27/10/09

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Él levantó los ojos hacia el letrero, aquel del ministerio de obras públicas y mientras dos volquetas cargadas de ripio levantaban la polvareda, su cuerpo ya se había estirado en lo más alto.
Nada era razonable o definitivamente todo era en extremo nítido. Miró rapidamente de izquierda a derecha, fijó varios puntos como árboles y chozas y gente que caminaba como manchas rojas como alejándose o como acercándose. Al sacar la fotográfica, del estuche cayeron por 4 segundos varios pares de pilas de repuesto, sin embargo, la cámara traía adentro, un par apenas por estrenar.
La cámara hizo dos clics.
Las gentes encontraron hormigas bajo el cuerpo del infeliz y las hormigas encontraron algo de azucar en sus bolsillos. La primera foto ganó un concurso y el nombre del infeliz se hizo eterno, como seguro lo habría querido. La gente que como manchas rojas parecía alejarse pues sí, se estaban alejando asi que quienes lo encontraron, unas horas después, reclamaron para sí mismos mientras en Cotacachi, la vida se preguntaba. Alguíen clonaba cédulas y la segunda foto, la instantánea, era inmediatamente borrada.

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