27/6/11
Él no tiene nombre, mejor dicho lo tuvo, mejor hay que pensar que lo sostiene en las manos, lo tira por una ventana, lo observa caer sobre algas, entonces digamos que tuvo un nombre, pero parece más claro decir también que lo perdió. Ya sin un nombre, que también es como decir ya sin memoria, detiene su mirada en el paisaje que se le presenta a través de la ventana. El hombre, antes llamado de alguna manera, viaja a través de un país lleno de montañas. La autopista por la que transita el autobus en el que el hombre hace su viaje, atraviesa el aire, la lluvia, la arena, sus llantas firman como en papel una rubrica a través de páramos, de haciendas viejas, de ciénagas, como un gusano es el autobus y como parásitos son quienes dentro de él van sentados: una niña gorda y rosada con diademas en la cabeza, su padre, o un hombre peinado a la perfección como con brocha, que además lleva un bigote negro y pesado y varias revistas deportivas en su mano. Junto a él un niño feo, de cabello en puntas, con los ojos negros y una camiseta de los power rangers. El niño, que sonríe, que salta sobre las piernas de su madre, toma fotografías con una máquina de juguete, fotografías imaginarias del lago, de los árboles, de los fondos imprecisos donde pareciera que él estuviera visitando. La madre, una mujer de espaldas anchas como un armario intenta sin éxitos cerrar la ventana.
16/6/11
Él pasó la tarde dentro de casa. La sala estaba adornada, un automóvilde las paredes colgaban cuadros con motivos similares, una lata de aluminio comprimida, una botella de cristal verde sin etiqueta, un cenicero lleno de chicles masticados, un cuarto cuadro había sido cubierto por una tela de color arena. Él, sentado como si esperara que un camarero lo atendiera, levantó la mano, tomó el teléfono, marcó un número, lo pronunció, lo hizo estando a siglos de distancia, lo hizo desde el pasado, marcó un número en una época donde aún no existía, donde él sería un gruñido, donde
15/6/11
Lan lan
La mente recrea ideas, las filtra, las descompone con un cedaso hecho de troncos, atado a huesos, cubierto por asfalto, delgado, transparente como membrana. Esas palabras, que en su forma sugieren un testamento, en la realidad saben a balas, a soga, a una química necesaria e inesperada, el segundo extra, el infarto que derrumba, el segundo que fulmina. Un corazón dotado de horas de gimnasio, gordo, como un puño adulto cerrado, recibe esos impactos tras una coraza, en sus venas rebotan las frases, languidecen, caen húmedas como un periódico mojado.
La mente, sótano asegurado bajo siete candados, carga de nuevo munición, recrea una guerra, mientras él, hecho tierra, descompone los cuerpos, habla o imagina que dialoga con esqueletos.
La mente, sótano asegurado bajo siete candados, carga de nuevo munición, recrea una guerra, mientras él, hecho tierra, descompone los cuerpos, habla o imagina que dialoga con esqueletos.
14/6/11
Pozo
Para él eran cuatrocientos años, los contaba con la mano, los repetía en los dedos de los pies, con cada pestaña, llegaba a contar hasta setenta, respiraba, imaginaba una cifra entera, un número natural, un cifra tántrica, entonces operaba, resolvía cada siglo de historia, contaba guerras no a través de la pólvora, inventaba nombres, familias, espadas, encargaba, como se encarga al servicio de correo, un calendario de eventos, una bitácora, la radiografía que él intuía, la radiografía de un tiempo desconocido, empolvado, la historia que retenía, como a una moneda, los hechos, los actores que borrados, o convertidos en polvo, habían escapado a la pluma de los hombres, al martillo, al fuego, a la cuerda, imaginaba para sí mismo, y para la futura generación un bosque, una extensión cubierta de árboles, bañada por lagos, un páramo que sacaba de los bolsillos, que se escurría por la nariz, como sudor, un ave de tierra, un dialecto desconocido, un cuchillo, una mirada incómoda, una cruz de madera, fe, infamia, vísceras.
13/6/11
Lunes 13
La noche era oscura. Las puertas habían sido aseguradas desde adentro. Los pisos lucían pulcros. Al encender una luz, parecía que la casa hubiera sido construida sobre un estadio, o iluminada desde el interior de cada pared.
Ella y él se presentaron oficialmente, ambos se dieron las manos, ambos recordaron sus nombres, para que el otro supiera de inmediato con quien estaba tratando, para que se familiaricen, para que lo que quedaba del día quedara entre ellos, fuera para ellos, pero sobre todo fuera, como quien dice, para que valiera la pena. Ambos llegaron a un acuerdo, antes incluso de recordar cuales eran sus nombres, acordaron, para que el resto de la noche, ambos pudieran descansar sin molestias, sin rabietas. Él, encendió un televisor con un control remoto, hizo varias veces zapping, surfeó a su modo por entre telenovelas en italiano, miró a Mastroniani encender todo tipo de cigarrillos, mientras, en la habitación del frente, ella, según él, estaría haciendo alguna rutina de ejercicios, estirada sobre la alfombra con las piernas recogidas, ancladas entre los brazos, con el cuello estirado, la cabeza de cabeza, los techos en los pisos y los pies pataleando, los pies como almohada, como pedales y como remos, de una barca de porcelana, sobre un mar de cabellos negros, de olas oscuras, como brazos de pulpo, o de pulpos, o de pelusas, o de alfombras con formas de pulpos, o de mujeres convertidas en espuma, en nubes, en lluvia, en relámpagos.
Al cambiar de canal él encuentra un documental que trata el tema de la electricidad, el filme muestra casas construidas con paneles transparentes donde cada habitación es estampada sobre la siguiente y donde es imposible diferenciar un fondo, como si se tratara de varias peceras dentro de otras peceras. Los peces o los en teoría dueños del espacio decoran los fondos, le agregan rostros, lo convierten, lo maquillan, lo transforman en maniquí. Cuando la dueña de casa entra a una de las duchas el documental adquiere otro tono, abre paso a los testimonios, el diálogo se vuelve elemental, de repente todos tienen algo que decir. Se extraña, se imagina, se desean las imágenes de la ducha, el vello púbico de la entrepierna, se produce una ligera erección, se recuerda, se pronuncian malas palabras, palabras ideales para herir con permiso, palabras firmes y útiles como dildos.
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