30/7/14

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¡aay no, una burbuja anti-escape! Burbuja: paafff!! : qué fácil… :: por qué creyó que un enorme globo detendría a la gente? Eñ: CÁLLESE, NO ME DIGA NADA!!




¡aay no, una burbuja anti-escape! Burbuja:
paafff!! : qué fácil… :: por qué creyó que un enorme globo detendría a la gente? Eñ: CÁLLESE, NO ME DIGA NADA!!




Sucede, siempre, y cuando llega ya todo es impredecible. Luego uno puede sacarse todas las cosas que lleva: sobre el suelo los peines, fideos con fecha próxima, sobres y estampillas pegadas y también sobres sin abrir; es decir, uno obtiene, sin desear, la capacidad de observarse los centros, los múltiples sitios que un rato están de un lado y al siguiente, bueno, luego de unos segundos lo envuelven todo, como una sábana, como una toalla seca, como un centro o como una de esas burbujas blancas que parecen hechas de goma o hule, algo frágil que en realidad no soportaría el filo o una punta brillante de acero. Paafff puff. He visto este tipo de burbujas llenando los cuadros, en varias películas pero sobre todo en series y en horas donde ya todos duermen. Cuando el escape es inminente, la burbuja entra en acción. La burbuja es poderosa por el ruido incidental: el martilleo y ese peligro en los instrumentos y las cuerdas, eso de salsipuedes. Además, ¿qué inflama mejor que el viento corriendo sobre el mar?






Lo que separa su interior, (el de la burbuja) de la epidermis del escapista es una membrana reversible: una piel que reventaría al pincharse con algo como... un tenedor plástico sostenido por unos dedos; una de esas cosas poliuretanas que termina en el fondo de las bolsas blancas y luego otra vez flexiplast calle unión y giovanni calles quito-ecuador. Puuff pooff y el continente a la vista.






El poder es detener el cuerpo. La burbuja desinfla y mientras toma el aire, también, infla-hincha el interior; digamos por ejemplo en un... JuanTopo. Eso ocurría en filmes presupuesto B: hombre detenido bajo de la membrana, rodeado e hinchado, rostro y boca abierta, hombre gritando, o que ha perdido volumen bajo la membrana. Eso le ocurre a JuanTopo, solo googlear. Ahí está su cuerpo detenido, lo prueban las imágenes y sus manos.






Llevábamos varias horas mirando la misma pizarra. Todos parecían dormidos sobre las sillas azules. También escribíamos con cautela, es decir, ni respirábamos, o lo hacíamos con el menor esfuerzo; apenas si ocupábamos sitio, como si de ello dependiera que el día o el taller terminaran antes y como si malrespirando consiguiéramos adelantar las horas, oficiodenecio pensé. Luego reunimos a muchas personas alrededor de una sola mesa, cosas que ocurren planificación como dirigidas por la caída de la tarde; esas cosas que muchos acostumbran asociar con ideas tipo solo sucedió-solo fluyó; alguien hablaba como si el piso escuchara ¿nos hablaba o conminaba con autoridad del piso? Luego alguien anotó en una de las fotocopias, en el revés. Yo estaba ya entre ellos, y entre sus brazos y sus lápices preguntando sobre sinónimos y fonética labiodental y sus respuestas eran núcleos vocálicos simples y de pronto, como en un circuito, avanzábamos en línea recta, como un suspiro en forma de números, un tres o un seis que revientan al contacto con la luz y al dejar los labios, y también deseaba estar en otro sitio, uno donde nadie empujara y alguien respondiera… algo, alguna palabra que explicara qué números llevaba dentro. Es lo que es, ya debemos terminar, pensé.






Luego parecíamos extraños, esto lo dijo N, yo sabía algo pero no encontraba un modo simple de explicarlo. De los ocho, quizás la mitad, parecían no necesitar ayuda. Luego dejaron los cuadros sobre el escritorio, quienes salían guardaban un momento en el pasillo mirando sus radios y a veces llamaban a uno de los que seguíamos escribiendo.






Miré que dos talleristas buscaban entre las sillas: apenas si las arrastraban, luego miraban debajo, del otro lado de los cojines. M dijo que debía ocuparse del desenfreno, y entonces quedaban unas quince páginas, y además el taller de teoría de romanceros. M corregía de pie, y G, graciosamente regresaba sobre su folio y usaba su lápiz en señal de que la escuchemos comentar: que tiene sed bromeaba, que mi giba está llena terminaba por decir.






Luego desaparecimos como delincuentes llevando toda la prisa enrollada en una corbata, formando mucho barrullo, desatándolo pero también para que preguntaran ¿Cuándo sucedió? ¿Quién es? Ocurrían cosas que estaban más allá de nuestro control, un poder diminuto similar al único botón del tablero de un sistema de energía abandonado, quizás secreto; energía de choque, esa de las tres o cinco grandes chimeneas. A cualquiera le hubiera gustado apuntar y descargar una cantidad ilimitada de pólvora, eso, hacerlo sobre el pecho de quien fingiera presionar el brillante y rojo poliuretano... con el meltdown grabado en el centro, el índice bajando sin hacer ruido, rodeado de ese silencio de cápsula o de cámara aislante, y en realidad una habitación con más muro que cristal y más sillas plásticas y cosas que volarían sobre las ventanas y también sobre los talleristas y sobre sus cabezas, que seguro soñaban algo similar o eso nos hacían creer.






Afuera ya bajaba los escalones pensando en la caja roja y en el marlboro. Yo era una ceniza o el alquitrán adhiriéndose en los pasamanos. Para no improvisar toqué mi bolsillo esperando que siguiera allí: allí estaba, como una pluma, o como un lunar de carne, como una extensión o como un cuerpo que sale de algo. Luego hicimos chizzz, luego buscamos un sitio, y eso tras arrastrar los pies de manera que parecíamos, eso creí, obsesionados por encender el suelo. Quemar, volar, cristales, eso decíamos alrededor de las habitaciones y dentro del sitio mismo.






Pies que lijan porcelanatos.






Unos tres minutos. Luego yo estaba sin cigarro y bajando escalones… supongo todos los pisos, supongo llevaba prisa, buscando el sentido perdido; quizás miraba con la nariz, quizás caminaba desde el estómago. Deseaba quedarme quieto, al fin en el mismo sitio. El cigarro empezaba a fijarse entre mis espacios, sobre y debajo y entre cada escalón. El gran orificio conectaba los ocho pisos, entrecejayceja, pero creí necesario jamás volver a decirme nada, mucho menos, me dije, aconsejarme. Ser mi peor consejero, y no llamarme concluí.






Sus palabras, su manera de decirlas, de lanzarlas como si carecieran de importancia, o de justicia, y al contrario, fijando cada sonido para que uno no las olvidara, asociando la superficie de los sentidos, eran de ese tipo de palabras que en realidad son ladrillos, ladrillos que aterrizan hasta dormirlo a uno, primero uno, luego dos, luego nubes, palabras que forman un: tú eres ladrillos.






Acerca de uno, lo conocen a uno.






¿Cómo repetir cosas que siempre evitó?



Los fines del mentir. Los caminos desenredados bajo los pies. Mentir o engañar o desear cosas para existir, o hablar ceros, o hablar carga completa. Ser dentro de nueve cortas y finitas letras, mentir tiene más de desobedecer que de desconocer.


Vocal del medio, vocal primera o del último.






Cuando lo dijo, pensé en explosiones alrededor del centralpark, y cuando creí comprender, tiempo para relacionar lo personal con lo doble, dudé, y eso me colocó peso extra, y de ese modo gratuito conocí el centro de la tierra, aquel ácido poblado de hombres con estómagos cóncavos y de rostros minerales. La visión se hizo recurrente y repetida sobre los cristales y las puertas que se abrían al mismo tiempo. La casa, el sitio, suponiendo que (nueve pisos, cinco basement) una construcción llevara más que ventanas color esmeralda, ya esperaba para las siguientes veinteycuatro y eso a través o para mirar colgado desde veinteycuatro ventanas distintas. Tres mil días...






Eres, un, eres, un, eres, un, eres, un, eres, un, eres, un, eres, un, todo parecía fresco, orgánico y húmedo como el comercial de un producto que acabare de salir; su rostro viviendo ya en el futuro, eso ocupaba la mitad del techo, la mano y la estilográfica… y las tazas y kinderformandrake de 25 gramos y una alfombra y las sillas desconectadas, eso, a diez centímetros y ya una hora de volver y en los extremos y rodeando el patio, un sitio para caminar junto a palmeras… o… sobre ascensores… eso, el futuro… diciembre de calidad… yo… cuidar la fila… la bolsa plástica pendulando… lo cierto… era… …y a la venta y en todas las perchas y en diferentes tamaños y dentro, junto a las llaves, los adhesivos en lugares imposibles y kinder y 25 gramos y vuelva prontos.






Eres un…






¿A cómo toca?






¿Uno alcanzaría para todo el taller?






Luego pensé que ya me llevaba la Ofelia.






…mi tiempo. Que los talleristas usen sus viandas. Un tenedor, una caja. Un tenedor dentro de






una...

!chao galpón!






préstamela, llevas eres un mentiroso.

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