Uno de esos días las cosas al fin se habían detenido. Pero duró menos de ocho horas y quizá a las 10 u once ya todo estaba retomando los sitios y retomando las cosas desde donde habían quedado antes de aquello de caminar e inflar lo del hule. El hule había desaparecido, quizá y si uno miraba con atención hacia las nubes y quizá y ya podía hallar los jirones aún elevándose, y todo aquello como dirigiéndose hacia el elsol. Abajo las mandíbulas se abrían con demasiada precisión y demasiado volumen y cada vereda estaba llena de grrr y guauu y seguro y era el bóxer de los robles pero también se escuchaban como si rayaran el piso y la calzada con las largas garras, como si acaso los grrr intentaran cavar para dejar allí los fémures y las alas de huesos huecos.
Estaba muy cerca de estornudar y tuve que colocar las manos sobre los labios, y el alma es una cosa tibia y húmeda y casi que sentí como si fuera un montón de mocos que intentaban pegarse al vidrio y de allí hasta la ropa que colgaba en la casa del frente. Quizá y eso y para al fin vestir o vestirse sobre alguien más, quizá con eso y como pretexto para salir a dar unas cuantas vueltas, y sobre todo aprovechando que el sol duraría más de lo que normalmente se pronostica. Ya era un buen momento para estar en cualquier sitio, de a pie o quizá tras de un volante y luego también dándole suave al pedal pero también sobre los cien; un poco y dejando espacio en las alforjas para cargar con el discipline de los crimson. Eso, pero sobre todo para cargar con una botella abundante de h2. Pero no pasó, las manos ya eran cera detenida y la cera bajo el calor puede volverse algo que nunca más será lo que fue una vez. Más bien y al cerrar las cortinas el ruido dejó de llenar; luego sonó un ri ring. Supongo que cada tanto uno de los tramos como que esperaba el paso, o como que permitía el turno de la calle transversal.
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