también que necesitaba uno o dos marlboros. En realidad supongo que rodaba los escalones y luego en la planta baja, una o dos personas me levantaron, y luego me dejaron en los sillones del salón de los hombres de corbata azul. Ese salón estaba casi siempre deshabitado y eso que estaba lleno de mesas de ajedrez, ping pong y dos mesas de billar. La cafetera era una de esas máquinas enormes y antiguas, y creo que además servía para preparar varios tipos de café; sobre una repisa la máquina brillaba y parecía que alguien le quitaba el polvo cada día. Desde el sillón miré un poco de teve, eso no es algo de lo que pueda dar fe, pues solo supongo que estuve allí y no dentro de la cafetera o en la casa de uno de los talleristas, luego de subir a sus hombros y miraba un programa de un canal de miami. Ahora me pregunto cuál será el gentilicio de un gringo de miami, se lo llama miamense, miameño? y en el programa una mujer presentaba las noticias de personas que habían sufrido accidentes o de niños con poderes especiales como el basket boy, un niño que encestaba desde cualquier punto de la cancha, con los ojos cerrados, con una mano atada a la cintura, un niño freak del deporte.

Luego me dormí y luego me desperté, y otra vez estábamos en clase resolviendo un cuestionario extremadamente largo, y bastante técnico sobre términos nuevos, es decir, neologismos, prefijos tomados del árabe y algo de sinonimia y antonimia, y era divertido, pero a la vez nos tenía a todos los talleristas con las cabezas clavadas a la mesa, y muchos parecían haberse dormido con las hojas en sus caras y otros parecíamos un grupo de zombies sedientos pero supongo era el interés de no tener tareas para las vacaciones, cosas que estaban por empezar. O sea, a como de lugar queríamos sacar provecho de todas las cabezas, que por cosa rara del tiempo parecían sincronizadas, o trabajando en equipo por el común objetivo. Pensé que hubiera sido fenomenal tener una cámara de fotos, y también pensaba en esa tallerista, aquella del trabajo de fotógrafa a la cual no entendía muy bien, pero suponía que estas cosas para ella serían trabajos, eventos sin importancia, y es que hay artistas solo interesados en los grandes momentos, y los grandes decorados, y los rostros hermosos y las grandes luces, y no sé si ella era ese tipo de artista pero tampoco estaba cerca como para explicarle lo que estaba pasando, a fin de que nos fotografiara.

Todos estábamos cansados y sobre todo veíamos que iba a ser imposible terminar aquel trabajo; sencillamente necesitábamos guía y otros textos. Luego nos miramos y como teníamos muchas ganas de reir lo hicimos, parecíamos niños, y nuestras sonrisas eran nuevas, como si acabáramos de estrenarlas, y tomábamos mucho aire, y parece que teníamos la adrenalina lista para esperar un taxi.

Luego recuerdo eres un mentiroso. Supongo que ahora estoy o siempre estoy y luego estoy eres un mentiroso.

betrayed in progress

Bueno, la situación era bastante inestable. Muchas veces entre talleristas nos sometíamos a juegos sádicos y no era raro que un tallerista agrediera a otro o que una tallerista pidiera explicaciones y todos hicieran como que no escucharan, y parecíamos niños, y decíamos que la pared es mía, y que la ventana es mía y que los focos son míos y también pedíamos atención, o la exigíamos o la tomábamos de los otros, los obligábamos a mirarnos, y no hacíamos nada, ellos observaban y nosotros callábamos y luego escribíamos en los cuadernos con mucho orden, bien prolijos. En realidad éramos niños muy grandes, muy avanzados en cuerpo como en experiencias pero realidad desprotegidos. Muchos talleristas tenían sus propias familias, muchos eran migrantes y hablaban sobre días en la ciudad y días en el campo, sobre vivir en un piso y vivir en el patio de una casa, habían exconvictos y uno o dos exyonquies. Supongo que muchos entramos al centro con el fin de cerrar esos círculos torcidos, y también, un poco, con la esperanza de lo desconocido. Lo que no sabíamos es que, por mucho que nos opusiéramos, más pronto (y sin saberlo) seríamos afectados, un poco como gobernados por la fuerza, o el orden de quienes tenían experiencias con grupos. Por eso andábamos como gritando y como peleados con la vida, como pidiéndole que nos devolviera algo, no sé, como cobrándonosla. En realidad queríamos ser libres, libres como para dar órdenes, pero aún no sabíamos dirigirnos y por eso cumplíamos esa premisa, eso de que no había nada más peligroso que un loco con un arma.

De todas maneras nadie salía muerto, aún, y eran varias las experiencias que alimentaban, creo, el insomnio; eso durante varios meses. Por ejemplo, en manos de un exconvicto asistimos, sin interés, a un decapitamiento; en sentido metafórico. De alguna manera los hombres de corbata azul miraban o presenciaban estos hechos y eso hacía más oscura la cosa, y uno no sabía para dónde mirar porque a cualquier lado estaba la voz de víctor (así lo llamamos) y sobre todo escuchábamos sus argumentos y, no hay nada peor, supongo, que asesinar con autorización. Luego supimos que aquel tallerista tenía un proceso encima, algo inventado por el centro, por algun hombre de corbata roja, aprovechando el desorden y eso del estado de transición. Sin embargo, algo decía el código de convivencia con respecto a las faltas entre talleristas, y así fue, pero víctor no tuvo que soportar ningún informe. 

En breves palabras aquel tallerista mandó a callar a otro en mitad de un foro, un desacuerdo entre lengua de origen y lengua vernácula. En realidad todo pasó por un breve escándalo, esas cosas inaceptables para un centro y que los talleristas calificaron de momento grotesco.

De todos modos los encuentros no terminaban y luego estaban otros liderazgos que intentaban sacar partido a las coyunturas de tipo religioso-político. Con el tiempo algunos llegamos a creer que el término politiquero se podía aplicar con los ojos cerrados; jamás había sido tan pertinente. Muchas ocasiones el discurso, que empezaba por mostrar aspectos iconográficos e históricos, terminaba en arengas que nos invitaban a ir en contra de todos y en especial en contra de los grupos dominantes, unos a favor, otros en contra y luego las cosas hacían un viceversa. Para un grupo como el nuestro esas palabras eran palabras al viento y nos gustaba verlas flotando y eran los hombres de corbata azul quienes las tomaban y luego nos las volvían a traducir. Luego nos sentíamos justificados, contentos, creíamos entender y ser parte o tener una cuota, una parte del mango. Podíamos pasar una hora escuchando quejas sobre el gobierno, sobre venezuela, sobre los hospitales, sobre los sueldos, y quizás eran cosas que apenas conocíamos y también eran cosas que habíamos escuchado todos los días, quizás durante más de veinte años. Quizás teníamos, (como se tiene una fiebre) una profunda incredulidad. Supongo que todo lo que deseábamos era terminar los ciclos para de una vez enrolarnos en la burocracia, y de una buena vez asegurarnos un papel en los archivos de los catorce millones, es decir, no teníamos medios, ni energías para otra cosa que no fuera dirigir una clase con 35 alumnos. Bueno, pienso que muchos éramos aún muy jóvenes como para conocer y creer en lo que no nos había tocado, como si nos faltaran pruebas, y también era eso de ver a las cosas convertirse en otras, como aquello de los nuevos profesionales y eso de los organismos que ahora realizaban estudios, estadísticas y también contrataban, firmaban, como si así colocaran resultados para confirmar lo que el cliente esperaba. El problema no es derecha o izquierda, el problema es el capital. Luego alguien dijo que entre luchar y callar muchos habían elegido mirar, es decir, dijo, sacrificaban su derecho. Era fácil aparentar desconocimiento y quizás eso nos volvía invisibles, místicos, seres peligrosos; los fundadores de un partido mudo, quizás un partido parapolítico.

Varias veces estuvimos discutiendo sobre prioridades,  me gustaba escuchar que los jóvenes estaban en la punta de la pirámide. Aunque, yo creía que importaban más los padres. Varios talleristas habían tenido encuentros o malos entendidos con alumnos de centros secundarios, y había una discusión con respecto a sus actitudes y en eso también entraba aquello de la recepción de los contenidos. Esto encuentros referían a acosos por parte de alumnos, al revés de como comúnmente ocurriría, acosos masculinos, femeninos, y tampoco había mucha voluntad de aprender; había actitud para ser, demostrar, imitar, una especie de voluntad trastocada. También era común observar a varias jóvenes con sus bebés en los brazos y uno de los padres, generalmente mamá, tirando fuego y cuadernos en llamas al departamento de orientación, un capítulo entero titulado Familia nuclear ardía frente a la puerta y uno de los inspectores corrió para hacer una llamada. Un día las profesoras llevarán sus bebés en brazos, y sus padres parecerán sus hermanos mayores. Las talleristas estaban acostumbradas, eso decían, a las bromas de los alumnos pero algunas, muy pocas, solían explicar, en ese momentos, lo que a ellos les ocurría.

Y esos alumnos escuchaban, como si les hablara un árbol. 

L solía hablar con los chicos fuera de clases y eso parecía lo más apropiado, en realidad era una charla bastante informal, en mitad de las canchas de baloncesto y por lo general en el tiempo dedicado para el recreo. Yo creo que asistí a la rehabilitación de uno de los jóvenes, pude ver el trabajo en proceso, lo que los gringos llaman el work in progress. Un poco admirado conversaba con L y ella me sabía explicar aquello de hablar como un amigo, y aquello de mostrar interés en el otro, un poco como la psicología transpersonal pensé. Luego aquel muchacho mejoró sus notas y ya no parecía preocuparse por entrar a clases y quizás habían otras cosas por hacer, quizás el trabajo nunca iba a terminar.
Era cierto? Evitamos la autodestrucción?

Recuerdo que una de las talleristas solía invitarme a fumar marlboros en la parte de la terraza, allí todo el suelo estaba pintado de amarillo. A veces yo intentaba decir algo pero ella parecía estar en otro sitio, pensando en algo lejano. Me parecía una gran persona porque en realidad destacaba en la habitación, además tenía amistad con algunos de los hombres de corbata azul y era agradable, es decir, olía bien, tenía su atractivo, era joven y quizás su familia tenía dinero pues siempre vestía con chaquetas que parecían costosas o calzaba diferentes pares de zapatos, ahora que lo pienso un día me dijo algo sobre sus trabajos como fotógrafa o como correctora. Sonaba como algo cool. Sin embargo las dos o tres ocasiones que estuvimos cerca ella parecía un poco perderse, como si estuviera en dos sitios, en la terraza, y en otro al cual no me permitía entrar. Yo quería saber más de ella y creo que algunas noches me descubrí pensando en su misterio o en cosas triviales como su olor, un poco a laboratorio y a cigarrillo, y creo que un día dije que no estaba bien ni era saludable obsesionarse por algo que no conocía así que la llamé, y la verdad esperaba que no me contestara.  Tras poco tiempo la escuché del otro lado, un poco como siempre parecía lejana, aunque también escuché que pedía a alguien que esperara unos minutos porque su amigo A.K. la estaba llamando. Eso me puso contento y era el saber que mi nombre estaba en ese sitio, sea quien fuera la persona que la acompañaba; no me sentía importante pero sí estimado, como podría sentirse un colega, o un hermano menor. Luego ella dijo que debía colgar porque iba a pasar el resto del día con su padre. Yo quise decir que estaba loco por ella, o que empezaba a tener insomnio pero al decirlo las líneas parecían perderse, escuchaba que ella decía que hable más claro y yo dije que llamaría de otro sitio y entonces salí hacia una máquina de monedas.

Varios días estuvimos juntos, creo que fueron algunas semanas pero fueron un poco irreales y creo que esa era la forma de vida que llevaban las personas casadas. Era extraño tener a alguien encima, alguien como preocupado de tus necesidades y de que todo esté siempre bien, y se sentía como una gran vacación con todos los gastos pagados. O sea, era como salir con una secretaria y una enfermera y una mamá y una mujerzuela y la dueña de un país y no podía pedir más, y fue en honor a esos días que decidimos casarnos de verdad. Luego en casa resolvíamos las tareas juntos aunque ella estaba a punto de terminar su investigación.

Luego ella estuvo en la cama con uno de los hombres de corbata azul o eso había ocurrido uno o dos años antes de conocernos, no lo sé. Luego alguien dijo que los hombres o que los caballeros no tenían memoria, no lo sé, quizás eso solo fue un sueño.

Luego creímos que tener hijos era parte de crecer y no había apuro y yo le sacaba en cara el haber estado con un hombre de corbata azul, ella lo tomó mal y ese noche dormí en el sillón y al día siguiente ella no fue a trabajar y se quedó todo el día en la cama, pero sí fue al centro y luego regresó sola a casa y la verdad yo me sentía un poco traicionado, y creía que apenas habíamos empezado y no podíamos contarnos aún nuestras miserias.

Luego llegaron unas largas vacaciones y ella dijo que iría para otavalo, vacaciones con los tíos dijo, y pienso que debía quererlos mucho, y quería que me llevase y recuerdo que su padre por esos días me pidió que lo visitara. Luego habló sobre el tiempo, y sobre los días que no son iguales jamás y luego dijo con un tono un tanto oscuro, como de policía que me alejara de N.N. Norma Narvaéz o Nina Nuñez o Narcisa Noroña o Nubia Nérida, N.N. La primera esposa. Yo dije que podía irse al diablo y que buscara otro tipo con quien apostar, bueno, dije que no quería hacerlo porque la quería de verdad. En el fondo ya no sabía qué diablos sentía por N.N, pero si estaba seguro de no querer que se alejara. Era un poco como un niño al que le quieren quitar uno de sus juguetes. Luego dos hombres de traje azul me hablaron de cosas que solo N.N y yo habíamos hablado y eso me dejó bien preocupado, quizás fue solo una gran casualidad, en realidad decían que yo me estaba volviendo una especie de amenaza, y también que ella llevaba tiempo protegiéndose de mí. Antes de llorar le puse un nombre a la cosa, betrayed in progress, luego me fui a dormir pero antes comimos higos en la cama, y ella los mordía, y los colocaba entre los labios, y era muy bella, y sus labios eran suaves y luego nos masticamos, y al despertar yo ya no hablaba castellano, y me asusté, y luego me volví a dormir.

Un día para olvidar las cosas me monté sobre los hombros de alguien, pero luego leí eres un mentiroso. Sentí que era una gran casualidad.


2/2/14

Catorce vidas y miniS

Y eso... Un día intentamos entender al loco sabina y luego de varias medias horas llegamos, a secas, coldturkey, a duras conclusiones, y fue gracioso porque lo hicimos en mitad del pasillo, un poco estorbando con toda la mala voluntad a los otros talleristas que cruzaban con prisa pues rendían pruebas, y un poco hablando en voz alta palabras como corpiños, pelada de los cables o catorce vidas son dos gatos. Una tallerista se detuvo a escucharnos, un poco al disimulo, y J empezó con eso de la mujer que subió al escenario y que intentaba bajar a serrat porque estaba tan contenta que quería irse a casa cargando con música y madera. En realidad yo estaba contento porque cada vez, según yo, un poco entendía mejor las razones de algunos artistas, esa energía invisible y reversible capaz de componer cosas donde solo hay muros; y donde solo hay paneles con botones que alguna vez sirvieron y ahora estaban fuera de uso, botones que no encendían. En realidad nos tomó algún tiempo concluir que al loco de sabina le gustaba cantarle a todo aquello que estaba perdido. Eso quería decir que todas las cosas por las cuales nosotros luchábamos, en sabina eran agua quemada y nosotros, muchas veces, como don nadie bailábamos con cualquiera. Un poco eso era molesto, luego el círculo empezó a desaparecer y era que una u otra persona se acercaba casi en silencio a pedir cosas o para llevarnos hacia otro sitio, y un poco todos nos mirábamos mientras dábamos algunos pasos hacia atrás y parecía que al mismo tiempo nos decíamos, ve en paz, o ve en calma, o tienes mi permiso, o sigue no más, eso en vez de decir no ir, no seguir, no hemos terminado. De alguna manera ya éramos todos y todos buscábamos movernos de modo que nada quedara atrás. 

Ese círculo estaba formado por K, por N, por L, un poco menos por LL, quizás U, quizás R, quizás alguien del octavo, quizás alguien más del octavo, y muchas veces creímos que el tiempo no pasaba pero también ocurría lo contrario, y en esas ocasiones aprovechábamos para tirarnos al piso y sin respirar o con un solo aliento intentábamos contar toda una historia, como una película en un minuto, reíamos, buleábamos a alguien con eso de dónde estaban las motos, ocurría cuando uno de nosotros llevaba pantalones oscuros o cuando U traía su chaqueta de cuero y era graciosa pues su moto debía ser una pasolla, o una vespa, y al igual que ella seguro no hacer RUMMMMM sino riNnnnnnnnnn.

Un poco andábamos parándonos a hablar de cualquier cosa, en cualquier sitio, y esto se debía a que la carrera había perdido su centro estudiantil, y también a que se había realizado una evaluación, y algunas autoridades tenían auditorías encima, y esos eran problemas, pues solo nos quedaban los pasillos, y era molesto e inconveniente para discutir futuros sabotajes o acciones contra las políticas públicas y las del centro. Sin embargo, en un viaje hacia uno de los valles, N propuso algo, algo sobre una dependencia capaz de brindar asistencia a jóvenes y sus supuestas familias disfuncionales, y N usó esos términos, y a mí me pareció algo urgente, bastante razonable, pero sobre todo, y eso me preocupó, su propuesta se alejaba de las usuales manifestaciones de N, propuestas caracterizadas por un tono histriónico, por criterios subjetivos, epifanías. Creo que podíamos montar esa organización, acorde a las necesidades, que a veces en realidad no eran más que el resultado de desatenciones, dije a N que dejáramos que el tiempo colocara en el camino a una de esas autoridades, que nos palanqueáramos. Luego fui lustrabotas y en 1964 formamos el centro del muchacho trabajador.

Eso de hablar en cualquier sitio era molesto porque, generalmente, mientras sucedía, en otro lado (un poco como en otra antípoda) resultaba que otros guardaban silencio.

Luego estuve dentro del gran galpón y me sentía como alguien que acabara de levantarse y que no entiende muy bien qué mierda está pasando, y tenía junto a mí a una persona vestida absolutamente de negro, y era como estar en uno de los filmes de timburton, y un poco yo llevaba zapatos de piel y una chaqueta bien cara, y todo era extraño porque el galpón es un sitio para filmar comerciales tipo cocacolita y tipo lachispa de lavida ahora con más gas, estaba lleno de familias que nos miraban como si acabáramos de regresar del espacio, como si fuera el mono que habla y patina o como en ese filme del planeta donde dios es una ojiva nuclear, aunque luego dejaron de mirarnos, yo había dicho soy yo vestido de negro acompañándome y continuaron con sus cosas y esa persona siguió su camino y yo dije que guardaría el puesto y luego pensé que otros talleristas debían estar en el galpón, y busqué pero la mayoría eran oficinistas y amas de casa y luego exhalé y el galpón se inflamó.

Supongo que los frigoríficos saltaron en chispas o que los pavos se descongelaron, y luego varios hombres de traje blanco y boinas blancas llevaron sus escobas, y sus baldes con moscas acechando, pero eso habrá ocurrido de un modo discreto o quizás pensé todos éramos los hombres del congelador que acabábamos de descongelarnos.

Debo, pensé, tengo la obligación de decirle a alguien que los años habían hecho estragos en su rostro. Un poco era cosa de un homenaje al Mini ESE.

Luego me volví gato y de nombre me puse Paco. Un poco en honor a un viejo amigo y un poco dejando que la imaginación perforada de mi padre, mi padre el escrito, hiciera las cosas que le gustaban, es decir, lo que él quería, además los gatos en casa eran propiedad de mi padre. Un poco me daba miedo o repudio hablar del gato con otras personas, sobre todo porque era inevitable que preguntaran cómo me llamaba. Yo daba algunas vueltas antes de responder, y otras veces decía el nombre sin preámbulos, como quien quiere acabar las cosas de inmediato, y no faltaba un escandalizado que pensaba que mi familia era de esas que apologizaban el vicio; quizás sí, quizás era lo único que conocíamos. Un poco creo que me volví Paco dentro del galpón, para poder trepar a los hombros de algunas personas y desde allí esperar y vivir sus estrañas reacciones, y la mayoría era del tipo cámara escondida, algo así como qué ocurre?, por qué me ocurre a mí?, y yo no fuí!, y corro pero ojalá la encuentren! y muy divertido, se pasan, de grande quiero ser así...

Luego me puse a suponer que un hombre de camisa rosa llamaría por el altoparlante al dueño de un gatito que anda saltando sobre los coches y sobre los hombros de nuestros clientes. Habría terminado con algo como el gato se llama Paco y es muy lindo y parece que si nadie lo reclama pasará a ser propiedad de blockbuster entertainement y corporación Llanos. Por cierto el gato no dice miau, dice arre.

Igual, tuve tiempo para mirar al galpón desde un punto muy alto, en medio de dos reflectores que un poco chamuscaron mis bigotes. Las personas en su mayoría se paraban frente a los estantes y parecía que tomaban lo primero que les encadilaba la vista, y supongo que daba igual si compraban caballo que digamos raíz de vildigusroman. Bueno, dejé de ver esas cosas y luego intenté probar mis reflejos saltando y caminando sobre los cables que sostenían el techo, ese tipo de cables de acero que se usan para levantar vigas mediante plumas en la construcción de edificios, como los edificios nuevos de la colón (espero me guarden un departamento amarillo en la azotea). Me sentía bien, pero estar cerca del techo me hizo pensar que ya nada estaba en mis manos, o que todo era inevitable, y luego pensé que sería bueno perder una vidita así que busqué una licuadora encendida o un bidón con agua y entonces hice un clavado triple del tipo acapulco, patas estiradas, garras recogidas, luego la resucitación.

En los muros estaban escritas algunas cosas pero no las entendía, además estaba regresando de la muerte y eso es un poco oscuro, y mi cola aún no funcionaba bien.

Dos personas se acercaban hacia el galpón y una de ellas estaba sentada sobre los hombros de la otra, y en realidad la que estaba encima parecía agarrarse del aire, y se tambaleaba a cada paso, o era como si la una no supiera que tenía a alguien encima o como si la de encima no supiera muy bien hacia donde ir, un poco como subir a un elefante e intentar dirigirlo con el pensamiento. La gente se abría a su paso, y quizás, pensaban que debían dejarlos avanzar, entonces algunos detuvieron los autos, y los vendedores de bosques en las afueras del galpón se persignaron; luego ambos avanzaron cuando la luz estuvo en verde.

Luego yo ya no era gato, pero seguía en los hombros de alguien, o era que el hombre de camisa rosa dijo algo sobre ayudarme y tomó algunas cosas y las guardó en las bolsas blancas.

"Pero hace un rato yo esperaba la luz verde".

También ví a un gato en el techo del galpón y creo que el gato me estaba mirando. La otra persona ya estaba en el estacionamiento y los autos se manejaban solos y las espaldas parecían pegadas, y se estiraban; era una mancha negra y mi chaqueta bien cara.
Eres un mentiroso.

Corpiños con ralladura de naranja y peky enojado porque andamos muy bazuco y culiando deportivamente

Un día intenté escuchar a los otros talleristas; por lo general yo llegaba, miraba hacia el interior, luego colocaba mi maleta sobre una de las mesas, por lo general a una o dos mesas de distancia de la que estuviera ocupada y luego volvía salir, no sin haber dicho alguna cosa casi entredientes o habiendo creído que el resto se reía de la broma que se ma había ocurrido, bromas que en realidad eran observaciones sobre el calor que hacía, sobre las tareas que el resto estaban terminando en la habitación o sobre la posibilidad de querdarnos encerrados, sin más opciones, ya regreso decía, voy por una llave y un televisor en caso de quedarnos encerrados. 

Luego ponía Sumo a toda puta, y me largaba a los pasillos a jugar que me paraba sobre una tabla, y que las personas eran una especie de ola, y era que jugaba a montar la cresta y entonces cada tallerista era una oportunidad para girar, hacer algo de splashh y luego mostrar un poco mi tabla y un poco el desinterés y respeto y temor que sentía por ese océano que se supone le daba una motivación o una razón a mi deporte invisibe. En el ipod estaba el loco de petinatto quemándose la boca, los labios en llamas mientras el pelado hablaba de la mujer, el tornado, el jardín primitivo y uno podía llegar a convencerse, con ese fuego rozando los ojos, que todo estaba hecho y que no tenía sentido tomar las cosas, una por una, para darles algún orden. En realidad nada estaba hecho y uno estaba tan huérfano como siempre solo que medio estimulado por la velocidad, y eso pasa siempre que el mar revienta sobre la arena, y creo que estábamos aprendiendo a dominar el mar, pero, también aprendiendo a ser agua, espuma, sal, el tornado, el jardín primitivo y un poco la tabla y las piernas, y qué ganas ya siendo mar, de echarse a uno mismo desde la tabla para hacerla deslizar sobre la espuma.

Si el octavo piso era un mar, el sitio era un islote y ese islote parecía reducirse cada día, un poco como un cubo de azúcar rodeado de agua roja. Quizás por eso los talleristas faltaban a menudo y otros ya no habían regresado nunca, y supongo que un día llegarían sus ropas o sus viandas tupperware rotas, o con las tapas cambiadas, junto a sus libros o sus cuadernos escritos con gel verde. Una de ellas y cada vez que volvía y encontraba a G, lo abrazaba, y decía cosas como sigues siendo papá oso. Recuerdo que algunos talleristas habíamos perdido la memoria, pues, nos saludaban, y nosotros levantábamos la mano, más por educación o compromiso pero sus rostros nos provocaban desconfianza. Muchos ahora se buscaban la vida y otros habían levantando negocios en las afueras de la ciudad. Me parece que tener algo fuera de quito es necesario, siendo que acá un poco siente que la ciudad crece como una raíz, y eso implica que uno mismo empieza a tambalear al sentir las bases rotas, los brazos enrollándose en el cuello, es decir, a veces creyendo que la parte salvaje del campo no existe, dando solo paseos en bicicleta y oliendo la boñiga debajo de la cama, en las botas. De todas maneras las cosas parecían achicarse, y era como si los muros respiraran sobre uno, y como si los muros fueran la decoración de un día de reyes o un día para celebrar santos inocentes.

A veces se celebraba onomásticos y dos o tres cumpleaños y alguien llevaba una tarta preparada de manera artesanal, y también vasos plásticos, y también bebidas, y cola de naranja, pero siempre olvidaban las servilletas. En esas ocasiones algunos talleristas aprovechaban para darse a conocer, sobre todo aquellos que en clases mantenían silencios de asesino de masas o de tubo o probeta de ensayo. Aparecían los pseudo filósofos y sobre todo un puñado de comediantes que no parecían improvisados, tipos que debían estar en la teve pues sabían de memoria diálogos enteros de dibujos como los de cósmico, y algo de los plop del loco pájaro chileno. Entonces mientras la gente mordía la tarta, y algunos ya repitían, y algunos aún estaban fuera sin animarse a pasar, entonces, los comediantes pedían silencio y luego abrían los brazos como si fueran a echar a volar, ahí, en medio de la habiatación y luego estaban con eso de los niños tartosos, con eso de la isla para ocho personas, con un conde de callejón o no sé qué ocurrencias que nos tenían con los ojos grandes, y con las bocas como platos. También la gente comía en silencio, y quizás era comprensible que uno no estaba allí por la broma ni por el pastel, y quizás parecía que todo era circunstancial, eso que uno no atrae. Luego me venían a la mente frases y quizás era cierto que no teníamos idea de lo que hacíamos, dónde estábamos o quiénes éramos y eso era por aquello que había escrito un hombre de corbata azul, un tipo expulsado del centro, algo sobre el no saber ni conjugarse. Entonces, esa noche no estábamos, pero éramos o estábamos y no éramos, y quizás yo era uno y también dejaba estar en al otro o en lo otro, y me preguntaba si era conjugarse, si era posible estar sin ser. Los alumnos del centro no saben ni congujar el verbo ser. Supongo que hay que estar para luego dejar de ser. Luego el cumpleañero mordía la tarta, y luego lo tiramos por la ventana y al día siguiente se hablaba de lo bien que estuvo el día anterior y ya planeábamos el siguiente onomástico. Yo siempre respondía que el mío había pasado; nos tomaba dos días volver a ser los mismos, es decir, a jugar al mar, las olas, y de nuevo Sumo echaba por los auriculares a toda puta. 

Amigos de tarta, de caídas por la ventana y de chistes sobre arqueros pasados en merca.

A veces yo bajaba los escalones para ir un poco a fumar un marlboro y últimamente no lo hacía por sentir eso de la tensión y el cansancio; era cosa de disfrutar el alquitrán, la hoja de tabaco y la sensación de breve adrenalina, y en eso estaba, drogándome con cosas legales y desconectando todos los sensores como haciendo eso de resetear, estamos en mantenimientos, como con el sitio. Por lo general iba hasta el tercer piso y luego buscaba un lugar seguro, un lugar donde las personas no estaban detenidas o donde se cruzaba sin hacer demasiado caso. De necesitar una canción para ese momento, en medio de un piso y con hombres de casco amarillo alrededor, hubiera sido el discobabydisco de los corpiños a la madrugada. Un poco de misterio y mala leche, como si el cantante dijera no te acerques demasiado y como si en ese sitio estuvieran pasando las cosas que uno quiere que le pasen. De todos modos a veces el cigarro entre varios talleristas y a veces nos entusiasmaba hablar de las cosas que no habíamos hecho, y descubrimos que pocos se habían acostado con sus primos y primas, pero en realidad creo que jugábamos a ser tipos indeseables, al igual que las talleristas, menos talvés, un poco presumiendo de haber tocado una entrepierna, de haber besado una boca, y esas cosas, no sé si las decíamos para llenar un poco el tiempo o porque nos resultaban excesivamente graciosas, y siniestras; de hecho no parábamos de reír; quizás pensamos conocernos mejor hablando de nuestras cosas vergonzosas, tesoros y juguetes oxidados. Tesoros oxidados sería un título para un libro, título vendedor, y supongo en ese libro alguien explicará el valor de las cosas que nadie quiere mostrar y puede tener una serie de cuentos, sobre jóvenes que desaparecen sin dejar rastros y de cuyos amigos se presume su desaparición.

En medio de uno de esos pisos yo sentía que podía volverme humo y me gustaba esa sensación de no tener peso y un poco me disgustaba no sentirme importante, o valioso, pero igual me volvía pseudo invisible, y según yo, visitaba otras habitaciones y entraba en los ojos de otros talleristas y eso me hacía sentir importante, de un modo secreto, y creo que cada vez que encendía un cigarrilo era para entrar en las encías y para obligar a otros a tirarse por el gran agujero o por las ventanas.

El sol quemaba y el cielo anaranjado parecía un incendio. Uno también quería tocar con las manos la nubes o beber un poco de ese gas.

Cuando preguntó qué sucedía, yo solo alcancé a decir algo que había preparado dos o tres noches antes: he perdido la cabeza, la cabeza me permitía asociar las cosas y llevar un sombrero para no quemarme, ahora he perdido la cabeza y el sol se acerca a partir de las seis aeme. Era cierto, y nadie sabía bien como darme una mano, luego tuve que inventar cosas sobre la sordera, la ceguera y sobre los sentidos atrofiados e invité a que observaran unos vídeos de gusanos fuera de la tierra retorciéndose, y eso era casi como asistir a un laboratorio y un poco yo quería que todos llevásemos un microscopio. Mi cabeza no debía estar muy lejos y quizás yo la andaba perdiendo por puro gusto, para ejercitar la memoria antes de entrar en esas edades terminales, pero también era uno de mis vicios, desarmar y extraviar cada parte del cuerpo.

Quitarse la cabeza es sencillo y complejo a la vez, uno necesita otro cuerpo y una antena de recepción que puede ser un celular o el control remoto de un auto de juguete. Bastante básico, bastante cyberpunk y uno anda con ese aparato tapado, pegado, adherido en el cuerpo, y claro, si se mira con atención otro puede notar que uno ya es medio robot.

Quitarse la cabeza ayuda a pensar en menos cosas y a ser más libre, casi como el aterrizaje de una mosca sobre un plato con miel, y luego uno anda clavado en mitad del plato con las piernas o patas en los aires, agitándose, y con la boca llena de dulce y los ojos cerrados y eso es como si el muñeco de una torta de matrimonio fuera intencionalmente clavado en el tercer piso de la tarta, pero luego uno puede volver a hacer las cosas nada peligrosas de antes, pero necesita un disco de recuperación. Muy sencillo todo, nada que el DOS (deoese) no haya hecho antes.

/eresunmentiroso
//eresunmentiroso
//eresunmentiroso.dll

Mi cara brillaba como un monitor conectado a un sistema 386 de disco floppy.

Todo onda cyberpunk y al revés, o sea, viando de los 80 tas a los dos miles y de los dos miles a los ochentas.

Luego dijo eres un mentiroso.


1/2/14

televator

Alguien me estuvo preguntando que qué mierda andaba escuchando por esos días, y yo debí responder kyuss, o tame impala, o ikaracolt, pero dije lo primero que se me vino a la mente, y con una voz casi militar salió eso de The Mars Volta. Era verdad que no había dejado a esta banda, pero también al tenerla en el ipod la adelantaba, a no ser que fuera aegis, o quizás day of baphomets, que son temas con los que uno desearía ver el fin del mundo, esa gran llama violeta cuyo gas derrite o derretirá las rocas y los muros y volverá gas el mar. De todas maneras dije themarsvolta y pensé que la imagen de esos dos imbéciles, serviría para que M.B tenga un par de días para pensar en esas cosas, y en la música, y quizás también se anime un poco hasta dar con el trabajo solista de ambos, y quizás también con los filmes del mexicano. Recuerdo que esa banda tocó en santiagodechile y yo por esos años intentaba trabajar en la teve, y conseguía solo trabajos eventuales cargando cables y eso estaba bastante pesado, y bueno, pude hacerme con un par de entradas, y el show de los mars estuvo bien, y por momentos uno miraba algo que aún no existía, y esos momentos valían por todos los cables y los días que comería solo pasta y tomate, y todo era nuevo, y todos estábamos estáticos, y la música era otra cosa y todas las cosas al mismo tiempo, los volta juntaron ese día, y ya otros, en otras fechas, el siglo pasado, el que se fue, con el mundo que aún estaba por llegar; y en ese planeta el agua es roja, y los hombres y las mujeres están en varios lugares al mismo tiempo. Eso ocurrió en 2005, ahora la banda se ha separado, no existe, no gira, no toca. M.B dijo ah, de lujo, pero me pareció que solo era amable, y luego nos quedamos callados y no se preguntó nada más. 

Para no ponerme a llorar, busqué una cinta y por suerte alguien, quizás la tallerista chaleco nelson, había dejado su maleta y ahí encontramos cintas de liquid sound y algo de unida. Uno de ellos era el tercer album ouroborous y tenía dos o tres de esas "suites" interminables y luego estaba sonando el frances, la muda. Agradecí en silencio ser camarada de la tallerista chaleco nelson, y un poco me puse a pensar las tardes que pasábamos desnudos y tirados, tomando sol en mitad del campo. Recuerdo que llevábamos el trooper de mamá, y luego estábamos junto al río y las ropas en los asientos, y nosotros, no sé por qué torpes impulsos, recostados sobre el pasto, y quizás no habían personas cerca, o quizás no se atrevían a acercarse, pero en realidad estuvimos desnudos de frente al cielo, y la sensación de peligro y verguenza no se iba, pero al mismo tiempo, y tras convencerme que nada peligroso sucedería, creía que mi cuerpo se cargaba, como una inflamación, y extrañamente me sentía invulnerable, y de hecho quería que alguien viniera y practicaba eso de mirarlo a los ojos, y luego sonreía, y todo era hacer cosas sin sentido junto a chaleco nelson, que supongo anda por mardelplata o quizás por el estado de tabasco, no se sabe, ella a veces dice mevoyavolver y eso lleva uno, dos años.

Bueno, al sonar la cinta comprobé por qué eran tan buenos y si alguien pensaba lo contrario tendía que dedicarse a escuchar música concreta, quizás sonidos midi o esas canciones en los karaokes. Sonaban bien y luego dejé una nota junto a la cinta, decía nosotros no estamos. atte. mars

Luego estuve pensando que los volta habían inventado el mundo. Nosotros seguíamos siendo los egoístas de siempre y supliqué que no vuelvan a reunirse; tuve el tema hasta cuando me acosté y me alegré de que nadie los conociera, o quizás me alegraba de acostarme sin despedirme de nadie.

M.B miraba hacia algún sitio, pero yo no estaba muy seguro, y mejor intenté quedarme inmóvil o quizás dije algo y luego alguien fue a dejarnos en casa, recuerdo que pasamos frente a una estación de combustible puma, y las luces eran demasiado intensas y yo dije algo sobre como la luz difuminaba los bordes de los objetos, y creo que nadie me escuchaba y luego que hacían preguntas y que deseaban ir hacia calderón o hacia esmeraldas; yo pensaba ojalá los volta nunca más regresen pero estaba seguro de que así sería, porque esas cosas son predescibles, era como  ver a dos niños enojados, y también pensé que en unos meses estarían más enojados.

Luego estuve con varios temas de los volta en el ipod y la verdad parecía un tipo extraño, con los pies jugando a tocar la batería y con las manos agitándose en el aire, dentro de un autobus, eso fue un día que viajaba a latacunga. En realidad iba solo en el penúltimo asiento, y los asientos o espaldares eran tan altos que, visto desde la puerta, el interior del bus parecía vacío. Dos mujeres con lentes gruesos miraron, y creo que intentaban reconocerme, y yo también las miré, pero nunca las había visto en la ciudad y luego me resultaron absolutamente desconocidas. El haber dejado latacunga me había vuelto un poco como un turista, y eso no estaba mal, y además sin querer yo había alcanzado esa sensación de anonimato y bajo perfil que hace de la vida un placer o un acto prohibido, un acto por romper. Todos los días rostros nuevos a través de unas calles que eran las mismas desde hace décadas. Luego seguí jugando a que tocaba una batería invisible, y todo era acompañado por la velocidad del autobus que bajaba hacia Tambillo, que luego correría frente a Machachi como un maldito proyectil que volaría el peaje y por qué, no, al mismo Cotopaxi, cotopaxi con todo y cóndores y con las truchas azules que nadan dentro de chalupas; y eso era el vértigo, un licor que habían guardado en botellas diminutas que yo andaba bebiendo desde el 2004.

Un día Cedric me dijo que yo debía terminar las oraciones con un punto final. Esa madrugada estuve escuchando a dos equipos de fútbol cinco, y creo que habían llevado sus propias barras que animaban cada "jugada maestra". Eso era a las 2 o 2 y 30 de la mañana. Luego pensé que no era posible que la gente jugara al fútbol cinco hasta tan tarde, y al mirar a la ventana me pareció observar las luces de los reflectores, una luz intensa, o inmensa, blanca, como para iluminar el darksideof la luna y de paso filmar la odisea 2001. Luego dije que seguro estaba alucinando y que lo que escuchaba era parte de un sueño, y un poco y con algo de temor intente dormir, y creo que pasó media hora, y luego soñé que alguien me decía christian killer, y no era como si dijera que christian es un killer, no, decía, christian killer. En medio de la madrugada me puse a relacionar esas palabras con personas a las que había tratado, pensaba en alguien nuevo, quizás un o una tallerista de otro centro. Al día siguiente intenté hablar con G.D de aquel sueño, pero la contestadora dijo que era su día libre o que la llamara el jueves. Ojo, eso lo decía la contestadora, una voz eléctrica, y no ella, que pudo o no grabar el mensaje. Fue como llamar al servicio técnico del ietel.

Al día siguiente recibí algunos correos y entre ellos uno de G.D. Decía cosas sobre el trabajo, y también me había incluido unas fotografías, algo de su paso por sanmigueldelosbancos; en todas ellas sonreía, sería porque abrazaba a ernesto, su nuevoviejo, teamoodio novio. Como pensé que estaba,  intenté que respondiera sobre mis sueños christian killer; primero recibí un correo donde hablaba de tomarse tiempo, luego no escribió más y luego dijo ya regreso. Supuse que no podía hablarme y luego entendí por qué me había escrito y adjuntado esas fotos. Revisé otro correo y me pedían unas retenciones, el mensaje estaba marcado como urgente. Yo llevaba un tiempo haciendo fotografías para un ministerio y luego pensé que las fotos habían quedado bien, y al ver la fecha supuse que no era muy urgente. Luego G.D escribió que Guillermo buscaba a alguien libre. Lo pensé bien, y luego recordé que Guillermo trabajaba haciendo logos para empresas, dibuja o muere era, algo así como su lema, y a veces necesitaba fotógrafos y también contrataba sin preguntar. Luego lo llamé pero conectó con el buzón de mensajes; luego colgué el aparato y luego también olvidé eso de asesino de cristianos.

Al día siguiente estuve yendo al centro, y muchas caras se volvían para mirarme, y era extraño, en todos los rostros reconocía a alguien; saludaba, y ellos me miraban desconfiados, bueno, luego de pensarlo, algunos contestaban mi saludo y creo que regresamos unos siglos atrás, y solo faltaba que las campanas sonaran al mismo tiempo. Pensé que tanta campana en tanta iglesia podría activar las fallas sobre las que crecía la ciudad, y quizás un volcán podía encenderse. En el estacionamiento habían dos hombres, pero no parecían tener prisa, eran quizás las cinco. Algunos funcionarios llevaban varios días infiltrados en los centros, y en los normales, un poco mirando el día a día y planificando y transcribiendo lo que debía reemplazarse. Entrar al centro era como comerse un pan, cualquiera pasaba por autoridad, bastaba llevar traje y corbata azul o traje y corbata roja. También sucedía que nadie hacía preguntas, y era como si los guardias tuvieran orden de preguntarlo todo, pero también como si por experiencia, hubieran decidido no hacerlo, como si saber no cambiara las cosas.  Así estábamos todos, dormíamos con el enemigo.

Luego rodé por los escalones. Sobre los hombros de alguien observé las cámaras del circuito cerrado; las cámaras parecían seguir los movimientos de los autos. También vi un borde, y unos pies, supuse era la acera. Luego esperamos en una esquina la luz verde.

Eres un mentiroso