Thelonius Monk se escuchaba a si mismo por la radio, o sea, Thelonius Monk, escuchaba a Thelonius Monk. Mientras, en la puerta de su casa, las masas de fans, Gina Morrison entre ellas, gritaba: Thelonius, Thelonius Monko!!!
en ese espacio reducido, Gina M. podía escuchar su aliento protestar. No sería ni la primera, pero Gina M. prefería tenerlo lejos, como a un padre, viejo, justo, digno y excacto, lejos para que intervenga sin intervenir.
Al quedarse sola, su jefa que habia estado alli unos minutos antes, creyo escuchar que no escuchaba nada, osea, abajo solo estaria el guardia, los de isstemas habrian ya salido, Marcelino, pan y vino se habria ido, como lo hacia los ultimos jueves de las ultimas semanas, osea, Gina M. habia sido descolada. Los brazos, extendidos hacia el teclado,
En ese espacio reducido, Gina M. pudo escuchar el aliento del frio. Como todos saben, el frio no tiene olor, en el frio, ciertas cosas pierden ciertas cualidades.
Al pasarse la mano mas por costumbre o que se yo, noto como de su brazo, mejor dicho de sus poros nacían o salian muchas Cientos de pequeñas manos.
De sus poros salían pequeñas manos, cientos de pequeñas manos, abriendose y cerrando
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