Después de todo quien era yo: dos puntos: usted es el punto de arriba, quien le habla, osea yo, mientras tanto vendría a ser como el punto de abajo. Dos males, una pista de baile repleta de mortales con mucho maní; habré perdido el tiempo o demorado mi temporada empolvado, recorriendo todo lo que hice y lo que jamás podré hacer, no lo sé, pero por algún motivo sé que ya no sobran motivos.
Las dos torres herméticas que escupían sonidos no dejaban de escupir sonidos y yo no podía y tampoco quería que dejasen de escupirlos. Tampoco en mucho tiempo había querido y deseado tanto querer.
Hernán y los improbables retrasaban la clase de teorías, mejor dicho lo hacián como todos los martes, por suerte solo un rato hasta cuando el profesor Ordoñez lo notaba; levantaba un brazo, que en ese patio era como levantar la voz y alguna man de primero, de las que usan faldas hasta el piso casi era volteada por el viento. Al ver a Ordoñez entrar en al curso, me entregaba al imaginarlo en casa con su mujer; podía ver la presteza con la que él y su mujer despertaban cada mañana. Podía ver de nuevo esa habitación que no estaba hecha de cemento. Podía ver que cientos de relojes, de supuestos rolex, colgaban de las cuatro paredes que bien podían ser solo una pirámide, un cubo bidimensional o mi ojo dentro de un caleidoscopio.
Sí que odiaba al gordo Arcos, lo podía oler desde el piso de abajo, el man no entiende con palabras, al man hay que golpearlo, gritarle al oído, vendarle los ojos y tirarlo atado a una piscina, donde solo se escuchen gritos, donde se acabe el virus Jesuíta.
Estaba con ellos, después de darles cuerda en realidad hasta los amaba.
Timbraban y cuando lo hacían Ordoñez y su mujer tenían exactos ciertos minutos para completar varios microciclos: saludo marcial, palabras de agradecimiento, en memoria de quienes fueron, aseo en el baño, prepararación de café en taza de plástico roja transparente y ducha acompañada por la conocida tonada del miércoles. En caso de entonar tonada incorrecta, el reloj con cabeza de ésquimal recordaría la siguiente. Cocoa, una cucharada de miel (el azucar blanca hacía sonar al reloj con forma de nueve), segundos para nuevo beso, segundos para tomarse de las manos, segundos para mirarse a los ojos para decirse en silencio, para desvertirse, darse de comer o hacerse el amor esquimal, derretir el iglú y volver sin karma por la tarde. Siete segundos que les duraba el macrociclo del romance.
El timbre sonó y Ana levantó su mano. Hernán y los improbables seguían retrasando la clase. Yo como soy tan fácil también levanté la mano.
27/10/09
AdaN que va
La mujer con cuerpo de caballo descargó todo lo que cargaba sobre su espalda; con la cola espantó unas moscas y se dirigió hacia una garrafa llena de oxígeno. Su hermana, la que tenía cabello humano y amigos humanos y dolores humanos, osea la que coleccionaba porcelana china, llenó sin gracia, osea con cantidades perfectas la pequeña taza como oreja china, mientras que humeaba como hervido, como sótano en la portugal, como cirujano en la mitad de Santa Clara.
El aguardiente, la fiebre y la canela acompañaban a las naranjillas que exprimidas sobre un colador parecían decir hey muchachas, tranquilas. Cristo lucía como iluminado mientras la mujer con cuerpo de caballo le hablaba y todos los santos, los de todos los días, quemaban tarjetas, salvaban con cinco centavos, grababan o perfeccionaban y era mejor no hablar tan alto. La hermana de la mujer con cuerpo de caballo, bebió de la taza china y le subió a la radio en la canción de los beto y de los cueva. Por la ventana yo veía y me preguntaba donde quedaría el perineo.
Como todo era una fantasía, descubrí frente a mi escritorio un nuevo memorando.
Debo agradecer el que memoren mi colaboración?
El aguardiente, la fiebre y la canela acompañaban a las naranjillas que exprimidas sobre un colador parecían decir hey muchachas, tranquilas. Cristo lucía como iluminado mientras la mujer con cuerpo de caballo le hablaba y todos los santos, los de todos los días, quemaban tarjetas, salvaban con cinco centavos, grababan o perfeccionaban y era mejor no hablar tan alto. La hermana de la mujer con cuerpo de caballo, bebió de la taza china y le subió a la radio en la canción de los beto y de los cueva. Por la ventana yo veía y me preguntaba donde quedaría el perineo.
Como todo era una fantasía, descubrí frente a mi escritorio un nuevo memorando.
Debo agradecer el que memoren mi colaboración?
Cancó

La cançó es una composición propia de la literatura provenzal medieval; destinada al canto, en ella el trovador se dirigía a su dama para expresarle su amor.
Su pasión amorosa cumplía todas las leyes del amor cortés, desde la total sumisión a la dama hasta el tópico de morir de amor. La dama se describía como un ser casi sobrenatural, perfecto en el orden moral y físico. El trovador, que se consideraba indigno de su dama, podía ser un simple suspirante (fenhedor), o haber ascendido en la escala del proceso amoroso a las fases de suplicante (precador), enamorado (entendedor), o incluso al difícilmente alcanzable estado de amante correspondido (drut). El que padece de amor ha de guardar sobre todo la virtud de la mesura: discreción, humildad, fidelidad y servicio permanente a su señora.
La cançó provenzal acostumbraba empezar con un canto a la primavera o con una notas descriptivas de la estación propicia al amor, que servían de introducción. La composición se desarrollaba en varias estrofas, en las que el trovador exponía sus contradictorios sentimientos y elogiaba las virtudes físicas y morales de su dama.
La mesura le impedía pronunciar el nombre de la señora, y lo sustituía por un seudónimo poético o senhal. Los sentidos encubiertos, los juegos de palabras, el artificio conceptista eran frecuentes, con lo que la composición resultaba a veces de difícil comprensión.
´

Él levantó los ojos hacia el letrero, aquel del ministerio de obras públicas y mientras dos volquetas cargadas de ripio levantaban la polvareda, su cuerpo ya se había estirado en lo más alto.
Nada era razonable o definitivamente todo era en extremo nítido. Miró rapidamente de izquierda a derecha, fijó varios puntos como árboles y chozas y gente que caminaba como manchas rojas como alejándose o como acercándose. Al sacar la fotográfica, del estuche cayeron por 4 segundos varios pares de pilas de repuesto, sin embargo, la cámara traía adentro, un par apenas por estrenar.
La cámara hizo dos clics.
Las gentes encontraron hormigas bajo el cuerpo del infeliz y las hormigas encontraron algo de azucar en sus bolsillos. La primera foto ganó un concurso y el nombre del infeliz se hizo eterno, como seguro lo habría querido. La gente que como manchas rojas parecía alejarse pues sí, se estaban alejando asi que quienes lo encontraron, unas horas después, reclamaron para sí mismos mientras en Cotacachi, la vida se preguntaba. Alguíen clonaba cédulas y la segunda foto, la instantánea, era inmediatamente borrada.
16/10/09
MI frankenstein tenia siete brazos, cada brazo manejaba una utilidad distinta, por ejemplo el brazo que salia del codo del 3er brazo derecho multiplicaba cifras con la aplicación llamada Orgha; el brazo izquierdo, aquel que alcanzaba a rascar un
Sus ojos gravitaban de un siglo a otro. La mujer de la bufanda
Sus ojos gravitaban de un siglo a otro. La mujer de la bufanda
7/10/09
Thelonius Monk se escuchaba a si mismo por la radio, o sea, Thelonius Monk, escuchaba a Thelonius Monk. Mientras, en la puerta de su casa, las masas de fans, Gina Morrison entre ellas, gritaba: Thelonius, Thelonius Monko!!!
en ese espacio reducido, Gina M. podía escuchar su aliento protestar. No sería ni la primera, pero Gina M. prefería tenerlo lejos, como a un padre, viejo, justo, digno y excacto, lejos para que intervenga sin intervenir.
Al quedarse sola, su jefa que habia estado alli unos minutos antes, creyo escuchar que no escuchaba nada, osea, abajo solo estaria el guardia, los de isstemas habrian ya salido, Marcelino, pan y vino se habria ido, como lo hacia los ultimos jueves de las ultimas semanas, osea, Gina M. habia sido descolada. Los brazos, extendidos hacia el teclado,
En ese espacio reducido, Gina M. pudo escuchar el aliento del frio. Como todos saben, el frio no tiene olor, en el frio, ciertas cosas pierden ciertas cualidades.
Al pasarse la mano mas por costumbre o que se yo, noto como de su brazo, mejor dicho de sus poros nacían o salian muchas Cientos de pequeñas manos.
De sus poros salían pequeñas manos, cientos de pequeñas manos, abriendose y cerrando
en ese espacio reducido, Gina M. podía escuchar su aliento protestar. No sería ni la primera, pero Gina M. prefería tenerlo lejos, como a un padre, viejo, justo, digno y excacto, lejos para que intervenga sin intervenir.
Al quedarse sola, su jefa que habia estado alli unos minutos antes, creyo escuchar que no escuchaba nada, osea, abajo solo estaria el guardia, los de isstemas habrian ya salido, Marcelino, pan y vino se habria ido, como lo hacia los ultimos jueves de las ultimas semanas, osea, Gina M. habia sido descolada. Los brazos, extendidos hacia el teclado,
En ese espacio reducido, Gina M. pudo escuchar el aliento del frio. Como todos saben, el frio no tiene olor, en el frio, ciertas cosas pierden ciertas cualidades.
Al pasarse la mano mas por costumbre o que se yo, noto como de su brazo, mejor dicho de sus poros nacían o salian muchas Cientos de pequeñas manos.
De sus poros salían pequeñas manos, cientos de pequeñas manos, abriendose y cerrando
2/10/09
En la ciudad de Zip, poblada por los hombres Zip, era extraño que alguien se quejara, al contrario de lo que ocurria en ciudades vecinas como la vecina ciudad de Velcro. En la ciudad de Velcro, los hombres Gamuza a falta de relojes y fábricas donde pasar el día, pasaban sus días en eternas discuciones, lease bien eternas, discutiendo los nombres con que habría que llamar a los minutos del tiempo. Había un nombre distinto para cada uno de los minutos, de cada una de las horas, de cada uno de los dias,de todos los años, de todos los siglos de todos los milenios de todos los posibles tiempos, de todos los posibles Lembos. Para los hombres gamuza el tiempo no existia y eso justamente hinchaba a los hombres de zip, que cada vez que se detenian a a charlar con un hombre de gamuza, terminaban hinchados como patata de lyon, mientras a los gamuza se les iba el mostacho al suelo.
Nombres como ristorio, sersentempáfulo, flalfo, radaradia, trete, clalcogodoarsenfalyurzo, fogoiquestalcon, zuddr, zsutratz hulva, racumn, sulka eran nombres que llenaban, los pisos, las paredes, los arboles, las campanas, los techos, las tejas, las rocas, los picaportes, las bufandas, cualquier espacio, (cada minuto nacía un nuevo nombre,) donde escribir para no olvidar y para no repetir un nombre. esta era la única condición y los hombres de gamuza mantenian esta tradición desde cuando el sol erupciono por ultima vez.
En la ciudad de zip, llos zipeños eran personas fisicamente gigantes, digamos, que un niño zipeño media lo que hombre de gamuza adulto, o sea que en casos frecuentes dos y hasta tres hombres de gamuza hacían un zipeño de pie. Como eran gigantes sus necesidades eran gigantes; fabricar un vaso equivalia a derretir siete millones de granos de arena a una temperatura que solo se lograba elevar si 500 kilos de gas, traídos de las mismas costas de donde traian la arena, encendían los hornos (que median lo que una cueva para los hombres de gamuza) ya que a veces el gas se acababa y tenían que usar casas viejas como leña. Los zipeños en sus fabricas gigantes, fabricaban destorniladores gignates, para atornillar tornillos gigantes, a puertas gigantes de autos gigantes que recorrian por calles gigantes de ciudades gigantes con semáforos gigantes que detenian gigantemente el tiempo. Quizás en eso se parecían los hombres de zip con los hombres de gamuza, sus inventos y sus nombres para el tiempo eran unicos, tanto que un dia en que llego un hombre y la lluvia, no supieron como llamarla o como fabricarla a la musica y la humedad que salia de su flauta.
Nombres como ristorio, sersentempáfulo, flalfo, radaradia, trete, clalcogodoarsenfalyurzo, fogoiquestalcon, zuddr, zsutratz hulva, racumn, sulka eran nombres que llenaban, los pisos, las paredes, los arboles, las campanas, los techos, las tejas, las rocas, los picaportes, las bufandas, cualquier espacio, (cada minuto nacía un nuevo nombre,) donde escribir para no olvidar y para no repetir un nombre. esta era la única condición y los hombres de gamuza mantenian esta tradición desde cuando el sol erupciono por ultima vez.
En la ciudad de zip, llos zipeños eran personas fisicamente gigantes, digamos, que un niño zipeño media lo que hombre de gamuza adulto, o sea que en casos frecuentes dos y hasta tres hombres de gamuza hacían un zipeño de pie. Como eran gigantes sus necesidades eran gigantes; fabricar un vaso equivalia a derretir siete millones de granos de arena a una temperatura que solo se lograba elevar si 500 kilos de gas, traídos de las mismas costas de donde traian la arena, encendían los hornos (que median lo que una cueva para los hombres de gamuza) ya que a veces el gas se acababa y tenían que usar casas viejas como leña. Los zipeños en sus fabricas gigantes, fabricaban destorniladores gignates, para atornillar tornillos gigantes, a puertas gigantes de autos gigantes que recorrian por calles gigantes de ciudades gigantes con semáforos gigantes que detenian gigantemente el tiempo. Quizás en eso se parecían los hombres de zip con los hombres de gamuza, sus inventos y sus nombres para el tiempo eran unicos, tanto que un dia en que llego un hombre y la lluvia, no supieron como llamarla o como fabricarla a la musica y la humedad que salia de su flauta.
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