26/3/15

Merienda en lo del tío



El gato intenta hacerme bajar; seguro mañana encuentro sus restos entre las plantas y además deberé buscar una pala y colocarme algo plástico en las manos. El gato hace varias mauuu y su voz es bastante desagradable. Yo también siento algo de incomodidad y posiblemente se debe a mi falta de voluntad para levantarme o para dejar la cama. Es como si después de haber tomado un par de decisiones ya nada fuera lo suficientemente importante como para cambiar. Veo hacia un lado de mi escritorio y toda la cinta que he usado para parchar las partes que empiezan a desprenderse cuelga como cables pelados. Cuando quisieron votarlo llamé una camioneta y también los hombres de limpia me dejaron dos sillones con los cojines en excelente estado; mi cuerpo se hunde en ellos pero logro que la espalda siga erguida, y a veces mantengo esta postura por algunas horas. Tuve que cambiar el orden de mi habitación y aunque era solo un sitio para descanso y un par de lecturas, (los libros a veces esperan debajo de las toallas húmedas) ahora luce y ya es un centro, una oficina.

Me queda instalar un teléfono para darle ese toque de siglo XX, sin embargo no he recibido visitas.

Si lo imaginara, diría que distribuyo libros para niños. 
-Cuál desea? El último de Goldimmer?

Mis dedos corren sobre el teclado como en los viejos tiempos con eso de las películas de Arreola y Olivetti. Faltan los bastoncillos y luego los martillos cayendo firmes sobre el papel. El papel debería funcionar de ambos lados, pero las marcas profundas a veces ocupan ambas caras. En la hoja hay letras y sobre todo puntuaciones y cada signo equivale a un lugar desconocido; más o menos una tilde es la superficie donde aterrizaría un cosmonauta; los dos puntos el agujero o el ícono para indicar una mira y un cañón. Es ideal mostrar cada uno de estos movimientos a fin de tener un modo y un mapa, ya pienso en un regreso que sería como caminar sobre lo poco, los contados párrafos y siempre cuidando de no caer entre una palabra y otra.

Cada vez que abro esta oficina algo queda en segundo plano; algo que antes era necesario luego se vuelve casi inútil, y ya ocupa una esquina o va a parar dentro de una gaveta. Si pudiera abriría esas gavetas con el poder invisible de la mitad de la frente, y con esos objetos levitando haría una especie de bola o un acero comprimido, cualquier cosa, algo que pierda su forma y dimensión hasta ser del tamaño de una naranjilla. Debo instalar un interruptor y debo colocar un vaso de cristal sobre su base y su motor y lograr que mis futuros clientes crean que elaboro jugos artificiales a base de materiales que no existen.

Debería hacer un póster con las bolas metálicas del tamaño de naranjillas dentro del vaso del cristal.  

En una secuencia posterior el acero sería miles de esquirlas junto al cristal roto como un globo.

Ese póster sería muy dramático, como si todo saltara hacia el espectador.

Llama Adriana, pero al contestar dice ser Carolina. Le explico que nada es como ella cree. Deja de insistir, pero luego me cuenta que esta noche va a soñar con una montaña y una llama en la mitad, en el centro de la montaña. Casi balbuceando explico que las montañas son azules y así haya un fogón en el centro, nunca, nunca van a dejar de ser azules. Espero tu réplica, tu felicitación; cuando cuelgo me doy cuenta que todos los teléfonos están descolgados.

Llama Adriana, pero al contestar ya no habla. Debes dejar de hacerme creer que estás allí, debes demostrarme que estás allí y nunca más en otro sitio, al mismo tiempo, solo allí y nunca más en otro sitio, quédate allí, allí quieres estar. Casi balbuceando me explico que debo dar doce pasos hacia atrás y advertirme de mis propias bitácoras. Casi deseo que aún no estén escritas pero es como dar tumbos hacia adelante y hacia atrás, y necesariamente me mantendré en ese péndulo aunque también pueda que me detenga en el punto más cercano al suelo. Ya me veo colgando los brazos e intentando agarrar algo de yerba o de quicuyo para caer y recostarme sobre algo firme.

A veces uno se acostumbra a dormir sobre las costillas y sobre la cadera y es como dormir sabiendo que no hay otra opción que esperar termine el día.

Un día plano lo deja a uno incapaz de mover la mitad de los muebles; cambia de sitios a partir de las tres pero la mitad de los muebles parece atornillada o pegada para siempre.

A esa hora no hay martillos, a esa hora la noche está hecha de varias noches. 


Tuve que guardar mucho, mucho silencio. No sé de dónde vino y menos cómo entró pero ocupaba la mitad de la cama. Siempre lo hace, y siempre me explica las mismas cosas, como si apenas fuera nuestro primer año juntos, como si apenas supiéramos que disfrutamos de hablar o murmurar. De eso se llena la madrugada. No puedo dormir, no te voy a dejar dormir, no sé qué me pasa, tú debes buscar una respuesta. En realidad coloco mis manos alrededor de su cintura y hago como si de ese modo fuera quitándole la respiración; supongo que funciona pues ya es solo un bulto con algo de pulso y además puedo sentir su carne más suave, como si ahora ya reposara.


En algún momento despierto de nuevo y la encuentro encima, como si yo fuera un caballo de juguete y sus ojos observan y creo que deciden encontrar algo que realmente la hacen feliz; eso que uno ve en sueños pero que obligadamente debe hallar mientras está despierto. Supongo que por eso me deja dormir en paz y antes de levantarse y antes de meterse en la otra cama parece que dijera algo, como si pidiera disculpas. Eso pudo ser cierto pero también supongo parte de las cosas que ella desea poner dentro, como si necesitara que creyera incluso que nada de eso sucede. Supongo que más bien es un pretexto para llevarse mis pantalones y luego sacar mi agenda y darse al fin tiempo para revisar con quién he salido, a quién he llamado, y quizá y a pesar de la hora marca números solo para escuchar la voz de los nombres desconocidos o quizá los copia con apuro en una hoja. Seguro lo hace sentada de espaldas a la puerta y con los muslos desnudos en medio de la habitación y a esa hora en que el frío es una nube de cristales.

Todo debido a nuestro encuentro nada planificado y sobre todo por el tiempo, por eso de volvernos a ver así, tan de repente.

Cuando pregunto que qué haces, ella parece volver, parece asustada pero no tarda en encontrar una expresión que la satisfaga y que me responda más cosas de las que pregunto.

Bien vista y debajo de esas luces blancas, y gracias a la cortina que parece una extensión de su cabello tengo la extraña sensación de estar con otras personas, e incluso con personas que ocupan las habitaciones en las que casi nunca entramos. De espaldas ella resulta un ser doble, y yo la presa que debe ser decapitada. No está mal, aún me agrada la idea de no regresar nunca más y existe algo de noble en eso de entregarse de modo absoluto, ya dejando que otro dirija eso que uno llama voluntad. Al dormir en esa cama me entrego a la idea de no despertar nunca más. A veces cierro fuertemente los ojos para no tener que abrirlos cuando el hacha o el yunque caiga sobre mi nuca. A veces pienso que primero recibiré su puño en mitad del rostro, luego sé que respiraré con trabajo y reiré satisfecho.

Las noches empiezan así, pero luego uno olvida cada tontería y cada pretexto para volverse mártir.

Uno vive encantando por ese nombre y esa estatua en algún lugar de la noche.

Aún en sueños percibo olores y cosas que sol ocurren en medio de la casa; a veces en los patios; carnes, cervezas, el humo, al madera ardiendo o los ojos hinchados por el carbón. Un gusto fuerte a aceite y pimienta parece salir de los dedos, y sucede que el cuello se dobla hacia un lado por el peso, como si estuviera embadurnado. Todo es breve, no toma más que unos segundos para intentar quitarse todas estas sensaciones de encima, allí otro yo parece saltar y dar brincos para sacudirse el peso y aligerarse y sobre todo sentirse bien. Ese otro yo se restriega pero antes se acerca a otros invitados y como un gato usa los hombros y la espalda, los otros se dejan hacer. Eso es lo maravilloso de un sueño que no tiene mucha lógica, que hayan tipos a los que pueda uno usar como se usa un par de servilletas; que todos parezcan conectados y prevenidos para no oponerse a que sucedan estas cosas.

Estuve en el museo viendo una exposición sobre Leopoldo Pómes, y la verdad vine encantado de sus rostros como esquinas y sus mujeres que parecen no estar dobladas o acuclilladas, sino, como si fueran un balcón o una escalera sacada de los muros de un edificio; en especial de una rubia que miraba desde el segundo o tercer escalón de una escalera que bajaba en espiral, y que encuadrada de ese modo me decía que se iba a regresar, que bajaba por un instante, o un tiempo indeterminado de su pedestal. Eso creí, al verla fotografiada casi en cenital, y con esa sonrisa que intentaba decirnos a todos: tranquilos, todo va estar bien, conozco el camino de regreso. Por suerte Pomés tuvo el buen gusto de colocar a una persona que no era muy alta y que no daba la sensación de estar más bien cerca de caer, como si en cualquier momento estuviera por doblarse o derrumbarse hacia uno de los costados de la escalera en espiral, más bien como si nos mimara, como si mimara a su público y nada de ideas de un porvenir, de un plan oculto que no dejaría heridos. La modelo de la fotografía se llamaba o aún se llama Estefía Space, suena más a un alias artístico, y la fotografía pertenece a una serie de otras once imágenes de mujeres que dejan algo y circunscriben una actividad, como si se agrandaran o empequeñecieran para entrar o salir de sí mismas, siendo siempre, o viéndose siempre como las mismas.

Creo que la serie se llamaba Leyendas del Flashback.

Creo haberla visto un domingo en una sala llamada La Pedrera; entre otras opciones era comprar conos helados y sentarnos cerca del río, o sostener una de esas charlas de las que uno u otro siempre sale insatisfecho.

Por bromear dije que debíamos jugar a charlar con los helados. Si no, yo podía ser uno de mora y tú debías convencerme para dejar que me lamas.
 

7/3/15

Intervención

Escucho insistentemente lo de zipi zipi zipi zipi, y los dizing dizing dizing de uno de los discos del loco de primus, y la verdad que sucede, y sigue sucediendo durante dos o más horas, y quizá y eso desde apenas y despertar. Indudablemente es señal de que todo está muy muy mal, así como que todo está en su lugar.

La primera vez que intenté preguntar al respecto fue como lo de hablar de cosas que no existen, pero esas y otras cosas y además mucho más extraño y con muchas más lecciones y lo de los mensajes y las reflexiones y las enseñanzas o la filosofía con los finales. Su rostro era el de un globo que empezaba a desinflarse, y realmente sentí el peso y la responsabilidad, y algo, al mismo tiempo como una luz pero también o además como una profunda profunda histeria. De nada servía intentar mostrar algo de lo que ocupaba el interior, más bien como que no era buen-el mejor momento.

Recuerdo que más bien fui dirigido hacia otras personas, y hacia otros caminos mucho más amplios o mucho más concurridos. Al parecer el buen modo de tranquilizar ese interior dado vueltas era juntarlo en los sitios visitados, eso de ser atravesado o derramado por la goma del tiempo, de una supuesta tradición como salir cada mañana a trotar o como esperar a que sea la una antes de sentarse y levantar la mano para ir a almorzar. De modo que ya estuve siendo abordado y casi que debí volverme una estatua, más bien obligarme a serlo. Sin decir nombres, las cosas como que ya no le pertenecían a nada ni nadie, como que todo estaba allí, y también después y también desde mucho antes.

Me daba ganas de salir corriendo cada que recordaba, y eso era casi a diario, y nada bueno puede resultar de algo que se vuelve repetitivo y sobre todo no buscado. Terminar el día, soñar las siguientes horas, despertar con un rostro en la mitad de la frente y detrás de ella, y volver a caminar como si en realidad el suelo fuera el que se desplazara. Solo así se puede comprender esa imposibilidad de volver o de acercarse a los patios y las canchas de la cuadra cercana. Solo así creo entender que debo buscar de nuevo las luces que nunca dejan de encenderse y apagarse y mirar de cerca hasta que uno de los números sea absolutamente claro.

Osram es luz, es tecnología, Osram.

Cada vez que primus suena seguro y algo está por desaparecer. Cada vez que algo desaparece, inevitablemente se guarda o ya ocupa uno de mis veladores, uno de mis bolsillos o incluso uno de mis brazos. En realidad desaparece hasta ser algo, eso, y para intervenirlo.

15/2/15

yokonomástico

Hoy, 25 de enero de 1994, he decidido visitar las otras habitaciones pues cada vez que avanzo hacia la terraza, soy sorprendido por la luz o lo de la puerta entornada de alguna de estas. 

Por cierto, y antes de hacer aquello de dibujar los números redondos y las bases del dos, del veinte y dos y del doscientos veinte y dos (porque si no dibujo bien esas bases los números van a caerse hacia un lado), empiezo a levantarme de la silla y como que me voy yendo, o como que me voy acercando con la cabeza echada hacia adelante, y ya con la parte más expuesta, la coronilla, toco la cortina, y los rayos de 5000 kelvin o quizá casi 7000 me llenan los poros y las letras y casi todo es medio fosforescente y arde, y arde como si uno avanzara en forma de proyectil caliente y sobre todo como sobre un burro de planchar.

La cortina hace uzzz, y las llamas dejan tres líneas oscuras en el techo.

La primera tiene un aspeto de centro de capacitaciones, y todo con eso de los pupitres recién pintados y con aquello de las cortinas que dejan pasar la luz pero como si lo hicieran a regañadientes. Eso sí, los picaportes brillan y uno amagando que se lo lleva en el bolsillo. La siguiente habitación está desmantelada, pero en realidad toma cierto trabajo lo de empujar la puerta, hacerlo dejando que las alfombras como que van de nuevo pegándose al suelo que queda bajo el semicírculo que hace la puerta, dentro varias cajas y además un sofá de pie; la pared llena de cosas y de estantes vacíos, como llena y vacía y como usada pero también como si no estuviere lista.

Dentro del pantalón y junto a la pierna derecha cuelga una regla de aluminio y de un lado tiene centímetros y del otro pulgadas, y debe haber estado mucho, mucho tiempo allí, y mucho tiempo desde la última vez que lo recordé o que intenté recordar porque ambos lados estaban tibios, y casi que la regla de aumnio empezaba a doblarse y a querer tomar la forma del muslo, una cosa que ya nunca más iba a servir para trazar líneas rectas ni mucho menos para tratar de ser un arquitecto pero lo de las fachadas y las fotos de los edificios ya quedarían para otros horarios. Al bajar sentí que algo se clavaba en la rodilla pero hice como que con jesui no era la cosa.

La tercera es una habitación en forma de revólver como en aquella que vivía don Ruales Hualca, aquella que tenía la cocina por gatillo y una ducha por martillo. De manera novedosa y casi inocente esta habitación parece hermética y casi que uno olvida que fuera está una estación de combustibles puma, y apenas nos llegan los rumores, eso de brom y lo de los brum. En esta habitación tengo ganas de echarme unas cuantas horitas al sobre. La siguiente tiene un olor terrible y además parece la escena de un crimen por resolver, y eso alcanzo a ver sin meter la cabeza, solo al mirar por entre un espacio vertical entre el muro y la hoja de la puerta pero todo alcanza o como que algo dice no te acerques, y yo bien mandado cojo mis cosas y sigo recto como quien no quiere la cosa y al llegar al pasillo y antes de tomar las gradas al quinto piso me observo reflejado en un cristal todo bien limpio, y la verdad me encuentro tantos defectos y la barriga como hinchado y me digo pero diciéndoselo a Marcela, Marcela, deja el voodú en paz.

Me dio por llamarme teresa gibbons y luego era kim gibbons pero me gustaba más cuando teresa maddler me llamaba betty gordon. Su voz siempre calmando el final y el inicio de la luz oscura que en estas épocas o en 1994 solía empezar y llenarlo todo tipo 18 y 43 pm. Quizá eso era lo que mantenía mis rodillas completas, con lo de andar gritando y aceptando que quería saber algo más, Iwannanow, pero al mismo tiempo sin rasguños, todo amparado y bajo el brazo de la confesión.

Luego eran un par de años y además siempre quedarían nuestras magníficas fotografías y los cientos de álbumes en casa de algun conocido. Nos llenaban el rostro y ya la noche con bombillas y destellos y uno solo sabía poner cara de roto.

Nos quedan las canciones rotas de palabras rotas.

La siguientes habitación huele a pedos y a medicinas, pero allí se atiende a receptores y beneficiarios del almanaque municipal y de un modo siento que más o menos me voy acercando, como que me voy hallando un sitio. Allí suenan varios teléfonos a la vez y a pesar de escuchar los movimientos de cuerpos o de personas luego todo queda en silencio. El reloj marca las doce y treinta y ocho. Entro un poco más solo para intencionamente toparme con una licenciada o uno de esos mugrosos hombres de bolígrafo parker en las solapas y la verdad hay escritorios y muchas fotografías debajo de los cristales. 

Lo que queda es sentirse ok, así ella esté hablando de sus sterlings.
Lo que queda es sentirse felling better.

Al salir  y tras regresar me topo con una persona en la entrada y resulta que era alguien muy cercano a mis padres. Tenemos tiempo, adivinaré digo; miro hacia el cristal y los cuerpos avanzan recortados y luego alguien deja en la mesa un vaso lleno de un jugo amarillo.

Tras esos días se me antoja no abrir los ojos y de así suceden un par de horas y mientras la calle se llena de rums y de brums. Luego hay gente corriendo sobre las aceras y el picaporte gigante de la casa de alado se abre varias veces. Una o dos veces al día sale un pequeño jeep y otras tantas se escucha el ulular de un viejo wolkswagen. Todo eso mientras yo respiro y luego exhalo por la boca imaginando que disparo o como que le apunto al techo, y que mis bocanadas o mi aliento luego va llenando los espacios y luego en realidad es una nube la que me cubre, y la intuyo entre blanca y gris.

Al ponerme de lado el resorte como que entra hacia las costillas y también me apuro a creer que es mi terapia de quince minutos. En la esquina han abierto gran salón y a veces el aire se enrarece y a veces al medio día ya no tengo ganas de alimentarme. Lo de cerrar bien los ojos es como forma de no quemarme con el sol, el sol a las diez pega tan fuerte que uno empieza a andar con las manos y los brazos por delante. Me gusta creer que en estas horas de descanso recupero años y sobre todo guardo minerales para otras doce décadas más. Luego escucho un coche de supermercando saltando sobre las imperfecciones de la acera.



23/11/14

andar en hugo, andar en paco, y andar en luis

Estaba dudando demasiado y cuando las cosas se ponen de ese tamaño uno ya empieza a caerse muy mal a sí mismo. Como no deseaba cargar conmigo mismo fui por un poco de velocet. Antes tomé el auto de mamá pero antes tuve que ponerla a dormir y para eso le conté tantas cosas enumerándolas desde el momento mismo que había despertado; eso del sueño extraño, eso de tener que mirar varias veces por la ventana en ese momento en que los demás aún dormían, tuve que inventar cosas que ni yo mismo sabía que cargaba, o sea, usarme y contarme cada pulso. Perdí la memoria pero luego estuve solo en medio de los sillones con piel de elefante y más bien fui por algo de ropa y luego estuve mirándome al espejo pues debía verme distinto antes de salir.

Verse distinto es cada vez más sencillo y cada vez uno debe solo dedicarse a incorpar cosas tan inútiles o incluso basta con dejar de mover la boca, algo así a como moverse desde adentro, moverse de ese modo es extraño pues resulta que uno encuentra una geografía al parecer desabitada hecha de grasas o tendones o acaso flujos que al parecerecorren cada centímetro entre hueso y estática, y uno acaso ya sabe que es mejor y empezar a rendir culto y sobre a respetar esos nuevos componentes. Así estuve dejando que el O2 llene y desinfle y de nuevo como brincando del suelo.
Luego ya tuve mis pies dentro de los cueros y casi que sostenía unas llaves en las manos.

Luego un día fue un día; salir desde el patio haciendo chuc chuc, pero del otro lado y solo al cruzar la calle y antes mirando a mabos lados por aquello de la velocidad; pero solo de ese modo, y del otro lado cruzando la calle y eso de mirar antes a ambos lados, un pequeño muro y hay muros pero este además tenía las rocas a la vista y uno con ganas de salir bastante RuMMM hacia la roca y hacia la puerta oscura y ya a centímetros detener y hacer ring ring. Lo malo y quizá debido a eso de bajar antes y antes abrir la compuerta, y lo malo tener que ponerse de puntillas y luego descubrir que el pulsador está muy muy lejos. Un pulsador suele ser un interruptor de material acrílico que regresa luego de ser utilizado, un cable permite que las cosas se vuelvan hacia cada centímetro.

Lo malo es que antes debí revisar cada centímetro del garage. Revisarlo antes pues cada día lo ocupa un auto distinto. Quizá hoy sea un día distinto durante las 24 horas y sí a 24 se lo divide para dos uno puede creer que pronto y deberá contratar a una especie de persona que puede dividirse por uno y esa persona sería uno mismo pero uno mismo dividido por 24. Andar suelto en varios momentos y en varios individios es bastante, bastante polémico. Polémico e inesperado. Cada uno anda de un sitio a otro y casi sin un mapa o una ruta establecida. de ese modo imagino que más bien conviene andar en uno mismo pero de a tres o más bien como si ya nos llamásemos, hugo, paco y luis. Así fue, lo recuerdo porque ésta mañana nos vi a nosotros tres en uno de los nuevos canales, quizá el 7 que además acaba o está cumpliendo siete años (han pasado tan pronto); nos vi manejando una avioneta o una cesna y en realidad debíamos cuidar de nuestro tío mayor que es único (único tío y único en todo lo que intenta hacer) y cuidándolo pues andaba metido como representante de una cámara de abogados o empresarios, no lo sé, y quizá parte de su labor y trabajo eventual consisitía en viajar hacia una ciudad  representar a la cámara. Lo hacía sobre las alas de un avión un poco más alto y llevaba sus patines de cuatro ruedas paralelas y era muy peligroso, pues el viento podía derribarlo. Hugo dijo que más bien nos acercábamos, mientras Luis con eso de atarse hacia una cuerda que al parecer cargaban en las alforjas.
Como aún tenía mucho mucho sueño volví a apagar el equipo.

18/11/14

enanorata muere o hay pala; usa tus sábados y regresa a la misma hora

He comprado cosas que no sé dónde colocarlas aún, por ejemplo una silla va junto a una mesa y una mesa provoca sombra sobre el suelo y si uno mira desde abajo encuentra formas y masillas debajo. En realidad pienso que debería hacer un gran esfuerzo para colocar o para vestir una mesa; no estoy muy seguro si los brazos deberían entrar en las patas y si es así, bien podría manterner la boca bien abierta y eso y como si se tratase de un cenicero, suponiendo que al vestir la mesa mi cabeza saliera por la mitad del tablero. Es importante notar que una mesa debe descansar y sobre todo llenar una habitación.

Lo hice un día sábado, fue justo al bajar del tranvía llamado tenga sesenta de cambio y justo tras caminar de espaldas hacia el fin de la quebrada. Una quebrada es un sitio rodeado por montaña y por casas que intentan ser edificios; y cada tanto uno va escupiendo hacia arriba y pegándole a las terrazas y sobre todo al edificio de la madrid donde se supone vivía mickey. mickey amaba bajar para luego darse contra las calles llenas de piedra; pero esta vez mickey debe haber tomado sus cosas o quizá y fue a retirarlas justo después de lo de holanda, país donde inicó con eso de la química y la alteración de aminoácidos. Fue un sábado y tras escupir hacia la autopista me detuve frente a Rolinda, y Rolinda estaba advertida y supongo era una de las primeras ocasiones, eso de salir cada tanto y en plan "salgo con plan". Rolinda accedió y estuvo de acuerdo en representar durante algunas horas uno de sus papeles nuevos principales. Ya bajábamos y tras mirar la cantidad de puestos y la gente alrededor dije, oye, ya sabes, hay que mostrar verosimilitud. Cada grupo y cada tanto hacía las preguntas, y los dos con ese ánimo de tomar las cosas para luego dejarlas en el mismo sitio pero, allí pero en otro sitio, o en el mismo sitio pero de otro lado, y así mirábamos que el resto detrás de sus mesas (y sobre todo retirándose las mantas) se obligaban más o menos a ordenar las cosas; uno y los dos con los ánimos de dejar cada cosa en otro sitio y de otro lado, y así hasta llegar al sitio marcado en nuestro mapa. Sabe, uno puede pasarse el resto del sábado y en realidad todo el sábado tomando las cosas o amagando con respuestas o intentando mejorar los precios como si se tratara de un o una pareja de compradores con calle y con eso de la experiencia de pedir que lo números se hagan más chicos. Recuerdo al asqueroso del niño rata, un pequeño esqueleto con los pañuelos atados al cuello como si acaso fuera parte de un grupo de pequeños enfermos o acaso como si se tratara de un sitio u objeto al cual y mejor no se lo debe tocar; eso y el niño rata llevaba los días girando junto a nuestros paradas y estaciones, y ya su rostro estaba pintado de la asquerosa barba que no le restaba infancia a sus gestos, gestos de "soy el niño rata y nada me hace feliz y nada me provoca dicha"; recuerdo que lo vendí en Guayaquil como buen feudal esclavista y sin embargo sus patrones lo dejaban trabajando en el mismo centro de informaciones; ahora lo observo y me lo encuentro y al mirarlo digo, hola niño rata, recuerda que soy el gato y me dan ganas de masticarte las patas. Pero además recuerdo que lo vendí y sin siquiera nombrarlo o caracterizarlo, fue suficiente con decir que acaso serviría en cualquier sitio, en cualquier rol y fue solo decirlo pero decirlo creyéndolo, es decir, sabiendo que así iba a ser.

Tomaba de su boca grasosa, y la grasa nuestra serviría para días de vacaciones pagadas y aún así tenemos que ocupar uno o dos sitios y salir cada tanto en busca de un grifo o un manantial con agua fresca; y ambos caminabamos sin separarnos, y la gente debía hacerse a un lado cada vez que nos veía acercarnos pues las veredas resultaban chicas; las veredas pero frente a las cocinas de barro la cosa era opuesta; y para asustarme quise decir: mira como salimos de la cocinita, pero más bien como que si apenas nos tocábamos o apenas si nos comunicábamos usando la respiración, y de ese modo dejamos cada una de la cocinitas, y las vasijas y las planchitas de barro dadas vuelta o con la boca hacia la mesa; todo costaba lo mismo y cada objeto diminuto pintado con verdadero trabajo y del mismo modo y todo tan distinto, todo nuevo o acaso único.

Me dio por tirar un par de cosas y Rolinda con el ROLROL, o eso de reirse como si no hubiera motivo; y ya todos mirándonos trepar el sábado, todos con el cuerpo hacia abajo y los rostros hacia el sol, sol de sábado y el mundo entero dentro del plomo y de la pintura acrílica, y quizá eran las doce, y quizá debía más de lo que podía pagar, pero acaso uno debe mirar y volver al sitio que llena los libros y del cual se habla en los libros de traducción. En realidad bajando desde el martes a las 17; ya buscando el número para perdirle salir el sábado, que todo con el fin de desesperar un poco antes de que llegue mayo.

9/11/14

some hours reserve

Uno de esos días las cosas al fin se habían detenido. Pero duró menos de ocho horas y quizá a las 10 u once ya todo estaba retomando los sitios y retomando las cosas desde donde habían quedado antes de aquello de caminar e inflar lo del hule. El hule había desaparecido, quizá y si uno miraba con atención hacia las nubes y quizá y ya podía hallar los jirones aún elevándose, y todo aquello como dirigiéndose hacia el elsol. Abajo las mandíbulas se abrían con demasiada precisión y demasiado volumen y cada vereda estaba llena de grrr y guauu y seguro y era el bóxer de los robles pero también se escuchaban como si rayaran el piso y la calzada con las largas garras, como si acaso los grrr intentaran cavar para dejar allí los fémures y las alas de huesos huecos.

Estaba muy cerca de estornudar y tuve que colocar las manos sobre los labios, y el alma es una cosa tibia y húmeda y casi que sentí como si fuera un montón de mocos que intentaban pegarse al vidrio y de allí hasta la ropa que colgaba en la casa del frente. Quizá y eso y para al fin vestir o vestirse sobre alguien más, quizá con eso y como pretexto para salir a dar unas cuantas vueltas, y sobre todo aprovechando que el sol duraría más de lo que normalmente se pronostica. Ya era un buen momento para estar en cualquier sitio, de a pie o quizá tras de un volante y luego también dándole suave al pedal pero también sobre los cien; un poco y dejando espacio en las alforjas para cargar con el discipline de los crimson. Eso, pero sobre todo para cargar con una botella abundante de h2. Pero no pasó, las manos ya eran cera detenida y la cera bajo el calor puede volverse algo que nunca más será lo que fue una vez. Más bien y al cerrar las cortinas el ruido dejó de llenar; luego sonó un ri ring. Supongo que cada tanto uno de los tramos como que esperaba el paso, o como que permitía el turno de la calle transversal.

28/9/14

Ariel, el sol y llevar folios bajo el brazo



Ayer realizaba unas lecturas. Luego estuve bastante preocupado. Al despertar creí escuchar el ruido y pensé que debía ser todo aquello que precede a la inauguración. Fui el tercero en salir, eso de las pruebas, sería por lo de dejar sobre 5 y lo de la ganancia en +2; que ajustararían reverbs al final de cada intervención. Lenguaje técnico, cháchara capaz de mimetizarse durante horas. Encendí la teve. La teve suele acompañar a esos primeros malestares del sábado o de los domingos por la mañana. Luego otra vez volví a dormir. Al despertar el cuadro oscuro estaba dividido en tres imágenes verticales.
Escuché la explosión de dos aeroplanos o cohetes de papel. Ahora creo que la explosión de su combustible es similar a una canción del canal, en la teve.
Un poco pienso que seguiría sucediendo como si detrás hubiera una gran gran planificación; eso de encender la teve y eso de escuchar el vuelo de los cohetes y esperar que cayeran y por supuesto, al mismo tiempo. 
Noté que nada iba nunca a terminar de posar los pies; un poco de un lado y un poco en ambos lados. 
A esa hora la luz aún era de esa coloración azulada, y algo blanca y débil pero también pensé que debía seguir dentro y debajo.
Salir sería incendiarme y andar con la piel hacia afuera sosteniendo un jarro con café oscuro .
El gas inmóvil.
Sobre el escritorio varias carpetas y cada pestaña cubierta por adhesivo: marzo, septiembre, 2011-2013, vhf-avchd, William y Tánger y Dr. Introitus. Me gustaba pensar que uno de los lápices se levantaría para escribir y sobre todo para subrayar las fotocopias, como si un lápiz roto tuviera una vida única, única y propia. 
Nada, y tampoco las cuchillas.
En casa nunca hubo sacapuntas y luego no habrá electricidad. Luego un lapicero amarillo, ligero o débil y casi y aberrantemente brillante parece decirme que su punta oscura está por romperse. Aprieto, y ya tiro de lado a lado y ya llevo la tercera línea y dos o tres círculos que más bien son como caracoles. 
Lo subrayado:  
depende y así ha sido pero
Sí, te llamo desde la lavandería
un día el señor tuvo la buena decisión de quedarse. Luego vimos algo de teve.
Después de todo el lápiz es mucho más poderoso que la pluma larga y brillante y horizontal-, eso quizá por la ausencia de cuerpo, su orfandad. Una pluma afilada sirve para mirarla desde detrás de un cristal. Un lápiz puede ser borrado varias veces y a pesar siempre queda el mapa de relieve inexacto; todo aquello de atrás y delante. 
Las astillas caían dentro de una bolsa oscura de plástico.
En siete días Ariel cambiará las bolsas: La cama va por ambos lados y de

12/9/14

the "beginning boutique"



dice que se fue a la
guerra pero, también
dice que no sabe
cuándo regresará

El día de ayer varios autos pasaron al mismo tiempo, todos con prisa y además varias bolsas blancas en sus cofres. Alguien debió ver que en los autos viajaban más de tres personas y que cada tres metros estaban en eso de detenerse. Yo cargaba dos bolsas llenas con azúcarvaldez, dos cajas de chocolate en barra, miel en polvo LaMolinera, servilletas, una revista de trucos fotográficos, costaba dosdólares, una caja de mentas EstaciónMirán y una caja de hierbas en sobre, hierbas para infusiones con el dibujo de una mujer negra y gorda y toda la sonrisa bien grande sobre la marca o nombre de las hierbas. No era posible mirar hacia el otro lado de la ciudad, no solo porque ya era bastante tarde, ya todos los postes terminaban de encenderse y los autos con sus luces altas parecían bailar y hacer atrás adelante o buscar  como si se tratara de linternas; era bastante difícil pues muchas personas caminaban al mismo tiempo, muchos hombres vestidos con faldas cortas o algo largo en lo que estaban envueltos, como en togas, y las mujeres que parecían buscar algo y levantar los brazos y hacer eso del cabello hacia atrás y eso de tocar o arrancarse las orejas, que se mantenían de pie sobre la acera, algunas con las dos manos en los bolsillos, otras sosteniendo a un niño o dos niñas, y también con un aparato de celular pegado, y eso, con la cabeza como colgada del cuerpo.
Yo, que preferí mirar y ser parte de aquella corriente tuve que esperar pocos minutos, luego ya estaba al otro lado; en esa acera el hombre de los periódicos, al cual encontraba por primera vez extraño, como si fuera un hombre que propiedad de la calle y a quien ahora encontraba junto a un poste, o como si fuera un policía, cargaba aún con su maletín azul lleno de diarios, pensé que debían ser los diarios de la tarde o lo del lunes. Ojalá venda pronto me dije; al caminar leí uno o dos de los titulares.

Muchos mensajes que envié no fueron contestados, ni el día anterior ni el día de hoy, o sea, ya son o van cuatro días sin saber nada. En las cajas rojas encuentro unmuffin que supongo aún fresco y las chispas de chocolate y esas molestas migas cubren la mesa, luego me sacudo el buzo, luego debo ponerme en pie para sacudir todo por la ventana.
Hay vajilla y servilletas y muchos vasos vacíos y muchas envolturas que parecen necesitar nada más que un empujón para salir desprendidas hasta caer sobre mis pies, o sobre los zapatos y sobre la alfombra y debajo de la mesa y así para siempre hasta. El clima es excelente para ir por ahí lleno de hambre, lo también que equivale a aceptable y a mantener los ojos abiertos; hoy también siento que hace el tiempo ideal para ahora sí sacar a Leo a pasear, con cuidado digo, pues hay varios autos circulando y mucho más por esa pequeña autopista y Leo a veces quiere correr o trotar, es como si los autos lo estimularan. De ese modo supongo que ambos podremos ejercitar lo que queda del cuerpo aunque Leo lleve las de ganar en resistencia y edad, eso sin contar que tiene cuatro patas. El suyo, cuerpo mamífero, el mío, algo más extraño, casi como la cola de una lagartija, una cola que está debajo de la suela de un zapato o en la mitad de una acera, en la mitad y al medio día y como levantándose sin demasiadas fuerzas hacia el sol.
Ya de paseo Leo ladra a todo lo que se mueve y eso me parece un poco detestable y curioso, cómico también, pues son varias las personas que corren y que intentan señalar a Leo y entonces usan esas curiosas formas como si bendijeran a la distancia y también como si intentaran ponerse a salvo de algo; entonces me quedo mirándolos, luego digo tranquilo Leo, y a las personas de las bendiciones con eso de que es amistoso o no le tenga miedo.
Ayer cerca de una de las iglesias de los brasileños hallamos un pollo arrollado, no quedaba más que el vaso rojo de cartón y algo de piel, era como una careta de cartón y ketchup; no había sangre, el ketchup estaba seco y casi convertido en tierra.
Supuse que las plumas del ave debieron ser azules y grises.
Luego de veinte minutos de autopista, aquí las autopistas son vías de dos carriles, llegamos al complejo; en realidad nos detuvimos en la acera del frente a mirar los autos entrar y a la gente bajar con zapatos de suela, más tarde bailaban, eso creí, en uno de los salones. Sería jueves, creo, buen día para la hora y media que tomaría el circuito. Leo estuvo bien y estaba sentado en sus dos patas y sobre su culo, sostenido de su correa por mis manos, a través de las ventanas que daban a la calle los vi intentando bailar o intentando agradar con su cintura o sus brazos estirados, también nos miraban y ya bailaban, quizás nunca lo hicieron y lucían como si escondieran algo o como si bailaran para no estar sentados. Nadie se animó a invitarnos, quizás disfrutaban que los miremos, creían que sería otra de esas tardes, y en algo tenían razón, pero también intuían que no era cierto; tampoco habríamos aceptado, ni entrar ni quedarnos, eso lleva demasiado tiempo, supongo que ahí, de pie, éramos unos náufragos y dos paisanos, o dos perros o dos hombres con correas o una pareja buscando asiento y bebida tibia, algo así pero más extenso, o sea, cuatro veces, cuatro perro, cuatro hombre, cuatro cadena, cuatro canción. Por un poco del vino que tragaban bien podía dejar a un lado las dudas y dar dos pasos, mirar si escondían de verdad algo, pero por qué esconderían algo a la vista de todos, me dije, pensaba y todo eso mientras no pasaba un solo auto.
Detrás del edificio un terreno para los autos que en su mayoría eran pequeños furgones. Uno estaba lleno de adolescentes, chicos que parecían recién duchados, con el cabello húmedo y en sandalias de corcho y las mujeres cargaban maletas pesadas, las guardaban en el furgón con prisa. Otros estaban en traje de baño, de pie junto a las puertas abiertas o corriendo como si tuvieran prisa, pero el viento bajaba y pronto anochecería; seguro que Leo y yo resultábamos como pasando o como yendo.
Vi que era mala idea seguir allí, sentí como si violara algo personal.
Avanzamos cinco cuadras, luego de aflojar los músculos y respirar dimos media vuelta.

La noche la pasamos dentro de su casa. Su casa es chica; si fuéramos más altos diría que estuvimos en una casa dehojaldre, es decir, faltó bien poco para no caber, bien poco para golpear las cabezas o para meterla en una chimenea y mucho más con eso de la llave de la ducha en las costillas, ambos intentando llegar con la esponja y al mismo tiempo eso de no quemarnos los ojos, el jabón corriendo con el agua o haciendo schiiizz.
Creo que dije por qué te gustan los lugares tan chicos, no estoy seguro si lo que pienso lo pienso yo o acaso lo piensa otro, cerca, en otra caja de fósforos con electricidad y servicio de agua, un otro que reemplaza, sin esfuerzos lo que está en tu cabeza o mi cabeza por lo que él acaba de recordar, o lo que está por hacer.
Luego pensé que esas cosas pasan en las iglesias, en las reuniones de fin de año, incluso sucede en el espacio, esas historias del ordenador total que termina contagiado de un miedo irracional; en ese espacio negro de caja de mesa de juego de mesa.
Luego de escucharme esas, otras asociaciones, no pude sino que caer de espaldas, desear que un piano cayera también pero que lo hiciera por partes, como usando destornillador, sobre mi cabeza y sobre mis muslos, deseaba que cada parte, cada una de las ochenta y cuatro teclas pesara, cada una, individualmente, como el piano mismo.
Lo mismo deseé para cada una de las patas, para cada una de las cuerdas, las que luego serían brazos y piernas y cuello y kilómetros de estómago.
En eso estaba, ya con el cuerpo en la mitad de la habitación, con el taburete cayendo en dirección a mi frente. Miré mi cuerpo y ya no era cuerpo, era solo cabeza.
Varias cosas como las mesas y el suelo y los muros parecieron crujir, entonces empecé con eso de yo soy andrésramirez y así, según yo, encontrando el opus y los números.

Ya en la calle encontré a conocidos y personas que al saludar miraban su reloj o gritaban en dirección a otro rostro. Luego fuimos invitados a continuar la noche, o empezarla o a cerrarla, es decir, detrás nuestro debía leerse un letrero con algo como apágame y déjame en el taxi. Deseaba que Rayo estuviera por ahí, eso de tener compañía para volver a la habitación, también para que me mordiera y luego me escupiera o me arrancara las partes hasta dejarlas debajo o sobre la cama. Rayo era el nombre de un perro que dormía en la alfombra del portón de la casa en RemigioRomero hasta 1994, pero eso sería un problema, pues no hay nada me empecé a decir que pudiera contra la gran mancha que cubrirá todo. Para que la cosa no sea tan oscura empecé con las preguntas y luego ya estaba yo en medio de varios Rayos. Más tarde me encontré amenazado varias veces por un tipo que según dijo estudiaba para abogado, eso a pesar de que otro tipo, alto como un piloto de esos aeroplanos de un solo motor intercediera, otro abogado supe después, algo dijo sobre error, sobre narrar, y sobre herrar.
Casi amanezco debajo de una banca de piedra, luego mejor me puse a caminar.

Cuando dio vuelta, luego del tema de losherrores dijo eres un mentiroso. Así escrito parece de poca importancia, pero si lo dibujara sería más palpable como la línea en un rectángulo, línea que va de un extremo a otro, algo así como eres un mentiroso, pero con algo más, como eco.
Luego, tras mi silencio añadió… es peor, no eres mentiroso, eres más bien un farsante. Un mentiroso sabe que miente, pero un farsante no sabe diferenciar la verdad, lo real de lo...   … de lo que no existe.

Tú, un farsante, no tienes experiencia pero…       eres bueno dictando… 
¡Díctame! O…  Dime quién dicta…

Luego vi que doblaba la esquina con la bolsa blanca en las manos, guardándose algo y al apuro y las espaldas parecían pegadas, arrancándose. Varios metros después, es decir, tras caminar o flotar entre velas o cera y las flores rojas y también debajo de los techos plásticos, yo seguía sin comprender qué diablos era todo aquello de lo real y lo fantástico. Luego pensé que debía caer un piano hacia arriba y arriba debía estar una alfombra me dije, quería que ya fuera la navidad, que los hombres americanos de terciopelo cargaran con los árboles delCanadá, eso, y con la mirra roja delKyuss.
Entonces me vino una gran sonrisa y entonces comprendí; supongo que me sentí menos atormentado; ya no tenía ganas de llorar ni de meterme en el cofre de todos los autos parqueados. Un hombre me brindó o me alcanzó un encendedor, en realidad creo que se lo había exigido, estuve dándole a un asqueroso lark, no sé qué pasó con mis marlboritos; sentado, así diez minutos sobre los escalones.
Quise pedirle disculpas al hombre del encendedor porque seguro le había arrancado el aparato en una de las inconsciencias célebres pero luego estuve con eso de empeorar las cosas. Luego quise decir algo pero me encontré conmigo mismo; parece que me balbuceaba, como un hombre que levanta un diccionario o como alguien que intenta guardar viento en una lona de yute, lo que sea, o cualquier imagen nítida y primitiva; y balbuceaba y mis sonidos parecían entrar en los árboles. Luego yendo hacia el galpón y así también entrando en la gente que estudiaba en el sitio; ruidos o imágenes anormales, como tomar el teléfono con los pies o entrar de cabeza en la ecovía. Pensé que sería bueno escribir algo en una pared, el sitio estaba lleno de muros, algo como A.K es un farsante porque no sabe cómo diablos mentir. Al pararme frente al muro esperé hasta quedar solo: muro, carbón, A.K. Con extrañeza y mucho pánico vi que ya me había escrito, eso me dejó con los bolsillos llenos de carbón, quinientas figuras negras, mías, yo miniatura mirando un muro.
Sobre la pared: Mambrú dice que no sabe cuándo vendrá. eresunmntiroso