28/9/11

Abrió una, colgó sus pies, respiró, tragó, cerró los ojos, dejó el rostro, bajó los brazos, sintió la gravedad, como una roca, un yunque, crujió, en el techo una nube, un temblor, una ráfaga,

Hizo fila,

Las puertas se cerraron solas.

17/9/11

Iros todos al averno. Al bajar, sentí con demasiada carne, el haber sido tan poco precavido. Entre las líneas de un imaginario barco, mareado dentro de un rectángulo, de una caja perforada por escotillas, es decir, con la cubierta cubierta de naufragios, pude notar, resolver, uno de los tantos misterios, de las tantas búsquedas que uno a esta edad ya no espera tener. La batería jamás funcionó, el equipo lo obtuve gracias a una rebaja, el equipo ha pasado por una cirugía, la identidad le corresponde según la tarea. El hecho, la calcomanía, sucede cuando lo enciendo. Escribo con el aliento del insomnio, cubro el teclado para no ver lo que escribo, las precauciones han dado paso a una serie de malentendidos, los de siempre, al salir de closet humedezco los pisos, el único que se mantiene en pie, como una gota que camina soy yo. Convivir es como la vida bajo el mar, inflamado, pálido, cubierto de una piel con escamas, escamas que se convierten en otra cadena de escamas que al hincharse, todo bajo esas profundidades, adquieren un tono hueso, se vuelven resbalosas. Intento colocar un tilde desde un teclado que parece no querer responder, importo el signo, hago copy paste, si por lo menos la aplicación me ayudara, esto, el proyecto de querer ser un autor, una pérdida de tiempo, valiosos tramos nerviosos, bombeos de sangre dentro de un tallarín de sangre, rabia da, sugerente y recomendable, espero, Sr. Fito Paéz, sea más creativo, lo he visto varias veces, la última vez saludamos desde nuestras veredas opuestas, usted iba, yo viajé hasta el cochecito, respete a su público, como yo lo irrespeto a ellos.

15/9/11

6. El cuello almidonado

En cuanto lo dijo sentí un profundo vértigo. La vi conociendo tantas caras, tantas ideas, ella en el medio como un árbol que acaba de emerger en el bosque. Sentí profundos celos de su naturaleza viva. Yo, un simulacro de halcón volvía a casa cada vez que me apetecía, devoraba con las garras, el pico clavado en su cuello blanco, en su carne que utilizo como una toalla, es posible, ella, con los ojos cubiertos por un par de raybans, si no fuera lo saludable que ha sido sería un contacto sentada de perfil con una colilla en sus manos, un marlboro blanco, un pañuelo de seda en su cabeza, Jackie Kennedy, Seinfeld show, consumido entre sus labios pero sin tocarlos, tocado pero atado, envuelto, encendido, alargado, el ave proyectada como un misil hacia el sol, retirándose las plumas con los dedos o las protuberancias derretidas, la zippo, ella encendiendo un cigarro interminable, yo atravesado en la mitad del sol. Es común aquel precipicio, el horror visto en un espejo, el cristal limpio, demasiado nítido, avergonzado y enterrado bajo pieles y pliegues y muebles y humus.
La veo tomar el colectivo, la veré de vuelta por la noche, la tomaré por la espalda, la convertiré en un plumón, en una nube, avanzaremos con los ojos dormidos, mientras yo, cuando logre ordenar las cascadas de imágenes y de fonemas es decir cuando haya colocado el polvo bajo la alfombra, descubriré que tras el pulso o la taquicardia, se encuentran las ideas de siempre, procuro adherirme, quizás sea la mejor decisión.

14/9/11

5. Ciudad Satélite

Cruzo de Mataderos hacia Santafé. Un día me disculparé, habré pagado con intereses de porcelana cada una de mis deudas. Hago el paso en tres horas, sin saberlo he tomado la máscara de la antigua galera, mi nombre no es Ulises Lima, y aún tampoco sé de que mismo voy. O iba. Cruzo ese intestino a través de una aguja retráctil a la que no le costaría salir al otro extremo, limpia y sin desgarres, no llevo headphones y sin embargo la música suena en un perfecto estéreo. Es posible distinguir hasta los pensamientos más profundos de aquellos que como yo han partido la historia, así me entero de canciones donde se habla de segundos nacimientos, si alguien habla de una secuela es posible que ya existan terceras y quintas partes. A veces la recepción se afecta, es cuando pretendo ganar aquel molesto juego del teléfono descompuesto, maldecimos con mayúsculas a los proveedores, de tanto abrir la mandíbula esta comienza a rechinar. Levanto la vista para ver la luz del semáforo y mientras los peatones cruzan, se me ocurre que de monstruoso todos tenemos los ojos. Busco entre los pies, es decir, silbo un tema al que bautizo con coros que no pretendo recordar. Asfalto, me pregunto con ánimos de antropólogo por las calles bañadas de oro, altero el orden del tiempo, realizo saltos cuánticos, me deslizo como en aquella serie de dos o tres temporadas, lo verdaderamente aterrador, el encontrar a otro Andrés abandonando cada dimensión me revienta con un saco de dudas, en cada huida veo solo su espalda, es como ver kunfu, llego cuando el mal ha desaparecido, el mal derrotado por el primer arcano.
Pero entre Mataderos sucedieron una serie de hechos inverosímiles, tanto que han dejado de existir. Es posible haber perdido la letra de todas las tonadas o por lo menos de las más populares, perdidas y licuadas, Mataderos parecería ser una de las pocas construcciones en pie, genealógicas, mucho más resistentes que un muro. Parecería que dentro de aquel perímetro se encontraran raíces tan profundas, negativos de primeras sílabas, primeras impresiones, primeras repeticiones. Quizás es algo mucho más simple, más cercano a la sangre, el lugar, con sus campos demolidos por vías de tren me recuerdan a una serie de asesinatos, es decir, me siento en compañía de propios y los mismos extraños. Al volver, recogiendo los pasos del otro Andrés, silbo un tema popular, le dedico aquella tonada al piso.

13/9/11

4. Transbordo

Viajo montado sobre las líneas de un aneurisma. Viajamos juntos a las velocidades del trueno. No vale la pena, es mejor no desear usar la ventana. Es posible escarbar, usar las antenas, apropiarse de un decámetro cuadrado, hurgar, pararse en las puntas de unos pies autorizados para el dominio de la tabla, de la fricción, del desgaste del hierro al rodar sobre el hierro. Uso ambas manos, confío en la cintura y el dominio de la gravedad, intento no pararme de cabeza, se acerca otra parada, el vagón aumenta su pulso, acaso ya no es manejado, acaso llegamos hasta la bandera, la foto y de nuevo el flameo a cuadros; los alfiles toman las diagonales, mi perímetro es circunvalado, debería ser el dueño de un peaje, el caucho y su combustión atraviesan para completar otro tipo de hermetismo. El mundo toma asiento, el mundo viaja sobre un cojín aterciopelado y sin volumen, el mundo no se detiene, él no se atreve a viajar de pie, es mejor así, es mejor tener un mundo descansado, yo mismo levantaría mis carnes por levantarlo, sin embargo, noto su independencia, luce sus mejores galas, quizás sea mejor recordarlo de esa manera, en realidad lo hago, es posible que mañana y pasado lo vuelva a ver, quiero recordarlo así, aunque a él no le importe quien es. Leo con dificultad, quizás a pie, reparando vías, el día disfrazado de eclipse, de pie con un mapa, con dos martillos, un casco, ajustado por una costilla de buey. De pie, comprobando en el letrero y en el mapa y desde el walkie, pidiendo una confirmación, estación Aménabar, medio kilómetro hacia el oriente, comprobar lámpara de emergencia, recargue su subtecard. He tenido que volver, he incorporado a la experiencia un cinturón lleno de bolsillos al que he perforado antes de ajustar a mi cintura. Es verdad que apenas puedo verme, literalmente soy un perfil, al volver cuento las paradas, ya no confío en lo impreso, me guío a través de una serie de signos inventados, vivo dentro de una ciudad, la ciudad vive a través de mí, coloco todos los semáforos, dentro de las duchas, debajo de las camas, abro un negocio de importación y exportación de señales de tránsito, señales sin vocales, sin consonantes y por supuesto con su propia gramática. Por ello al viajar, la señalética se traspapela, una calle lleva dos o tres nombres y siempre una avenida se convierte en sótano y hasta en garage. Al viajar en realidad el que viaja no soy yo, en realidad es la ciudad la que viaja dentro de otra ciudad, por ello es muy sencillo y común confundir el nombre y las direcciones de las paradas y de los barrios. Al preguntar abro todas las murallas, toneladas arrugadas de miel y de morfina, un reflector de luz continua, drenar, el diluvio cambia de tanque, emergemos como ciudadanos de A hacia B.

12/9/11

3. Perú

El sol es agradable, su brazo, aquella extensión empuja la vida, la restaura, la hace más poderosa de lo que alguna vez podrá ser. Tomo el diario, siempre he sido un fiel fan de estos papeles informativos. El diario es gordo, pesado, distinto a los diarios y periódicos que había conocido. Las calles tienen nombres exóticos, los rincones de esta urbe guardan secretos en cada uno de sus detalles, una vereda parece ser la autopista prestada de un comic, siento que en cualquier momento seré abordado por los poderes sobrenaturales de algún ser con triple identidad. Al levantar la vista encuentro a dos murciélagos colgando con el rostro cubierto.
Sección cinco: clasificados.
El espacio me supera. Es posible que este rincón sea el origen, el punto fundacional. Me siento diminuto. Golpeo puertas tomadas de alguna iglesia de Castilla. El eco, mis golpes, mis dedos parecerían influir en el tiempo, en las decisiones, es posible que haya caído en un malentendido. En realidad vivo engañado, pierdo el tiempo mirando cosas que no quiero tener. En realidad es morbo, me predispongo a disfrutar de toda sombra atroz. No me equivoco, quien puede cansarse de no fallar. Ahora mismo calculo las posibilidades y espero encontrar un billete de lotería, presumo, intuyo o calculo que la suerte caerá en seis. De todos modos nuestro encuentro es breve, ella, al escucharme sonríe con verdadera pasión, me transmite un sentimiento de tranquilidad que casi lo confundo con familiar. De haber sido lo contrario, es decir, de la manera en que ella lo pensaba habría sentido profundos deseos de no estar en aquel lugar. Ya en confianzas, ya con la bendición de las costumbres de Gross y Palacio entablo un supuesto regateo, consulto cifras, anoto dimensiones y evito sin decirlo cada uno de los compromisos. De nuevo estimulado por aquel futuro sol, me descubro en el centro del mismo punto fundacional. Desde allí, las calles y las casas que componen este barrio  parecerían estar bañadas por un filtro amarillo, como si en vez de agua hubieran sido contrastadas por orina. Las casas amarillas no lo son completamente, más bien parecen una foto de revista quemada o gastada o sobreexpuesta por la radiación del pasado del sol. Las combinaciones o los colores usados en las ventanas, en los afiches de los kioskos, en fin, todo está construido sobre madera, pero una madera más antigua que los casinos, y los autos de combustión. Es posible que a este centro fundacional, agujero que contiene todos los agujeros lo haya concebido la caída de un meteoro o el naufragio de un artillero de Toledo. Las casas y sus habitaciones que quiero rentar por fuera lucen como el coral, pero al coral le toma cien años el llegar a la niñez.

11/9/11

2. Irvine Forrester negocia con Mikey Welsh

Me lo espero, uso el tarot de fantasía, el botón no es tal, el ascensor lleva años sin empujarse, un caracol atraviesa los pisos, emergemos en círculos, ella lleva sus pies adelante, hay antorchas o artefactos eléctricos que iluminan los pliegues y las arrugas de aquella habitación compuesta de otras habitaciones. El pronóstico es perfecto, puedo exigir reparaciones, curioso, ella enciende el televisor, con claridad distingo otro color, la habitación se llena de un aire, quiero creer que glamoroso, un glamour a lo universal studios, ella cierra la puerta, imagino el espacio, enciendo un gps para presenciar la salida y el escondite del sol. Escucho una aspiradora, más bien el sonido que hace al desconectar sus extensiones, como un tapir ahogado, debería recostarme, hay un mueble, un rectángulo, me desplazo por centímetros, de una las paredes veo salir más sombra, imagino la cortina, imagino el vapor, visto en reversa, el cuerpo es mínimo, el sexo cuelga como un calcetín arrugado, necesito calzado para el agua, no hay cortina, el vapor no es vapor, el vapor es mi murmullo, dejo de pensar en que el agua es una serie de cadenas minerales, cierro los ojos, es un error sumergirlos, el jabón es mínimo, llevo canceladas las sensaciones, el baño resulta en un lavado de auto express.
Brillo sobre el filo del rectángulo, el algodón termina el trabajo, brillo bajo un comercial de bebidas con sabor a lima, estiro el rectángulo, el desorden me hace dos o tres preguntas, calculo el tiempo, programo un itinerario, quizás es apenas la mitad de la tarde, estamos el tapir, el rectángulo, el televisor y yo, ¿dónde?¿qué sucedió? ¿qué sigue? anoto sin plumas, sin teclados, en el antebrazo pronto no habrá espacio, un círculo gótico contiene una mandíbula llena de perfiles, es un círculo de tinta y asma y palabras dichas por Salinger, un cuerpo entra por la boca de un retrete, las converse serán dos esponjas, bucear sobre el rectángulo, una tortuga como almohada, la bautizo, nos sumergimos hasta el naufragio de un concorde, la televisión arropa el cuerpo, esas imágenes las había venido soñando. Me despierta otro comercial. Hay un ruido de domingo en el fondo. Vivo junto a las paredes de un pozo con fondo rojo. Viviré hasta mañana, cuándo es pregunto, la noche dura dos días, debo ocuparme del tiempo, tengo el tiempo contado, el comercial se alarga como un disco de baja fidelidad, he cancelado las entradas, al despertar habré domado a la bestia, apenas hay una sombra de su cola, el tapir duerme, alcanzo el control, estiro el brazo, los botones responden luego de varios intentos, el rostro ha sido borrado, una bomba horizontal disimula el cubo, su cercanía al pozo, finge una explosión que petrifica cualquier intento de mirar a través del cristal, de buscar el origen de las futuras luces de los días. Sueño con postes y semáforos y balcones pero al fin sueño, al fin termina el arribo.

1. Carrera Infante

El brazo extendido. La mano, el gesto, la orden. Adentro, montado sobre un columpio, las direcciones hechas de hormigón, las grúas como grullas de pie sobre una superficie, sobre una plataforma, es el asfalto el que se mueve, el traslado es cúbico, un tetris horizontal desborda, hay gárgolas dentro de la lente. Hay texto, hay memoria, sucede una clara predisposición a no entrar en cavernas o pozos repletos de oro, para no hablar de dioses hablamos de nosotros, reconocemos gustos, lugares, una V suena a Violet, un reloj marca un tiempo, una fecha, un pronóstico, entre la sección de clasificados y los grabados de peyo encuentro una noticia de alquitrán, el humo se pega para siempre hasta nublarlo todo, hasta cuando es necesario emerger tragado por un traje y una escanfandra y un juego extra de baterías, estacionado sobre un columpio frente a la primera habitación conquistada por un letrero de cobre con las iniciales S.A.V. Andrés cuelga de un gancho sobre una fila de diarios de la tarde anterior, la dirección coincide con las fechas o los números de tinta, y pulpa, y Andrés tiene en los ojos dos semillas de papaya, una anciana cruza el cristal, usa el diario de la tarde como rodapies, él suelta las riendas, con destreza se desdobla, puedo verlo en su cabina, Andrés lee la primera novela de Karen Beats, lee el horrendo cuadro que ella no ha elegido, él lee mis hazañas, no usa la corneta porque empieza a dormirse, su esposa cruza de lado un semáforo en verde, llevo solo carne y bolsillos, entonces Andrés y él se vuelven vapor, yoLukeskywaker pruebo encender cualquier sable láser, la anciana prepara el ascensor, tengo un pie sobre la escalera, él levanta su sombrero, levanta su frente, tiene un dedo en el gatillo, hay un ojo tuerto tras otro volante que empuja un columpio con dos chinos a los que se les ha ponchado la motocicleta, preparo las rodillas, tomo aquel putzalahua de fantasía, demuelo gestos, dientes montados, es él, su cabina amarilla, un tatuaje de la muerte cordoveza quienes me sugieren continuar. Bajo el gancho cuelga una línea oblicua y horizontal, termino la escalera, termino tras un cristal, yo mismo dentro de la habitación soy transparente, evito el sodio, yo mismo pronto estaré lleno, visitado como un hotel.

10/9/11

Cálico

El auto se detiene a media docena de pasos. La calle, la iglesia, el edificio donde funcionan dos bancos, lo que debería ser una imagen plana, lo que debería parecerse a una ampliación sin esquinas, delgada como una fotografía, es, incluye, contiene aquella docena de pasos. Los autos, cruzan sobre esa distancia, la línea invisible y virtual adquiera la altura de una cerca, de un autobus, de un niño sentado sobre una choper, de tres puestos de periódicos y revistas, una pared con periódicos de vidrio, o ladrillos firestone, o cruceros renegados del río, o por que no, una pared que más bien es una sequia. Las orillas, el fluido, el rumor, el pie dentro de aquel curso, la cerca deslizada como una cortina, el rostro girando de derecha a izquierda, la cerca, la cortina, el pie fuera de la corriente, la marea, la sequia ahogada por un brazo de hierro, ella, a media docena de pasos, ella, que no sospecha que la están siguiendo.
La decisión. La vereda, la piedra. Pasatiempo, una caja amarilla y de cartón con una lija como uña, los dedos, la explosión, los ojos que trepan sin oxígeno, inflamados, el hacha, el zumbido, el aire roto, la campanada, la sombra y su perfil, la silueta a contraluz, bombardero, coordenadas claras sobre una hoja de misa de domingo, misa doblada dentro de un bolsillo, sermón nocturno, diurno, pan de oro.
Ella detiene el tiempo. Una garganta de pólvora escupe un grito como un millón de grillos, la marcha en sentido norte sur, la perspectiva que se crea por un efecto de posición, golpea o se detiene bajo una línea de árboles, o sea, se prolonga hacia las nubes, forma una consonante mayúscula. Ambos, es decir, la silueta que formamos, bien podría pasar por una letra del alifato. De ahí en adelante el tiempo corre hacia atrás, los cuerpos como puntos van desapareciendo, como si quisieran alejarse, o por el contrario, como si viajaran dentro de un vagón de tren. 

1/9/11

Lover Cohen lover

Me detengo ante su imagen. Detenerse, dejar de respirar, ha cruzado las piernas, las luces la deforman, la inflan, detrás de cada disparo hay horas de práctica, oficio, su sonrisa derrota a los invitados, los descalza, sin zapatos es posible reconocer las texturas, el piso, volver y poner los pies, quebrarse, ante aquella imagen es mejor persignarse, incluyo esa posición dentro de una billetera mental, al endeudarme busco en el pantalón de mis culpas y al abrir el cuero para sacar las monedas de nylon encuentro feliz un amparo, la fe se ha apoderado de las luces, del fondo blanco e interminable planchado como una camisa amildonada antes de ser escrita, antes de pasar al museo de lo poco serio. Ante ella acepto los compromisos, me vuelvo profeta de la disciplina, guardo sus líneas entre mis esquinas, geométricamente, la leo de izquierda a derecha.