14/1/14

Se vende informes al



Hoy estoy encontrando muy borracha a gente que generalmente suele estar borracha pero no tanto como ahora lo están. Incluso pasó que al abrir la puerta la persona la dejó sin cerrar y del pasillo se coló un sabor absolutamente conocido y entonces dije: diablos, alguien acaba de bañarse en una deliciosa tina llena con azul y apenas si ha traído una toalla pues el pasillo empieza a marearse. Creo que estuve a punto de inventar que salía a buscar algo y miré en mi maleta pero no había cargado mi copa larga y tampoco el vaso de cartón que se dobla para parecer un portavasos o una libreta de periodista. También pensé que la ansiedad de tener el cuerpo en el colchón estaba haciendo que mi olfato inventara cosas pero luego observé que alguien en el pasillo se tambaleaba y al mismo tiempo se paraba sobre la punta de los pies y luego colocaba la cabeza que era como una esponja absolutamente mojada sobre el vidrio de la puerta y yo pensé que mas bien yo tenía el deber de felicitarme.

Creo que nadie notó lo que ocurría en el pasillo pero todo fue hecho con brevedad de modo que luego el sitio quedó desierto. Pasó que alguien colocó una mano sobre el hombro de aquel tipo y luego con algo de presión o algún empujón las cosas no terminaron en pedidos y cosas como usted caballero métase en sus asuntos. Al parecer aquel tallerista, es decir, ambos eran viejos o casi compañeros de clase, intentaba persuadirlo y el otro no lo reconocía. Uno llevaba una chaqueta, quizás una o dos tallas más grandes y el otro llevaba una barba de varios días que lo hacía lucir como el hombre que viaja en el metrobus a las diez de la mañana usando gafas y oliendo a todos los hombres que duermen en la estación mientras los autobuses son lavados con espuma y agua caliente y a veces, ese hombre me miraba y yo me sentía su espejo, eso era en la alameda. Yo sentí que mi obligación era impedir que se lo llevaran pero también dije que era hora de estar con los libros y con la materia reproducida del enciclopédico océano y adentro unos talleristas conectaban el equipo para las siguientes dos horas en que impartirían una clase sobre estrategias de dirección en escuelas con recursos que no pasan de cinco cifras o cómo enfrentarse a los padres de un chico que asiste a clase los días en que la escuela está cerrada sin temor a que el gobierno se ponga de lado de ambos. Talleres para distraer y talleres afines a lo que venía sucediendo en las prácticas y en las reuniones de vinculación con la comunidad durante el último semestre.

Supongo que muchos queríamos tener un puesto dentro de una institución pero dadas nuestras avanzadas edades ya no pensábamos en dirigir o en ser parte de los grupos de intervención y de organización, era más bien cosas para pensar en pequeños suicidios y eutanasias de los cuales no podríamos volver. Muchos teníamos nuestras familias las cuales eran una máquina sin manuales o instructivos, yo por ejemplo tenía dos hijos y ellos todos los días esperaban que yo explicara las cosas que estaban descubriendo. Habían tareas tanto en el centro como en el hogar y casi estaba arrepentido de haber regresado al centro luego de diez años pero también estaba ya, desde hace mucho tiempo convencido de la ciencia y sus bondades. Muchos hombres de corbata azul elevaban sus voces como si fueran grandes gallos franceses para subrayar la importancia de nuestra actividad y muchos incluso hacían pública su adherencia a muchos (no demasiados) de nuestros talleristas, un ejercicio de futuros iguales o socios que se golpean para estar en forma. Se hablaba de que Paver podría formar parte de la nueva escritura que se estaba produciendo de la mano de jóvenes con horas de lectura, jóvenes que compartían pasiones en cuanto a las películas de Hugo Mayo o la fotografía y la intervención en lenguas amerindias de Medardo Silva. Otro hombre de corbata azul pensaba que debíamos especializarnos en la parte de dirección estratégica pues, lo más común era que la función pública escogiera a talleristas que acababan de salir del centro, ellos, dirían, tendrán la fortaleza política de los sin partido o del tallerista que estudia la parte histórica y su axiología y además el puesto requerirá de jóvenes que cumplian requisitos propios del trabajo corporativo: prestancia, competencia, capacidad de dirección, rapidez y liderazgo. No faltaban uno que otro en la habitación que en ese momento guardaba el rostro en el regazo de alguna tallerista y en realidad ellas no prestaban atención a estas arengas pues siempre que les preocupaba algo empezaban con eso de L es lo mejor o J de seguro será rector junto a U y si P también quiere para que hagan un trío, y yo les doy mi aplauso y además como decía que dije... y que... voy a tres pajaritos en un rincón, el del medio es bien obviamente...

Yo me imaginaba mientras todos esperaban que la clase diera inicio y antes de correr las cortinas que quizás sería un gran mérito terminar con el centro y luego dedicarme a una especie de periodismo de investigación y divulgación o eso de la crítica artística. No entendía muy bien eso de investigar pero creí que podría componer cosas a partir de hechos irrelevantes y eso al mismo tiempo podría servirme o servir para encender un poco las ideas y esas cosas que últimamente parecían provenir del mismo sitio. Pensaba, debería divulgar cosas como las que guardan las alfombras entre sus pliegues y dije que sería genial hablar del polvo o de las partículas que estarían flotando alrededor de nosotros llenando la habitación y que a veces solo se observaba bajo determinadas luces o bajo determinadas líneas y reflejos. Pero pronto me desanimé porque pensé que en estas revistas y en estos diarios donde trabajaban algunos artistas, últimamente todo estaba entregado al comercio de datos y de información y, al recuento de tablas y cifras y eso de la economía comparada y cero espacio a las cosas del estómago. Además que medio estaría dispuesto a publicar acerca de un cable que cuelga de un poste, una pared en ruinas, escombros de ascensores o a publicar un título como Pared ed eed o El llano hace 500 arres.

Luego sentí pánico y el pánico es un punto en un lugar entre el corazón y la entrepierna.

Luego pensé que los chicos en las clases simuladas intentaban que yo diera media vuelta para luego ellos mirar la cancha por la ventana. Luego encontré que varios pares de ojos me recorrían como si yo fuera un pedazo de tarta de manzana brillante o un sorbete y con miel en la cubierta de la dorada piel o metido dentro de un vaso de gaseosa roja.

Luego pensé que yo era una manzana y luego me comí a mí mismo y luego tiré las cáscaras a las que apenas había chupado y los labios tenían un dejo de azúcar y alguien había dejado un pedazo de hoja en el sillón junto y yo lo doblé para darle la forma de un pequeño basurero rectangular y allí puse la piel roja de la manzana y un hombre molesto dijo que ese no era lugar para masticar y menos cuando está por empezar Carmen, la ópera, y luego dijo que dejáramos de hacerlo y yo volteé para mirarlo y en verdad estaba molesto y más bien tomó lo que quedaba de piel y la puse en el pequeño basurero de papel y se la pasé a la tallerista que se había sentado junto y le dije toma, usa el basurero y no dije más y esperé que el hombre la levantara del cabello, pero estábamos en un salón rojo del centro y esas cosas aquí ya no pasan y el hombre solo se fue y todos parecíamos tener ganas de ir tras de aquel hombre o de ser cáscara de manzana.

Luego quise tomar un poco de leche y bajé rodando los trecientos cinco escalones y luego fui dando saltos largos como ardilla o como liebre hacia el interior del galpón y en el galpón las puertas estaban cerradas así que tuve que ir hacia una ferretería, recuerdo que junto a la ferretería llamada Ferretería Gatito había un letrero de se vende el negocio y también un almacén de calzado ofrecía varios pares a mitad de precio pero en la ferretería me dijeron que no les quedaba ni leche entera, ni leche descremada ni leche sin lactosa ni la rica leche tibia que calentaba la garganta de los obreros a las seis de la mañana en la mitad de la estación de la Marín y quizás era porque estaba por la diez de agosto. Qué hago? dije pero ya el vendedor estaba ocupado atendiendo a una mujer que le pedía un kilo de riñón y además media libra de clavos con punta de acero para colgar cuadros en los muros sin romper la segunda capa de concreto.

Entonces dije que por favor me diera dos tarros de pintura blanca y al caminar alguien dijo que no debía tomar eso pues eso era para pintar los muros y además había un hombre al que acababan de conocer y del que se decían cosas y esas cosas había que escribirlas en los muros y yo ya estaba con mi moneda de veinticinco y miraba la foto de una mujer en el tarro y en la foto la mujer lavaba un pantalón y estaba de espaldas y el sol pegaba de lleno en su espalda y su espalda era como un pedazo de nube o como si nunca hubiera jugado baloncesto en el colegio y como si fuera papel bond pero eso no había en el tarro, solo lo imaginé, y tomé en casa un jarro de porcelana y coloqué la pintura y luego coloqué colacao y luego me fui a ver una película sobre Stomp 442 y luego me dormí y junto a mí estaba la mujer de la espalda y su espalda era como papel bond y también dije que dejara de salir en los tarros de pintura y ella dijo que yo era un imbécil.

También recuerdo que eres un mentiroso dijo que yo me había vuelto un mentiroso y que dejara de mirar las espaldas de mujeres porque en los tarros solo habían indicaciones de uso o en caso de ingerir hacer que

Cam pan

El orificio nos miraba como si nosotros fuéramos los encargados o como si nosotros lleváramos la gran caja. La gran caja pensamos que sería una cosa grande como un elefante y de un color similar pero brillante ya que suponíamos sería de acero. Luego recordé los paseos en el galpón de cosas para el hogar y entonces me quedó la imagen brillante de objetos para la cocina y de los juegos de acero que colgaban como muestras en paneles que querían ser muros. Alguien dijo que desearía traer a su familia para dar un paseo durante los siete u ocho pisos del sitio y creo que en realidad no lo dijo solo lo pensaba y creí que eso sería fundamental, pues quedaba bien con la guardería que abrieron en los talleres para cursos básicos. Varias veces solíamos ir hacia los cursos básicos para molestar a talleristas que siempre vestían ropa para deportes. En el segundo piso y al ver un grupo numeroso de talleristas preguntábamos si ahí era donde cuidaban a pequeñines o acaso los podían entretener durante algunas horas mientras sus padres estudiaban, entonces decían que sí, claro, ahí mismo era caballero buen mozo, mi esposito y luego nosotros al escuchar nos tirábamos al piso y sobre el piso nos movíamos y retorcíamos como gusanos y llorábamos como bebés, bebés con zapatos y camisas y baberos Larousse, y entonces abrían sus pequeños ojos hasta que se volvían enormes luces y decíamos juguete, hambre, teta, cama, juyo, miedo, ahhh, mama, mamá, mama.

Era muy divertido llorar y luego nos cargaban sobre sus piernas y parecíamos dibujos animados y nuestros ojos eran pequeños como dos cortes, como dos rajitas y sus brazos eran enormes y en realidad parecía que descansábamos sobre una gran cama pero además se percibía en el aire una cosa dulce como una mezcla de aceite con algo de coco y ambiental y no podíamos desear más porque el día en el taller era agotador pero bajar a cursos básicos y a veces estaban llenos o con hombres de corbata azul que enseñaban los asuntos de dirigir un salón para niños o efebos y discusiones sobre sus padres que habían regresado a terminar la escuela.

Ser dibujo animado tenía sus ventajas como eso de la inmortalidad y eso de tener muchos amigos y muchas amigas y muchos autos para viajar porque los dibujos animados casi no ocupan espacio y siempre hay gente viajando sola hacia la ciudad y nosotros también teníamos tiempo para dormir en los brazos de talleristas que vestían con ropa deportiva antes de subirnos en la parte de atrás de un auto para pasar el fin de semana tomando el sol.

El orificio seguía ahí y cada tanto alguien se acercaba a olfatearlo o a conocerlo mejor y luego comprendí o quise creer que solo se trataba de dos orificios en la mitad del sitio, y luego me pareció que estaba hablando o estaba examinando una nariz. Sus paredes internas eran irregulares a diferencia de los suelos que estaban siendo aplanados hasta parecer el paño de una mesa de billar. Se podían ver largos surcos o largas costuras que subían desde la planta baja como sí en el orificio las dos mitades del sitio hubieran sido pegadas como dos pedazos de cartón que forman un prisma, pegados pero de modo apurado pues el empate no era perfecto. Además esas figuras de cartón nunca quedan totalmente rectas o regulares, no? Pensé que sería buena idea mover a una de la mitades pero luego la gente empezó a abrir las ventanas para salvarse en vuelos largos acompañados de un alarido como ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, y dios no muere!, o cosas semejantes, entonces dejé de mover las mitades pero era inútil y abajo los pequeños cuerpos se sacudían en el suelo con sus pequeños brazos adoloridos y los miramos por la ventana pero parecían en realidad grupos animados o gente que resume las cosas que han visto esos días en un círculo donde todos parecen disfrutar del tiempo fuera del sitio pero en realidad estaban observando y pensando como prestar ayuda, y esas cosas son algo medio como imposibles de hacerlas o ejecutarlas, uno las piensa pero qué sucede y cómo actuar si de repente un tallerista cae en la mitad del patio y a dos metros de tus pies. Luego mejor dejé de mover y sacudir el edificio y luego pensé que era mucha fantasía y supongo que nada pasó o yo estaba obsesionado con eso de las fallas tectónicas o los versos y los encabalgamientos.

En las paredes estaban escritas frases torpes como Anna ama a Miguel de Unammuno y no digan que ser y no ser es lo mismo porque yo he elegido que ese no es un dilema pero sí puede ser mi lema y Miguel deberá tomarse las cosas con mucha más calma. También estaban repetidas las palabras sex sex sex pero una debajo de otra como si estuvieran alineadas para ser sumadas como cantidades y con el símbolo de suma a un lado y una línea para diferenciar el resultado y el resultado era otras tres palabras o sea,  sex, sex, sex que volvía a ser sumadas y tenían como resultado otras tres palabras sex que separadas por la línea de resultados daban otras tres palabras sex y frente a ese muro estaba la entrada al salón principal donde se presentaban cada quince días programas para entender el arte y la poesía y varios cuadros de sueños y simetrías colgaban y generalmente los organizadores del evento llevaban trajes oscuros y las talleristas se vestían con vestidos tan cortos que uno pensaba que era buena elección eso de tomar talleres y luego también uno guardaba silencio y esperaba que la exposición terminara y una tallerista gritaba que quedaba solo una cereza de pastel y llevaba una charola vacía en la mano y al despertar por suerte solo quedaban algunos escritores tomando de largas copas, y entre ellos estaba mi padre el escritor pero yo me ponía la capucha pero con la capucha me veía como uno de esos locos y quizás como el demente de Last Action Hero pero ya era muy tarde y mi hacha cortaba el aire y abría troncha y luego decían es un imbécil pero yo estaba lejos y ya nada de volver.

Luego estuve buscando una de esas cabinas y luego estuve dentro de mi maleta contando cuanta monedas quedaban y no habían talleristas haciendo fila pero yo era muy torpe y no podía manejar tantas cosas al mismo tiempo, en una mano sontenía el auricular, con la otra intentaba marcar el número y con una tercera mano que no sabía si era mía o de algún tallerista del curso cercano contaba las monedas pero supongo que era uno de hombres de corbata azul y yo dije gracias y la mano hizo una señal afirmativa y ese lenguaje me pareció haberlo visto en algun filme con esa niña de cabello oscuro y también dije mano ve a traerme un café y la mano hizo otra señal como si preguntara si lo quería cortado o expreso y yo dije que no importaba. 

Varias veces escuché el sonido de interconexión pero nadie levantó el auricular del otro lado. 

Luego quedaba eso de escuchar eres un mentiroso y luego dije sí, A.K es un mentiroso pero no sabía como recordar mis nombres y balbucí cosas como akate o ka dos o dos y eso era como mirar la cara de un hombre arrugado y también como escuchar un tema de música para bailar bien pegadito como en los años ochenta junto a la conga pero en medio del canal cuatro. Una teoría sobre el uso de términos para separar las cosas vino hacia mí pero yo no quería parecer inteligente y menos para dejar de pensar eres un mentiroso. Quise suponer y creer que eres un mentiroso debía volverse el pan de cada día y qué mejor que probar el pan durante algunas horas. Cuando llegó, le tomó algo así como quince minutos a eres un mentiroso para demostrar que esos minutos equivalen a las bisagras o a los puntos de donde se sujetan los planos y las redes cuánticas y eso de lo que no quiere irse. Con cuanta furia odiaba yo eso de que aquí suceden cosas y esas cosas motivaban una serie de direcciones y desplazamientos y me rompía las bolas pensando que haya gente entrando y saliendo de varios campos contenidos dentro de otros campos sin sorprenderse. Yo quise que eres un mentiroso fuera un propósito para entender mejor si yo ya era un hombre capaz de dirigir clases en la educación formal o acaso eso nunca sucedería pero la acción de eres un era mucho más fuerte. Apenas tuve tiempo para no ser atraído por su acción o campo hasta volverme luz o hasta que llegara la desaparición. De modo que luego fuimos encontrándonos como dos materiales nuevos. Creo que era mucho más eficiente, entendiendo la acción y la velocidad del movimiento de estos campos que entendiendo el significado de eres un mentiroso y también quería olvidarme todo el tiempo de mí, corriendo entre la acción, el nacimiento y el choque de distintos planos. Otros intentaban expandir el perímetro resultante del choque entre dos campos y otros intentaban producir un tercer campo pero yo seguía en la histeria budista y pensaba debes ser el campo, y me refería a algo inmaculado.

Pero, era un mentiroso porque, eres un mentiroso decía que yo era un mentiroso.

13/1/14

Permanente

Los escalones parecían tener pequeños escalones dentro, y con mi inesperada pequeña dimensión o volumen yo solo estaba en la quinta grada de la cuarta grada. Tenía un ánimo del diablo, es decir, quería hacer cualquier torpeza para que mis manos se agarraran a sus hombros y desde allí, manos y hombros viajáramos, camináramos, cualquier cosa con tal de no estar quietos, esa manía de querer ser parte de algo y la vez de creer que el mejor sitio para mirar las cosas es subido o trepadote como escuché decir, a los hombros debajo de alguna cabeza, normalmente no esperaba que hubiera cabeza.

Yo esperaba que bajase también, abrí el cuello para observar y creo que eso ocurrió y entonces spiderman dijo do it marica and I said yeah peter y luego creo que golpeé mi frente y luego creo que mis dientes rotos estaban sobre el piso doblados de risa y muchos de esos dientes no tenían ojos y yo pensaba por qué no me avisaron que estaba por tropezar y sus pequeñas bocas llenas abiertas como cuevas también tenían pequeños dientes y uno de ellos, uno de los que no se reían parecía preocupado como lejano del resto, hasta que uno dijo que dejara de preocuparse, que el miércoles lo llevarían a primera hora, pero el diente dentro siguió de pie, dentro de la boca como mirando hacia afuera, como si nada lo convenciera, mirando a los otros dientes.

Recuerdo, si es que pasó, que sus hombros no eran tan firmes como esperaba. O quizás fue demasiado peso. Apenas estuve durante dos o menos segundos y era como estar sobre un alambre o una rama y recordaba que cuando fui pájaro solía picotear un capulí y luego los vecinos, unos chiquillos y efebos hacían lo mismo pero eso era cuando yo había vuelto de la escuela y estaba en mi habitación jugando con mis fichas y mis legos y entonces una señora entraba en mi habitación gritando y asustada de que hubieran unos locos desadaptados y efebos con cuerpos alargados trepadotes al capulí y yo me asomaba por la ventana y era como ver las primera escenas de odisea, en realidad era lo mismo, todos brazos y gritos y ramas en todas las direcciones y yo dije que hagan lo que quieran y la mujer me miraba con cara de eso no puede ser cierto, usted debe ser un recogido, un hijo del aire, usted no puede ser un K como si ella conociera bien a los hombres K y yo seguía pensando en los monitos y luego miré de nuevo por la ventana y al fin vi sus rostros y todos comían los capulíes, metían grandes puñados y parecían monitos peligrosos y luego se de hincharse porque estaban felices y sus ojos ya estaban en otra parte, escupían las pepas sobre el jardín y sobre las orquídeas y sobre el rosal, quizás ellos con los ojos perdidos ya pensaban en mis primas y sus amigas y que bueno que no tenía ni primas ni amigas pero lo malo fue que el jardín terminó lleno de semillas y nadie las tragaba y dentro de la semilla hay pistacho.

Bueno, algo así era lo que venía a mi mente cada vez que pensaba en árboles. Y al subir en sus hombros algo así ocurrió pero no deseé ser más ágil o menos pesado, como los monitos, no, solo dije esto va a estar bien duro como la vez que tuve que romper Tilipulo golpeándola como mil veces con mi cabeza. Dentro de Tilipulo había una roca brillante y muy oscura pero luego pasé varios días sobre la cama de un centro de salud y las medicinas aún no eran gratis y los doctores me levantaban la camisa para auscultarme. En el centro conocí las bondades de la química casera que luego entraba en mí a través de una jeringa. Luego leía algo, por lo general a Ana Costas y luego alguien retiraba la revista pegada sobre mi rostro y luego yo estaba en medio de un salón oscuro y varias, varias pantallas me mostraban los rostros de los otros internos. Esto no sucedía en el taller y sin embargo teníamos una gran pantalla de un cristal blanco y a veces alguien escribía con un rotulador de esos que no se pueden quitar y luego alguien debía ir a buscar algodón y alcohol pero no mirábamos nuestros rostros en el pizarrón y quizás eso era lo que nos faltaba. 

Cada vez que el hombre de corbata azul hacía una pregunta, todos nos preocupábamos de nuestras maletas y luego entrábamos en ella y no salíamos hasta el fin de la jornada. Poco a poco pienso que algunos nos fuimos adecuando a ese interior y luego ya no quisimos más las luces ni el calor de las bombillas ahorradoras porque en cada maleta habían paneles con botones que sí encendían y a veces, sobre todo a las talleristas, se les ocurría llevar un termo especial que dotaba de calor al interior. Yo en realidad prefería mi maleta pero varias veces estuve visitando las maletas y los interiores y los bolsillos de otros y en una ocasión tuve un romance con una una peluca, sí, en la oscuridad, un panel con botones que sí encendían estuvo perdido, y mientras lo buscaban, yo formaba parte del equipo de rescate número dos, me encontré con una peluca oscura que me preguntó si me gustaba su colonia; aproveché para tomarla y me hice fotos y luego me respondieron de santiago. Ese día supe que me gustaba enredarme y tomarme fotos. Lo gracioso fue que durante dos semanas fui de piso en piso y de maleta en maleta y mis pies y anotaban todo en la libreta y me daba por usar el flexómetro pero luego se perdió, y los buscamos en las maletas.

Por cierto, el hombre de corbata azul solía prestarnos su sala para reunirnos y llevábamos café instantáneo. Era una casa sobre una colina sobre la cual habían otras colinas y otras casas. Yo la verdad desde hace mucho tiempo había perdido el juicio claro e intentaba no hablar ni decir muchas estupideces puesto que empezaban a notar mi trastorno. Por eso sería que muchos me hablaban de la sociedad secreta y que desde allí se producían todos los centros. Yo sentía que no estaba muy conectado con los centros, y me refería a nociones taxológicas y nemotécnicas pero tampoco es que las cosas eran demasiado complejas. Sin embargo y tras varios años me di cuenta que apenas y lograba despuntar en alguna materia y luego pensé que debía intentar especializarme en cosas como historia y desarrollo o análisis de estructuras comparadas. En algunos sitios se empezaban a requerir con fuerza ese tipo de profesionales, eso decía el hombre de corbata azul sentado mientras nosotros transcribíamos unos epígrafes y eran ya demasiadas sus arengas y alguien hizo un nudo con la corbata que colgó de una viga. Luego observé un mapa que ocupaba de la ciudad que ocupaba todo el muro. Decía Ciudad de la Línea. En otro muro colgaban retratos de hombres de corbata azul y debajo la fecha era de 1979.  Luego me inventé una historia sobre los orígenes de la corbata que llevaba los hombres del centro. Del centro de investigaciones. Supuse con algo de rabia que nosotros jamás aspiraríamos a ese tipo de compromiso. En otra foto muchos hombres y mujeres de corbata azul miraban a la cámara con grandes sonrisas y detrás de ellos otros hombres bailaban con otras mujeres. En mi historia yo contaba como el centro en 1983 colocó nueve representantes y la asamblea se dividió en tres bloques. Terminaba con mi arenga personal: Compañeros, corbata al gobierno. En el fondo me sentía como alguien que había hecho todo, pero en realidad todo era al revés.

Luego al bajar esperaba no encontrar nada que me recordara eso y uno de los botones tenía grabada la palabra Push. Los muros temblaban y yo calculaba la posibilidad de lanzarme a los escalonesy luego rodar a la planta baja. Eso pudo o no suceder pero también tomé el hombro de alguien, y era porque alcancé a reconocer su perfil recortado como una hoja sobre un muro y luego estuvimos mirando a los grupos y yo pedí alejarnos para no volver a los talleres y para evitar que nos reconocieran y lo dije antes de que empezáramos a dirigirnos a cualquier lado y porque en realidad ya los habíamos visto dentro de ellos y no había ningun plan pero quedarnos o acercarnos era buscar más problemas.

Luego rodé por los escalones como una pelota hacia el noveno piso y terminé dentro de un arco de fútbol cinco y en la camiseta alguien me había escrito eres un mentiroso.

12/1/14

Majot mor

Antes de llegar coloqué Major Tom en modo de repetición. Luego estuve buscando desde las ventanas alguna señal o alguna huella pero solo estaban los talleristas que habían terminado algunos cursos, talleristas por egresar. La mujer que atiende detrás de la ventanilla llevaba varias páginas en blanco y perseguía a los hombres de corbata azul para que firmaran y colocaran la fecha del día. Yo miraba todo eso a pesar de estar en el sexto piso y además todos parecían diminutos y todos parecían chocarse al dar algunos pasos y, mientras sus cabezas parecían rodeadas de pequeñas luces o estrellas ellos gritaban y alzaban las manos, agitándolas de modo que uno de los barcos que empezaba a entrar en las nubes detuvo su viaje, y supongo luego lo reinició. Creo que bajar de esa manera fue el mejor modo de perder un poco la idea que tenía sobre las cosas. Últimamente, o más bien, los últimos días me había visitado un espíritu problemático y muchas veces me daban ganas de buscar a alguien que abriera un poco las tapas y mirara a ver que andaba por allí dentro. También me había dado por tomar en cualquier ocasión y por cualquier motivo, por ejemplo estuve bebiendo muchas horas dentro o sobre un neumático usado. El neumático parecía contento y casi ni se movía, en realidad cuando yo intentaba hacerlo este respiraba, o se inflamaba, luego creo que mi peso o mi modorra también lo dormía, entonces aprovechaba pues había luz y podía ver el nombre de las calles. Sin embargo eso no era lo importante pues, en un estado como de hombre roto, sentía una profunda ligereza y ya las cosas no eran claras y eso era por lo menos como ahogar lo que estaba dentro. 

Varias veces encontraba a alguien detrás de alguna puerta. Al patearlo levantaba la cabeza y tras mirarme la volvía a colocar sobre sus largos brazos. Cuando eso sucedía yo imaginaba que el sitio era un lugar muchísimo más grande, imaginaba que el resto de talleristas ingresarían por otros pasillos, otros escalones y que al caminar por los jardines amplios como esos campos en la películas con Jor-El, ellos o sus ojos, estarían casi imposibilitados de mirar a los hombres acostados detrás de las puertas. Un poco por las dudas colocábamos el seguro por dentro pero también le hablábamos a alguno de los hombres del piso de arriba, uno de ellos parecía tenernos algo como amor, luego lo empezamos a llamar enfermero y entonces prevenimos a enfermero, nunca se sabe, podríamos tener algún lío, esperábamos equivocarnos. El salón estaba poblado de cosas raras y de talleristas vestidas de negro y alguien dijo que esperaba no animarse a llamar a uno de sus amigos para cometer un poco de zigzag en el estómago de Uno. Uno era un viejo tallerista acosado por los excesos de confianza y por presencias que el soportaba, y nosotros pensábamos que hablaba de nosotros. Eran muchos los hombres de corbata azul que habían levantado grandes y encontrados comentarios y se suponía que el centro y los procesos de investigación ya no eran espacios para conflictos, es decir, cosas domésticas, a menos de que se trataran de un modelo de recolección de datos. Uno, a veces, aparecía en el sitio cargando cosas como un gran bidón semitransparente y yo pensaba como si no lo conociera que ese tipo debe ser un suicida que busca el evento para tirarse el combustible y encenderse en directo. Alguien dijo que Uno debía irse lo antes posible porque era bien mala junta. Luego hablaron de las cosas que uno puede meterse en la nariz y de los jóvenes que un día harán llorar al niño dios y luego se mezcló las cosas con proyecto de lengua y enseñanza y algo de teoría de las tres puestas de escena. Yo dije que lo dejen terminar para que ya se vaya pronto y luego Uno caminaba con su bidón y todos regresamos a la habitación. 

Luego no sé que ocurrió pero las cosas no se detenían. Escuchábamos nuestra respiración y todos nos mirábamos y nuestras manos inútilmente intentaban retirar un casco invisible y pesado como un satélite. La respiración era lenta y profunda, como si tomáramos talleres de ejercicios para la consciencia con eso de la yoga o como si la respiración marcara el ritmo para entrar en esas fases que hacen que uno sienta lo que tiene entre la piel y el estómago, como si una pinza nos diera delicados y hasta estimulantes pellizcos desde el interior. La respiración era como //////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////  juuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu /////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////  juuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
Algunos talleristas pensaban que no era buena idea y algunos decían que ya no querían estar allí o incluso simulaban cosas para sentirnos incómodos. Por ejemplo de uno ellos que parecía más tranquilo que el resto, simulaba tomar notas tras usar unas escuadras y un flexómetro invisible y era cómico porque levantaba los brazos y luego hacía como si estirara el flexómetro y luego estaba con eso de las notas en su libreta. Yo pensé que esa era una idea espléndida y luego muchos nos comcentramos en escuchar y era como si respiráramos dentro de un casco de astronauta y luego yo ya estaba tomando medidas con mi flexómetro al cual puse el nombre de Pavo, mide pavo, decía y luego pavo o yo daba fuertes palmadas a los talleristas que aún no hacían lo mismo y volvía con una libreta en las manos y según yo la habitación era un prisma irregular, lo dibuje en mi libreta, similar al gran borrador. Luego escuché algo de Major Tom y sus guitarras eran como los dedos de un ángel y de un pez o quizás como si uno bebiera desde el ano de una de esas mujeres negras que parecen un armario de pie o o las guitarras eran como atornillar la rotación en un lente Tamrom. Quise que Major nos llevara con algunos amigos hacia algún centro con el fin de meter las cabezas en aquellas grandes peceras que solían servir antes de las once, a esa hora para regresar a pie. Yo esperaba que Major nos despertara al llegar y así salir de su auto con los ojos quemados por el sol que estaría a esa hora detrás del planeta o por las luces de algunos de los bulevares inaugurados, luces con sonido propio y caminatas cerca del parque. Incluso ya había decidido que pediría una pecera llena de ron con coca cola porque eran ya muchos años desde la última vez que paseaba junto a una estrella y quería echar los pulmones por el bulevar y luego mis ojos se hicieron bicolores, el uno gris y el otro azul. Major andaba en el teléfono respondiendo a su público y ellos lo adoraban y eso pasaba entre tema y tema. Resumen de comentarios:
que bien habla ingles!.
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Remember when "A&E" actually featured the arts and entertainment?!?!?!

Now it's just another lunatic asylum.
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Saw him a couple of times in concert!  It's great if you are up close to the stage & see him close, but quite frustrating if you have lousy seats and have to wait til security lets you get a better view where no one is standing.
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I as you all are a MASSIVE FAN! Just watched the live request show it was sooo good!! I felt I was there lol...  My dying wish is that I am fortunate enough to meet this talented man one day.
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Mark McKuen was a pleasure to meat, even if for only a minute or two.  Hope you're well, Mark.
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He is on my list as #1 of any of the remaining artists I've never seen live.  Thank you YouTube for providing a venue to see some of those artists perform.  I'm nearly 60 so I've been listening to Ziggy since he jammed with those spiders from mars. 
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Back when A&E had shows to watch, get rid of the fake Duck shit A&E!
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6

PERFECT
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Amazing intro to Let's Dance!
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...
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Saw him live, in my hometown, London Ontario, BEST CONCERT EVER.  This one was great also. Got to hear, Panic, Station to Station, Moonage live.  He had fun that night and it certainly radiated into the crowd. THANKS dAVID
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just love him , what ever he sings. hes the best :)
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Love Majot but this request  is all hits. If I called in it would be some raritites like Joe the Lion or Cracked Actor or Look Back in Anger.
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Adorable and precious man!! May you live forever! 
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2

Better me than you ever
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mmmmmmmmmmmm...

I found myself wishing Romina would request something from Labyrinth.

Amazing concert!!!

no matter what sleight of hand, mccartney, strokes, buddy holly, there is a directness there that bowie lacks. 

Igual, las guitarras me llevaron a pensar en el cine y en que al día siguiente estaría mirando a la novia de Díaz, rasgando la folk mientras ese loco de la cerveza en la bota oscura de cristal al fin olvidaba que su mujer lo había encontrado con una camarera y se había ido para siempre. Para terminar la escena del bar, el hombre decía, empujando la bota con la malta que era mala idea estar casado y salir con otra mujer en un pueblo de seiscientos habitantes.
Luego pasaba eso de eres un mentiroso y yo lo tomaba con calma pero por cualquier inconveniente apagaba las redes de cobertura o recordaba esos ejercicios con flexómetro y la pantalla iluminaba los asientos y nos recortaba y éramos sala llena de cráneos y cuellos. Era genial porque eres un mentiroso estaba fuera de Major y entonces iniciaba una cuenta regresiva.
Luego pasaba eso de eres un mentiroso y yo me sentía fabuloso o con ganas de saltar en los hombros y luego creía que las cosas estaban pasando para bien como cuando tras cavar encuentras en mitad del patio un queso envuelto en tela, con la piel húmeda como para lavarse los dientes. eres un mentiroso sucedía desde el 12/8/10 y luego tuve una buena idea para cambiar mi keygen.

11/1/14

beckenbahuer

Luego expliqué con las manos un poco apretadas una junto a otra que a veces no necesitaba trabajar pero cuando lo hacía procuraba hacerlo en un sitio que quedara cerca a casa. Luego recuerdo que perdí la casa, también que estuve dos o tres días dentro de un galpón, y muchas personas llegaban al mismo tiempo y luego vestían uniformes blancos. En este sitio, que además tenía cuatro ascensores y solo dos plantas, o quizás habían estacionamientos y algo sobre una especie prehistórica, los hombres pagaban con monedas redondas y tenían grabadas por ambos lados un pez espada. Yo, miraba con atención cada una de las perchas, por qué lo hacía? Bueno, en algún momento imaginé una casa llena de grifos dorados, llena de tinas con patas de rinoceronte que a su vez estarían llenas de agua tibia y agua jabonosa y, claro, toda esa imagen arquetípica, eso de tenemos la cena lista, hay una gran botella de uvas negras, negrísimas como las bolas de deantoniparks, vino que brilla debajo de la casa y todo es oscuro y frió y recóndito. Mientras miraba el porcelanato y los bordes de algunas perchas no pude dejar de pensar en que debía construir un basement, y era lo mismo que tener otra casa. Para eso de combinar y guardar secretos soy como un árbol y una de las chicas de camisa roja me dió varias sugerencias mientras se arreglaba el cabello y yo pensaba que ellas colocaban sus dedos entre mis dientes o que intentaban quitarme la comida que tenía dentro del estómago y era hora de salir y no sé, parecía un día jueves.

Todos esos días sirvieron para proveerme del material suficiente antes de dibujar la nueva cocina. La anterior tenía las paredes húmedas y con el tiempo la tubería sonaba como un motor, además habían vetas verdes que salían hacia el platillero y creó que también a veces buscaban comida en las ollas. Antes de iniciar aquella remodelación recuerdo haber colocado una silla junto al lavabo para escuchar el discurso y los consejos que daban los codos, el desagüe, el pvc, las aguas estancadas cada semana. Un discurso increíble, una de esas cosas que lo motivan a uno y lo tienen entretenido durante varios días, ahí, con la oreja contenta, con la sonrisa enorme y un placer kolynos; a veces pensaba que un tipo griego, uno de esos hombres del mar había decidido volver solo para demostrar que todo era posible. Eso hacían la tubería y las aguas servidas, me otorgaban un poder, miraba cosas que no existían. Luego al cambiar y remodelar supongo que iba a extrañar esas vetas y la grasa en forma de cubos, pero, quedaba la radio, y en la radio ya existían programas y estaciones que jamás dejaban de transmitir, entre quienes hablaban estaba jesús, alguien del colegio san bernardino y solían repetir que aquello por hacer solo esperaba ser hecho.

Luego olvidé todo, es decir, ya no tenía ganas de pensar y de observar que qué sería de mí fuera del taller y nadando en todas las direcciones. Pensé que mi cuerpo quedaría perfecto dentro de un traje de goma y luego estuve tras de una escafandra y por unos años me dediqué a trabajar con un grupo de personas que limpiaban las alcantarillas de México y debía usar un traje de goma y abajo era imposible observar pero igual luego recibía duchas con agua a presión. Esa ciudad siempre había estado entre mis destinos y ahora no sólo la respiraba sino que la podía escuchar. Lo salvaje estaba en cada rincón y un poco recordé que quito y en general todo el país se dirigía en esa dirección, con eso de que las cosas tenían que hacerse a las buenas o a las malas. Creo firmemente que nuestro tiempo se ha agotado y que en realidad vivimos un tiempo pasado, no histórico, que no termina de irse. Recuerdo a un hombre al cual solía colocar entre mis rodillas mientras su esposa lo miraba detrás de unas gafas y yo creía que aún no era parte de las cosas sagradas y me agradó llevar jeans rotos, una camisa sucia y luego me volví cenizas. Su esposa y yo nos lo comimos como se come una barra de cacao y su esposo reventaba como chispas sobre los labios. Entonces su cabeza entre mis rodillas guardaba silencio y los labios se ponían azules y ella cantaba algo sobre cómo detener un vagón que acaba de salir con diez hombres a las diez de la mañana y hace dos paradas para que suban tres personas mientras dos bajan a comprar marlboros y uno de ellos regresa con la nariz llena de aros de plata o aros de tagua y cuántos días quedan para que el tren regrese con ciento cuarenta sacos de yute. Luego yo volvía a casa que quedaba en satélite y bebía de la botella con verdadera fruición y las cosas primero eran felices y luego eran del color del mango de un machete y luego el machete brillaba y parecía y llamaba con reales y escudos pero habrán salido pero era que también llamaban y ahora está hector en un patio vistiendo un overol...

En clase recuerdo que era interrumpido varias veces y mis interrupciones sólo lograban que el resto de talleristas buscaran sus marlboros en sus maletas pero en realidad buscaban sus viandas con cangrejo y luego ya estaban gritando que quién iba para la sala del seis a traer un mazo que sino, alguien usara la cabeza para las patas. Anacristinamo me pidió un autógrafo y luego dijo que no la siguiera porque ya regresaba. Luego estuve junto a Leóngieco pero me dieron tantas de ganas de darle una patada que el hombre pizza evitó que nos fajáros frente a los hombres de corbata azul. Los hombres de corbata azul andaban por las habitaciones con eso de dedo acompaña dedo y esas cosas de lo paranormal. Se notaba que habían acampado junto a una montaña por más de tres días. Mis zapatos brillaban de tal forma que me sentí como una ficha del monopoly de los parkerbros. Luego hice un orificio y llamé por teléfono y todos del otro lado supieron que yo era un especulador porque tras un hola yo perogrullaba sobre por qué un hombre usa el teléfono para decir soy un gusano pero tenemos la oportunidad de conocernos pero tenía tiempo para contarle que me gustaba el olor a humedad y sobre todo bajar los escalones sentado. El orificio dijo que ya parara de tanta cosa y yo le pedí que se vaya un poco a hacer más grande sus muros y que en unos días estaban por llegar los barcos donde cargaban las cajas que durante diez o quince años estarían despertando tras usar los paneles y mientras dure eso de tenemos que sacarnos un pulmón o un bazo.

Detrás de la caja podrás decir las cosas que intentas o que andas buscando. Luego quiero que repitas que eres algo incorrecto. Tú andas por ahí pero por ahí no anda por allá y la cosa es que estamos exagerando y cuando suceda ya estarán las cosas llenas de días y de eso ya pasó antesdeayer. Eres tanto y las cosas tienen por sí y tú necesitas dejar los marcos con forma de estrella dentro del velador porque tienen sus propias baterías y además están el silva el ulloa y te prestan con qué mirar a lo lejos pero te toca estar allí si quieres que tú me has hagas un final con algo o para que no termines escuchando por las noches te faltan todos los dedos de las manos y respirar eso lo hace como respirar el ulloa pero a tí te falta y rezo y luego tienes varios días hasta el dieciete de agosto y luego mientras y luego desaparecerá y no está sucediendo y ha llegado el momento de maldecir y puedo decir maldito te maldigo, eres un celular y te tiro sobre la acera y espero que alguien te encuentre para que llame a medianoche y al contestar digo algo como parece entranomás pero maldito celular y tiromondo un tarahondo cada cosa es y suena la mano sobre el azulejo y dices paco y no está y piensas no puedes decir y menos escucho y tampoco lo que se avance y un y las piedras y los muros y te estoy destruyendo, solo te estoy destruyendo.

El orificio dijo que se quedaría ahí hasta que llegaran los barcos y que si debía cambiar de dimensiones deberían traer una gran máquina porque él estaba con ganas de más y un poco eso de sentir la bomba, nena. Por él entraban varias corrientes al mismo tiempo y también porque habían varias ventanas que parecían abiertas al mismo tiempo pero en pisos distintos y el aire hizo formas como de atletas olímpicos que quizás eras antiguos griegos o antiguos hombres jugando al soccer entre dos o tres como eso de mete gol gana o de penalitos y de mamaditas. Luego todos jugamos a los árbitros y en mitad del pasillo empezamos a sacar tarjetas a los talleristas que querían entrar a las otras habitaciones y a veces también los mandábamos a correr dos vueltas a la montaña y también pedíamos que al regresar lo hicieran trayendo una funda con pan para el café que el agua estaba por salto y arde y nadie tenía y era para que volvieran en dos o tres años.

Eso es cierto preguntaban, eso haremos hasta que sea cierto decíamos. Luego despertaba y mi cara seguía pegada a la mesa.

En el muro apareció eres un mentiroso.

Rengar

Había mucho aire alrededor, mucho, nuestros rostros cada vez parecían estar más cansados y además las ropas que llevabámos empezaban a desteñirse, varias tiras de cabello, varias tiras azules o de látex y otras de piel se desprendieron y dieron vueltas alrededor del orificio, pero también alrededor del cuello, era como si siguieran a las corrientes de aire que entraban al mismo tiempo por todas las ventanas del sitio abiertas al mismo tiempo. Nosotros levantamos las manos y las abrimos de manera sobrenatural como si fueran girasoles para intentar detener aquella ráfaga pero era imparable, incluso, y aunque nos hubiera arrancado varias partes, varios rollos de vestido y las bufandas, llegamos a pensar que aquella cosa no era nada más que algo impalpable, algún tipo de campo, algo que acaso no estaba más que dentro de nuestras cabezas. Esa idea que al mismo tiempo estaba siendo pensada por todos también quemó nuestros cuellos, estómagos, y provocó que respirar fuera molesto, como si acaso un aire denso y bien caliente, como si un aire proveniente de un motor o de una olla encendida llenara y desinflara los pulmones. Todos al caer casi doblados frente a la ventana creímos que nada de eso nos haría daño aunque quizás por un breve minuto, quizás, creo, decidimos que sea cual fuere el motivo de aquella cosa ya no importaba si acaso nunca más lográbamos levantarnos. Pienso que todos sin decirlo de algún modo nos sentíamos contentos, o quizás agradecidos, incluso satisfechos. 

Luego el humo del marlboro tomó extrañas formas al dirigirse al tumbado. En realidad nada peligroso estaba sucediendo o nada que pareciera un peligro. Creo que utilizamos alrededor de diez minutos para discutir si todo aquello que sucedió en el estómago fue real o solo lo habíamos leído en alguno de esos libros que últimamente habían dejado de publicar y vender con ciertos diarios. El humo mientras parecía alargarse como lo hacen los brazos de las personas al intentar entrar en algo como una remera, un polo o una playera o en un buzo de hilo, hilo violeta o en una americana o en una blusa casi transparente y con volados o encajes o esas cosas en las mangas y alrededor del cuello o en una bolsa plástica negra o en calcetín o en un tubo pvc; un brazo largo y delgado, seguramente un brazo femenino y estilizado pero no uno que bailaba de manera que se notaran sus pliegues o alguna clase de ligereza del tipo el aire y yo nos entendemos, no, simplemente un brazo delgado que entraba sin mayor importancia. Luego aquel brazo que parecía tener vida se detuvo por unos segundos antes de reventar en el tumbado. Sin darnos cuenta habíamos dado algunos pasos hacia atrás, fue una nueva ráfaga la que nos devolvió al sitio. Casi o por muy poco pudimos caer de espaldas sobre los escalones y quizás hubieramos rodado hasta el piso siguiente. El orificio parecía emitir algunas risas pero no ese tipo de risas de los centros de especialización, aquellos con personas de edad avanzada, voces graves y carraspeos, más bien, sonaba como si dentro del orificio hubiera un grupo de adolescentes o quizás púberes o efebos, que comentaban sobre nosotros que los escuchábamos desde el filo. Varias veces alguien y yo mismo había revisado, es decir, atraído por la perspectiva del edificio y siempre era igual, algo oscuro, un pozo del cual salían a veces corrientes de aire, un aire que parecía venir del interior del suelo, aires fríos. 

Alguien dijo que llevaba demasiado tiempo mirando el orificio. Era cierto, mi cabeza seguía dentro y en realidad no podía discutir pues si alguien preguntaba yo decía eso de que el agujero estaba lleno de una mancha oscura, como un televisor quemado. Eso dije o creí haber dicho pero ya los otros talleristas, en realidad lo escuché por ahí, estaban como perturbados, uno dijo que yo parecía no estar muy bien de la cabeza. En ese momento recordé a una instructora a la que no había visto hace mucho tiempo, una de las últimas impresiones que ella tuvo se refería al modo en que ciertas cosas pueden estar cargadas de un espíritu bajo, supongo algo como una roca. Supongo que mi rostro debía lucir desagradable además creí notar que algunos no sostenían su mirada sobre la mía. Al rato la bajaban y estaban riendo o bien serios e incluso uno o dos prefirieron volver a la habitación, siendo que de allí habían antes salido con la idea de no volver.

Luego decidimos volver, los dos o tres que quedamos pero yo sentía que estaba en algún lugar en el centro. Los talleristas caminaban delante, quizás a tres o cuatro pasos de distancia pero par mí era como si ambos caminaran formando un círculo a mi alrededor pero también noté que otros talleristas de otras clases también hacían círculos, un poco alejados y cerca de los escalones. Similares cosas sucedieron al entrar en la sala y antes de llegar a los pasillos; los objetos parecían lejanos como en una pintura donde un hombre tiene acaso un árbol de referencia a muchos pasos de él y acaso ese árbol aparece recortado al frente de un radiente sol que está levantándose o a punto de esconderse y el hombre es como un fósforo, al fondo del cuadro, casi una viruta. También necesité alguna bebida y la sed se volvió insoportable. Tanto que no sé en qué momento estuve bajando de nuevo los escalones y ya agarrado del cuello de alguien que también bajaba o quizás era que alguien estaba en mi cuello. Ahora que lo pienso ninguno de los dos nos conducíamos, creo que solo caímos y solo rodamos un par de pisos y creímos ver a alguien levantando aquellos cuerpos que no sentían los golpes o que descansaban en la planta baja. En realidad de nuevo pensé que nada estaba sucediendo y nada ocurriría, creí que sería bueno rodar hasta dar con algún sótano.

Encontré mi cara pegada a un charco. La dejé allí solo por sentir como la piel parecía refrescarse. Quizás mientras estuve en el suelo un millón de pies pasó por encima siendo que yo ya no era un cuerpo ni una persona, siendo que quizás logré volverme aunque en sueños una roca o un montón de pellejos. Luego pude darme cuenta que estaba en la mitad de un gran galpón, un sitio extremadamente brillante, del que colgaban reflectores sobre varias personas que estaban de pie. Estuve a punto de decir, a los gritos, que esa no era hora para entrar en trances o que esa no era la forma de agradar al hombre de corbata roja. Una verdura gigante, la fotografía de un morrón o de un pimiento anaranjado o de un pepino me miraba, no le encontré los ojos, desde uno de los muros. Yo también miraba a aquella deidad vitamínica y pensé que pronto seríamos parte de una sesión con especias del japón o quizás de una tarde en el parque a la vuelta del galpón. Me ofrecí a guardar silencio y no mover ni un músculo pero eso es bien difícil y ya mis pulmones volvían a drenarlo todo, ya cuando no se podía dar mucho más y era como si todos los rostros estuvieran dentro de mi rostro y eso era algo antiguo y supongo que terminé o terminamos en las caras de las personas que estaban cerca. Sí, éramos curiosos, yo con esa apariencia extraña, supongo que debía volver al mar, debía plantar una palmera, dejarme unas noches a la sombra, luego bajar la palmera y con una sierra hacer una barca y salir cada madrugada hacia el mar y buscar a mobydick y escuchar copilotopilato y los pies húmedos y las manos duras y una soga y un arpón y cigarro para armar. Luego pensé que debía hacer cosas nuevas, ya no filas y tampoco pasar sentado, o estudiando o manejando y reparando autos, y esa explosión me recordó la vez que caí sobre una roca al caminar al borde de una pileta. Me puse a hablar para sentirme menos extraño y todos seguían en fila y ordenaban sus compras y sus zanahorias y sus mandrágoras y en fablimón aunque luego escuché algo sobre las cosas que salían caminando de las perchas y me dio gracia pensar que afuera estaban los autos girando alrededor del galpón.

Luego recordé eso de eres un, y luego quise pero ya no estaba cerca, ni lejos supongo y luego busqué un escalón donde sentarme e ir por mi segundo marlboro y al hacerlo miré a las personas con sus globos o nubes colgando de finos hilos hacia el tumbado y algunas habían sido amarradas a los pasamanos y de ese modo me distraje hasta que el edificio empezó a elevarse uno o dos metros y yo pensaba que debía meter la cabeza entre dos rocas en mitad de una montaña y no sé por qué no lo hice y por qué sigo buscando la montaña que al parecer tiene mi cabeza por que lo que tengo encima, lo que reposa sobre mis hombros debe ser un pescado o uno de los espejos del ascensor, o el panel de botones que al hacer push no encienden y creo que hay muchos paneles llenos de botones por todo el sitio ya que siento que soy dirigido hacia todos los sitios. Creí recordar algo sobre mi padre el escritor y lo ví vestido con traje que parecía ceñir su cuerpo pero también lucía como si de un lado tuviera todo el traje o el cuerpo mismo echado o pegado uno o dos centímetros al suelo. Pensé en eres un mentiroso y ya no tenía marlboro. 

10/1/14

Luo en el hombro sin decir ya regreso

Luego estuvimos colgados del marlboro durante varios minutos aunque el sol seguía de pie o bajando y la ciudad crecía en todas direcciones, mancha urbana. Para no volver aspiré el humo en una gran bocanada hasta que cada partícula se apoderó y llenó los huesos. Los huesos salieron de a uno y en silencio de mi cuerpo, yo miraba como la llama consumía al tabaco a los huesos que aún tenían ojos así como una o dos mandíbulas dirigían y tomaban asunto, salían por la nariz, dirigían a otros huesos en su salida por el ano, entonces los vi reptar por debajo del pantalón y mis compañeros de taller pensaron que la presión se me había caído y buscaron en sus maletas y colocaron algunos caumales en mi boca. Yo me sentía un poco mareado pero no sentí lo que los demás hacían, eso de llenar mi boca o lo veía todo en brumas y luego dije ahora vuelvo y tomé los escalones y no recuerdo qué sucedió. Luego alguien llevaba mi ropa, en realidad era que mi piel parecía una pila de ropa por lavar alguien murmuraba cerca y también algo u otro tallerista se había adherido a mi hombro y quizás fue quien mi dirigió y junto a quien me encontraba en el suelo porque creo que le escuchaba respirar. Pero también al ponerme de pie, sin huesos, observé que alguien a quien conocía caminaba a dos o tres pasos de mí. Me pareció extraño, porque no había llegado a la planta baja precisamente caminando y ya estaba a unos metros de un monton de trapos y no a unos metros de mí o entre ambos, o en ambos lados. Luego noté que yo estaba en el museo gregorio y al mirar el esqueleto de Leeed sentí que debía darle vida y además no perdía nada ya que para entonces yo era un montículo de pellejos y con él podía conocer la vida al límite y salvaje. De repente sentí algo similar a la furia y al mismo tiempo debía detener con las manos mi cabeza que parecía algo inflamada, como si quisiera dejar el cuerpo y era quizás por un gas que la hacía hincharse, un tipo de gas menos denso que el oxígeno pues al tiempo que daba un paso también parecía dejar el suelo y otros esqueletos nos miraban y unas joyas doradas y también unos estómagos de barro o de piedra pómez de una cultuta yupanqui, eso decían los carteles sobre los pedestales.

Bueno, ese esqueleto me sirvió para dejar de arrastrarme y dar unos pasos extraños; cada paso estaba acompañado de una especie de levitación, lo bueno es que nadie cuidaba la puerta de ese pequeño museo donde también habían estatuas de cera de hombres pequeños cubiertos por unos ponchos muy oscuros hechos con totora, se veían bien pesados. Sus manos eran enormes y cuando nos vimos, ambos las estiramos y nos dimos un fuerte apretón. 

Al preguntar dijo algo del gran galpón y yo en realidad no quería ir para allá, pero luego entendí que Luo, el esqueleto tenía algún plan pues mis pies seguían dando pasos a pesar de que yo tenía la cabeza debajo de un muro y pegada a la columna que acababa de observarnos. También dijo que qué bueno, igual no me interesa y yo seguía dando pasos y quise tirar a Luo de mi cuerpo y luego estaba caminando y me di cuenta que Luo se había trepado a los hombros y desde allí por un momento parecíamos dos personas totalmente separadas o individuales, dos porque Luo tiene amigos o colegas que parecen momias y yo puedo encontrar otros pellejos y luego hacer cosas y luego nos llamamos por teléfono, luego sentí cosas raras, no teníamos sombra a pesar de que camínabamos encima del otro, una sombra larga, como la de una jirafa o la de un poste de teléfonos, nada, y eso que el sol quemaba y las nubes casi eran una piedra roja y éramos dos talleristas o dos momias o dos yupanquis camino a dar vueltas en el galpón en busca de algo que no sabíamos ni habíamos visto llegar. Esperaba que dijera algo como qué diablos hacés sobre mis hombros o cómo es posible pesar más si cada día el cuerpo se vuelve arena. Polvo dije, o pensé pero luego escuché que preguntaba o hablaba sobre el clima y las habitaciones y si ya me había llegado eso que todos decían acerca de no tener en qué mierda pensar teniendo tantos cartones en el basement. Respondí algo y luego ya no sé si Luo y yo caímos, Luo sonreía mientras apretaba algo en su boca, su quijada mis pellejos, y yo miraba el filo de algo, o el borde de un muro, no lo sé, no estoy seguro, por eso digo que en ese momento quizás estaba junto a sus pies, al caer de los hombros, y miraba quizás el filo de la acera o las líneas amarillas y blancas pintadas sobre el pavimento.

Abajo y ya habiendo pasado el estacionamiento y los autos que giraban en torno buscando un sitio antes de volver a encender el motor, ambos tomamos vías distintas y luego estuve entre dos perchas y detrás de un coche de supermercado y una persona dijo algo y yo creí que yo era su madre y luego dije ya vuelvo y entonces caminé por algunos pasillos durantes un segundo. Luego me dio ganas de estar en otro lado y sentí que al mismo tiempo mis pies y mis brazos seguían en la fila y quizás para ese momento estaba flotando y quizás Luo ya no estaba, o quizás estaba haciendo fila, aunque ya se había ido, y me sentía bastante ligero, casi como si el aire acondicionado del lugar me empujara. Al dar vuelta, en el cuartoy quinto pasillo miré que tenía el cráneo dentro de una caja de milkibar. El milkibar era líquido. Al observar su rostro, mi rostro, me di cuenta de que yo seguía sin esqueleto y desde el piso mis ojos enormes pestañaban sobre el monton de ropa o pellejo que parecía un montón de toallas por lavar. Hoy pienso que debí darme ánimos para buscar en jardinería una pala y una escoba para recoger ese montón que estaba bien desparramado. Luego creo que el hombre de uniforme blanco dijo algo porque todos empezaron a caminar hacia las cajas y los que estaban en ellas se apretaron un poco, como si la fila se acortara y también exhalaban vapor porque la nieve estaba entrando por las puertas junto a la caja y al banco y a los atms de letrero rojo. Luego sentí varios pies sobre el cuello pero los hombros ya no pesaban tanto y luego ví que sus zapatos estaban cubiertos por milkibar al igual que mi cintura, justo en la parte donde se unen las dos mitades de piel y por donde cortan para sacar bebés. Silbé y me sentí tranquilo pues pensé que eso de hablar y de pedir coca colas en el kiosko aún se me iba a dar a pesar de que últimamente ya me anda gustando un poco más la cola de naranja.

Uno de los hombres de uniforme verde con manos grandes y con un M16 colgando de sus hombros dijo tiene algo colgando del cuello, no habrá mirado dentro de los refrigeradores? Luego estuve siendo estudiado bajo luces de colores que iban del rojo al anaranjado y también antes de entrar un Santaclaus levantó su mano para saludarme o quizás se saludaba a sí mismo pues el vidrio detrás del que yo estaba quizás era especular de su lado. Quizás esto no pasó y quizás la fila avanzó tan pronto que y era que habían puesto cirios la noche anterior delante de aquel hombre de camisa blanca que trabajaba como un migmag kuka arm. Un hombre de camisa blanca y chaleco rojo dijo por favor siga y luego dijo que tenga una bolsa y luego me miró y sonrió y dijo promete una tarde terrible y los taxis nos van a parar; son dos cajas de milkibares con diez unidades cada uno y una caja de lápices de gel verde con tres unidades, aquí tiene su compra, y le felicito por los dedos azules y espero ambos regresen, este es su cambio, eso pasó y luego estuvimos frente al parqueadero una vez más y luego uno de los árboles del pequeño bosque nos empujó y cada uno fue llevado entre varios árboles y sus ramas nos lanzaron al suelo, en la aceras opuestas y los autos pasaban sin prisa y yo miraba su espalda y era como si ambas estuvieran pegadas y se estiraran sin romperse, y alguien hizo detener una taxi. Luego yo estuve caminando y el sitio seguía ahí, el cielo también, el sol igual, un poco cansado, y luego el sol dijo eres un mentiroso.