28/3/15

Hundir la almohada



Ya no pude tomar whisky y más bien abrí bastante el grifo pero la garrafa estaba vacía. Me quedé observando el cristal y como que cada vez aparecían muchas más marcas y como que unos labios estaban pintados en los bordes tanto por dentro como por fuera. Así estuve, con la mano apoyada en el mesón y con los dedos sobre el grifo y subiendo y bajando la pequeña mariposa a ver si lograba dejarla en el medio; no caía agua, el mesón tenía los orificios y las marcas de las cosas pesadas que ya no estaban y no tenía mucha voluntad para ir hacia ningún lado.

Levanté una de las jarras llenas con agua y dejé que el cristal cambiara temporalmente de forma y casi como una fuente pero luego como un simple vaso con agua y la garganta lo tragaba como un volumen o como un pan que desaparecía muy pronto.

Como un puñado de agua que desaparece bien pronto.

Seguí apoyado y mirando al otro lado del cristal; sería una mañana oscura y posiblemente sin una sola gota de luz solar y apenas andamos por abril. Alguien ha enviado un calendario por correo, una costumbre que empezaba a olvidar, y el calendario tiene como modelo a un bebé. Es un bebé gordo y muy redondo y tiene además los cabellos ensortijados, y su cabeza parece más bien una pequeña coliflor. En los primeros meses está recostado sobre mantas brillantes y siempre mira a cámara como si supiera que lo están mimando. Un par de meses más adelante ya está sentado y de nuevo mira a cámara y también se mete los dedos a la boca; parece que su boca quisiera mantenerlos allí, pero también luce como si su mano quisiera escapar. El bebé sigue siendo grande y corpulento y con su cabeza de coliflor de un cabello oscuro y sus ojos de juguetería. Me dan ganas o fuerzas como para dejar de observarlo pero algo me obliga a llegar al último mes.

El calendario debe medir medio metro por treinta y cinco y sus láminas están espiraladas.

Entre cada mes hay una lámina de un papel semitransparente que los divide; creo que ese papel se llamaba papel tela de araña, y deja pasar la luz y es ligero y parece también un papel hecho o más bien una cortina.

Luego busco un martillo y un pequeño clavo pero solo encuentro una escuadra de acero y una cinta métrica, pero hay otros cajones cancelados en los cuales no puedo observar. Por suerte hay un clavo sin utilizar justo en una columna; colgado el calendario saluda o queda mirando hacia un cuadro (un grabado en bronce) de la última cena, y es como si ese bebé fuera un pequeño Jesús al que todos intentan mimar, y el Jesús del grabado fuera ese bebé con el cabello largo y ya con solo unos cuantos días (horas) de vida.

Lo bueno es que ambos se observan en algún punto, y lo bueno es que tanto el uno sabe lo que sucederá y el otro no parece preocupado.

Como si ambos vinieran o fueran desde y hacia el mismo sitio.
Como si el uno llegara y el otro se fuera a volver.

El último mes el bebé lleva un traje rojo, a la manera de Santa, y el sombrero se tuerce hacia unos papeles encerados y parece que ese fue su primer cumpleaños. Los papeles encerados envolvían un peluche o un pequeño buey que lleva un sombrero marrón y unas gafas redondas; un peluche en realidad muy mono y que más bien parece una figura para guardar y cuidar. Hay muchas luces o colores brillantes y al fondo una luz encendida, una bombilla amarilla que ilumina un muro o quizá el fondo de un departamento. Se observa un papel tapiz verde, un verde ciénaga y bajo el brillo de la bombillas adquiere un tono decadente, como si por ese lado o detrás de ese muro viviera una persona adulta, un adulto que no puede moverse, o una pareja o unos hermanos lánguidos y de piel cenicienta, que mira tevé y se disfraza como la gente de las películas, no sé, con trajes de terciopelo o con felpas y pies gigantes, y como si disfrazándose pudieran olvidar por un tiempo la miseria, la culpa, la falta de ánimo y voluntad y los cuerpos carcomidos por los problemas respiratorios.

Como si debajo de unas cabezas gigantes se encontrara el tratamiento para olvidar los incestos.

Hay papel doblado en los bolsillos de mis pantalones; el papel parece llevar mucho tiempo allí y apenas sacarlo deja o suelta cientos de partículas y es como quitar el polvo de una superficie y me veo con la nariz corriendo hacia cualquier sitio pero nunca parece estar a salvo, es como si cada partícula ya entrara, y como si diera un par de vueltas hasta salir por el otro lado.
Automáticamente limpio mi rostro con un pedazo de toalla que encuentro colgada detrás de la puerta. Me quedo con el rostro hundido y así hasta exhalar e inhalar varias veces, muchas, como si acabara de dormir.

26/3/15

Merienda en lo del tío



El gato intenta hacerme bajar; seguro mañana encuentro sus restos entre las plantas y además deberé buscar una pala y colocarme algo plástico en las manos. El gato hace varias mauuu y su voz es bastante desagradable. Yo también siento algo de incomodidad y posiblemente se debe a mi falta de voluntad para levantarme o para dejar la cama. Es como si después de haber tomado un par de decisiones ya nada fuera lo suficientemente importante como para cambiar. Veo hacia un lado de mi escritorio y toda la cinta que he usado para parchar las partes que empiezan a desprenderse cuelga como cables pelados. Cuando quisieron votarlo llamé una camioneta y también los hombres de limpia me dejaron dos sillones con los cojines en excelente estado; mi cuerpo se hunde en ellos pero logro que la espalda siga erguida, y a veces mantengo esta postura por algunas horas. Tuve que cambiar el orden de mi habitación y aunque era solo un sitio para descanso y un par de lecturas, (los libros a veces esperan debajo de las toallas húmedas) ahora luce y ya es un centro, una oficina.

Me queda instalar un teléfono para darle ese toque de siglo XX, sin embargo no he recibido visitas.

Si lo imaginara, diría que distribuyo libros para niños. 
-Cuál desea? El último de Goldimmer?

Mis dedos corren sobre el teclado como en los viejos tiempos con eso de las películas de Arreola y Olivetti. Faltan los bastoncillos y luego los martillos cayendo firmes sobre el papel. El papel debería funcionar de ambos lados, pero las marcas profundas a veces ocupan ambas caras. En la hoja hay letras y sobre todo puntuaciones y cada signo equivale a un lugar desconocido; más o menos una tilde es la superficie donde aterrizaría un cosmonauta; los dos puntos el agujero o el ícono para indicar una mira y un cañón. Es ideal mostrar cada uno de estos movimientos a fin de tener un modo y un mapa, ya pienso en un regreso que sería como caminar sobre lo poco, los contados párrafos y siempre cuidando de no caer entre una palabra y otra.

Cada vez que abro esta oficina algo queda en segundo plano; algo que antes era necesario luego se vuelve casi inútil, y ya ocupa una esquina o va a parar dentro de una gaveta. Si pudiera abriría esas gavetas con el poder invisible de la mitad de la frente, y con esos objetos levitando haría una especie de bola o un acero comprimido, cualquier cosa, algo que pierda su forma y dimensión hasta ser del tamaño de una naranjilla. Debo instalar un interruptor y debo colocar un vaso de cristal sobre su base y su motor y lograr que mis futuros clientes crean que elaboro jugos artificiales a base de materiales que no existen.

Debería hacer un póster con las bolas metálicas del tamaño de naranjillas dentro del vaso del cristal.  

En una secuencia posterior el acero sería miles de esquirlas junto al cristal roto como un globo.

Ese póster sería muy dramático, como si todo saltara hacia el espectador.

Llama Adriana, pero al contestar dice ser Carolina. Le explico que nada es como ella cree. Deja de insistir, pero luego me cuenta que esta noche va a soñar con una montaña y una llama en la mitad, en el centro de la montaña. Casi balbuceando explico que las montañas son azules y así haya un fogón en el centro, nunca, nunca van a dejar de ser azules. Espero tu réplica, tu felicitación; cuando cuelgo me doy cuenta que todos los teléfonos están descolgados.

Llama Adriana, pero al contestar ya no habla. Debes dejar de hacerme creer que estás allí, debes demostrarme que estás allí y nunca más en otro sitio, al mismo tiempo, solo allí y nunca más en otro sitio, quédate allí, allí quieres estar. Casi balbuceando me explico que debo dar doce pasos hacia atrás y advertirme de mis propias bitácoras. Casi deseo que aún no estén escritas pero es como dar tumbos hacia adelante y hacia atrás, y necesariamente me mantendré en ese péndulo aunque también pueda que me detenga en el punto más cercano al suelo. Ya me veo colgando los brazos e intentando agarrar algo de yerba o de quicuyo para caer y recostarme sobre algo firme.

A veces uno se acostumbra a dormir sobre las costillas y sobre la cadera y es como dormir sabiendo que no hay otra opción que esperar termine el día.

Un día plano lo deja a uno incapaz de mover la mitad de los muebles; cambia de sitios a partir de las tres pero la mitad de los muebles parece atornillada o pegada para siempre.

A esa hora no hay martillos, a esa hora la noche está hecha de varias noches. 


Tuve que guardar mucho, mucho silencio. No sé de dónde vino y menos cómo entró pero ocupaba la mitad de la cama. Siempre lo hace, y siempre me explica las mismas cosas, como si apenas fuera nuestro primer año juntos, como si apenas supiéramos que disfrutamos de hablar o murmurar. De eso se llena la madrugada. No puedo dormir, no te voy a dejar dormir, no sé qué me pasa, tú debes buscar una respuesta. En realidad coloco mis manos alrededor de su cintura y hago como si de ese modo fuera quitándole la respiración; supongo que funciona pues ya es solo un bulto con algo de pulso y además puedo sentir su carne más suave, como si ahora ya reposara.


En algún momento despierto de nuevo y la encuentro encima, como si yo fuera un caballo de juguete y sus ojos observan y creo que deciden encontrar algo que realmente la hacen feliz; eso que uno ve en sueños pero que obligadamente debe hallar mientras está despierto. Supongo que por eso me deja dormir en paz y antes de levantarse y antes de meterse en la otra cama parece que dijera algo, como si pidiera disculpas. Eso pudo ser cierto pero también supongo parte de las cosas que ella desea poner dentro, como si necesitara que creyera incluso que nada de eso sucede. Supongo que más bien es un pretexto para llevarse mis pantalones y luego sacar mi agenda y darse al fin tiempo para revisar con quién he salido, a quién he llamado, y quizá y a pesar de la hora marca números solo para escuchar la voz de los nombres desconocidos o quizá los copia con apuro en una hoja. Seguro lo hace sentada de espaldas a la puerta y con los muslos desnudos en medio de la habitación y a esa hora en que el frío es una nube de cristales.

Todo debido a nuestro encuentro nada planificado y sobre todo por el tiempo, por eso de volvernos a ver así, tan de repente.

Cuando pregunto que qué haces, ella parece volver, parece asustada pero no tarda en encontrar una expresión que la satisfaga y que me responda más cosas de las que pregunto.

Bien vista y debajo de esas luces blancas, y gracias a la cortina que parece una extensión de su cabello tengo la extraña sensación de estar con otras personas, e incluso con personas que ocupan las habitaciones en las que casi nunca entramos. De espaldas ella resulta un ser doble, y yo la presa que debe ser decapitada. No está mal, aún me agrada la idea de no regresar nunca más y existe algo de noble en eso de entregarse de modo absoluto, ya dejando que otro dirija eso que uno llama voluntad. Al dormir en esa cama me entrego a la idea de no despertar nunca más. A veces cierro fuertemente los ojos para no tener que abrirlos cuando el hacha o el yunque caiga sobre mi nuca. A veces pienso que primero recibiré su puño en mitad del rostro, luego sé que respiraré con trabajo y reiré satisfecho.

Las noches empiezan así, pero luego uno olvida cada tontería y cada pretexto para volverse mártir.

Uno vive encantando por ese nombre y esa estatua en algún lugar de la noche.

Aún en sueños percibo olores y cosas que sol ocurren en medio de la casa; a veces en los patios; carnes, cervezas, el humo, al madera ardiendo o los ojos hinchados por el carbón. Un gusto fuerte a aceite y pimienta parece salir de los dedos, y sucede que el cuello se dobla hacia un lado por el peso, como si estuviera embadurnado. Todo es breve, no toma más que unos segundos para intentar quitarse todas estas sensaciones de encima, allí otro yo parece saltar y dar brincos para sacudirse el peso y aligerarse y sobre todo sentirse bien. Ese otro yo se restriega pero antes se acerca a otros invitados y como un gato usa los hombros y la espalda, los otros se dejan hacer. Eso es lo maravilloso de un sueño que no tiene mucha lógica, que hayan tipos a los que pueda uno usar como se usa un par de servilletas; que todos parezcan conectados y prevenidos para no oponerse a que sucedan estas cosas.

Estuve en el museo viendo una exposición sobre Leopoldo Pómes, y la verdad vine encantado de sus rostros como esquinas y sus mujeres que parecen no estar dobladas o acuclilladas, sino, como si fueran un balcón o una escalera sacada de los muros de un edificio; en especial de una rubia que miraba desde el segundo o tercer escalón de una escalera que bajaba en espiral, y que encuadrada de ese modo me decía que se iba a regresar, que bajaba por un instante, o un tiempo indeterminado de su pedestal. Eso creí, al verla fotografiada casi en cenital, y con esa sonrisa que intentaba decirnos a todos: tranquilos, todo va estar bien, conozco el camino de regreso. Por suerte Pomés tuvo el buen gusto de colocar a una persona que no era muy alta y que no daba la sensación de estar más bien cerca de caer, como si en cualquier momento estuviera por doblarse o derrumbarse hacia uno de los costados de la escalera en espiral, más bien como si nos mimara, como si mimara a su público y nada de ideas de un porvenir, de un plan oculto que no dejaría heridos. La modelo de la fotografía se llamaba o aún se llama Estefía Space, suena más a un alias artístico, y la fotografía pertenece a una serie de otras once imágenes de mujeres que dejan algo y circunscriben una actividad, como si se agrandaran o empequeñecieran para entrar o salir de sí mismas, siendo siempre, o viéndose siempre como las mismas.

Creo que la serie se llamaba Leyendas del Flashback.

Creo haberla visto un domingo en una sala llamada La Pedrera; entre otras opciones era comprar conos helados y sentarnos cerca del río, o sostener una de esas charlas de las que uno u otro siempre sale insatisfecho.

Por bromear dije que debíamos jugar a charlar con los helados. Si no, yo podía ser uno de mora y tú debías convencerme para dejar que me lamas.
 

7/3/15

Intervención

Escucho insistentemente lo de zipi zipi zipi zipi, y los dizing dizing dizing de uno de los discos del loco de primus, y la verdad que sucede, y sigue sucediendo durante dos o más horas, y quizá y eso desde apenas y despertar. Indudablemente es señal de que todo está muy muy mal, así como que todo está en su lugar.

La primera vez que intenté preguntar al respecto fue como lo de hablar de cosas que no existen, pero esas y otras cosas y además mucho más extraño y con muchas más lecciones y lo de los mensajes y las reflexiones y las enseñanzas o la filosofía con los finales. Su rostro era el de un globo que empezaba a desinflarse, y realmente sentí el peso y la responsabilidad, y algo, al mismo tiempo como una luz pero también o además como una profunda profunda histeria. De nada servía intentar mostrar algo de lo que ocupaba el interior, más bien como que no era buen-el mejor momento.

Recuerdo que más bien fui dirigido hacia otras personas, y hacia otros caminos mucho más amplios o mucho más concurridos. Al parecer el buen modo de tranquilizar ese interior dado vueltas era juntarlo en los sitios visitados, eso de ser atravesado o derramado por la goma del tiempo, de una supuesta tradición como salir cada mañana a trotar o como esperar a que sea la una antes de sentarse y levantar la mano para ir a almorzar. De modo que ya estuve siendo abordado y casi que debí volverme una estatua, más bien obligarme a serlo. Sin decir nombres, las cosas como que ya no le pertenecían a nada ni nadie, como que todo estaba allí, y también después y también desde mucho antes.

Me daba ganas de salir corriendo cada que recordaba, y eso era casi a diario, y nada bueno puede resultar de algo que se vuelve repetitivo y sobre todo no buscado. Terminar el día, soñar las siguientes horas, despertar con un rostro en la mitad de la frente y detrás de ella, y volver a caminar como si en realidad el suelo fuera el que se desplazara. Solo así se puede comprender esa imposibilidad de volver o de acercarse a los patios y las canchas de la cuadra cercana. Solo así creo entender que debo buscar de nuevo las luces que nunca dejan de encenderse y apagarse y mirar de cerca hasta que uno de los números sea absolutamente claro.

Osram es luz, es tecnología, Osram.

Cada vez que primus suena seguro y algo está por desaparecer. Cada vez que algo desaparece, inevitablemente se guarda o ya ocupa uno de mis veladores, uno de mis bolsillos o incluso uno de mis brazos. En realidad desaparece hasta ser algo, eso, y para intervenirlo.

15/2/15

yokonomástico

Hoy, 25 de enero de 1994, he decidido visitar las otras habitaciones pues cada vez que avanzo hacia la terraza, soy sorprendido por la luz o lo de la puerta entornada de alguna de estas. 

Por cierto, y antes de hacer aquello de dibujar los números redondos y las bases del dos, del veinte y dos y del doscientos veinte y dos (porque si no dibujo bien esas bases los números van a caerse hacia un lado), empiezo a levantarme de la silla y como que me voy yendo, o como que me voy acercando con la cabeza echada hacia adelante, y ya con la parte más expuesta, la coronilla, toco la cortina, y los rayos de 5000 kelvin o quizá casi 7000 me llenan los poros y las letras y casi todo es medio fosforescente y arde, y arde como si uno avanzara en forma de proyectil caliente y sobre todo como sobre un burro de planchar.

La cortina hace uzzz, y las llamas dejan tres líneas oscuras en el techo.

La primera tiene un aspeto de centro de capacitaciones, y todo con eso de los pupitres recién pintados y con aquello de las cortinas que dejan pasar la luz pero como si lo hicieran a regañadientes. Eso sí, los picaportes brillan y uno amagando que se lo lleva en el bolsillo. La siguiente habitación está desmantelada, pero en realidad toma cierto trabajo lo de empujar la puerta, hacerlo dejando que las alfombras como que van de nuevo pegándose al suelo que queda bajo el semicírculo que hace la puerta, dentro varias cajas y además un sofá de pie; la pared llena de cosas y de estantes vacíos, como llena y vacía y como usada pero también como si no estuviere lista.

Dentro del pantalón y junto a la pierna derecha cuelga una regla de aluminio y de un lado tiene centímetros y del otro pulgadas, y debe haber estado mucho, mucho tiempo allí, y mucho tiempo desde la última vez que lo recordé o que intenté recordar porque ambos lados estaban tibios, y casi que la regla de aumnio empezaba a doblarse y a querer tomar la forma del muslo, una cosa que ya nunca más iba a servir para trazar líneas rectas ni mucho menos para tratar de ser un arquitecto pero lo de las fachadas y las fotos de los edificios ya quedarían para otros horarios. Al bajar sentí que algo se clavaba en la rodilla pero hice como que con jesui no era la cosa.

La tercera es una habitación en forma de revólver como en aquella que vivía don Ruales Hualca, aquella que tenía la cocina por gatillo y una ducha por martillo. De manera novedosa y casi inocente esta habitación parece hermética y casi que uno olvida que fuera está una estación de combustibles puma, y apenas nos llegan los rumores, eso de brom y lo de los brum. En esta habitación tengo ganas de echarme unas cuantas horitas al sobre. La siguiente tiene un olor terrible y además parece la escena de un crimen por resolver, y eso alcanzo a ver sin meter la cabeza, solo al mirar por entre un espacio vertical entre el muro y la hoja de la puerta pero todo alcanza o como que algo dice no te acerques, y yo bien mandado cojo mis cosas y sigo recto como quien no quiere la cosa y al llegar al pasillo y antes de tomar las gradas al quinto piso me observo reflejado en un cristal todo bien limpio, y la verdad me encuentro tantos defectos y la barriga como hinchado y me digo pero diciéndoselo a Marcela, Marcela, deja el voodú en paz.

Me dio por llamarme teresa gibbons y luego era kim gibbons pero me gustaba más cuando teresa maddler me llamaba betty gordon. Su voz siempre calmando el final y el inicio de la luz oscura que en estas épocas o en 1994 solía empezar y llenarlo todo tipo 18 y 43 pm. Quizá eso era lo que mantenía mis rodillas completas, con lo de andar gritando y aceptando que quería saber algo más, Iwannanow, pero al mismo tiempo sin rasguños, todo amparado y bajo el brazo de la confesión.

Luego eran un par de años y además siempre quedarían nuestras magníficas fotografías y los cientos de álbumes en casa de algun conocido. Nos llenaban el rostro y ya la noche con bombillas y destellos y uno solo sabía poner cara de roto.

Nos quedan las canciones rotas de palabras rotas.

La siguientes habitación huele a pedos y a medicinas, pero allí se atiende a receptores y beneficiarios del almanaque municipal y de un modo siento que más o menos me voy acercando, como que me voy hallando un sitio. Allí suenan varios teléfonos a la vez y a pesar de escuchar los movimientos de cuerpos o de personas luego todo queda en silencio. El reloj marca las doce y treinta y ocho. Entro un poco más solo para intencionamente toparme con una licenciada o uno de esos mugrosos hombres de bolígrafo parker en las solapas y la verdad hay escritorios y muchas fotografías debajo de los cristales. 

Lo que queda es sentirse ok, así ella esté hablando de sus sterlings.
Lo que queda es sentirse felling better.

Al salir  y tras regresar me topo con una persona en la entrada y resulta que era alguien muy cercano a mis padres. Tenemos tiempo, adivinaré digo; miro hacia el cristal y los cuerpos avanzan recortados y luego alguien deja en la mesa un vaso lleno de un jugo amarillo.

Tras esos días se me antoja no abrir los ojos y de así suceden un par de horas y mientras la calle se llena de rums y de brums. Luego hay gente corriendo sobre las aceras y el picaporte gigante de la casa de alado se abre varias veces. Una o dos veces al día sale un pequeño jeep y otras tantas se escucha el ulular de un viejo wolkswagen. Todo eso mientras yo respiro y luego exhalo por la boca imaginando que disparo o como que le apunto al techo, y que mis bocanadas o mi aliento luego va llenando los espacios y luego en realidad es una nube la que me cubre, y la intuyo entre blanca y gris.

Al ponerme de lado el resorte como que entra hacia las costillas y también me apuro a creer que es mi terapia de quince minutos. En la esquina han abierto gran salón y a veces el aire se enrarece y a veces al medio día ya no tengo ganas de alimentarme. Lo de cerrar bien los ojos es como forma de no quemarme con el sol, el sol a las diez pega tan fuerte que uno empieza a andar con las manos y los brazos por delante. Me gusta creer que en estas horas de descanso recupero años y sobre todo guardo minerales para otras doce décadas más. Luego escucho un coche de supermercando saltando sobre las imperfecciones de la acera.



23/11/14

andar en hugo, andar en paco, y andar en luis

Estaba dudando demasiado y cuando las cosas se ponen de ese tamaño uno ya empieza a caerse muy mal a sí mismo. Como no deseaba cargar conmigo mismo fui por un poco de velocet. Antes tomé el auto de mamá pero antes tuve que ponerla a dormir y para eso le conté tantas cosas enumerándolas desde el momento mismo que había despertado; eso del sueño extraño, eso de tener que mirar varias veces por la ventana en ese momento en que los demás aún dormían, tuve que inventar cosas que ni yo mismo sabía que cargaba, o sea, usarme y contarme cada pulso. Perdí la memoria pero luego estuve solo en medio de los sillones con piel de elefante y más bien fui por algo de ropa y luego estuve mirándome al espejo pues debía verme distinto antes de salir.

Verse distinto es cada vez más sencillo y cada vez uno debe solo dedicarse a incorpar cosas tan inútiles o incluso basta con dejar de mover la boca, algo así a como moverse desde adentro, moverse de ese modo es extraño pues resulta que uno encuentra una geografía al parecer desabitada hecha de grasas o tendones o acaso flujos que al parecerecorren cada centímetro entre hueso y estática, y uno acaso ya sabe que es mejor y empezar a rendir culto y sobre a respetar esos nuevos componentes. Así estuve dejando que el O2 llene y desinfle y de nuevo como brincando del suelo.
Luego ya tuve mis pies dentro de los cueros y casi que sostenía unas llaves en las manos.

Luego un día fue un día; salir desde el patio haciendo chuc chuc, pero del otro lado y solo al cruzar la calle y antes mirando a mabos lados por aquello de la velocidad; pero solo de ese modo, y del otro lado cruzando la calle y eso de mirar antes a ambos lados, un pequeño muro y hay muros pero este además tenía las rocas a la vista y uno con ganas de salir bastante RuMMM hacia la roca y hacia la puerta oscura y ya a centímetros detener y hacer ring ring. Lo malo y quizá debido a eso de bajar antes y antes abrir la compuerta, y lo malo tener que ponerse de puntillas y luego descubrir que el pulsador está muy muy lejos. Un pulsador suele ser un interruptor de material acrílico que regresa luego de ser utilizado, un cable permite que las cosas se vuelvan hacia cada centímetro.

Lo malo es que antes debí revisar cada centímetro del garage. Revisarlo antes pues cada día lo ocupa un auto distinto. Quizá hoy sea un día distinto durante las 24 horas y sí a 24 se lo divide para dos uno puede creer que pronto y deberá contratar a una especie de persona que puede dividirse por uno y esa persona sería uno mismo pero uno mismo dividido por 24. Andar suelto en varios momentos y en varios individios es bastante, bastante polémico. Polémico e inesperado. Cada uno anda de un sitio a otro y casi sin un mapa o una ruta establecida. de ese modo imagino que más bien conviene andar en uno mismo pero de a tres o más bien como si ya nos llamásemos, hugo, paco y luis. Así fue, lo recuerdo porque ésta mañana nos vi a nosotros tres en uno de los nuevos canales, quizá el 7 que además acaba o está cumpliendo siete años (han pasado tan pronto); nos vi manejando una avioneta o una cesna y en realidad debíamos cuidar de nuestro tío mayor que es único (único tío y único en todo lo que intenta hacer) y cuidándolo pues andaba metido como representante de una cámara de abogados o empresarios, no lo sé, y quizá parte de su labor y trabajo eventual consisitía en viajar hacia una ciudad  representar a la cámara. Lo hacía sobre las alas de un avión un poco más alto y llevaba sus patines de cuatro ruedas paralelas y era muy peligroso, pues el viento podía derribarlo. Hugo dijo que más bien nos acercábamos, mientras Luis con eso de atarse hacia una cuerda que al parecer cargaban en las alforjas.
Como aún tenía mucho mucho sueño volví a apagar el equipo.

18/11/14

enanorata muere o hay pala; usa tus sábados y regresa a la misma hora

He comprado cosas que no sé dónde colocarlas aún, por ejemplo una silla va junto a una mesa y una mesa provoca sombra sobre el suelo y si uno mira desde abajo encuentra formas y masillas debajo. En realidad pienso que debería hacer un gran esfuerzo para colocar o para vestir una mesa; no estoy muy seguro si los brazos deberían entrar en las patas y si es así, bien podría manterner la boca bien abierta y eso y como si se tratase de un cenicero, suponiendo que al vestir la mesa mi cabeza saliera por la mitad del tablero. Es importante notar que una mesa debe descansar y sobre todo llenar una habitación.

Lo hice un día sábado, fue justo al bajar del tranvía llamado tenga sesenta de cambio y justo tras caminar de espaldas hacia el fin de la quebrada. Una quebrada es un sitio rodeado por montaña y por casas que intentan ser edificios; y cada tanto uno va escupiendo hacia arriba y pegándole a las terrazas y sobre todo al edificio de la madrid donde se supone vivía mickey. mickey amaba bajar para luego darse contra las calles llenas de piedra; pero esta vez mickey debe haber tomado sus cosas o quizá y fue a retirarlas justo después de lo de holanda, país donde inicó con eso de la química y la alteración de aminoácidos. Fue un sábado y tras escupir hacia la autopista me detuve frente a Rolinda, y Rolinda estaba advertida y supongo era una de las primeras ocasiones, eso de salir cada tanto y en plan "salgo con plan". Rolinda accedió y estuvo de acuerdo en representar durante algunas horas uno de sus papeles nuevos principales. Ya bajábamos y tras mirar la cantidad de puestos y la gente alrededor dije, oye, ya sabes, hay que mostrar verosimilitud. Cada grupo y cada tanto hacía las preguntas, y los dos con ese ánimo de tomar las cosas para luego dejarlas en el mismo sitio pero, allí pero en otro sitio, o en el mismo sitio pero de otro lado, y así mirábamos que el resto detrás de sus mesas (y sobre todo retirándose las mantas) se obligaban más o menos a ordenar las cosas; uno y los dos con los ánimos de dejar cada cosa en otro sitio y de otro lado, y así hasta llegar al sitio marcado en nuestro mapa. Sabe, uno puede pasarse el resto del sábado y en realidad todo el sábado tomando las cosas o amagando con respuestas o intentando mejorar los precios como si se tratara de un o una pareja de compradores con calle y con eso de la experiencia de pedir que lo números se hagan más chicos. Recuerdo al asqueroso del niño rata, un pequeño esqueleto con los pañuelos atados al cuello como si acaso fuera parte de un grupo de pequeños enfermos o acaso como si se tratara de un sitio u objeto al cual y mejor no se lo debe tocar; eso y el niño rata llevaba los días girando junto a nuestros paradas y estaciones, y ya su rostro estaba pintado de la asquerosa barba que no le restaba infancia a sus gestos, gestos de "soy el niño rata y nada me hace feliz y nada me provoca dicha"; recuerdo que lo vendí en Guayaquil como buen feudal esclavista y sin embargo sus patrones lo dejaban trabajando en el mismo centro de informaciones; ahora lo observo y me lo encuentro y al mirarlo digo, hola niño rata, recuerda que soy el gato y me dan ganas de masticarte las patas. Pero además recuerdo que lo vendí y sin siquiera nombrarlo o caracterizarlo, fue suficiente con decir que acaso serviría en cualquier sitio, en cualquier rol y fue solo decirlo pero decirlo creyéndolo, es decir, sabiendo que así iba a ser.

Tomaba de su boca grasosa, y la grasa nuestra serviría para días de vacaciones pagadas y aún así tenemos que ocupar uno o dos sitios y salir cada tanto en busca de un grifo o un manantial con agua fresca; y ambos caminabamos sin separarnos, y la gente debía hacerse a un lado cada vez que nos veía acercarnos pues las veredas resultaban chicas; las veredas pero frente a las cocinas de barro la cosa era opuesta; y para asustarme quise decir: mira como salimos de la cocinita, pero más bien como que si apenas nos tocábamos o apenas si nos comunicábamos usando la respiración, y de ese modo dejamos cada una de la cocinitas, y las vasijas y las planchitas de barro dadas vuelta o con la boca hacia la mesa; todo costaba lo mismo y cada objeto diminuto pintado con verdadero trabajo y del mismo modo y todo tan distinto, todo nuevo o acaso único.

Me dio por tirar un par de cosas y Rolinda con el ROLROL, o eso de reirse como si no hubiera motivo; y ya todos mirándonos trepar el sábado, todos con el cuerpo hacia abajo y los rostros hacia el sol, sol de sábado y el mundo entero dentro del plomo y de la pintura acrílica, y quizá eran las doce, y quizá debía más de lo que podía pagar, pero acaso uno debe mirar y volver al sitio que llena los libros y del cual se habla en los libros de traducción. En realidad bajando desde el martes a las 17; ya buscando el número para perdirle salir el sábado, que todo con el fin de desesperar un poco antes de que llegue mayo.

9/11/14

some hours reserve

Uno de esos días las cosas al fin se habían detenido. Pero duró menos de ocho horas y quizá a las 10 u once ya todo estaba retomando los sitios y retomando las cosas desde donde habían quedado antes de aquello de caminar e inflar lo del hule. El hule había desaparecido, quizá y si uno miraba con atención hacia las nubes y quizá y ya podía hallar los jirones aún elevándose, y todo aquello como dirigiéndose hacia el elsol. Abajo las mandíbulas se abrían con demasiada precisión y demasiado volumen y cada vereda estaba llena de grrr y guauu y seguro y era el bóxer de los robles pero también se escuchaban como si rayaran el piso y la calzada con las largas garras, como si acaso los grrr intentaran cavar para dejar allí los fémures y las alas de huesos huecos.

Estaba muy cerca de estornudar y tuve que colocar las manos sobre los labios, y el alma es una cosa tibia y húmeda y casi que sentí como si fuera un montón de mocos que intentaban pegarse al vidrio y de allí hasta la ropa que colgaba en la casa del frente. Quizá y eso y para al fin vestir o vestirse sobre alguien más, quizá con eso y como pretexto para salir a dar unas cuantas vueltas, y sobre todo aprovechando que el sol duraría más de lo que normalmente se pronostica. Ya era un buen momento para estar en cualquier sitio, de a pie o quizá tras de un volante y luego también dándole suave al pedal pero también sobre los cien; un poco y dejando espacio en las alforjas para cargar con el discipline de los crimson. Eso, pero sobre todo para cargar con una botella abundante de h2. Pero no pasó, las manos ya eran cera detenida y la cera bajo el calor puede volverse algo que nunca más será lo que fue una vez. Más bien y al cerrar las cortinas el ruido dejó de llenar; luego sonó un ri ring. Supongo que cada tanto uno de los tramos como que esperaba el paso, o como que permitía el turno de la calle transversal.