Me alimento de un balde plástico que lleva las etiquetas pvp y pyka cubiertas de vísceras, es un balde alto, llega a topar la altura de mis rodillas, como en festividades está surtido, menudo, lo he llenado desde la mañana, no ha sido sencillo, para ambientar el día he programado el discman para que repita las 17 canciones del único disco que ha sobrevivido a las calles, es un disco que lleva serigrafiado en alto relieve una mándibula, unos dientes, y dos micrófonos, es conveniente y hasta recomendable no dar títulos, es mejor y hasta terapéutico investigar por todos los medios cuál de todos los discos contenidos en los bancos de imágenes es aquel que corresponde con la descripción. De esa manera, improvisada, más bien, dibujado con los ojos cerrados he traspasado las calles culebreras del día, más en forma de sombra, retrocediendo, rebobinando y hablando tras varios hilos de voz, como un profesional, aplicando técnicas avanzadas, dentro del parietal de un uniformado, soltando más de la cuenta, observando a través de las olas un espiral, una lucha con golpes de cola, cortos pero rápidos aleteos, fotogramas de labios rasgados, ha sido, una astucia, el aceptar aquella sugerencia, no ha costado un centavo, más bien, he aprendido a reciclar, alambre siempre hay, ha sido cosa de preguntar, dar dos vueltas, apretar el alicate, dentro, al fondo, bajo esa corriente las vueltas no liberan, ha sido habilidad, ahora fabrico con los ojos cerrados, en la profunda cortina negra observo el procedimiento, las imágenes son de estas manos hábiles y entrenadas, su fortaleza es la de un Samurai, de cabeza sobre una porcelana compone un origami que respira, bajo todas esas toneladas la boca vuelve a rasgarse, la superficie tiñe, la calle filtra los fondos, levanto la caña, espectacularmente divido con el nylon, un arco se evapora y desintegra, abro la boca como un balde, rasgo las encías, divido la sombra del paladar, arranco el anzuelo, ese anillo entrenado a través de la carne, la calle tiembla, la cola se agita, el movimiento es propio de un pez que aletea, viajamos en el estómago del cardúmen, el disco salta, caemos en cuenta de nuestra posición convexa, la cortina cubre las manos, asisto a una obra chinesca, mi ojo pestañea dentro del balde, el ojo de oro atraviesa las cejas, busco un rincón, conquisto el centro exacto del pez, aquel hígado surte de defensas, ha sido calificado por sus hermanos, levanto los brazos, me invento un rito a base de mantras, me apodero, soy el rey bautista de los ruidos, entonces parto aquel ojo de oro, recuerdo varios brazos levantados, asisto al ocaso del último sol, entramos, sin empujones, respiro el contenido del balde.
22/8/11
21/8/11
A propósito de Agosto
Asalto y robo al tren. Sobre la líneas imagino haber colocado monedas planchadas, rostros o perfiles sin textura, también son habitantes de estos bolsillos juguetes redondos frágiles pero más veloces que una rueda de vapor. Coloco el oído, escucho los latidos de aquella falsa superficie, estiro y prolongo las antenas, soy un ave, mis ojos perforan la montaña, mi cuerpo es alargado, se cubre de arena, quiero creer que también soy un saltamontes. Los rumores acarician a las hojas quienes parecen juntarse para responder en coro. Un brazo espartano oculta al Cayambe, es posible que tras su movimiento los volcanes, lo valles, se encuentren recostados sobre las ruinas de una ciudad convertida en colchón, un colchón superado por los cuerpos, poblado de madrigueras, envuelto en sí como un capullo.
Exhalo. El aliento se hace visible, una nube negra se aproxima de entre los cipreses. Ajusto las monedas sobre la riel, al igual que sentado tras el panel de mando, escojo no escuchar, elimino las vibraciones, la membrana se estira al máximo, resulta en coordenadas, en una serie geométrica de triángulos que al chocar producen más triángulos. He abandonado el mundo a través de los sentidos, correcto sería señalar que por curiosidad he optado vestirme de astronauta, naufrago a través del rumor que rebota dentro de mi propio casco. Una nube cercana al smog empaña el cristal. Mi rostro la absorbe como un pañuelo.
El convoy camina sobre el puente. Mi risa vibra como las alas de la mosca. Los juguetes víctimas de la gravedad me miran, busco un gesto, se alejan sin suplicar. Corro el telón. Un telón blanco y horizontal. La atmósfera silva, exige, suplica como Grasse los huesos de Grenouille. Abajo la nieve cubre todo rastro del incendio.
19/8/11
Alcalina
los ojos palidecen, se rellenan, visten mas bien, parpadear es una necesidad, la pupila entra a la lente, obscenamente succiona el perímetro, el decorado, los espejos los multiplican, una tormenta rebota entre los botones, sobre las hebillas, a mano alzada y con la más baja intensidad va inflamándose el pellejo de un ascensor soldado dentro de miles de brazos calibrados, sugeridos apenas por la química y el trueno dentro de aquel círculo negro y dilatado que, bajo el dominio del pulso, absorve como un enema el cuerpo que hace de sanduche entre ese juego de espejos donde el techo bien puede ser el suelo.
17/8/11
Morvan Pilatus
He visitado lugares que no pueden verse aún, de Saint-Exupéry me ha dejado pilotear una de sus cuatro naves, juntos hemos cubierto en varias décadas la geografía de un continente sospechoso, los bordes y los confines de mi propia historia. Aquí no hay nada nuevo, las huellas son impares, los rostros lucen rejuvenecidos, hay mamíferos jugando a ser mascotas, tantos como árboles, como marcas de caramelos, parados sobre sus dos patas, cruzando como cometas el cielo, respirando con los labios tras de un cristal, ¿labios o boca? mirando, perforando, buscando oro a fuerza de miau, de croac, de beee, oro que no existe, piedras a las que tengo que inventar. Con sus juegos alcanzo un abismo que transforma mi piel en gelatina. De estas y otras sombras está formado el mapa, lo recorro con un dado en la mano, un dado que marca siempre el mismo número, de manera previsible, nada se pierde retirándose, es posible, tras la sensación del juego, detenerse en medio de aquel tablero y sentir la gravedad inventada, la posibilidad de dar un paso en Roma sin moverse nunca de Roma. Bajo los pies o sobre el avatar, o como anillo en su cintura, exactamente conteniendo la atmósfera de polo a polo, un asterisco de flechas señala todos los caminos, *.
15/8/11
Soy un muñeco ventrílocuo, descanso sobre una rodilla, sé usar una mano, visto de franela, también uso reloj.
Decir todos quizás sea exagerado, quizás lo más apropiado sea decir nosotros. Decir con mayúsculas y sin miedo: Nosotros estamos mal. Recuerdo, sueño, y, esa, la parte dolorosa, complicada por nudos, es, sin que yo me lo proponga la que me despierta, con sus engranajes oxidados, bañando de sudor el pecho, llenando la garganta de flemas, invadiéndome con nombres próximos, familiares, lobotomisándome con imágenes recurrentes, atroces, alcanzado por esquirlas, por vísceras, intestinos que en sueños veo colgar de cuerpos mutilados, cuerpos armados con partes agrícolas: a veces un rastrillo por mano, una mochila de fumigar por estómago, cuerpos remendados, alejados o doblemente cercanos al fuego, blindados, inmunes, cuerpos que se reciclan, que ya no comen sobre mesas, que no miran con dos ojos, ni tampoco olvidan, más bien, presencian el mismo sueño cada día, bajo la luz del sol que suele salir a través de la luna, sueñan estar viviendo despiertos, sueñan sin haber dormido, con la misma ropa de un dibujo animado, con la mirada oblicua, con los ojos y sobre todo las pupilas trasplantadas de una vaca. Amanita muu.
8/8/11
Can on
Entre el escritorio y la puerta, los objetos, cubiertos de arena, sugieren movimiento; antes, sombras ocupando un espacio, entonces un rumor, una caravana, la diapositiva, el contacto de un incendio, de un pulpo, bañado por su propia tinta, estrechando sus tentáculos como manos, ciego, invisible, dividiéndolo todo con su aliento, con sus brazos, con sus alas azules de ángel azul de la gasolina, hinchándose, como una ampolla huérfana hija de la pólvora, bajo los tallarines y los látigos de un estofado crudo, relleno de llamas y de antorchas y de silbadores y de años viejos, cruzando la calle, bajo toneladas de radiación, uniformados, dentro de una volqueta cargada de escombros, del rompecabezas de una estatua, camino a la quebrada, abandonando la neblina del páramo.
4/8/11
Ob seno Don oso
Te veo acercarte, me lo repito: ve, mudito, no cambies, así nos gusta, vivir del intento, ser una probabilidad. Necio, mudito, te digo que lo dejes como está, yo ya estuve, yo te lo cuento, mi memoria está blindada, tiene paredes grises, como la del elefante.
Tus manos giran el dial: tupá. Mudito, mu u di i ii to a mi no me tienes que impresionar, almacenesrikylosalmacenesconcorazón, meconozco de e e memoria nuestra voz. La radio no reemplaza tu voz. Hablacontodostusamigosalasteriscocientoveinte. La voz sale de entre tus dedos, mis dedos, te enseño a hablar con estos dedos, tupá, tupá, mudito, grites, mee escucho gritando, mu uudito, no grites, déjame contarnos a los dos
1/8/11
Un día El Evangelio. Una mesa, cuatro sillas, un mantel. Templo, hogar, nube, de rodillas y con la oreja plana, la cabeza, la plegaria, el permiso. Entonces, de rodillas, plano, con los ojos en la nuca, entre el techo, entre el fuego, entre el piso y el templo, líquido, dentro de cada nariz, dentro de cada imagen, elevado, ruidoso, fuera de las trompetas, cerca de las aves y del hielo, abierto como océano, como mandíbula, tragando, succionando,
29/7/11
Hiato
Miró con el rabo, desde la esquina, media nariz a la izquierda, apretado, dentro de los bolsillos, dando pasos sobre una cuerda con la gravedad de cabeza, uniformado, sentado sobre granadas, y granadillas y un cepillo dental, un enjuague bucal, y un hilo dental, con los dedos en los surcos, dentro de un castillo, en el salón real, hecho ceviche, acompañado del pana pecho e chifle, mitad Kafka, mitad niño terror, dividido, mitad denominador, mitad para armar una mitad, brillante, cubierto de algas, recostado bajo una lámina con la piel pelada, con las manos dentro de guantes, empujado, sin resistencia cada vez hasta una próxima tal vez, de lado, también inclinado, garabato, en curva, firme, cruzado el amarillo, domando el ocaso, bajo candados, a tres mandíbulas de fuerza, disfrazado de sniper, sin aire, automático, con ojos como huevas, parques, pantanosos, a media luz, a mitad de camino entre un nudo de corbata y el último sol de la tarde, sol reventado reloj de las sombras.
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