24/8/13

Pálindrom

Ella pregunta, la lista es interminable, no hay relojes, las cortinas totalmente cerradas, los dedos pegajosos, pero ni por asomo, un reloj, manecillas, ladridos. La cama parece un barco, alrededor arena, montículos, rastros de crustáceos, mis huellas que han ido de un extremo hacia el centro, del centro hacia abajo después de dar saltos, después de caer de una palmera, un orificio del tamaño de mis hombros, abajo ramas, conchas, piedras.

Luego, al regresar, todas preguntan si llevo una linterna conmigo, una mitad de un espejo me sirve y el sol forma una línea larga, invisible como todas las cosas que siguen bajo la arena, el suelo se enciende y dos corren. Luego, la mitad que aguarda me ordena tomar asiento y dejar que el autobus continúe. La mitad a la derecha queda oscurecida por las cortinas pero los perfiles vistos desde mi asiento parecen pegarse con el fondo hecho de montañas. Ya estoy pensando en bajar y no hacer otra cosa, entonces el volumen se vuelve total y son conocidos de todos los días, incluso voces cuyos rostros están en los canales de uhf, hay una ave con nombre de rapsoda y los micrófonos ríen con tanta resignación que uno cree que hay varias vidas, sospechas que siempre amenazan tomar el bus para empujarlo cuesta abajo. Luego la música me recuerda a algo infame, por inolvidable, de varios modos y en el modo de los lunes.

La pelea es terna, empieza con una ventana abierta, con un gato que salta entre la ropa que cuelga y a pesar de querer miro la ventana y miro al gato y miro a la mujer pero me vuelvo piedra, es decir, reto al tiempo, entonces todo se vuelve diminuto, cabe en un bolsillo, entre la carne y las uñas. 

El gato regresa llevando en el hocico una manecilla de oro. Hay óxido o algo ocre que necesita una mano de pulimento. De nuevo una de las naves cruza quemando la cortina azul. El sismo, cuento seis segundos de frenesí, en realidad la casa entera arde por dentro y el exterior parece estar hecho de huesos o parece una palmera, algo tras lo cual el sonido desaparece. 

Toco todos los instrumentos y también evito los consejos de Andrés. Llevamos varias canciones, largas, suenan a danzas africanas o a ceremonias donde siempre hay cuerpos que no desean pero acaban con sus vidas. Uso dos, máximo tres cuerdas, Andrés toca con la cabeza abajo como si grabáramos en momentos y sitios distintos, de varios modos saco sonidos entre los ruidos que poco a poco parecen haber dejado la madera y los micrófonos. Hay un ochenta por ciento de probabilidades de que Andrés se divierta menos que yo, pero eso no es raro o quizás es fatal. Llevamos dos vidas tocando del mismo modo, la primera vida se trata de un filme que aún nos asusta, también puede ser el hombre que vestía de algodón, uno de esos hombres que obsesionan a varias edades. La segunda vida es irreal, tan clara, le he pedido que entienda que no hablo ninguna lengua. Parece que la tercera vida llegará mucho antes,  de fondo otra ceremonia. 

18/8/13

Mersio

Me pregunto lo mismo todos los días. También me pregunto por qué no estoy agotado. Sigo de espaldas a la ventana, es inútil pensar que la luz se mantendrá del otro lado, que no logrará pasar, ese momento, sinceramente creo que mi cuerpo la detiene. Arriba están los ruidos de todos los días, reconozco que mis pasos y mis amanecidas deben ser igual de molestos, ruidos, como los que ahora no me dejan dormir unas horas más, es o parece una reunión, un desayuno con una familia que ha llegado de visita, también parecen estar entre rostros familiares. Anoche sucedió, hoy tengo platos rotos, la tina de la bañera que parece cubierta por una tela de araña, una tela por donde se ha filtrado el agua que la llenaba, mirar estas cosas le producen a uno solo dos cosas, cerrar los ojos y dormir o salir a caminar sin un rumbo y con los lentes cubriendo la mitad del rostro.

Pregunto el precio y, Cáspita responde que si ya he desayunado, al escuchar las ruedas de un coche con un bebé dentro y con su gorro de estibador me doy cuenta que he salido con las manos vacías y al intentar cruzar la calle un auto que lleva solo al conductor se estaciona sobre la vereda. La mayoría de jóvenes vienen hacia mí en sentido contrario y parecen llevar mucha prisa pues, es la hora en que inician sus clases al otro lado en el instituto, yo voy de bajada mirando los negocios que han abierto y solo encuentro pequeñas tiendas cubiertas de anuncios de gelatina y de licores con grandes frases y con textos girados como si se trataran de flores o ramas u hojas, imitaciones o porciones de un jardín o de la parte trasera de un edificio d desocupado. Cuatro cuadras abajo creo al fin haberme desprendido de casa y sobre todo pienso que ya nadie me piensa debajo, en el piso uno, supongo habrán encendido la licuadora y, quizás cantan porque su costumbre elemental es dar pie con una canción y continuarla mientras colocan la mesa y los cubiertos y quizás servilletas de papel porque eso haría en casa de elegir entre papel y algodón.

Luego entro en calles de un sentido por donde bajan autos a velocidades menores como si no llevaran prisa, y eso es raro, ni siquiera la gran caja azul que viene detrás parece desear que el día empiece con sus letras mayúsculas, letras que indican a donde se puede ir con veinte y cinco centavos, esto es, como si algunos siguiéramos con la mitad del estómago en la cama y arrastrando un día muerto, arrastrando a un hombre dormido, la noche que no termina de desprenderse, el humo es lento, menos gris, el sol no termina de salir y las veredas, que están en el mismo sitio parecen incompletas, yo supongo que devolverán el piso, (la calzada sigue ahí), hasta el medio día.

Las siluetas resultan ser hombres con gorros y overoles recogiendo las hojas junto a las palmeras.

Hay sitio para sentarse a cerrar los ojos o para leer no de los diarios que pueden haber sido titulados con las finales deportivas del día anterior, sino, con los titulares verosímiles. Los domingos no son distintos solo que acá no se habla del deporte por deporte, eso parece trabajo de especialistas, intento sentarme con el diario imaginario pues no veo un puesto y menos un periodiquero, quizás, debería solicitar la venta de diarios, eso, plan para el pan, digo, y luego una vuelta por el instituto, me digo.

30/7/13

¿Qué ocurre tras el viaje en el tiempo?

La flor que cuelga de su mano tiene la piel rota, el agua ha cristalizado. Detrás del hombre hay una puerta de vidrio cerrada, la luz externa recorta la silueta, el hombre se mantiene de pie, esa escena parece un fotograma fijo. Inmediatamente no hay memoria del viaje, mucho menos de las calles observadas, hay un breve nacimiento y la sensación se llevar un motor, algo que acaba de ser encendido. Para que la historia adquiera un tinte o un sesgo, el hombre debería caer sobre sus rodillas y en suelo sus manos deberían tomar el cráneo como si este necesitara dejar a un lado el cuerpo. Luego el hombre debería dejar la cabeza sobre el suelo, en una posición extraña y rota, con el culo levantado, formado todo él un ángulo.
Tras recobrar algún sentido el cuerpo decide regresar a la posición de siempre. Luego el peligro fuera, tapiar puertas, cubrir ventanas, desconectar cada artefacto, mirar con intensidad un refrigerador, es decir, meterse entre sus cables, entre sus parrillas, entre sus motores capaces de fabricar hielo antes de cortar su alimentación, antes de apagarlo. El ruido, aquella vibración llenando la habitación, golpeándose en las esquinas, cubriendo los lugares llenos de grasa, formando nuevas capas, volviéndose algo parecido al polvo.


La luz del baño encendida, él entrando y saliendo de la habitación, la primera vez con una toalla en la cabeza, luego la toalla colgada, luego el entrando una vez más llevando otra toalla en los hombros, luego la cortina, luego los vértices de la tina, él ocupándose en descubrir qué o quién ha estado sobre ese sitio. Ojos mirando en todas las direcciones. Hay un espejo, hay varias manchas o algo que simula ser una parte del cristal reflectivo que parece haberse roto. Hay un foco que sigue encendido, está el perímetro de aquella habitación , del otro lado los pasos de alguien, él intenta recordar quién está del otro lado pero antes sube a un lugar más alto y coloca su sentido cerca. Hay sonidos externos, parece que cerca hay una radio encendida. También el ruido de aves o algo que parece ser un jardín, afuera, por la ventana se observa el cielo claro y sin manchas, un ruido agradable.

La pregunta tiene que ver con la perfección de los dioses. Él enciende y apaga la bombilla que cuelga en el centro de la habitación. Él toma una revista y unas tijeras. Luego el recorte, una cara, la cara de un hombre que lleva camisa y corbata, quizás un hombre que trabaja para el gobierno. Tras cortar un poco de cinta adhesiva él coloca al hombre recortado sobre la bombilla. Al encender de nuevo, la bombilla ilumina la cara, el recorte. Él, enciende y apaga varias veces la bombilla, el hombre se ilumina y luego se oscurece, se ilumina y luego se oscurece. Él toma las tijeras y la revista, luego abre y cierra la revista buscando algo, luego encuentra otros rostros de tamaño parecido y también los recorta. Sobre la bombilla él ha pegado una pistola, una mujer rubia, el hombre anterior. Luego él enciende y apga la bombilla, Los tres recortes se iluminan desde atrás. Luego los recortes ya no cubren la bombilla, los recortes miran hacia el otro lado, a excepción de la pistola, los tres están pegados junto a la bombilla. Él baja de un banco, luego se acerca a la pared para encender y apagar la bombilla. Los rostros miran hacia un lado. 

Él se levanta para colocar algo en la pared que tiene delante, lleva en sus manos una hoja blanca. Luego regresa a la silla, toma otra hoja, le coloca cinta en los bordes, dos tiras de cinta, se levanta de la silla, se carca al muro que tiene delante y vuelve a sentarse. Sentado, toma otra hoja, le coloca en la parte de atrás tiras de cinta adhesiva, se levanta hacia el muro, coloca la hoja en el muro, regresa, se sienta sobre la silla. Sentado toma otra hoja del escritorio, toma algo de cinta, corta la cinta en dos tiras, la coloca detrás de la hoja, se levanta, coloca la hoja en el muro, regresa tras dar dos pasos, mira el muro, lo vuelve a ver, luego regresa a la silla, al sentarse vuelve a mirar el muro, luego toma otra hoja del escritorio, toma la cinta, corta dos tiras de cinta adhesiva, las dobla antes de pegarlas en la hoja, luego de pegar la cinta se levanta de la silla, se acerca al muro, parece pensar un poco, luego coloca la hoja en el muro, luego retrocede para volver a tomar asiento, luego toma todas las hojas, luego las coloca sobre sus muslos, luego recorta cinta, coloca en dos sitios de la hoja, luego la deja sobre el escritorio, luego toma otra hoja, corta cinta, la pega en la parte posterior de la hoja, luego deja la hoja sobre el escritorio, entonces toma una tercera hoja, recorta cinta adhesiva, la coloca en la parte posterior de la hoja, coloca la hoja en el escritorio alejada de las dos anteriores, luego toma el montón de hojas de sus piernas, las coloca en el otro extremo del escritorio, luego mira el muro, parece no estar muy de acuerdo con lo que está haciendo.

Luego el hombre se queda sentado sobre el retrete. Solo sentado, pensando en uno de esos empresarios dedicados al auspicio de enemas para rumiantes. Con el tiempo bien podía pensar que lo único para lo que necesitaba estar en la habitación era para saberse capaz de seguir allí, a pesar de tener otro sitio dentro de la casa donde sentarse, podía ser que aquellas paredes le convencieran de que su sitio era ese, seguir sentado en la mitad de esas paredes junto a la tina y la ducha eléctrica con una revista en las manos y la ventana abierta, todo eso visto desde fuera, la puerta cerrada, apenas los pies arrastrándose mínimamente sobre el suelo, luego el sonido del grifo y el agua cayendo, luego las manos húmedas limpiando o intentando quitar las manchas del espejo, manchas blancas y otras salpicaduras que también parecerían sostener las ideas de las paredes y sobre subrayar la importancia de aquel sitio, luego la mano subiría y bajaría hacia el agua tomándola e intentando quitar la mugre. Luego algo de papel, uno o dos cuadros el mismo ejercicio pero esta vez con la ayuda de aquel improvisado trapo. Luego la bola de papel, los dedos y el basurero, casi todas, o una buena parte de las manchas y casi todo el espejo pulcro, espejo que en los bordes tiene manchas de óxido. 

25/7/13

Juquebox

Tocamos hasta bien entrada la noche. Luego una cortina gris y los techos metálicos, antes el ruido debajo de los cristales impedía que escucháramos, primero fue la explosión de una goma, luego, temo, algo similar al estómago de un animal. La sala rebasaba los muros, varias cabezas, pares de brazos, aquella hora parecía no tener un fin, todos seguíamos de pie, o atornillados o sembrados, parecíamos una gran familia.

Sobre el colchón la casa parece respirar, hay cortos lapsos de quietud, por ejemplo hoy la habitaciòn parecìa detenerse tras volver de un lugar lejano, en todo caso, pensé, venía de otra casa. El hueso principal sobre la nariz era ya un cuerno, pero no quiero imaginar mi aspecto, sé que puedo hacer cualquier cosa, incluso lograr que regrese a su sitio. Los dedos parecen estar llenos de cemento, o algo igual de sólido como varias barras de acero, apenas intento tomar las cosas que han caído. Dar media vuelta sobre el mueble podría ser una pésima elección, sin embargo al rodar encuentro varias bolas de pelusa y también cabellos más largos, que han caído hace mucho tiempo. Luego estoy frente al tarro con la pelusa y con ganas de no tener de levantar nada, ni siquiera las tapas plásticas. Al volver todo sigue en el mismo lugar. Sin encender la luz tomo un par de pantalones. Hay sobres esperando ser abiertos, como si la visita aún siguiera sentada con las piernas largas y los ojos cubiertos por los dedos. ¿Cuántos días han sido? para no tener que voltear pienso en un número y tras escoger tomo otra decisión. Punto. Algo de colonia, la ropa que cuelga en la terraza tiene un olor parecido a un sabor de helado, al salir mis manos van frotando las paredes como si esperaran de los dedos una llama. El estacionamiento está vacío. Dos mangueras recorren los extremos, su piel es nueva, hay varias tablas despegada, debajo hay un centímetro de arena. ¿De dónde? ¿Cómo llegó hasta medir más que el mismo suelo? Para no tener aún que ir doy varias vueltas, en cada habitación encuentro una o dos tablas con la goma seca pero brillante aún. Es cuestión de humedad, la humedad la pega pero tras varios años el oxígeno se solidifica. La arena que tengo entre los dedos es tan fina, casi parece pimienta. El color es idéntico, pero necesita ser colada. Ahí estoy yo con la oreja pegada al suelo, sobre tablones rojos y sobre pegamento que desaparece o se vuelve microscópico. Pienso que no hay muchas personas que entren en las habitaciones, quizás, un día haciendo una prueba, la regla de calzar zapatos que no sean de goma, y puntos extra a quienes lleven un bastón de arce, sin goma obviamente. Eso pienso para empezar con el futuro. algo así mantendría a varias personas lejos de sus autos y sus familias o de la televisión por cable, digamos por semanas, el cambio y las remodelaciones suelen ser eslabones, el cemento que impide que un ladrillo rompa el piso.

Mirando con detalle encuentro que las habitaciones abandonan la casa por las noches. Sólo eso explica los ruidos que despiertan a los gatos en la madrugada, Ruidos de muros que se juntan a otros formando ángulos rectos o cristales que transpiran arena, arena que cae entre las comisuras y las grietas del suelo. Un día tomo una de las cámaras de Loretta, quizás la TG1, sería fabuloso tener registro, eso sucederá tras hacer una llamada, es lo que siempre pensamos.

Lo que queda del día vale la pena mirarlo pasar. Al correr la cortina puedo ver un cielo totalmente azul. De tan azul dan ganas de volverse azúcar, dan ganas de llenar un vaso de plástico, uno de esos que parecen ser transparentes y recorrer el filo de una pileta, amplia, de forma rectangular sobre una bandeja de acero o de plata, la una pesa más que la otra nada más. También escogería que suceda un accidente, algo así como que quien nos lleva sobre su mano con una servilleta de papel en la otra, sufriera un tropezón, que sin previo aviso todos nosotros, bebidas azules voláramos, que teniendo como fondo el cielo y tras una breve pausa, cayéramos dentro de la pileta. Quizás las bebidas rosas, y también los hielos que pronto tocarían el fondo también tardarían más en desaparecer. En mi caso y al ser una bebida similar al agua sería totalmente predecible. La imagen que continua apareciendo de manera frecuente tiene como fondo ese cielo azul, plano, infinito, pulcro. El resto es una masa, un volumen, y dos o tres segundos durante los cuales la gravedad, aquella que tira las cosas hacia su sitio parece desconectada. Una imagen de episodio de simulación en todo caso.

Para no bajar de aquella línea, otra vez vale la pena simular que uno tiene varios hilos a los cuales tira, del otro lado hay pequeños insectos, varias herramientas metálicas como llaves o tuercas aceitadas. En realidad nada de eso hay, sobre una mesa están amontonados, o sea, sin orden particular varias prendas de vestir, trajes, jeans, correas con hebilla de oro falso. A pesar de recargarme, a pesar de desear realmente un orden, nada ocurre. De hecho, hasta la ropa del tendedero ha dejado de moverse. Quizás tanto deseo eliminó el viento. Así son los poderes de la teletrónica uno sólo debe proyectar un futuro objeto. Por curiosidad tomo un cordón gris de algún zapato que ya no existe para exponerlo al elemento. Afuera de la habitación hay sonidos de autos que parecen estar siendo precalentados, más bien de motores. El cordón es tan largo que temo que debió pertenecer a un botín, para homenajearlo, de algún modo, calzo en mi pie derecho una pesada bota amarilla, aquella que usé cuando trabajaba cambiando lámparas en las calles, cuando también llevaba un traje azul y un casco, eso era agradable, a pesar del tamaño uno siempre se sentía fresco, y a pesar del calor uno terminaba el día con la televisión encendida, al apagarla a pesar de la oscuridad ya era jueves. El cordón forma un ángulo recto y el cable telefónico parece no apercibirse. Empujo logrando un corto péndulo pero del viento nada, alrededor hay concreto y una escalera en forma de caracol que lleva hacia una terraza. Quizás, aunque ese sitio está prohibido.

Lo ideal sería trepar la escalera, e ir dejando caer algo tras alcanzar otros escalones. Esta idea no sirve, es parte de algo a lo que debería llamar piedra. Piedras. Doy una vuelta mirando y recogiendo rocas o pedazos de pared, cualquier cosa pesada y sin forma definida, he atado una chuspa a mi cintura, debo lucir como un buzo, mejor creer que ando recogiendo estrellas de mar o pepinillos de mar o trozos de coral oscuro, de hecho siento la obligación de moverme con mucho cuidado y con esa rigidez que produce la vida bajo el agua, es decir la presión. Si la escalera sube por lo menos tres pisos, debo creer que llevo 30 metros de océano encima. A pesar del sol me equipo con una pequeña linterna, pero al tocar la costa pienso que más vale llevar bengalas. El trabajo es largo, encuentro un campo cubierto de excrementos, cómo lo hicieron, al tocarlos desaparecen en una nube parda, luego bajan hasta volverse parte del suelo. La chuspa arroja un camión amarillo y sin ruedas, camión de juguete, un pedazo de pared, trozo de cemento, una llave oxidada y con la marca borroneada, la mitad de una pinza plástica para colgar la ropa, la mitad ha conservado el resorte de acero, dos rocas pequeñas y bastante lisas, rocas de río, quizás. Hay varios maderos que podrían servir para atrancar puertas.

La cosa fue simple: mira hacia fuera, espera hasta que hagamos una foto de perfil, intenta mirar sin anteojos, delante hay sombras y manchas y figuras desenfocadas y un sombra amarilla que va de un lado hacia otro, que baila o se enrosca sobre el piso. Los ruidos servían para determinar o para segmentar uno de los tramos producidos, cada vez que un ruido inesperado entraba en los largos tramos que llevábamos trabajando decidíamos que era señal para más o menos saber cuánto quedaba por hacer. Generalmente el motor de un auto o el paso violento de un auto por mitad de la calle significaba que llevábamos ya la mitad del rollo. La idea y premisa era no desconcentrarse, hacer como si no lo escucháramos. Mentalmente rogaba porque alguien tocara la puerta de hierro con verdadera furia, es decir, quería que alguien llevara varios minutos detrás de aquella puerta grande y vieja laminada en hierro literalmente tirándola, como cuando las personas que van de casa en casa recogiendo las lecturas del medidor se impacientan tras una puerta cerrada. Ocurrió, entre uno o dos rollos el ruido de uno de esos martillos usados en construcción, un combo, que tiraba una pared o quizás pulverizaba una de las viejas veredas que rodean el barrio. En todo caso se escuchaba el golpear del acero sobre el concreto, pero no al hombre, o a su respiración o las gotas de sudor empapando el pañuelo. Sin embargo, al decir del equipo, el hermano de Loretta bien podía ser todos los hombres que estaban fuera, los que desconocíamos. Luego lo tomamos mirando la ventana, es decir, hicimos tomas de su espalda, él tenía un jarro de porcelana, simulaba que bebía café. Yo hubiera querido mirar como el café bajaba a través de la garganta, para el final imaginé una pared pintada con un motivo, no sé, ecológico, con ramas y raíces cruzándose y entre ellas algunas con la clorofila fluyendo. Pero no había café, también me hubiera gustado que beba algo fluorescente.

Pedimos que colocara cinta aislante alrededor de la puerta principal. El propósito era aislar el ruido externo, también esperábamos que el viento que corría quedase o no pasara del patio. En el patio hay varios cables, cables de líneas telefónicas que han sido cruzados de un extremo a otro, de un edificio a otro. Detrás de la puerta está él, colocando la cinta, largas tiras bajan hasta la mitad de la puerta. La ventana sigue abierta, además la luz es fuerte, las cortinas no dejan observar mucho del aspecto interior, uno se hace la idea general de que es un sitio que pasa la mayor parte del tiempo desocupado, aunque en realidad sucede que hay muchas personas, no exactamente dentro pero si cerca, varias personas que se mantienen en silencio o que duermen hasta cuando el día ha corrido largo. Por momentos se puede escuchar madera crujiendo, parecen los pasos de una persona pesada o de alguien que se mueve con cautela, quizás esquivando muebles u objetos tirados en el suelo, es decir, tras los muros los sillones están llenos de polvo y quizás haya alguien recostado en el suelo. Ayuda una mancha, es decir, el liquen que ha crecido debajo de las tablas junto a la lavandería, una mancha del tamaño de un niño recostado de lado. O un tapete, o la huella de una toalla húmeda, da lo mismo.




22/7/13

BE VA

He decidido escribir una carta. Tomo un pedazo largo de papel que cubre la pared. El yeso se vuelve una nube, los niños de la pareja que vive en el piso de abajo arrastran un pequeño coche que parece no tener ruedas. La carta sobre el tapiz empieza de este modo: Loretta Querida, espero que las cosas salgan como tú lo has pedido, no olvides que antes de volver debes hallarlo todo, debes regresar siendo capaz de sonreír. Luego una fecha, una huella dactilar de mi dedo meñique, luego tres pendejos largos y oscuros con la membrana blanca tras haber sido arrancados. Luego goma blanca, luego un sobre amarillo y tras eso la cama y el sueño.

A la mañana el reloj marca las once. Coloco un pedazo ancho de pan dentro del chocolate y luego cierro la puerta sin regresar a mirar atrás. Sobre el piso hay todo tipo de publicidades que han volado desde el buzón. Al salir las piso e incluso me quedo de pie sobre ellas un par de segundos, los suficientes para mirar el sol, hacer como que calculo la hora, hacer como si los músculos necesitaran relajarse y como si fuera capaz de sonarme los huesos con un movimiento rápido. Al dar un paso escucho algo que cruje, quizás un cartón, las bisagras parecen aceitadas, en la vereda hay un par de perros correteándose.

Leo con atención su artículo. Cuando algo va de poca historia lo mando a repetir, pero el artículo, hay tips para mantenerse de pie durante la noche, hay una breve descripción de la infamia adolescente de ser más alto que el resto, hay una pelea dentro de un almacén de antiguos discos compactos donde tres parejas se tiran hotdogs y mostaza a la cara, hay claro, una chaqueta blanca de algodón recién comprada saturada por colores que jamás saldrán y un hombre desmayado, en realidad no se sabe si alguien lo golpeó quitándole la conciencia. Eso hay por la mañana y eso debe salir máximo hasta las doce, ya es la una menos cuarto. Hago una llamada, ella anda cubriendo un evento público, ha llevado al mejor fotógrafo, supongo que puede salir en quince días.

El artículo anterior, aquel del hombre milenario fue leído con bastante interés. Aun creo ver mi nariz dentro de aquellos vasos de cartón, llenos de crema y combustible, vasos que en el artículo se describían como si fueran tratamientos para abrir los poros. El correo tenía como sujeto: Dos días antes de la liquidación. Cada vez que intento recordar cómo son sus dedos, si son largos, si son limpios, recuerdo sólo los anillos de fantasía de tonos esmeralda que llevaba, y unos dedos dentro de esas piedras. Detrás del escritorio hay un gran parlante empotrado a la pared. Cuando me pongo de pie mi cabeza, más bien, aquel parlante produce un marco natural que me resalta como si fuera un busto. Hay suficiente luz, aunque aún así corro las cortinas y el cielo parece no tener fin, ni la ciudad, una construcción plana, absoluta, como una sábana. Eso es lo que recordaba, el milenario aquel que dormía sobre una mujer mientras la camilla bajaba por un ascensor.

Y me quedo dormido, y suena una llamada pero no la contesto y tras recordar dónde estoy los ruidos se suceden inmediatos: una puerta que se cierra, una persona con pasos muy pesados empujando o abriendo una puerta igual de pesada, como las puertas de las iglesias, un programa en una tv encendida. Yo cierro los ojos esperando encerrar esas imágenes y parece que la frente tuviera algún pesado elemento dentro. Creo que al otro lado no hay temperaturas, es decir, el clima parece salir de una caja de cartón, por un momento estoy seguro de dormir dentro de una caja, dentro de una atmósfera suave, como si flotara. De ese modo pasan dos días, no los cuento pero hay varios mensajes de entregas por hacerse y de fotógrafos que quieren cobrar sus cheques. Yo pienso, pero si sus fotos son una chalada, en realidad me invento todo tipo de cosas para darles más largas, de modo que incluso dentro del vagón voy pensando en algún reto, algo con tal de ponerlos en contra mía. Sobre el escritorio encuentro una cinta de vídeo, membretada con el nombre de A. Plaza.

Al llegar al sitio pido correo normal. mi nombre está en los archivos y no tardan en imprimir dos documentos. La mujer del pantalón rojo tiene una mirada muy intensa que me obliga a mirar a un sitio que no sean sus ojos. Por un momento tengo ganas de hablarle, así que tomo un volante que explica la historia de las venus de manta y la levanto como si estudiara una radiografía. Luego, con la venus en alto me doy vuelta hacia la mujer de rojo. Con el dedo índice señalo la pelvis de aquella figura de barro y con los ojos intento convencer a la mujer de que ella, también, debe estar llena de barro. Luego miro hacia el suelo y me acerco como si fuera un oficial o un guardia hacia ella. La mujer al salir lleva el volante en el bolsillo de su cartera, una bolsa hecha con caucho o un material oscuro y reciclado. También le he entregado una hoja que he arrancado de mi agenda. Por favor, Bafomet, recuerda que vengo de tus estómagos le he dicho.


1/7/13

A propósito de The Quest

Normalmente yo intentaría meter mis dedos en tus ojos. Eso de aplastar, de empujar me ha vuelto loco, me ha dejado con ganas de mirar tus órbitas vacías, de llenarlas con una mancha negra.
Yo pienso que tus opiniones y deseos son inútiles. Lo pienso pero no lo digo, pero intento que me entiendas. A veces debo ser tus ojos, cómo es eso de ser los ojos de otro?, es un trabajo torpe, además de mal pagado. Además de mirar los respaldares dentro de aquel autobus, mis ojos, tus ojos, miran también los rostros de quienes viajan, tú y yo viajamos en la parte de atrás, tú miras a la ventana, yo te miro mirar por la ventana mientras yo miro adelante, me miro mirando. Entonces, si se te ocurre aplastar mis ojos hasta que caigan hacia el otro lado, en realidad vas a empujarte a ti. Entonces ya no podrás ver la ventana.

Del otro lado hay rocas, las rocas no se mueven, quien se mueve es dios. Quién es ese del que tanto hablamos?, quizás un bromista, quizás un mal ejemplo de lo que necesita una historia antes de volverse desierto, como cuando el pesado del Java el Hut aparece llenando hasta los bordes, hasta derramarse. Es curioso, afuera todo parece estar guardado entre los bordes de acero, y además protegido por un cristal. Qué harías? Qué quieres escuchar? por mí que las cosas tengan la cortina, incluso me bajaría en la mitad de aquel páramo hasta que la niebla nos cubra y entonces el gran salto, varios lo han hecho, puedes repetir la primera versión moderna del hombre murciélago para verlo desaparecer, aunque en realidad lo verías ascender, sí, una mano en la cintura y la otra sosteniendo el cable. Pero, en medio del páramo, dentro de una cortina de agua, hacia dónde ir? Es decir, un cuerpo tan grande quieto, un siglo de niebla...

Sobre la mesa hay sopa. A mí me gusta la sopa. Cómo es la sopa? Tú y yo vivimos dentro de la sopa, a veces peleamos por la cuchara, un día dentro de aquel plato yo intenté beberme la sopa usando un tenedor. Los tenedores a veces tienen un mango de madera que los vuelve más sencillos a la hora de limpiar. Tú estabas en el fondo, abrazado a un garbanzo verde, en realidad antes que flotar parecías bucear, siempre te ha gustado mirar dentro del agua, en este caso la sopa, con los ojos abiertos, Qué tanto miras dentro? Acaso las cosas son mejores por verse distintas? Acaso el que una cabeza parezca un pie es suficiente motivo? Luego el plato quedaba pegajoso, mi costumbre era tomar una servilleta de papel para quitar las sobras, antes de colocarlo dentro del lavadero. La servilleta tiene varias manchas verdes, bueno, un verde amarillento, dentro la cuchara y el tenedor forman una cruz. Tú no crees, tú solo esperas que un día al salir o al soltar el garbanzo las cosas luzcan de ese modo. La sopa, sabes, te daré una sorpresa, conozco un tipo que vende piscinas, no es lo mismo, no es permanente pero no puedes vivir hambriento todo el tiempo.

Me parece que pasan cosas que intentamos evitar. Mira, la teve está encendida, él ha sido elegido por aquel grupo como evidencia de un siglo para demostrar que todo está por volver. Yo deseo que todo se vaya aunque luego alguien se acerque con su tono educado y sus nombres que suenan a nombres de océanos para decir cosas que yo desconozco. Tú deberías ser quien pregunte esas cosas para así sugerir que pronto nos alcanzará la subida del mar. La culpa la tienen estas fechas que nunca dejan de volver, y tan rápido! Apenas si han pasado unas semanas, unos meses, apenas, he abierto la ventana, he cambiado de canal para ver las horas en la esquina de la pantalla y ya su rostro parece detenerse, incluso temo que pueda encontrarlo en una esquina, o dentro de los almacenes que a veces disfrutas visitar. Tú, él, yo, además del tipo con el nombre que parece ser el de un océano, ¿Pacífico Montes? No lo sé, cada uno lleva a otro alado, y así hasta que de los cuatro primeros resultamos una potencia, uno encima del otro. Quizás seríamos una moneda de ser atrapados o de nadar directo hacia una red. Yo siempre me he movido como un pez, es decir, saltando sobre la cola y con la boca apuntando al cielo. Supongo por la noche unos cuantos dormirán muy tarde. Otros contarán el tiempo y los lapsos entre inhalación y exhalación.

He tratado, he visto tus pasos. No deberías recordarme-lo, cada cosa tiene su sitio, el nuestro está en todos lados. Al girar delante de aquella ventana los puntos parecen sumar otras cifras y cada pared parece mostrar cantidades representadas por grafías más antiguas, casi manchas, casi las siluetas y los murmullos.

Si una persona pierde algo de su pequeño suelo, necesariamente se vuelve material empujado, es la continua marea la que se estira con los dedos pegados, clavados en su material, en su pliegue. No tiene nada que ver con lo que dice de sí misma la literatura y sobre todo la tabla sagrada. Es decir, mientras el hombre parece ser arrancado, la tabla que descansa sobre una mesa de madera no lo está mirando y menos abriéndole una puerta. La tabla ha sido dejada en ese lugar por uno de los pioneros. Con el tiempo y tras muchas luchas y dedos perdidos el hombre arrancado descubre al fin un pionero dentro de sí mismo. Pero la primera versión de sí, persiste sin él, lo contiene.

La trama es sobre la circunstancia o sobre el hombre? La primera mostraría de forma documentada los pasos que ha dado la ciencia y la tecnología. La segunda mostraría una lucha y continuo hacer y deshacer, una moneda lanzada cada cinco minutos, Qué propone lo uno? qué propone el otro? Cómo y porqué se juntan ambos? qué sucede tras ese encuentro? hay muerte?, hay una expansión hacia el infinito? Existe el conocimiento absoluto? Regresamos a un estado larval?

Cómo mostrar el estado de las cosas y su química apariencia? Un tratamiento basado en el ahorro, basado en los muebles llenos con cereales y en los rastros antes que en los pies? Debe, es necesario el desarrollo fiel, y narrado por un dibujo animado?

Aún se espera recorrer el fondo y descubrir el contenido de la materia negra y también la familiaridad con la que olvidamos las imágenes y las palabras de los sueños. Es una obligación vender y transcribir la memoria afectada terrestre, esto es, no guardar nada. Con ese criterio una lectora puede dar vida a materiales desarmados, pero quizás convenga traer a alguien de la otra vida, hacerlo caminar y hacerlo ¿dirigir? Esa influencia capaz de acabar con las tablas tras enderezar los clavos? y si acaso vivimos la ley de un hombre muerto, viviendo el panteón?

La ley Claudio

Los hombres que buscan el travestismo son pioneros y parte de Kubla Khan. El problema está en creer que uno es tan grande siendo apenas una piedra oscura en una bolsa gigante a mitad de la noche, Noche en el páramo. Lo que está hecho nos contiene. Pony retornable, eso es bueno,            y ese no es el                        problema, sucede que ahora parecen baterías incapaces de descargarse, sons of pop, sons of kyuss, sons of godie.

21/6/13

Tubi dubi dubi dubi du

Me coloco detrás de una puerta en busca del silencio. El silencio no es una persona, una mascota o el nombre de una banda de rock o de stoner, el silencio, pienso, es algo que debe estar dentro de una roca. Estoy dentro de una roca, una con puertas, con ventanas, con mesas e instalaciones que permiten el uso y la llegada del agua y la electricidad. Lo que hago tras separarme de la puerta es observar los sitios, dentro de los muros por donde supongo, deben estar pasando todas aquellas conexiones.

Tomo un martillo del cajón de uno de los muebles de aquel sitio. Es un martillo más bien pequeño, pero con su cabeza de acero. El martillo hace las veces de dedo, es decir, lo coloco sobre el muro como si con éste tuviera oportunidad de encontrar o de sentir las vibraciones y los fluidos internos. En realidad, coloco también mi oreja sobre la superficie, lo que escucho es el sonido semi hueco, una especie de golpe que se pierde o que no llega a separarse del todo del muro. Este intento se lleva a cabo en todo el muro, un muro de unos tres metros de largo, como sucede siempre, el sonido parece ser más intenso o más seco en los bordes cerca del piso y del techo.

Pienso que aquella habitación no sirve para el propósito final, aquel de hallar el silencio. Sin embargo, tomo una silla y la coloco en lo que parece ser  el centro exacto del sitio. No muevo nada, dejo los estantes, la mesa, incluso la alfombra se mantienen sin sin desplazados. Lo que sí dirijo es la dirección de la silla, de frente a la ventana por la que entran con fuerza los rebotes o las luces indirectas de un sol maligno, uno de esos soles en la mitad de una tela azul. Se escuchan los ruidos de la piedra de lavar, las manos debajo del grifo de agua, además los golpes que produce una persona al lavar o fregar un pedazo de tela o quizás un pantalón jean. No hay palabras o diálogos, hay si ruidos de objetos, ruidos acuáticos imposibles de confundir, luego la fuerza de las cerdas de uno de esos cepillos de mango rojo que arrastran los tejidos hacia la corriente que se desliza hacia un sifón. También se escuchan con claridad los extremos de la tela que dejar caer cantidades grandes, gotas pesadas de líquido. Por supuesto también el jabón, la espuma.

Del silencio ni pizca, ni la sombra. La pantalla de un aparato reproductor indica tres lineas rectas azuladas sobre un fondo marrón oscuro. Varias pisadas, es decir, se escucha el paso de una persona quizás corpulenta que arrastra sus sandalias al caminar. Las sandalias parecen llevar varias rocas diminutas debajo, rocas que encienden el suelo, un suelo hecho del mismo material pero pegado y compactado, concreto sobre concreto. Adentro, en el sitio la madera absorbe esos ruidos aunque al arrastrar el pie sucede un avión o un aeroplano sobrevuela cerca. Observo las irregularidades, el desgaste, los sitios donde la madera parece haber sido calada o donde los tablones han sido despegados, levantados. Abajo, en el suelo parecen descansar todas las indicaciones para elaborar un mapa, son los planos de los músculos que no podemos observar, son las paredes internas del cuello, los alrededores y el interior de las paredes del estómago, son también las suelas de todos los pares de tacos o zapatos de taco que han sido vendidos en lonas, por peso, aquellos que llenan las bodegas húmedas en los barrios más antiguos de la ciudad. Una mujer pide o aconseja a la persona del lavadero, al hacerlo, tras terminar cierra su ventana, una ventana que parece descuadrada pues vibra, raspa al ser cerrada.

Dentro del baño los ruidos parecen venir de un campo cercano. La habitación parecería no tener paredes y estar en la mitad de un campo o sobre una colina, un sitio al que llegan los ruidos de ramas, el sonido del viento que sopla de un lado, incluso el vuelo de un ave, pero sobre todo parece que el sonido está por encima de todas las cosas. Físicamente la realidad es otra, la habitación está construida a desnivel, en la mitad de una inclinación o cuesta y debajo de tres pisos, tres departamentos. Aquel desnivel en el piso externo, en la parte externa, quizás sirve como embudo a donde van a parar los vientos que bajan de la montaña cercana. Quizás por ello y por la cercanía de la estación del verano sucede ese fenómeno sonoro. Para escucharlo mejor, me coloco junto a los cristales de la ventana. Una claraboya está abierta, se observa un cielo absolutamente celeste. También se escuchan los gritos de dos niños que juegan con una pelota, juegan en la cuesta, la pelota rebota hasta que rueda cuesta abajo. Tras las voces de los niños se puede percibir el movimiento lejano de la ciudad. La parte central y comercial está a varios kilómetros, y su rumor parece el ruido que hace un motor encendido, un motor que gira a una velocidad constante dentro de una caja o de un gran hangar de cemento. Un ruido lejano y grave, también lento.

5/5/13

Sce.

N ha dejado la puerta abierta, para llegar al portal hay que subir varios escalones que terminan debajo de una alfombra, los escalones tienen los bordes rotos y en aquellos sitios donde se ha desprendido el cemento se observan bloques irregulares de piedra, también de otras capas de concreto. Las gradas tienen un color poco luminoso. En cada escalón se puede observar rastros y tiras de alfombra, o cabellos sueltos, o pelusas en forma de pequeñas circunferencias, algunas de estas circunferencias tienen colores claros pero además están manchadas con tonos más oscuros en forma de círculos irregulares o de manchas como del contacto con algún líquido. También junto a aquellas formas irregulares se encuentran pedazos de pared que se ha roto, y un insecto con las patas hacia arriba. 

La superficie de las gradas parece estar a punto de resquebrajarse porque hay varias líneas que no forman figuras regulares, más bien, sobre el concreto oscuro hay líneas que se asemejan a nervaduras que recorren los escalones, tanto en su parte paralela al suelo como en las superficies que son paralelas a las paredes. Dentro de aquellas nervaduras se observan varios colores, unos más intensos que otros y también grietas unas profundas y otras menos. entre aquellas grietas también hay algunas manchas oscuras que parecen ser moho o musgo que ha empezado a crecer. El musgo parece ser común entre las esquinas y los vértices. En realidad cada escalón de lejos parece el mismo de no ser por los bordes y por los objetos pequeños que se mantienen sobre ellos.

La puerta debajo de la cual está la alfombra se ha quedado quieta y se ha mantenido en silencio. Los escalones también parecen estar en silencio a pesar de los bordes y de las pelusas y los pelos sueltos. El insecto con las patas hacia arriba parece haber sido absorbido por el cemento como si hubiera perdido todo su peso, pero aún así también parece estar quieto o dormido. Parece que la presencia del musgo logra dormir a a los objetos tanto de arriba como los que están bajo las escaleras.

29/4/13


N mira con mucha atención a los objetos que tiene delante, sobre el escritorio. Parece muy interesado en una botella plástica de color marrón. La botella está vacía y sin la etiqueta, además tiene una tapa de un color brillante. La botella está parada frente a una botella de enjuague bucal.
Ahora N ha dejado de mirar la botella para fijarse en la pantalla del computador que tiene frente a él. Por un momento se observa en éste como si se observara dentro de un espejo, acerca su rostro hacia el monitor, luego pega uno de sus pómulos, luego lo aleja, luego vuelve a acercar el mentón y así varias veces como examinándose el rostro y sobre todo la piel. También hace algunas muecas frente a su reflejo, abre la boca, saca la lengua, se mira y se estudia varias veces. Luego aleja el rostro y deja caer la cabeza sobre la espalda.
N se coloca una manta sobre el cuerpo como si se tratara de una caperuza. Las manos de N escriben sobre el teclado y salen de la manta como dos cortas extremidades, como si fueran los brazos de un tiranosaurio. N se acerca bastante al computador para escribir y tras dar varias frases casi sin parar al fin toma algo de aliento, se detiene, como si le tomara demasiado trabajo el pensar en lo que sigue, esto ocurre tras varias frases largas, tras varias descripciones, tras escribir sin detenerse, como si alguien hubiera dictado lo que acababa de escribir. Al detenerse N parece una gárgola o una estatua dentro de una iglesia. Se escucha el tictac de un reloj de pulsera sobre el escritorio. También se escucha algún rumor de la calle, incluso los pasos de alguna persona en el piso de arriba, o de alguien que arrastra los pies en el piso de abajo. N recoge sus piernas pues se escucha la pantunfla al arrastrarse sobre el suelo.
N coloca su mano debajo de su quijada y cierra los ojos mientras su cabeza se balancea un poco de un lado a otro. Luego al quedarse quieto parece como si en realidad se hubiera quedado dormido sobre la silla, con la manta sobre el cuerpo y con la mano que sostiene su cabeza. Su respiración es lenta y sigue un mismo compás mientras que también se escucha el tic tac del reloj sobre el escritorio y el sonido del ventilador del computador.
Desc. Vefi. Tin. APm. Buoun
Los pies de un hombre de pantalón oscuro descansan sobre una alfombra. La alfombra es de un color luminoso, está formada por pequeñas flores o por un tejido que imita un suelo cubierto por las hojas secas que han caído de un árbol. La alfombra está dentro de una casa al igual que el hombre de pantalones oscuros que lleva los pies descalzos. Además sus el hombre está sentado cerca o en medio de una puerta abierta que da hacia un patio por donde entra mucha luz. El pie derecho del hombre está completamente asentado sobre la alfombra de hojas de árbol. La luz brilla con más fuerza sobre su dedo gordo y la sombra del pantalón oscurece la alfombre. El pie izquierdo más bien está recogido, es decir tiene solo los dedos sobre la alfombra mientras la planta se encuentra en posición vertical hacia el suelo como si se tratara de un hombre de pie. Cerca de su pie izquierdo se puede observar la pata a contraluz del taburete sobre el que está sentado. Debajo de su pie izquierdo la alfombra con luz externa se ha vuelto casi blanca.
Otro hombre también está sentado sobre el taburete y tiene sus pies sobre la alfombra. En realidad sólo el pie izquierdo pues el espacio que debería usar el derecho está ocupado por su larga pierna estirada hasta que el pie es ocultado. Bajo su pie izquierdo la luz parece menos intensa que debajo del hombre anterior, este hombre también lleva pantalones oscuros pero sus pies están calzados con botas negras de cuero, por lo menos eso se observa en el pie izquierdo, una bota o botín que parece llegar hasta el tobillo, de punta redonda y con taco alto, parece tener cordones. La parte delantera está pegada al suelo o a la alfombra, mientras que la planta y el taco forman una pequeña diagonal con el suelo. Además el pie con la luz externa forma una pequeña sombra sobre el suelo.
En la imagen el pie derecho desaparece y en su lugar se estira la pierna del hombre cuyo pantalón es oscuro. Se observa que la luz externa parece haberse vuelto menos intensa. Incluso sobre la alfombra parecen resaltar otros detalles. El marco que rodea a la imagen en blanco, grueso quizás mida unos siete centímetros. Además el marco no es totalmente plano.

13/4/13

Dentro de la caja hay programas que se repiten durante todo el día. Fuera del edificio hay un rótulo, al pie de la entrada, varias lámparas fluorescentes forman la palabra Restorant dentro de un rectángulo formado por pequeñas bombillas amarillas y redondas. La luz verdosa de las lámparas golpea la calle, llega hasta la mitad de ella que es totalmente negra, hay dos jardineras llenas con flores amarillas alrededor del poste, las jardineras también forman un camino que llega hasta el estacionamiento. Las puertas de entrada al edificio tienen dos picaportes redondos y de bronce. Delante de la puerta hay un rodapies que simula ser pasto y que mide un pulgar de altura. El rodapies guarda el paso delante de las dos puertas con picaportes redondos.

Las mesas están separadas unas de otras en grupos que forman pequeños conjuntos. Del lado derecho están las mesas para parejas. Del lado izquierdo hay mesas para más de ocho personas. En el centro del salón hay una fuente de color rojo llena con agua e iluminada desde su fondo con luces azules y verdes. Alrededor de la fuente hay mesas para cuatro personas cubiertas por manteles amarillos. Todas las mesas están servidas, hay varios hombres y varias mujeres alrededor del salón. Todos los empleados visten de negro y las mujeres visten trajes blancos con camisas de cuellos muy anchos. Una mujer lleva el cabello recogido en una cola y su cabello parece de fantasía, las cejas y las pestañas de la mujer también parecen accesorios, sus cejas oscuras resaltan sobre su rostro pálido, parecen delgadas cuerdas.

Detrás de la barra están dos hombres con camisas blancas. Ambos sostienen copas largas y botellas con formas extrañas. Sobre la barra hay dos botellas de coca. En el bar hay varias botellas que se repiten sobre un espejo que cuelga detrás de ellas. Los hombres llevan el cabello cuidadosamente cortado y las mangas de sus camisas están arremangadas hasta sus codos. Ambos hombres parecen hermanos, incluso tienen el peinado partido del mismo lado. Uno de ellos tiene en su muñeca dos delgadas pulseras de algodón. Una es roja y la otra es negra y ambas tienen pequeñas leyendas bordadas en letras grises. Una pareja está de pie junto a la barra. Al extremo derecho hay una puerta del mismo color que la pared.

Los autos que no ingresan al estacionamiento se detienen frente al edificio. La luz verde se refleja sobre los cristales de los autos negros y sobre las partes cromadas. Los autos permanecen encendidos. Varias parejas parecen tomar sus abrigos antes de bajar, también parecen hablarle al chófer. La fila de autos llega hasta donde comienzan los arbustos. Al fondo de la calle se observan las luces de las otras manzanas que forman el mismo barrio. Frente al restoran hay casas convertidas en oficinas. Los jardines de éstas parecen haber sido recientemente cortados. En la parte interior del jardín del restorante hay pequeñas lámparas de kerosene que cuelgan indistintamente. Alrededor de la luz de las lámparas se amontonas pequeños insectos que desaparecen entrando y saliendo por la rejilla.

Detrás del edificio hay una construcción metálica con la forma de una calesita. En vez de caballos o de animales acuáticos la calesita tiene sillones, camas y pequeñas hamacas. Todas las figuras tienen una pareja, hay dos pares de camas, dos pares de sillones, dos pares de hamacas. La calesita está apoyada sobre la pared como si fuera otra pared. Al final del muro hay dos contenedores de basura. En esa esquina del muro está colgada una lámpara con una luz blanca muy fuerte que golpea sobre una de las camas de la calesita. Esa cama tiene dos almohadas también de acero. Su par tiene solo una almohada. Las tres almohadas tienes líneas transversales que simulan un dibujo o estampado. El ruido del interior del edificio desaparece con el sonido del seguro. Del mismo modo apenas la puerta es abierta por uno de los hombres de uniforme el ruido parece cercano como si caminara hacia los contenedores.

Del techo cuelgan varias lámparas con forma de araña. Cada una de éstas tiene unas veinte bombillas con forma de gota de agua. Son gotas que parecen dirigirse al techo. Los ventanales que rodean el salón llegan hasta el piso. Desde adentro no se puede observar lo que sucede afuera. Los cristales de los ventanales parecen ser oscuros. En el techo hay varias claraboyas de un material semitransparente y acrílico. Hay unas ocho o diez claraboyas sobre todo el salón. Cada una debe medir unos dos metros cuadrados. El techo del salón es alto y tiene varias caídas, por lo menos en tres direcciones. Las vigas que lo sostienen son de madera vista, una madera cubierta por una capa de barniz que le deja un brillo rojizo. De una las vigas que se pierde dentro de la pared cuelga una cuerda muy gruesa que al mismo tiempo le da varias vueltas. A diferencia de la viga, la cuerda parece gastada, incluso parece estar cubierta por polvo. Su extremo tiene un nudo muy grueso.

Los alimentos parecen haber sido preparados dentro de un horno. La cocina es un lugar dentro del cual los artefactos cuelgan de pequeños ganchos a dos cabezas de los hombres más altos aunque el techo esté mucho más arriba. Los platos miden 40 cm de diámetro pero la comida no los llena totalmente. Con claridad se observan tres porciones distintas, una es una pequeña elevación de unos 5 cm de alto. Forma una pequeña pirámide de la que desciende una hilera de un líquido rojo. La otra porción está separada de las otras dos sin tocarlas, compuesta de pequeñas frutas picadas en cubos y cubiertas por una leche espumosa. Todos los platos tienen el mismo menú sobre ellos, incluso las porciones parecen haber sido servidas con la misma cuchara y por la misma persona. La tercera porción ocupa la mitad del círculo interno del plato. Es carne, tiene la forma de una media luna. Sobre la carne hay hierbas picadas en tiras y que brillan por la mantequilla.

Los platos brillan bajo la luz de las arañas. Hay varias luces que están pegadas al muro. Estas luces forman una haz en forma de una V. En la mitad del haz cuelga un pequeño cuadro. Hay alrededor de 23 cuadros en todo el salón. Cada cuadro muestra un pequeño motivo campestre. Los cuadros no parecen seguir una secuencia, aunque haya personajes que repiten cuadro, por ejemplo un niño camina descalzo junto a un pequeño río, junto a él un perro ladra y parece correr. El mismo perro en otro cuadro se mantiene quieto mientras varios hombres arrastran una red que aún no sale del un gran bote y en otro cuadro el perro persigue a un pato que tiene las alas preparadas para volar y el pico extremadamente abierto. Todos los platos parecen idénticos apenas tienen grabado un motivo floral que forma un tercer círculo que es perceptible al tocar su relieve.

La música sube lenta entre las mesas, la cristalería las plantas y arbustos que llenan el salón. Se puede contar quince arbustos de pino, diez tulipanes y diez arreglos con orquídeas. Los pinos tienen la altura de un hombre adulto, casi todos los arbustos han sido podados hasta parecer paletas de hielo, anchos en la mitad y delgados en los extremos. Hay cinco arbustos de un pino de una variedad roja. Para las orquídeas se han dispuesto unas macetas de barro cubiertas de un material que les da una apariencia metálica, de un color que parece mercurio, un mercurio azulado o violáceo. La variedad de orquídeas es la misma para todas la macetas, una especie cuya flor mide casi veinte centímetros. Todas las orquídeas tienen encima un armatoste hecho con barras de cristal y delgadas cuerdas de nailon. Las macetas miden medio metro de altura y tiene la forma de un rectángulo. Los tulipanes son todos negros pero a diferencia de las orquídeas están sobre pequeñas jardineras alrededor y dentro de la pileta. Algunas jardineras están en medio de los haces en V de la pared.

Las mujeres llevan pequeños vestidos color hueso. Otras usan blusas transparentes que dejan ver los encajes de la ropa interior. El cabello de algunas mujeres parece recién peinado. Muchas tienen el cabello corto alto como el de los hombres. Mientras los hombres hablan las mujeres los observan mientras fuman de largos cigarros blancos usando boquillas hecha con porcelana y plata. También las piernas de las mujeres están cruzadas y cuelgan o se balancean de adelante hacia atrás. En cada mesa hay por lo menos una pareja, las parejas están tomadas las manos debajo o sobre la mesa. Hay hombres vestidos de traje que están de pie pero parecen también estar a punto de sentarse, tienen una pierna debajo de la mesa y la espalda arqueada y la mano sobre el borde. Hay velas encendidas sobre candelabros individuales. Hay tres candelabros cada uno con una vela larga por mesa. Dos rojas y una blanca o dos blancas y una roja. Un hombre usa una de las velas para encender su cigarrillo. El hombre junto deja sobre la mesa un encendedor metálico.

Paul Desmond sale de las paredes. El sonido es imperceptible. En las mesas se habla de varias cosas al mismo tiempo. También hay hombres que usan sus manos mientras hablan. Los hombres de uniforme llevan bandejas de plata. Sobre las bandejas hay pequeños recipientes llenos con tiras de pan horneado. Los parlantes están dentro de las paredes. Una pequeña rejilla negra cubre al parlante. La rejilla es rectangular y en su lado más alto mide unos veinte centímetros. Hay unas diez rejillas alrededor de las mesas dentro de los muros. Las rejillas están a la misma altura de la superficie del muro. Nadie grita aunque se pueden escuchar carcajadas seguidas de las voces de dos hombres al mismo tiempo. Cuando las canciones terminan y durante el silencio entre una canción y la siguiente las voces en el salón sufren cambios como si subieran o si bajaran todas al mismo tiempo. Cuando ese cambio ocurre se escucha de fondo un murmullo permanente que no sufre cambio en su intensidad. Los murmullos parecen compuestos por risas y el sonido de los cubierto que golpean la porcelana.

Los parabrisas de los autos están cubiertos por una delgada capa de agua. En las pequeñas gotas se reflejan las luces verdes del rótulo al pie de la entrada. Muchos de los autos tienen colores oscuros. Hacen cuatro filas estacionados uno junto al otro dejando un espacio para abrir y cerrar las puertas sin que haya peligro de golpear las latas entre ellos. Cada uno de los espacios están señalados por una delgada línea amarilla pintada sobre el asfalto oscuro. Las líneas forman rectángulos entrecortados cuyo lado superior termina debajo de unos topes largos de concreto. Varios autos han sido estacionados a centímetros de aquellos bloques, pero hay un par de autos cuyas llantas se deforman al hacer presión sobre los topes, estas ruedas están giradas hacia el lado por el cual se ingresó al rectángulo, así los autos de la fila derecha tienen la llanta derecha afuera y la izquierda hacia adentro. No ocurre eso con los parqueos que siguen la dirección de la vía principal, los que dan hasta el final de la pared, frente a las cuatro paredes los autos forman un perímetro alrededor de las cuatro filas interiores, también alrededor del edificio. También hay autos que parecen haber sido estacionados luego de varias entradas y salidas, autos cuyas llantas y puertas están totalmente paralelos al rectángulo de líneas entrecortadas.

Luego de mirar los relojes los hombres levantan sus copas largas hasta que la luz de las arañas se vuelve roja dentro del cristal. Ambos evitan encontrarse a pesar de estar en la misma mesa parece que esperan a que uno de los dos sea el primero en responder. Luego ocurre que él cruza los brazos y recuesta todo el cuerpo en el mullido sillón. H, en cambio, estira el pequeño sorbete y da varias caladas largas a su bebida como si se tratara de una de esas pipas para fumar tabaco. Sobre la mesa hay ceniceros, portavasos de lino, una jarra de cristal llena con jugo de tomate. En la mesa de atrás, a la derecha de él, un grupo se cuenta historias que parecen haber sucedido apenas hace pocas horas. Los otros acompañantes de la mesa están encaramados uno sobre el otro, como si se retaran, además, mientras se dicen bromas no dejan de acercarse y también sirven de la jarra hacia la copas largas a excepción de aquellas llenas con vino. Él llama a uno de los hombres de uniforme para que éste llene de nuevo su copa y al hacerlo pide que lo haga hasta el borde. H deja su vaso sobre la mesa con el sorbete dentro y rápidamente quita la botella al hombre de uniforme. Incluso el pequeño mantel que cubre el brazo del hombre, quien mira sin palabras la botella en manos de H así como su pequeño mantel con el que H ha envuelto la botella.

Hay muchas copas llenas la altura de un pulgar con bebidas espumantes. Los hombres dan la espalda a la mesa mientras sonríen a las mujeres que están de pie alrededor de ellos formando un círculo de vestidos anchos y de boas llenas de plumas. Algunos hombres toman a las mujeres de la cintura con el propósito de hacerlas sentar en sus muslos y al conseguirlo ellas tiran una bocanada muy breve antes de volver a ponerse en pie. La mayoría de ellos llevan trajes bastante oscuros y algunos llevan colgado de su cuello medallones muy grandes, con formas de antiguas estrellas cuyo centro tiene una piedra blanca, blanca casi traslúcida. La cadena que sostiene el medallón es bastante gruesa, como una de esas usadas para asegurar las puertas dentro de los jardines, pero están bañadas en oro pues brillan bajo las luces de la araña. Uno de los hombres parece sentirse incómodo pues lleva su mano varias veces hacia su bigote. Es uno de esos mostachos que terminan en largas y finas puntas. Las dos mujeres paradas frente a él se toman de los brazos varias veces como si intentaran darse ánimos. El hombre del mostacho está de pie frente a ellas sosteniendo en su mano un bolso de pie, el tirante cuelga del bolso y de la mano del hombre casi hasta tocar el piso.

Uno de los hombres de uniforme lleva un teléfono rojo sobre una bandeja de plata hacia uno de los hombres de traje. El hombre de uniforme sostiene la bandeja mientras con la mano izquierda alcanza el funicular al hombre que pregunta si ésto es una broma. Mientras los hombres de traje beben de largas copas antes de tomar asiento o de levantarse empujando sus sillas el hombre de uniforme se mantiene de pie junto a la mesa del hombre con funicular. El hombre de uniforme mira hacia el  lado contrario es decir, da la espalda al hombre del auricular que se ha agachado casi hasta colocar su cabeza debajo de la mesa. Un hombre que lleva un uniforme rojo con botones dorados cruza frente al hombre del uniforme arrastrando un pecera llena de juguetes plásticos que flotan y se golpean mientras el agua se agita. Otro hombre con un traje similar cuida que la cubierta de la pecera no caiga. En la parte posterior hay personas que aún no han terminado su cena y cortan pequeñas porciones de la carne con forma de media luna. Dos mujeres llevan sandalias con tirantes negros debajo de sus vestidos.

Hay varias personas de pie sobre la escalera falsa. La mitad de una pared está recubierta por delgadas tiras de madera. De la pared junto a la puerta principal cuelgan varios espejos. Los marcos de los espejos tienen formas circulares, rectangulares, también algunos marcos parecen sacados de una iglesia o hechos en pan de oro. Los espejos con forma de círculo llenan la mitad del muro. Hay espejos circulares del tamaño de una moneda de cincuenta centavos y dos sobre los cuales se refleja una persona adulta sentada sobre un sillón, es decir miden quizás un metro. Esa pared tiene la misma altura que las otras paredes del salón y en la parte más alta los espejos parecen ser oscuros o ser sólo marcos. Los marcos en su mayoría son dorados aunque una serie de espejos con formas de polígonos y de figuras irregulares sean de colores rojos, naranjas y marrones y delgados como si fueran tiras de caramelo. Casi no hay espacios libres, la pared apenas se observa pero no se distingue muy bien parece llevar un empapelado debajo con líneas verticales de colores fríos. Un espejo rectangular cruza casi sobre la mitad del muro, empieza junto al marco de la puerta. También hay espejos portátiles que parecen un libro o una agenda abierta.

Al fondo y dentro de un espacio que simula ser una gruta tres músicos tocan temas sincopados y con letras que se parecen más a poemas leídos. Sobre el escenario hay un arco de concreto pintado de blanco y con incrustaciones de piedra pómez en los lados donde se forma la media luna. En la mitad del arco están colgadas pequeñas fuentes de luz, los haces caen sobre el espacio destinado a la batería, formando un círculo sobre una alfombra redonda. El guitarrista y el bajista tienen un micrófono individual aunque la mayor parte del tiempo ambos estén ocupados y dirigiéndose hacia el interior y el exterior del escenario, sobre todo entre cada tema para ajustar los volúmenes de sus cajas de amplificación. El volumen de su música no resulta demasiada alto pues igual se escuchan los diálogos del salón entre los acordes y las frases de los temas. La voz del guitarrista se parece demasiado a la de Algodón Gatica y la del bajista parece ser la voz de Thurston Moore, es decir, se produce un orificio durante los tres  minutos que duran sus temas. Sus canciones hablan de veranos que dejaron lecciones antes de volverse inviernos, también de ruegos y de puertas donde antes habían habitaciones.

Uno de los hombres de uniforme lleva en sus manos una botella de cristal verde llena de una agua roja. La botella parece ser extremadamente pesada aunque el hombre la sostiene sin mucho esfuerzo. El hombre del uniforme da varios giros alrededor de las mesas, las personas que lo miran a veces levantan sus manos para pedirle se acerque al igual que las mujeres que levantan sus cigarros apagados. Hay varios hombres de uniforme haciendo lo mismo alrededor de las casi cien mesas dentro del salón, todos llevan las misma botellas de cristal verde y extremadamente pesado que parecen estar llenas de una agua roja interminable. Cada botella parece alcanzar para cien copas, algunos hombres piden que se llenen no solo sus copas sino la de las personas de las mesas más cercanas. Las botellas están enrolladas por un mantel que cubre todo su cuerpo a excepción de los cuellos que deben medir treinta centímetros. El cuerpo debe medir el doble del cuello, por eso hay botellas cargadas por dos hombres de uniforme y junto a la puerta que lleva a la cocina están apoyados varios coches para arrastrarlas. Parecen pequeños coches para llevar bebés de pie.

Ellos están de pie, llevan colgadas en sus manos pequeñas bolsas de tela en varios colores. Uno de ellos cada tanto mira en el interior de la bolsa que lleva en las manos. Ellos hablan entre sí y sin mirar a quienes giran alrededor suyo. Por ejemplo uno de los hombres de uniforme anuncia la llegada de un artista invitado pero en la mesa nadie presta atención. También de una de la otras mesas se escucha la historia de un hombre capaz de torturar usando un colchón a hombres que han vivido dentro de varias vidas. Aunque las charlas en las mesas cercanas parecen sumamente entretenidas ellos parecen no tener otra cosa para hablar que sus propias experiencias, y entre levantar las copas y entre regarse el licor sobre sus cuerpos cuentan cómo han sido tratados durante las proyecciones de filmes famosos de terror. El vino cubre sus muslos, también una de las mujeres intenta quitar de las manos de uno de los hombres una copa totalmente llena de agua roja pero al hacerlo todo es tan rápido que termina empapada y su pecho brilla bajo las luces de la araña. Los hombres de uniforme miran de lejos sin saber muy bien si reír o acercarse a brindar ayuda. La mujer respira varias veces y luego continúa charlando con la mano sobre su vestido y con una servilleta en limpia.