5/7/14

Empezamos tarde y eso era pasadas las doce pero los grupos andaban cerrados o sonriendo frente al brumbrum que hacía el flash y también se miraban entre ellos o se perdían en cosas que estaban a los costados. Yo levantaba las manos y hacía como si tomara sus luces y como si también las colocara en los pies y luego todos estaban en eso de girar y de paso las luces eran alfombra pero quizás nadie notaba el boicot y un par de tipos cruzaron en medio de todos llevando varias botellas oscuras. Tenía tantas fuerzas y era como tener sobre los huesos un gran músculo y estuve girando al ritmo de una salsa y la salsa sonaba como si los músicos llevaran siglos o décadas trepados junto al público, siglos y soplando trompetas y apedreando un piano y cerraba los ojos pero luego alguien me hacía girar y entre esos giros y la luz de los muros veía un rostro muy cercano y una forma desconocida que eran como un rostro y unos dientes y una boca que decía algo y yo sonreía pero en verdad era difícil entender alguna palabra.

En el subsuelo había una cancha de color anaranjado y quizás era una alfombra o un tapiz y quizás practicaban algo como tennis pero afuera junto al cartel de letras rojas BAR había otro cartel más chico y de letras azules que mostraba los horarios y otras cosas como el número de equipos.

Alguien hablaba y el ruido era espeso, y todos formábamos un círculo y en realidad escuchábamos historias sobre santiago y sobre el buen ojo o algo de los seleccionadores. Tener la talla indicada no es suficiente y eso también porque no existen tales requisitos pero tras decir esto uno de los guardias fue atacado por un hombre muy grande. Yo ya estaba en mitad de la calle y preguntaba que qué hacíamos allí y creí que cualquier cosa podía suceder pero el círculo estaba roto y ya no habían más historias de seleccionadores ni de santiago o de sus parillas a media noche pero algunos miraban con interés y también ellos parecían dispuestos a continuar la trifulca lanzando puntapies en cualquier dirección.

Luego llegaron dos hombres de uniforme y un poco sometieron al tipo; estos tipos eran altos pero él era más alto que ellos y un poco enredaron y algunos parecían con ánimos de saltar encima para formar algo como una pelota.

El brumbrum cegador de las luces de los autos nos hizo pasar hacia la vereda del frente y entonces seguíamos decidiendo. Mi teléfono estaba apagado. Busqué un sitio pero solo habían luces y carteles rojos y gente que buscaba a dónde ir o solo miraba a los autos chocando. Una mujer rompió un parabrisas y luego de terminar eso de dar marcha atrás, y ya horizontal a la calle hizo brom brom fuerte y el motor y luego las llantas eran como algo tibio o pegajoso.

En el taxi hablamos sobre regresar a la cancha anaranjada y luego el semáforo cambió en la entrada, cruzando Monjas.

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