En el baño se escondieron todos los empleados, vestidos con chalecos rojos y con su nombre colgando de su pecho. Hasta ahí llegaban los ruidos de los ventanales rotos, de piedras arrojadas, de palabras groseras y de disparos. Disparos que parecían salir de varios tipos de armas y gritos que parecían venir de un puñado de adolescentes, como si fueran muchachos reclamando en un partido de fútbol.
Los policías se miraban entre ellos, colocados sus cascos y apoyados en sus metralletas. El cielo, absolutamente despejado reproducía los ecos de motocicletas y bombas que explotaban en los pies de civiles, otros policías y varias autoridades. A pesar de tener la orden de aterrizar, y a pesar de los amagues, cada intento del helicóptero por acercarse a tierra era saboteado mientras el gas descomponía a todos los involucrados.
En la habitación de una casa antigua, los candidatos a encuestadores respondían un cuestionario de 25 preguntas mientras la grabadora reproducía una ópera de Wagner. La canción, aunque ideal para el momento, desencajaba del todo con el clima de la casa. En las otras habitaciones que también eran aulas, se repetían frases como tell me who you are, y solo el esfuerzo constante te permite alcanzar tus sueños. Los vasos llenos de agua se posaban sobre los escritorios mientras el sol de todos los días encendía las paredes de aquella habitación.
En las sombras el grupo respiraba casi al unísono. Los ruidos de afuera ya no eran de disparos, eran mas bien como si un masa de insectos, hambrientos y de nueve patas carcomieran el techo, las paredes y los suelos, como cuando uno duerme en la selva, o como una madriguera negra de ratas negras que bajo un puente deboran las heces, las piedras, las bases del puente y al puente mismo. El grupo de delincuentes mostrando orgullosamente su pecho, saqueaba a dos manos el almacén, las cajas y los cajeros.
Un chaleco igual a los que usa la policía salvó del impacto al primer ministro. La comitiva, herida y confundida era fotografiada por reporteros y otros especialistas. Al igual que varios de los policías que lanzaban ataques, retratados en primeros planos tras el zoom de una cámara que horas después terminaría incinerada como los micrófonos y los televisores de algunos televidentes. En ese caos donde se midieron varias fuerzas, el presidente salió protegido, casi arrastrado y visiblemente indefenso.
El encargado del departamento de entrevistas observaba los esferográficos de las personas que rendían el examen. Materia aprendida la tarde anterior y preguntas conocidas fáciles de contestar. Luego de cinco minutos, Andrés llevaba contestado el 98 por ciento de su cuestionario y sentía, luego de dos años, un sueldo, una afiliación y un posible regreso al plano productivo. Era jueves, 30 de septiembre de 2010, Escuela de Idiomas y aprendizaje, fundación jóvenes sin límites.
1 comentario:
Anoche todos fueron a dormir con temores y sumidos en una profunda ambigüedad. Hoy todos amanecieron como si anoche y sus acontecimientos se los hubieran reseteado del sistema.
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