26/7/14

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Pozo que llena el tumbado del sexto piso

De algún modo me veo desde esta silla, sobre ella, persiguiendo cosas que no pueden verse, es decir, es eso y es como ir corriendo tras mis pasos. Al tirar hacia un lado el aire, es, o sucede como si se volviera en hilos o tiras de acero, ya sabe, esas cosas capaces de golpear, eso, algo difícil de anticipar. Pienso en similares y en otros volúmenes: placas, columnas, láminas o grandes bloques de hormigón, como fichas, o como paredes enteras, extremadamente lisas y pesadas, hechas como armar una junto a otra, como una sucesión de a y luego b y entonces c y así, todo ello hasta rodear un sitio. Eso, una muralla y como una olla para encender dentro un poco de explosivos.

De alguna manera me veo corriendo detrás de algo que lleva dos o tres pasos de ventaja, y eso es también como si corriera en círculos (es decir, al dar vueltas): huellas, marcas en el suelo que antes estaban y eran evidentes y luego eran dobles o ya solo borrones, borrones de pies como si eso fuera hace dos años en el campo, y al volverlos a descubrir la tarde se llena de un cielo anaranjado, una nube rosada y brillante y casi hinchada, algo fantástico y algo siniestro, digamos, una cosa para perder un poco y para andar por los pisos recogiendo las partes que se han caído.

¿Qué ocurre cuando algo de aquel gas baja hasta llenar las pupilas y hasta volverse sólido y pesado e incapaz de no quebrar los delgados brazos? Ocurre, sucede que toda la voluntad se diluye en una copa de roja caliente, como en carnaval y como al tratar de llenar los pulmones haciendo chucc chucc muy fuerte: corre entre los dedos de forma que también parece como si uno cargara en los pies con un charco, frío y pegajoso y eso de seis a nueve antes de tomar un paño seco.

Algo similar sucede con niños o con ancianos quienes cubiertos de pies a cabeza van dejando la pileta, el lago, o una ducha sin olvidar el pestillo y eso de abrir la ventana; la mancha, el charco, el líquido bajando, derramado, filtrándose. La fuente, la fuente que baja y vuelve a reptar por los muros y en los pies antes de regresar al tumbado.

A pesar de todo, el charco da prueba y exige que recordemos su existencia. Antes, (tres semanas) yo aseguraba que las filtraciones se debían a tuberías rotas luego de un buen zimzum me dije y quizás también por eso del reacomodamiento de los pisos. Para nadie es extraño que llevemos más de dos meses en un estado de semi-desintegración, con eso del polvo que corroe todas las ventanas, y eso del acero y los kilos de escombros que parecen ocupar y luego volver a salir de las muchas aulas y todo eso luego de abrir las puertas de las habitaciones que luego serán seis muros rotos o inservibles. Supongo que pronto realizaremos un taller detallado con rocas, a fin de cuentas, arriba quedan los laboratorios y algo eléctrico que chispea cada que alguien mira demasiado sobre los montículos en los pasillos; quien sabe, tanto muro sirva para elaborar esos nuevos componentes sólidos y reciclados, algo para que duremos otros cincuenta años. De todas formas, pensé, que las filtraciones y los continuos charcos debajo del alféizar o debajo de los escritorios en las habitaciones administrativas tenían un origen mineral, algo fósil, la piedra primera haciéndose carne en las manos llenas de pala; los cascos amarillos con los nombres escritos en tinta permanente por dentro y eso sería como la llegada de los primeros hombres y eso en los años setentas del último siglo.

Luego, uno se va dando cuenta de la horrible responsabilidad de caminar en la parte azul de la historia, luego del medioevo militar; eso durante seis u ocho horas alrededor de toda la instalación, el centro, el sitio mismo y las gradas y los anuncios para turismo en grandes pancartas verdes con grandes textos en futura y color blanco. Nos hemos detenido frente a uno de los pequeños puestos de esnacks, y allí he dicho algo sobre llevar dos (2) y he sacado un montón de monedas que no pagaban ni un cigarrillo y sin embargo en las manos teníamos ya un encendedor y algunas mentas aún en sus envoltorios y eso era como mirar de nuevo todosobremimadre. También encendimos nuestros cancrillos y hemos dicho cosas y aspavientos y todo sin movernos y también arrastrando los pies como si no quisiéramos ir hacia ningún lugar. Esto es común pero al mismo tiempo nuevo, sorprendente, pues, por lo general solemos desear sombra y brazos en bordes y luego, creo, terminamos pasando más tiempo en eso de ir y yendo de arriba abajo y entrando a oficinas y sobre todo haciendo fila frente a las puertas cerradas esperando que den las cinco de cualquiera de los dos momentos de la rotación. Antes de bajar, por ejemplo, dejábamos intencionalmente un poco de algún charco en el piso de madera, en el salón más grande, y eso era un intento de llevar el quinto piso a todos lados. Luego estaba esa ceguera a la que me aproximaba escuchando ros sigur ros, pero también es: quiero decir: años de cargar la poma agujereada, poma llena de roja que trepa o repta hasta volver, y eso era como mirar cada uno de los quince tumbados inundados, goteando en el doble de direcciones. Y gracias, gracias, y eso es gracias a que los pisos inferiores se han convertido en cuevas, y en todas direcciones crecen las edafologías y aletean largos y oscuros dedos que apuran a crecer de abajo hacia arriba y quien sabe, (por el modo que se agita el edificio y la ciudad cada vez que algo grande ronca) de derecha al frente o de un lado hacia noviembre. Ahora ya da lo mismo inundar algo o nadar con peces y tortugas schreder del tamaño de un ascensor: imagino que aquellas cajas de acero bien podrían flotar o ser llevadas por alguna corriente subterránea sin que entre o pase un cabello y eso que un cabello piensa en nanowatts; eso de lo hermético.

Dos o tres personas dentro de las cajas consumiendo el oxígeno hasta que se vuelve necesario buscar un lugar alto, la curva del domo, eso del sol redondo y el eclipse, relámpagos y mucho chum ruz chum reventando bien en sitios inalcanzables. De alguna manera observo tres rostros o varios pares de ojos que parecerían medir la mano que luego pondría cosas en la boca y eso, rotar la silla para recibir mucho del redondo redondo sol, ojo hinchado que extrañamente calienta sin hacer chizchuz, rojo que al mismo tiempo parece a contados kilómetros de viaje. Imagino que aquellas cajas y los peces schreder sostenidos sobre el agua no son más que cartones o incluso pequeños troncos o virutas o acaso cortezas de roble y de llorón. Dos líquenes atrapados en el fondo del estómago de Egeo. Si sucediera, (y será en mitad el día) yo, ya abajo abrazaría aquel tronco hasta transformarme en otro liquen, uno saludable y satisfecho. Ya estoy convencido, levantar una de esas cajas para que luego el hormigón se encargue de volver los huesos en legendario polvo. Legen a diario.

Luego volver a las pomas de aluminio hasta que la roja haga los milagros.

Cajas y paneles de botones que no encienden.

Lo ha dicho, dice, del modo más sincero; en realidad lo ha dicho de varios modos y todos parecen llegar al mismo sitio. Lo ha dicho de espaldas, ha querido hacer como si mirara hacia la calle, y hacia los autos y quizás hacia quienes los conducían, o tal vez… no sé… como si estuviera en uno de esos lugares a los cuales uno se la pasa el día evitando visitar, y eso para luego no saber si se los quiere o no abandonar. Varios negocios sobre la acera repetían exactamente las mismas series y precios en sus ofertas: luces parpadeantes dentro de cajas transparentes, figuras de mazapán con los brazos en alto, como si pidieran que ya caiga eso del boomboom, eso de arrodillarse esperando con fe la caída del sol amarillo que todo lo pone rojo y eso para despedir el día y el siglo, y nadie notó que ese era el cuarto sol desde el Big porque los otros tres ya debían su harakiri bang. Despedirse y las nubes y el cielo anaranjado.

Aunque no haya insistido, en mi cabeza se había formado una de esas cadenas largas, una capaz de apretar varias semanas y a cada uno de sus días feriados, que, visto a cierta distancia resultaría una suerte de retazos o como la cola de una cometa de seda. Ejido, 1970, radionovedades. Yo, varias veces, y desde distintas posiciones, eso es, corazón del otro lado: yo, mirando una boca abierta como a punto de tragarse toda la cuadra y eso tras haber tragado la mitad del día que ahora resultaba en una cortina blanca como en los dibujos animados dibujados sobre acetato; yo, una mano llena de muchos dedos y los dedos hinchados y casi azules moviéndose con la agilidad de un caracol sobre el borde de un alféizar, aunque, familiarmente, una de esas babosas comunes en época de lluvia. Una esquina y la palanca de luces y la mano, pliegues liberándose como si girara brevemente en mitad del estacionamiento. Dedos dentro de un monedero.
Doce dedos y sal en el bolsillo.

Supongo que esto sucedía y mientras, escuchaba que aquella frase desgastada; y varias veces terminamos bajo las ruedas de los muchos, de autos que hacían fila, y eso era porque dos tipos regresaban a cambiar algo y eso estaba en las bolsas blancas. Un hombre en mitad de los autos parecía conducirlos y era como si moviera los cientos de pies usando solo un quince por ciento de su tiempo. Luego yo imaginaba los pasillos y las bolsas chocando entre ellas haciendo chuic chuic y eso era que colocaban los pies sobre el guardachoque y luego hacían un buen nudo a las bolsas o todo caía pesado en la perrera hasta que al fin parqueaban cerca de sus casas y de sus trabajos, cuatro o seis de la tarde; y eso sucedía usando un quince o menos por ciento del tiempo que toma en sesenta minutos. ¿Quién aprovecharía de buscar camioneta y luego hacer menos día con el aventón? Observé la mitad de su rostro, un rostro recortado casi con rotulador y todo capaz de cortar el papel antes de firmar y de fondo también todo era siluetas pero más bien manchas y nada del todo definido.

Tuve la sensación de mirar la parte de abajo de un lego.

Recuerdo esas cosas pero solo dos segundos, menos, todo recurrente; todo antes de escuchar que ignoraba cada fin. Supongo que ambos pensábamos en, y eso sucedía al mismo tiempo y detrás ya eran manchas: brillante y gris llegada de la fuerza que insiste alrededor pero cubre por su interior dejando y permitiendo que la noche y la explosión llene con térmica cada uno de los autos. Seis, se is am de junio a marzo. ¿Quién era?

Un hombre de uniforme blanco y boina blanca preguntó si alguien deseaba aprender las dosis para eso de panes con canela.

Eso dijo. Eso estuvo en cada bolsa encendiendo los tanques y girando al ritmo de losfiatunos, y la fila; y mirábamos las pantallas y las letras rojas y eso del número que no llega nunca a redondo o par. Todo vivo o quizás escrito en algún sitio cerca de Cayambe. ¿Cómo diablos reconocer ese sitio? Pregunto, pero también recuerdo que tras escuchar sus cosas, (o mis cosas) muchas, demasiadas y desordenadas preguntas, hacen o hacíamos fila, o columna, siempre una fila entera y doble que se colaba entre los coches y entre nuestras bolsas que luego harían chuic chuic, todo, visto detrás de un cristal; una persona, alguien que salía de casa con eso de hacer el almuerzo antes del cancrillo, podía ser parliament, o quizás también, y empujar o detenerse y al mismo tiempo detener otra hora de tráfico. Una sola vez parecía haber dicho aquello, pero aquello ya era una cosa total, sólida y múltiple, algo que desconocía, eso de un significado y

Luego tuve kinder en mis manos, y luego dije; debía ser milkforthemandrake.

Supongo que habrá dicho algo del relleno, el milk, luego creo que estuve caminando y eso era quizás un rato y quizás cubierto de aquel centro, cubierto en milkycore; atractivo, el centro que envuelve las calles y las aceras pero le da a uno por fosforecer y hacer eso de herhero herheroic Abdón-on-Abdón. Lo mismo al pasar y luego la gustosa golosa: la voz inflada inflamando el autobús con deje pasar. Dos espaldas en cada frente. De eso trataba, eso, exacto, recordar el pulso y el Ki: frases que se quedan e interiores que inmediatamente son la piel porque no hay martes.

Sagradosinsagradosatori. Ahora no. El aire se vuelve agua y el sol deja que la boca mastique y luego la superficie es adentro
Será capa, layer.
Ser regular. 
Hacer tennis.

Luego la frase, el cuerpo, cara y sello y huesos y ramas y hojas y unas monedas amarillas llenas de caballos o bayonetas.

eso. eresunmentiroso.

23/7/14

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Overweight

A las tres de la tarde estábamos sentados juntos y mirando al hombre de corbata azul. Al mismo tiempo él nos miraba, y quizás deseaba y esperaba que nos calláramos o que abandonáramos la clase. Es cierto, cuando hablamos lo hacemos de modo que todos escuchen y también para que todos se queden en silencio; hablamos como si las palabras fueran juguetes nuevos que nadie más tiene, o que nadie sabe cómo usar. Supongo la aprensión general era conocida: nunca dicen algo importante.

Nosotros queríamos seguir señalando y divirtiéndonos con estas cosas comunes: insignificancias para estadística de laboratorios y para las cantidades impresas detrás de alguna clase de fármaco, también motivos para llenar las filas de un futuro partido político, eso del imaginado partido corbata blanca.

Éramos el tiempo y esas cosas que uno dice sin pensar en absoluto: manías, culpas, huesos y esas cosas inexplicables que ocurrieron hace horas.

En algún momento parecía una cosa de especialistas; y luego estaban las perlas del tipo: parece que vives una tercera o una cuarta vida, o, llevo la remera al revés porque a la vida hay que darle vuelta.

Recuerdo mirarlo detrás del escritorio, miraba una de esas revistas, esos textos publicados en los centros, ensayos o notas breves e informativas y siempre con fotografías oscuras y pixeladas. En realidad la revista parecía aburrirlo, supuse que nos encontraba en eso de La comunidad y el centro: una tras otra las hojas, uno que otro alto en los dibujitos de pulso indisciplinado, sobretodo en esas caras movidas y manieristas y sobre todo para invocar el orden. Quien lo culpa, o nos culpa, si apenas llegábamos ya queríamos regresar.

Por un momento guardamos silencio. También algunos estaban en eso de bromear y otros seguro llevaban días sin mirarse; eso de planificar cosas e itinerarios y luego uno sin querer ya sabía de la reunión, y hay algo sobre un sábado sabadaba, y ocurría entre mejor a las siete y todo con brevedad y adelante, aunque no esté M, ya sabíamos que M debía llevar carpa y J además cuatro tostados, no lo sé, y mientras escuchaba me quedan menos ganas de vivir.

El hombre de corbata azul sorprendentemente dijo una o dos palabras que salían como sorprendentes balbuceos. Antes de mirarlo salíamos del muro del fondo o quizás de las patas de los escritorios azules. Supuse que pixelábamos.

El rostro concentrado en la pared del fondo, como si nos mirara y como si el muro fuera de nuevo la revista.

Afuera el clima era extraño. Parecía un buen día de finales de junio, con el sol palideciendo sobre la caja y todos los cristales cubiertos de una gruesa membrana de polvo, todos ellos, pero transparentados también por un brazo invisible pero al mismo tiempo también amarillo. Sin embargo corría una de esas corrientes, como si entrara por todas las ventanas, y al mismo tiempo uno convencido que estas y las puertas se abrían al mismo tiempo, o, por la misma razón. De hecho, y tras encender el cigarro, el humo corría en varias direcciones, arrastrado y como si de un escape múltiple se tratara. Entonces, como soldados y como refugiados arrastrábamos los pies y luego ya nos poníamos en búsqueda.

Arrastrar los pies no era la mejor idea pues levantábamos lo que quedaba del edificio, eso, y recordando, como cada semana, que faltaban meses antes de entrar en el sitio ya reparado, la reinauguración. Había reina, digo, gente que bajaría esas semanas con prisa cargando pesadas carretillas y otros llevando cascos amarillos sobre grandes pañuelones; eso de vivir un poco para vivir mejor los accidentes.

Desde nuestra parada observábamos no el patio de atrás, sino, la boca que es ese escenario cultural. Además lo llenaban grupos del centro 6. Abajo, todos tenían como contorsionados los cuerpos; quizás por efecto de la altura, ocho pisos, estábamos en el cuarto y desde allí las cosas eran distintas: mujeres recostadas, gradas de concreto, piernas, es decir, mujeres recostadas estirando sus extremidades sobre el cemento y eso a lo largo del borde que  era el paraninfo, y sería el color de sus vestidos o por los cinco pisos (como quiero creer) pero yo miraba mutilaciones, sillas de ruedas, diccionarios mancos, y luego se cayeron mis ojos. También observábamos de manera general, objetiva, reunidos, de pie o en círculos; exhalaciones detenidas y la mirra y unos minúsculos reyesmagos. Maldek dijo que elvagomago viajaría seis países más.

Ya hacíamos pequeño, invisibles movimientos, como el edificio de Toyota cediendo en peso; charlábamos con cuidado, si a eso puede llamarse charla, como respirando las palabras que era un modo gracioso de decir que no charlábamos: las palabras nos inflaban y más correcto decir nos inflamaban y también reemplazaban al oxígeno (y eso significa que necesitábamos al hombre vestido de rojo). En todo caso cedíamos al hipnotismo y eso desde que cruzábamos la puerta principal, y también desde los puentes verdes y luego ya me imaginaba con el deber de caer desde una ventana, justo en medio de una de esas bocas y todos ya estarían juntos, alrededor del cuerpo, mientras debajo empezaba eso del tchizzz ihzz, un buen buen incendio; pero ya todo calma. Luego observaba el humo y otra vez se dirigía a varias sitios.

Un día creo haber escuchado que decía eso de que alguien, (yo) era un mentiroso. Creo que no quise entender, por las buenas, o creo que lo comprendía claramente y por eso al final pude dejar de hablar y pensar en lo que no debía venir a cuento. Lo hice, deseando entender everylittlesound; pero costaba. Me pasó como si cargara un caballo en las espaldas, y siglos, peso primario. Además, pronto, inmediatamente, conducía vencido por el peso de las cosas de mi patético estado indefinible: oculto, no lo buscaba y sabía que crecía de los talones, y también en ese espacio entre los pies y el suelo. Eso fue cierto, algo poderoso y real que aún suelo recordar.

Luego, y ya abajo, estuve pidiendo un encendedor en una caseta de esnacks o algo sobre llevetodossusperroscalientes, una de esas cajas con remolque y con la imagen de una fruituvayfruitlimalimón pintada sobre las latas que debían ser también una ventana; todo ya clausurado y convertido en vivienda. Luego estaba en eso del rebote y también con las continuas regresiones, es decir, aquello de eresunmentiroso, y pensaba que bien podía llenar varias rutinas de siendo yo mismo y también de siendo el que mira mientras siendo quien no es y siendo quien no está y cada uno del otro lado, y luego el muro hablando y aplaudiendo por ambos lados. Estando en eso me dieron muchas ganas de  levantar al suelo, árboles incluidos, como dos o dos o tres jirafas juntas, los brazos o dos alas; esa cosa ideal para levantar el polvo nauseabundo de la casa de Pantoja. Luego me vino la reflexión perla suplicándome que sintetice, relajáramos el cosa, y todo ya inverosímil. Tras sentenciar que aún debía agitar los brazos, (aún no llegaba golpe), aún dudaba y sobre todo me molestaba la aparente queremosquepasealgo: quizás una mano sostenía mi culo o una pinza que me sostenía también nos había dejado en la mitad del cielo celeste-anaranjado, entre dos edificios (¿¡) cuerpos llenos de agujeros, agujeros como para que pasaren elefantes o ascensores, o ascensores llenos con elefantes.

Desde esa distancia observaba mis pies agitarse. En vez de caer flotaba y quizás quedaba poco para que todo se rellenara y también para que hiciera eso de poompoom.

Digo o dije ¡diablos! y también intenté que alguien observara pero misteriosamente o todos se habían ido o todos estaban en uno de los salones, supuse, eso para poder al fin observar detrás de los cristales. Afuera colgaba y luego me ponía como alguien realmente besuño y eso era besuño por filosofar y luego yo ya no era ni hombre y tampoco llegaba a ave ni a ícaro, pero, las aves vuelan y yo agitaba mis brazos, y los hombres usaban llaves para abrir autos y yo tenía algo pesado en el bolsillo, y alzaba hacia el celeste como pidiendo, y no me explicaba como el celeste miraba hacia todos los lados como rodeando a todo el mundo planetario, pero entonces pedía explicaciones, y levantando los ojos, y el cielo era una cortina azul, y abajo todos eran como cortados, como abrigos mancos y largos, y supongo que luego me quedaba dormido. Luego y quizás en sueños me hablaba sobre 1998 y sobre 1900-2002, una de esas cosas que querían y luego de volver ya estaban regresando de nuevo.
Pasado pan comencé a murmurarme cosas para bajar (porque también me soñaba girando el cuello y haciendo aspavientos) y eso para ya distinguir diferencias entre lo evidente, lo necesario y la casa durante el fin de semana. Así estuve, y luego el edificio empezó a hundirse porque ya cavaban para los buses a Cotocollao.

22/7/14

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AK, MB

En la radio suena algo de Eltico. Eltico habla o murmura sobre despertar y desayunar lluvia y algo sobre figuras a lo lejos paradas a la espera de barcos. También añade que el mar es de oro y que al barco luego se lo traga el mar y el sol brilla, (o es el agua) o el agua brilla y el barco parece un sol. Todo suena extremadamente irreal. Luego bajamos, ya sin Eltico, y juntos pedimos cigarrillos. No hay apuro, parece que deseáramos caminar, mirar a través de los cristales, oír el rumor del agua que empieza a filtrar por el tumbado y, sobre todo, dejamos atrás al resto del grupo. Una de las esquinas, una junto a una puerta con barras de acero parece invitarnos; en realidad nos acomodamos junto al muro y dejamos que los dedos se impregnen y que los labios se oscurezcan. No pasa un minuto, (nos atropellamos brevemente con frases que caen desconectadas) y la figura se infla exacta: es ese cubo que ocupa la mitad del día desde que abro los ojos hasta cuando la teve hace estática y también ese ruido monocorde de filme mudo; delgada y larga y cadavérica aparece, como si acabara de salir o de bajar pegada al pasamanos y eso y todo eso sin que yo anticipe que luego ya estaría en mis hombros.
Odio cuando algo desborda, cuando uno de los fantasmas decide tomar una decisión o peor, aparecer, darse una vida en un momento inesperado.

Algo pensaba o me decía con el marlboro en la mano, me lo decía como si yo también acabara de salir de mis hombros; entonces exactamente ya estaba en las gradas, eso de ver que buscaba los escalones o como si bajara mirando sus pies o como si buscara sus manos: como si las perdiera; y también tomando la cintura de alguien, como si a cada paso se alejara o acercara, eso de ir adelante-atrás adelante -atrás.

Para el fin da lo mismo, dije, luego creí ver algo que me atravesaba; a ratos al frente, luego como si respirara junto o con mis pulmones.

En un tercer momento ambos como dóbermans, detrás, en las espaldas y también con el hocico en los muslos.
Por un momento somos tres.
Brevemente esperamos sobre nuestros seis pies y eso suena posible: que las barras de acero se doblen, o, quizás, solo deseamos no volver a la habitación. Nos resistimos tres, quizás treinta y seis veces.

No lo había notado pero cada uno de nosotros llevaba una cruz colgada o impresa en alguna parte de nuestros cuerpos o bordada por ejemplo sobre una blusa. La primera, dorada, realmente grande, un hierro extremadamente pesado y que colgaba de su cuello; pensé que podía ser algo que podía desaparecer o deshacerse en la manos, algo que sucedería al intentar colgarlo en un muro. La otra cruz estaba a nuestras espaldas: en realidad era el marco y las cuatro ventanas, una cruz oscura y a contraluz a las seis de la tarde, su larga sombra aplastándonos. La tercera estaba en mi mano izquierda, rayas y surcos profundos; supuse haber nacido con ellas y pronto estuve tocando mi rostro con fruición y tenía apuro por montar mi bicicleta, alguien dijo ahi vá una cleta haciendo ñinnnnnn. Miré un rato más y me pareció una cruz de líneas delgadas y con el patibulum doblado, con sus puntas formando algo parecido a unos cuernos.

El humo pasó de mano en mano y al darme cuenta me encontraba bajando y al darme cuenta estaba con los pies sobre los escalones rodando hacia la planta baja y entonces intenté regresar y observé que solo quedaba la imagen de un orificio en el centro de un muro; un orificio por el cual podía pasar un avión de un solo motor o hasta dos ascensores. Tenía muchas ganas de ser un ascensor y de subir un edificio de cien pisos con una velocidad superior a la de sonicyouth hasta lograr el desplazamiento absoluto, la desaparición horizontal primaria, el vértigo horizontal y la línea infinita que une los extremos de los rectángulos pasando por a y por b y por c y luego pensé que observaría desde un edificio cercano como la caja de acero rompía el muro o el tumbado hasta salir desprendido como si el edificio acabara de soplar aquella caja hacia las nubes, aunque yo sabría que la dirección que llevo o llevaría la caja es o debería ser el amarillo y gordo fatoldsun. Serían dije dos horas en un viaje ni tan breve ni tan parvo delante de aquella cortina negra o de aquel gas silencioso y oscuro quemando un poco de partículas y del vidrio eléctrico y todo eso como parpadeando sin orden frente a la gran cortina, eso, mientras la caja recorría el jugo oscuro como un globo empujado o halado; y al mismo tiempo eso de ser atraído: un objeto con voluntad de perder la voluntad. En eso estaba o creía estar al bajar los cuatro o nueve pisos y la sombra o fantasma también se inclinaba hacia un lado, y luego creo se metía entre los muros hasta cuando yo regresaba a mirar y también sentía que algo miraba desde mi cuello y entonces no había ruidos, y todo el edificio parecía deshabitado, y eso a pesar de que las luces acababan de ser encendidas, aunque alguien tenía el humo entre los dedos, y también porque ya estaban camino al salón o hacia una de las habitaciones donde miraríamos casos de personas y de ministros con problemas del habla y discursos por señal codificada o en el salón de vhs.
Luego observé que me llevaba tres o cuatro escalones de ventaja. Luego salté esos escalones intentando derribar su paso pero dos hombres subían en dirección contraria, quizás fueron ellos quienes evitaron que cayera de bruces, y que lastimara mis manos y sus cinturas al intentar tomar el pasamanos; supuse que otra vez respiraban junto a mi pulmón o que mi pulmón era un motor y todo era un gran patio con autos apagados y cercas tocadas por el moho.

Eso sería en la planta baja dije, y supongo nada de eso ocurrió.

Supuse que había visto mucha tevé y andaba con programas y series de aventuras y nadie cayó al piso.

Mira, dijo, tú eres de esas personas que se han acostumbrado a mentir. “Personas” pensé, y eso lo hice colocando unas comillas alrededor. Te he escuchado aunque parezca lo contrario... ... me has puesto a dudar. ¿Sabes qué?... Seguimos en primaria y sigues dibujando un hombrecito con los brazos abiertos y luego lo recortas...

...

...

Eres un mentiroso pero también un farsante porque no sabes qué nombre ponerle a tus hombrecitos recortados una vez que los has abierto.

...
Otra cosa, no intentes saber de ti, y... ¡no te metas con mis problemas !

...

...

¡Di cualquier cosa!

...

a ver, haber, repite: soy A. K, tú eres M. B

...
¡Dilo!

¡Dilo!

Deja de observarme como si no observaras...

Hazlo... ¡sorpréndeme!

...

Mientras decía estas cosas creo que de nuevo yo estaba caminando hacia la planta baja, o siendo levantado del suelo por los dos hombres, o quizás todo era producto del humo que salía por los muros y supongo tenía ganas de llorar y mientras, seguíamos de pie y los hombres caminaban con las bolsas blancas en las manos. Luego miraba mis pies, y creo que mis ojos ya estaban en el piso cinco o en el nueve y mis pies colgaban del tumbado del piso cuatro, y mi mano y un marlboro apenas habían llegado a un escalón frente al edificio, o sea, yo estaba del otro lado de la calle. Dos momentos o dos nueve parecían juntarse, y estaban pintados como con pintura roja, y varias personas con trajes azules o corbatas azules y zapatos brillantes caminaban o daban vueltas, parecía que entrábamos y salíamos y también alguien eres un mentiroso.

5/7/14

Empezamos tarde y eso era pasadas las doce pero los grupos andaban cerrados o sonriendo frente al brumbrum que hacía el flash y también se miraban entre ellos o se perdían en cosas que estaban a los costados. Yo levantaba las manos y hacía como si tomara sus luces y como si también las colocara en los pies y luego todos estaban en eso de girar y de paso las luces eran alfombra pero quizás nadie notaba el boicot y un par de tipos cruzaron en medio de todos llevando varias botellas oscuras. Tenía tantas fuerzas y era como tener sobre los huesos un gran músculo y estuve girando al ritmo de una salsa y la salsa sonaba como si los músicos llevaran siglos o décadas trepados junto al público, siglos y soplando trompetas y apedreando un piano y cerraba los ojos pero luego alguien me hacía girar y entre esos giros y la luz de los muros veía un rostro muy cercano y una forma desconocida que eran como un rostro y unos dientes y una boca que decía algo y yo sonreía pero en verdad era difícil entender alguna palabra.

En el subsuelo había una cancha de color anaranjado y quizás era una alfombra o un tapiz y quizás practicaban algo como tennis pero afuera junto al cartel de letras rojas BAR había otro cartel más chico y de letras azules que mostraba los horarios y otras cosas como el número de equipos.

Alguien hablaba y el ruido era espeso, y todos formábamos un círculo y en realidad escuchábamos historias sobre santiago y sobre el buen ojo o algo de los seleccionadores. Tener la talla indicada no es suficiente y eso también porque no existen tales requisitos pero tras decir esto uno de los guardias fue atacado por un hombre muy grande. Yo ya estaba en mitad de la calle y preguntaba que qué hacíamos allí y creí que cualquier cosa podía suceder pero el círculo estaba roto y ya no habían más historias de seleccionadores ni de santiago o de sus parillas a media noche pero algunos miraban con interés y también ellos parecían dispuestos a continuar la trifulca lanzando puntapies en cualquier dirección.

Luego llegaron dos hombres de uniforme y un poco sometieron al tipo; estos tipos eran altos pero él era más alto que ellos y un poco enredaron y algunos parecían con ánimos de saltar encima para formar algo como una pelota.

El brumbrum cegador de las luces de los autos nos hizo pasar hacia la vereda del frente y entonces seguíamos decidiendo. Mi teléfono estaba apagado. Busqué un sitio pero solo habían luces y carteles rojos y gente que buscaba a dónde ir o solo miraba a los autos chocando. Una mujer rompió un parabrisas y luego de terminar eso de dar marcha atrás, y ya horizontal a la calle hizo brom brom fuerte y el motor y luego las llantas eran como algo tibio o pegajoso.

En el taxi hablamos sobre regresar a la cancha anaranjada y luego el semáforo cambió en la entrada, cruzando Monjas.

1/6/14

Un día era jueves, pero un perro dijo pifpaf hangover y entonces la puerta hizo crum y eso era por dentro. Luego dormí y el sol había salido en mitad del suelo y luego mejor ladré que eran las cinco en punto y mejor porque ya era de apagar y estaba en eso pero timbraron y alguien dijo que ¿de dónde estaba?

En la calle estuve haciendo cosas y el bolsillo era una lengua y luego llamé varias veces y el timbre sonaba, (eso de los diez números) y mientras, me arrimé a la puerta de cristal y por la calle los autos también tenían cola y todos hacían luces y cada guau huau llegaba hasta el cristal y entonces me dieron ganas de entrar en una oficina y luego me dio ganas de orinar y luego de orinar mi rota hacía hizz hizz.

Con los sueltos me compré una camisa planchada y luego me guardé toda la camisa debajo del pantalón y luego me miré y dije: bueno muchacho y sin prisa tomé el autobus pero de tanto usar las uayfare ya tenía los ojos chuecos y una marca entre ellos. Mierda, tuve que abrir mucho los ojos y eso era raro, y luego un montón de luu luz entraba y aún era imposible leer y luego la profesora se dio vuelta y luego me fui a tomar un café pero el pasillo seguía en el mismo sitio pero los ojos ya no miraban bien y alguien dijo: qué fue y yo ya no estaba bien y dije ya regreso es el viernes.

En el bus cerraba la rota y cuando estaba azul me ponía a leer cosas en nadsat y algo sobre tolchoques realmente joroschós. La camiseta amarilla me quedaba realmente brillante y jimena estaba sentada en la última silla y eso que ya había bajado en gransnapud pero me miraba y yo a ella y dije: hasta el lunes es sábado. jimena es igual pero no cantaba pepépepé pero era igual y tenía algo que me hizo persignarme y al bajar luego de decir hasta el lunes es sábado, caminé de espaldas hasta que me dieron en lascasas.

Tenía pianitsos y colgaba antes de bajar. Y muchas líneas se va se queda.

Me dan ganas de entrar en el horno y mirar las cosas rojas hasta que todo se vuelva pas pas. La pas pas va debajo pero es como un dedo pero debes tener uás cortas y luego está eso de flotar y eso del calor que a uno lo pone globo.

Tengo la espalda llena de pequeños pitufos y esos tipos andan corriendo y sus pies son como agujas y las agujas sirven para entrar con la menor fuerza y luego dicen eso de las palabras azules y sí dura eso de una, dos horas y ahora mis manos intentan llegar hasta el quinto disco y eso es como en las revistas pero eso era con lo de la amenaza nuclear.

En el bus escucho nirvanaydearlybeloved. Un día meteré las cuerdas en el pioner dobleuve-08 pero ahora ando mesaboogie y n-300. Un día colocaré la madera delante y me saldrá eso de la oración y eso de cargar en el pecho. Putos chacales y efectos y esa foto con los auriculares y es como esa foto del trío basdrumopjh piojipiojipioji. En la tarde cambio perfil y luego uso 220 y luego hasta el domingo porque es lo bueno de andar y ya llegaba el bus.

Un tipo pide que paremos pero ya todo está en otras manos y sigo en el libro y alguien duerme sobre mi hombro y tengo ganas de dormir parado y abro la ventana y todo empieza tras el hospital y en la noche gastaré 2,99 y las luces nos entran por las uás y van llevándose la carne carne pero me da ras ras eso de caminar desde el quinto piso. Ojalá aparezca mi padre el escritor.

Mi padre el escritor dice que vaya para ¡AH! y luego hacia NM y luego estoy con harto doop doop, y eso del fugg gg me mira desde donde estaba la marca, entre los ojos, y luego los ojos están como cherolev y es por la luu luz y la ventana pero sigo sin distinguir entre un quimbolito y un televisor y es el quinto piso.

25/4/14

y eso fue hace casi dos meses

Y bueno, así estaba, y también escribí como un gusano, y el orificio cruzó de un extremo a otro, y pronto algunos autos cayeron, y también algunas personas que no podían dormir por la noche, y mientras miraban los muros de aquel orificio, muros que los rodeaban como una burbuja, y mientras intentaban gritar más fuerte, a pesar de que el ruido y los sonidos desaparecían entre esos muros, yo seguía en eso de mostrar otra cara, en eso de convencer y sobre todo, en el intento de presentarme como una piedra transparente, una cosa en mitad del sitio que dejan las nubes si uno mira desde una ventanilla o compra mientras los brazos están fuera y el mar hace ushhhhhhh.

Recuerdo que guardaba muchos minutos, demasiados, muchos, más que veinte dedos, y eso era de pie frente a aquella puerta. Era eso de mirar la madera y eso de meterme hasta las comisuras, como entre los pliegues, y eso tomaba su tiempo; y eso era bastante extraño, y otros hacían lo mismo y ya éramos cientos y la puerta quizás era cuerpos, carne seca, carne petrificada, o pez, o algo mucho más antiguo y sagrado y quizás uno estaba frente por algo del olor, esas cosas que se le pegan a uno hasta cuando ya no diferencia ni quién ni dónde y eso era quizá por aquello de la ciencia, algo como eso de las atracciones naturales y primitivas.

Luego estuve llamando. Ya es costumbre; y nada hay ni hubo del otro lado pero sobraban o sobraron algos, cosas que parecían ramas.

Luego tiré la puerta y luego estuve deslizándome sobre yerba húmeda haciendo spushhh y la puerta era como un trineo y nada nos empujaba y nada nos arrastraba y pensé que sería ideal chocar con algo y estallar y pensé que cubriría mis ojos para que las astillas no hicieran mucho, no quería ugh ugh ni tampoco nada de bu ju ju.

Cada mañana era similar y era como empezar la noche pero cubierto por sol y las avionetas hacían eso de cortar las nubes y yo miraba mi cara en las nubes y la avioneta tenía una bandera amarilla y una cruz roja en la cola que era como una oreja o una nariz, y seguro debía llamarse avioneta baronesa mayonesa o también algo como la sexta avionesa. Luego imaginé que disparaba un fusil y el fusil hacía tacatacatá y la avioneta volaba alta y casi ignorante de lo que ocurría abajo y el viento cortado hacias uss ussss y baronesa daba media vuelta y yo creo que lo hacía para mirar hacia donde unas lucecillas intermitentes hacían ruidos como de viento cortado. Luego disparé a la pantalla de agua, una pequeña coch coch justo en mitad de la sexta y el fusil, látima pero luego ya no quedaba munición.

Luego pensé en saltar y algunos autos estacionados quitaron sus seguros haciendo hic hic y varias motos enderezaron hacia simónbolívar.

En el orificio encontré mucha arena y mucho lodo y sin darme cuenta ya tenía mis manos sobre mi frente como ese hombre desnudo que parece fatigado.

Y a veces pensaba que sería buena idea hacer nuevos orificios y túneles para darle un poco más de oportunidad a la oscuridad y también a eso, detrás del auto entre la acera y sin muchas latas pero bastante en la perrera. Al darme cuenta estaba ya cerca de Querétaro. En Querétaro hay dos iglesias y un bosque.


7/4/14

Now you should try this little gameJust close your eyes forget your nameForget the world forget the peopleAnd we'll erect a different steeple.

Ese día me di cuenta de algo muy personal y esas cosas no suelen ser bien vistas y luego estuve dándole muchas vueltas a la idea. Dar vueltas a la idea era más o menos eso de tomar algo y colocarlo en distintas situaciones y era también como ser un chimpancé con esos cubos de madera, cubos pesados y pintados a mano y también las pirámides y los círculos. Recuerdo que el cubo violeta era uno tan brillante y luego de mirar todos sus costados me lo puse dentro de la boca y luego intenté que ocupara el espacio donde estaba uno de mis ojos. 

Esa tarde tuve que dejar de jugar a las escaleras, y, también, deje que los compañeros hicieran sus círculos y luego estaba sobre el caballito y pude haber ido a casa sobre él pero creo que sonó un timbre muy fuerte, una de esas cosas que suenan como seguramente sonaría el color rojo pero era un poco más agudo y un poco vibratorio. Creo que pensé que el suelo se abriría.

Anduve con el cubo en el ojo hasta que S. dijo que tenía que hacérmelo chequear y luego estuvo subiendo al bus y quise decir algo pero todo iba a una velocidad extraña, como si todo fuera empujado. La persona de la tienda de abarrotes dijo que tenía unos buenos algodones y yo dije gracias pero la persona me miró, en realidad, observó con atención el cubo y mi ojo y creo que también supo que no pensaba en nada, es decir que andaba con la cabeza en blanco y por ello me pidió que saliera de su almacén. Supongo, bueno, eso pensé luego, que no me hacía cumplidos sino que un poco me ponía al tanto de lo que necesitaría para una futura infección.

Luego era martes y el cubo seguía brillando pero ahora sobre la mesa. Quise hacerme cosquillas y lo hice con tan poco cuidado que pasé en el suelo una media hora, creo que soñe con una caja de cartón y creo que adentro habían botellas amarillas de schullo. Antes de despertar intenté mover y dirigir mis sueños y en uno de ellos descubrí que schullo era bueno para cicatrizar y luego el schullo corría por mi cuello y la sensación era desagradable pero también imposible de definir y luego me daban ganas de sacarme la lengua o los labios y lamerme la cara.

La lengua colgaba hacia arriba y la luna nos miraba y pienso que la luna podía caer como una hoz y rebanarnos o por lo menos dividirme en dos y luego ya miraba que mis manos estarían aplaudiendo por separado y era como si cada mano aplaudiera al aire. 

Un poco quise salir y por ello tomé lo primero que encontré. A veces no es que encuentre cosas sino que estoy parado sobre la montaña que contiene todo lo que uno ignora y todo lo que es evidente. Esa montaña tiene formas y las formas como si un día empezarás a levantarte a la hora del almuerzo y en vez de almorzar cepillaras los dientes y luego tomaras un vaso con avena. Ese día quise ducharme y puse el agua a calentar y luego con el agua tibia y sobre la cocina inicié con eso de quitarme las ligas y luego los encajes y me reía solo y corrí las cortinas para que la chica del décimo mirara mis cosas colgando pero el vapor empañó todo y Paquito me miraba y ahí sí me ruboricé. El agua se puso roja y luego me quedé dormido y cuando llego Z. la cocina olía como a sopas.

Me habría encantado salir a las diez pero mi horario era distinto y luego llegó toda la luz de frente y todo estaba demasiado claro que me morí y mientras estaba muerto me fuí a dormir un poco. La luz es como un rayo de cemento y cruza desde la garganta hasta el ano y es incómoda pues deja que el cemento atravieza siete puntos centrales, el primero: la frente. Ahí estaba ese sorbete largo y ahí estaba yo moviéndome y rompiéndolo todo, es decir, con el sorbete de cemento atravesado desde la mitad de la cabezal, por la frente empujando y tirando todas las cosas paradas sobre la mesa. Pensé que tomar un autobus en la tarde con eso saliendo sería mortal e incómodo para el resto de viajantes y tuve que ponerme de lado pero aún así sentí que la cosa crecía. 

Tener el primer punto como un agujero sirve para que las cosas se refresquen y eso es como tomarlo de la mejor manera y no encontré nada feliz que ponerme, en realidad había unos zapatos amarillos pero ellos dijeron que no lo intentara.

Aún era martes y aún eran las diez y yo estaba cruzando un semáforo y la prisa era algo similar a un puente y era como la lechuga en la mitad de dos panes y luego uno se cae y luego Z. andaba saltando de la lechuga hacia salcedo y en la mitad había otro puente y eran las diez y varios autos en mitad del patio me recordaban a las películas de mil novecientos y dos autos lloraban y uno tenía las llantas amarillas y nada nos topaba, yo miré eso y saqué la fotográfica y la fotográfica hizo varias flashes y el aire estaba lleno de cosas que flotaban y era las diez y luego los autos desaparecieron y eso era imposible y yo quise ir al río, porque sonaba como si el agua fluyera pero incluso el camino desapareció y arriba era abajo y la izquierda estaba arriba y cualquier cosa, cualquier cosa, pero un trailer hizo zooom, y luego eran las diez y dos.

K. dijo que no lo matase y luego sin esperar a ver qué pasa se echó a dormir. Dormía con la cabeza sobre los brazos y por su forma pensé que todos los K eran en realidad gallinas con cola. Gallinas gordas y vividas, o sea, gallinas con años de experiencia, en todo caso, perfectos sobrevivientes. Imaginé a K dentro de una olla con agua caliente pero cuando quise ducharme ya no supe dónde andaba. Afuera muchos perros aullaban pero si uno paraba la oreja podía darse cuenta de que era el mismo perro y eso me hizo viajar hacia su garganta y creo que luego me dejó a mitad de el patio y la luna. La luna era como un cascajo, nadie estaba cerca pero pensé que a alguien también la luna debía parecerle eso, una piedra pómez.

Luego recordé eso de la montaña, y eso de encender el diesel y luego ya nada servía para nada y luego el agua azul hizo algunas burbujas pero ya tenía la mitad de la cara echada hacia uno de los bidones, y la montaña me dijo que mejor me tomara tiempo para ir a dormir.

5/4/14

Talvez del otro lado.
El día que la cama dormía sobre un lavabo.

Cómo era? 
Luego estuve dando vueltas un poco, eso de querer meterse en otras cosas y sobre todo la cabeza dando suaves y leves e insignificantes golpes y luego el acero con el lado hacia adentro y eso de mirar de lejos todo el asunto, pasé mi mano sobre las latas y era doloroso, y era como saber que algo estaba por venir. De un modo la palma de mi mano no quiso regresar y luego pensé que quizás un día, hace algunas decádas quizas yo habría sido algo así como el chófer de una ambulancia o quizás como una de esas enfermeras de tacos almidonados. No quise volver a mirar el asunto y luego estaba caminando en medio de la calle empedrada y varios estudiantes hacían lo mismo pero nadie hacía lo mismo y D. iba unos metros adelante y tampoco volteaba a mirarme.

Luego metí la cabeza en las latas de otro auto y entonces D. me sarandeó y con una risa a medias, como si se esforzara por no perder algo o por no sacar algo, dijo que dejara de portarme de modo atorrante. Era curioso pues yo quería que alguien cayera de uno de los pisos y tenía todas las ganas de ser un colchón o una boya inflable que reventara al contacto.

D. habrá soportado de esas cientas y sin embargo ahora estamos en la misma ciudad  sin embargo nadie ha buscado, y quizás ahora pensamos o creemos en eso de las coincidencias. Esa tarde apenas eran las dos de la tarde y yo tenía planes de tirarme en la cama o de usar algo, cualquier cosa de un modo que nadie lo hubiera hecho. D. sabía como ser amenazante y algo dijo al verme darle de puntapies a la puerta de un jeep. Supongo que bien podría haber llegado sin su ayuda pero quizás me sentía animado con su presencia y quizás solo llamaba su atención, aunque no creo, habían muchos nombres en cada puntapie y quizás ni siquiera habíamos bebido, quizás probábamos eso de hacer lo que otros no hacían.

D. podía guardar mucho tiempo a mi lado pero creo que tenía la cabeza metida en la facultad y ahora que lo pienso él tenía una cabeza. Recuerdo que tras conocer a una mujer de la ciudad de Bremen, y luego, tras eso de hablar y de pronunciar mi nombre, con cuidado, para que no suceda eso de la media noche en medio de un gota de agua azul, soñé o creí ver al jinete sin cabeza. Torpe, sí, eso de llegar a cierto sitio sin saber a dónde se estaba llegando. Eso que F. pintó en uno de los muros de casa de una de sus amigas, eso de Principiante. Luego pensé que bien podría alargar la racha a punta de regresar a mirar a otro lado o de dejar de escuchar cuando las cosas se ponen delante, quizás un poco con eso de esquivar y de caminar con la cabeza en la patria, en un agujero. D. usaba las cosas que aprendía y un día desapareció y luego lo encontramos haciendo llamadas hacia San Martín. 

Yo no esperaba otra cosa y pasamos dos días en aquel sitio. Era un valle cerca de Guano y todo estaba a la vuelta de casa y quizás fueron tres días y la mitad de los días la pasamos encerrados y la mitad de esos días algunos no salieron de esa casa. El plan básico y eso de poner música y eso de reírnos y no parar y reíamos y era extraño, ahora pienso que debimos hacer algo más, debimos amarrarnos a las camas o no despertar, volvernos mantas. El agua llegaba hasta el patio y quizás la aprovechamos y creo estuvimos unos minutos deseando que algo regresara y quizás eso se estaba yendo hacia los baldes de algunas mujeres que aprovechaban el chorro para lavar. A veces creo que siendo tan pequeños como somos ya debimos habernos bebido, ya habitamos inside.

La casa era tan antigua y esas casas parecen indestrutibles y habían varios tomos de revistas y todas escritas en inglés y un par de libros en algo que debía ser alemán. El idioma más incomprensible y una mujer, la foto de la autora asomaba en la parte de atrás y la mujer debía tener cuarenta y vestía como en los ochenta y llevaba el cabello ondulado y parecía una mujer muy primitiva. Los libros estaban cubiertos de polvo y el estante daba a un balcón o quizás a una puerta trasera, o sea, a un patio, uno de esos sitios rodeados de ladrillos y de cascajos o pómez, rocas enmohecidas. Cada libro se quedó en su sitio y luego salimos hacia el chorro, y entonces pasó lo de las lavanderas.

En la calle la luz era blanca y también azul y no había mucha gente pero parecían moverse como si no necesitaran los ojos y estuvimos caminando poco tiempo y luego escuchamos a algunos músicos y creo que no tocaban temas conocidos. Yo no sé qué buscaba pero ya tenía agua azul en las manos y quizás pensaba que tras acabar despertaría con un tipo de iluminación, eso que sucede tras perder la voluntad o el dominio de lo que se hará. Recuerdo que esa noche compramos collares y cosas para colgarse las narices y de los labios y yo usé un gran collar y alguien dijo que yo era igual a un chamán y eso me agradó y luego miré mi apariencia y era cierto, yo debía ser un chamán pero eso días solo era un tipo que buscaba iluminarse tras destruir o ni eso, y quizás era que me escondía.

Esa noche fue la mejor, eso ocurre cuando la madrugada se vuelve día. En el trásnsito descubres los hábitos, algunos duemen de lado y otros hablan de cosas que siempre tienen solución. A veces la solución parecía ser que yo durmiera. A veces todos dormíamos al mismo tiempo. Creo que cantamos algo de la colabaca, nos gustaba, nos entusiasmaba gritar.

1/4/14

No tenía muchas ganas de decir nada y sin embargo tomé asiento y luego estuve con el teléfono y todo eso de marcar y buscar en la agenda. Me pareció tan extraño tener tantos nombres que empezaran por la misma letra, más que extraño me pareció escandaloso y estuve cerca de ponerme a llorar porque tampoco me resultaba sencillo explicar cómo o cuándo había ocurrido aquello y eso era frustrante, como haber sido otra persona durante mucho tiempo. Luego apareció el nombre con el que la había grabado y no era su nombre verdadero pero era como un juego de sílabas y de hecho resultaba un nombre inusual y casi artístico, me amé por ello, por haber pensado en algo tan inusual siendo que poseo poco talento para inventar o reordenar. Luego apreté fuerte la tecla verde que ya andaba necesitando que la revisaran y la misma que poco a poco empezaba a partirse por la mitad. De todos modos permanecí sentado y la habitación era distinta y era que llevaba encima la hora de retraso que nadie había tenido la amabilidad de avisar. Como la cosa empezó por un retraso y una posible ausencia no notificada yo sabía o intuía que la llamada sería inútil. Y no me equivoqué y ya estaba buscando el número con este peso encima y aunque ese rato no lo pude ver fue quizás lo que más me alteraba, era como haber perdido una semana.

No conté el número de timbres o el número de silencios entre un timbre y otro. En el fondo yo tenía tanto temor de hablarle, en el fondo yo sabía que algo no funcionaba. Tras un breve tiempo la contestadora avisó que era imposible comunicarme ese momento y si quería podía dejar un mensaje. A veces he creído que puedo ser mejor persona dejando cosas en buzones, como una especie de ladrón que aguarda hasta que nadie lo mira, pero un ladrón diferente que deja algo o que se lo lleva y también quizás como si intercambiara una cosa menos física... colgué pero luego de pensarlo volví a marcar.

Qué se puede hacer si la persona a la que llamas debía estar en tu casa hace casi una hora?
Supongo que se puede ser un completo animal y eso tiene que ver con abrir la boca como si fuera un enorme hocico a punto de masticar las paredes y la escuela donde ella trabaja.

La contestadora pidió que esperara la señal y entonces fue para mi casi como escuchar que estaban a punto de disparar al aire para dar comienzo a la carrera. Y entonces creo que un botón rojo encendió algo dentro y eso podía verse incluso del otro lado, si alguien miraba mis ojos. Luego sonó el bip y entonces comencé, mas bien tomé impulso pero eso fue en realidad tomar mucho aire, el estómago se contrajo y el pecho hizo algo como de pájaro, luego largué cosas y palabras y más cosas que eran como vasos que salían a través de mi garganta. Pensé que quería mandar todo hacia un agujero que aún busco pero para hacerlo de un modo menos evidente imité a un animal, no se a cual pero seguro se trataba de una especie de mamífero grande, rugí, y luego hice sonidos de piano, es decir, sonidos o acordes mal tocados, y luego volví a rugir y casi pude verme levantando la cara al techo y el cuello largo y lleno de venas y el aire saliendo haciendo bolas en la piel. Sí, eso grabé en el mensaje y continué diciendo algo como si imitara a un fantasma pero entonces la contestadora me dijo que revisara pues no podía entender lo que yo estaba diciendo. Claro, eso era todo, cómo, una contestadora puede entender un gruñido... sería como pretender que un dinosaurio comprenda una novela de tellado.

Luego fumé un marlboro o quizás eso lo hice antes y luego me tiré sobre unas cobijas o un sillón antiguo y tenía ganas de hablar con alguien pero en realidad pude ver o notar que en realidad nunca necesito hablar con alguien sino, que más bien parece que disfruto de dominar o someter a las personas, mis interlocutores, cómo? diciendo cosas sin sentido y esperando que ellos se diviertan como si yo fuera un mono al que tras encender un hula hula y bailar con ella en el cuello se lo debiera aplaudir.

El sillón era cómodo y casi quise dormir pero apenas era la una de la tarde. La tranquilidad fue mirar por la ventana los autos y un poco eso fue como estar en otro sitio, pero también era como mirar por la ventana esperando que algo afuera cambiara las cosas y entonces sentí que de un modo inusual no era o nunca fui dueño de nada, ni de las cosas que dije o estaría por decir.

Afuera estaba yo y adentro tras la ventana también y creo que el uno buscaba al otro o el uno dejaba la ciudad y el otro esperaba que uno llegara y tocara la puerta de casa.

Pero era la una de la tarde y luego me di cuenta de que llevaba una hora de retraso. Al día siguiente serían veinte y cinco horas después.