22/7/14

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AK, MB

En la radio suena algo de Eltico. Eltico habla o murmura sobre despertar y desayunar lluvia y algo sobre figuras a lo lejos paradas a la espera de barcos. También añade que el mar es de oro y que al barco luego se lo traga el mar y el sol brilla, (o es el agua) o el agua brilla y el barco parece un sol. Todo suena extremadamente irreal. Luego bajamos, ya sin Eltico, y juntos pedimos cigarrillos. No hay apuro, parece que deseáramos caminar, mirar a través de los cristales, oír el rumor del agua que empieza a filtrar por el tumbado y, sobre todo, dejamos atrás al resto del grupo. Una de las esquinas, una junto a una puerta con barras de acero parece invitarnos; en realidad nos acomodamos junto al muro y dejamos que los dedos se impregnen y que los labios se oscurezcan. No pasa un minuto, (nos atropellamos brevemente con frases que caen desconectadas) y la figura se infla exacta: es ese cubo que ocupa la mitad del día desde que abro los ojos hasta cuando la teve hace estática y también ese ruido monocorde de filme mudo; delgada y larga y cadavérica aparece, como si acabara de salir o de bajar pegada al pasamanos y eso y todo eso sin que yo anticipe que luego ya estaría en mis hombros.
Odio cuando algo desborda, cuando uno de los fantasmas decide tomar una decisión o peor, aparecer, darse una vida en un momento inesperado.

Algo pensaba o me decía con el marlboro en la mano, me lo decía como si yo también acabara de salir de mis hombros; entonces exactamente ya estaba en las gradas, eso de ver que buscaba los escalones o como si bajara mirando sus pies o como si buscara sus manos: como si las perdiera; y también tomando la cintura de alguien, como si a cada paso se alejara o acercara, eso de ir adelante-atrás adelante -atrás.

Para el fin da lo mismo, dije, luego creí ver algo que me atravesaba; a ratos al frente, luego como si respirara junto o con mis pulmones.

En un tercer momento ambos como dóbermans, detrás, en las espaldas y también con el hocico en los muslos.
Por un momento somos tres.
Brevemente esperamos sobre nuestros seis pies y eso suena posible: que las barras de acero se doblen, o, quizás, solo deseamos no volver a la habitación. Nos resistimos tres, quizás treinta y seis veces.

No lo había notado pero cada uno de nosotros llevaba una cruz colgada o impresa en alguna parte de nuestros cuerpos o bordada por ejemplo sobre una blusa. La primera, dorada, realmente grande, un hierro extremadamente pesado y que colgaba de su cuello; pensé que podía ser algo que podía desaparecer o deshacerse en la manos, algo que sucedería al intentar colgarlo en un muro. La otra cruz estaba a nuestras espaldas: en realidad era el marco y las cuatro ventanas, una cruz oscura y a contraluz a las seis de la tarde, su larga sombra aplastándonos. La tercera estaba en mi mano izquierda, rayas y surcos profundos; supuse haber nacido con ellas y pronto estuve tocando mi rostro con fruición y tenía apuro por montar mi bicicleta, alguien dijo ahi vá una cleta haciendo ñinnnnnn. Miré un rato más y me pareció una cruz de líneas delgadas y con el patibulum doblado, con sus puntas formando algo parecido a unos cuernos.

El humo pasó de mano en mano y al darme cuenta me encontraba bajando y al darme cuenta estaba con los pies sobre los escalones rodando hacia la planta baja y entonces intenté regresar y observé que solo quedaba la imagen de un orificio en el centro de un muro; un orificio por el cual podía pasar un avión de un solo motor o hasta dos ascensores. Tenía muchas ganas de ser un ascensor y de subir un edificio de cien pisos con una velocidad superior a la de sonicyouth hasta lograr el desplazamiento absoluto, la desaparición horizontal primaria, el vértigo horizontal y la línea infinita que une los extremos de los rectángulos pasando por a y por b y por c y luego pensé que observaría desde un edificio cercano como la caja de acero rompía el muro o el tumbado hasta salir desprendido como si el edificio acabara de soplar aquella caja hacia las nubes, aunque yo sabría que la dirección que llevo o llevaría la caja es o debería ser el amarillo y gordo fatoldsun. Serían dije dos horas en un viaje ni tan breve ni tan parvo delante de aquella cortina negra o de aquel gas silencioso y oscuro quemando un poco de partículas y del vidrio eléctrico y todo eso como parpadeando sin orden frente a la gran cortina, eso, mientras la caja recorría el jugo oscuro como un globo empujado o halado; y al mismo tiempo eso de ser atraído: un objeto con voluntad de perder la voluntad. En eso estaba o creía estar al bajar los cuatro o nueve pisos y la sombra o fantasma también se inclinaba hacia un lado, y luego creo se metía entre los muros hasta cuando yo regresaba a mirar y también sentía que algo miraba desde mi cuello y entonces no había ruidos, y todo el edificio parecía deshabitado, y eso a pesar de que las luces acababan de ser encendidas, aunque alguien tenía el humo entre los dedos, y también porque ya estaban camino al salón o hacia una de las habitaciones donde miraríamos casos de personas y de ministros con problemas del habla y discursos por señal codificada o en el salón de vhs.
Luego observé que me llevaba tres o cuatro escalones de ventaja. Luego salté esos escalones intentando derribar su paso pero dos hombres subían en dirección contraria, quizás fueron ellos quienes evitaron que cayera de bruces, y que lastimara mis manos y sus cinturas al intentar tomar el pasamanos; supuse que otra vez respiraban junto a mi pulmón o que mi pulmón era un motor y todo era un gran patio con autos apagados y cercas tocadas por el moho.

Eso sería en la planta baja dije, y supongo nada de eso ocurrió.

Supuse que había visto mucha tevé y andaba con programas y series de aventuras y nadie cayó al piso.

Mira, dijo, tú eres de esas personas que se han acostumbrado a mentir. “Personas” pensé, y eso lo hice colocando unas comillas alrededor. Te he escuchado aunque parezca lo contrario... ... me has puesto a dudar. ¿Sabes qué?... Seguimos en primaria y sigues dibujando un hombrecito con los brazos abiertos y luego lo recortas...

...

...

Eres un mentiroso pero también un farsante porque no sabes qué nombre ponerle a tus hombrecitos recortados una vez que los has abierto.

...
Otra cosa, no intentes saber de ti, y... ¡no te metas con mis problemas !

...

...

¡Di cualquier cosa!

...

a ver, haber, repite: soy A. K, tú eres M. B

...
¡Dilo!

¡Dilo!

Deja de observarme como si no observaras...

Hazlo... ¡sorpréndeme!

...

Mientras decía estas cosas creo que de nuevo yo estaba caminando hacia la planta baja, o siendo levantado del suelo por los dos hombres, o quizás todo era producto del humo que salía por los muros y supongo tenía ganas de llorar y mientras, seguíamos de pie y los hombres caminaban con las bolsas blancas en las manos. Luego miraba mis pies, y creo que mis ojos ya estaban en el piso cinco o en el nueve y mis pies colgaban del tumbado del piso cuatro, y mi mano y un marlboro apenas habían llegado a un escalón frente al edificio, o sea, yo estaba del otro lado de la calle. Dos momentos o dos nueve parecían juntarse, y estaban pintados como con pintura roja, y varias personas con trajes azules o corbatas azules y zapatos brillantes caminaban o daban vueltas, parecía que entrábamos y salíamos y también alguien eres un mentiroso.

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