24/8/10

Los diez años

Su intención no era denunciar sin embargo, después de varios años de pensarlo decidió escribir una carta para no olvidar los hechos tal como él los seguía recordando.

Su enfermedad duró exactos diez años. Los médicos, tanto locales como extranjeros habían recomendado reposo absoluto, cero azúcares y actividad física. Los primeros cinco meses se los dedicó a trabajar sobre su memoria, los juegos iban dirigidos a recordar palabras para lo que usaban cartulinas con figuras dibujadas a mano. A veces, Camilo confundía al tigre con el dinosaurio aunque no sucedía lo mismo con los instrumentos musicales. También Camilo podía recordar ciertas ciudades como Barcelona y Berlín y pronto los doctores detectaron su facilidad para memorizar palabras que empezaren con la letra B. Ese día los doctores bebieron sidra y festejaron su poderoso avance.

El plano afectivo también estaba destrozado por lo que los médicos recomendaron hacer terapia de imágenes. El trabajo era desolador ya que Camilo, no recordaba a ninguna de las personas con las que se había fotografiado, ni siquiera a sí mismo. Sus padres le hablaban tiernamente de sus primos, de la casa en los Balcones, de su perro Titan, pero todo parecía ser inútil. La madre de Camilo lloraba y pensaba que su hijo jamás volvería a ser el mismo. Camilo para esos día tenía 22 años.

La casa de sus padres era como un hospital con jardines y campo por donde pasear. Camilo caminaba a través de toda la propiedad y eso le llevaba por lo menos media mañana. Varias veces se topaba con una de las empleadas e iniciaba alguna conversación. por lo general se refería al clima y que pronto llovería. Más tarde al encontrase de nuevo con la misma empleada Camilo volvía a entablar conversación hablándole nuevamente del clima como apenas hacia algunos minutos. Para las empleadas esto resultaba ser un hecho gracioso.

Camilo también recibía la visita de familiares y amigos. Para Camilo era agradable recibir a esas personas que intentaban hacerlo sentir bien en todo momento. Camilo casi no hablaba pero tampoco parecía necesario ya que las otras personas siempre tenían algo que contar. Así se enteró de que él había conducido un jeep sin frenos a través de un bosque de eucaliptos. Que cuando cumplió quince compuso una canción la cual le dedicó a una chica que con los ojos mojados aceptaría ser su novia. Que en la universidad en la cual era uno de los preferidos habría montado un complejo sistema neumático para reemplazar los ascensores por plataformas y palancas. Nada era familiar para Camilo sin embargo los escuchaba, con verdadera atención y a la vez se preguntaba si él algún día volvería a tener la vida que había perdido.

El doctor revisa a Camilo con sus instrumentos y lo encuentra fuerte a diferencia de su mente en la que parece no haber avances. Le habla a Camilo por su nombre pero él mira el bosque a través de la ventana. Qué es lo que ves le pregunta a Camilo, quien responde que sabe como se llama aquel lugar en el que están pero no lo recuerda. La casa, Camilo y el doctor se encuentran en San Juan de los Andes, a cinco horas en auto de Santiago. Desde Santiago sale el doctor cada quince días para visitar a Camilo. A pesar de estar bien pagado preferiría que en San Juan existiera un aeropuerto. Anteriormente a Camilo lo visitaban tres o hasta cuatro neurólogos, psiquiatras, expertos en el habla y una psicóloga. Todo pagado por la universidad. Al dejar Santiago los médicos alquilaron una furgoneta y las visitas se volvieron personales. Dentro de la furgoneta un neurólogo y la psicóloga entablaron un romance. Para la última visita a Camilo, un marzo del 2000, el neurólogo le pidió matrimonio. Ese día Camilo recibió un beso en la frente y comió torta preparada en un horno de leña. Bocagrande, Bocagrande es donde estamos, yo lo sé repite Camilo, Bocagrande es como ustedes me ensañaron.

Desayuno

De todos los modos posibles se valía Rodrigo para convencer a Clara. Ella gritaba que todo era bullshit, desde la esquina, desde la casa de alado, volando sobre un globo aerostático y Rodrigo intentaba taparle la boca y así evitar avergonzarse con el público, con los vecinos, con algunos de los presentes, a diferencia de Clara que esperaba que todos la escuchasen ya que para Clara nada era un secreto.

Al fin aliviado Rodrigo encendía el televisor y navegaba a través de los programas más inverosímiles sin disfrutarlos y sin siquiera entenderlos. Su alivio era escucharse a sí mismo y controlar con la mayor precisión sus respiraciones hasta por fin quedarse dormido. En sus sueños era imposible encontrar a Clara y este refugio (el único donde su violencia estaba vetada) duraba preciosas horas. Rodrigo soñaba con viejos compañeros de escuela, con viajes a ciudades desconocidas, con montañas que terminaba de escalar pero nunca jamás con Clara. Ella, por la mañana lo despertaba acariciando su rostro.

Clara seguía gritando y su voz se multiplicaba por los ascensores, por los pasillos. Tomó una taza de porcelana que no soportó chocar de frente contra una pared. Tranquilo, como frente a un programa de noticias Rodrigo fue precipitándose en imágenes de nieve y vapores de nieve descongelada. Rodrigo aunque despierto, soñaba con montañas, con el aroma a café y cimas donde Clara perdía de pronto la respiración.

23/8/10

Los mitos

En ese punto, una alegría cubrió todo su rostro.

Para su siguiente encuentro planificó enseñarle los panales que había cuidado. Le hablaría de las abejas, de lo saludable que es la miel hoy en día y de las vendedoras que mezclan azucar a sus ventas. Ya entrados en conversaciones preguntaría algo clave. Si García contestaba que sí, Carrera lo estaría considerando para al fin, en más de diez años considerar a alguien como un amigo.

Todo sucede una tarde con sol de un febrero de 1993. Carrera quien era ampliamente conocido por sus negocios ilícitos invita a García con el fin de convertirlo en su cómplice, su socio, su consultor y amigo de la familia. Tanto la familia empresarial como la familia legal.
García llega, saluda, observa su reloj, hace dos acciones o más acciones a la vez. Carrera para no molestarlo pretende comprenderlo y pone manos a la obra. Lo invita a levantarse, los whiskys para más tarde, solo toma un sombrero y dice algo que rebota en las paredes e inocentemente quizás escuchen los cuadros.

Carrera parece una adolescente, lo que es peor, una adolescente a la que no le importa verse enamorada. Atentamente explica el proceso por el que las abejas construyen panales eligiendo siempre lugares donde tengan un costado de sombra y un costado de sol, mientras la reina copula con todos los obreros. Tántricamente afilando las tildes y pausando en las comas cirujanamente. Carrera toma con propiedad a la abeja reina y coloca en manos de García. Pronto la abeja atrae a varios obreros.

Ella te considera un panal, repara Carrera.

Carrera se considera una reina, y como reina hace un banquete, invita a otros amigos y brinda en honor a García.

García asiste a cada reunión. A los bautizos de cada nuevo hijo, al grado del primer hijo, al velorio de los padres de Carrera, a las pelas de gallos, al fútbol y a los lanzamientos de sus nuevos productos. Siempre como socio pero ante todo como amigo. Luego de medio siglo de éxitos, García es uno más de familia, al punto que varios de sus hijos están comprometidos con los hijos de Carrera. García nunca lo dijo y eso no lo hacía menos compañero, pero en el fondo Carrera para García era como el hermano al que nunca dejó de vigilar.

20/8/10

Las manos se mantenían en alto como ramas de árboles

El monstruo y el culpable

El monstruo lanzaba fuego de su boca que quemaba los bosques que se extendían bajo nuestros pies. Sobre su hombro yo miraba, como el espectador privilegiado que era y también en el fondo esperaba culpable que el monstruo decidiera lanzar ese fuego sobre mi diminuto cuerpo.

La luna miraba al bosque, al monstruo y era cortada y maquillada por la nubes y por un aviso de lluvia.

El monstruo lanzando un rugido tomó con sus largas manos dos montañas y las elevó por encima de sí. Las montañas cayeron haciendo temblar el suelo, y mi cuerpo sobre su hombro sintió ese estremecimiento. Con los ojos cerrados y alargando los brazos el monstruo desprendía rocas gigantes que amputaba de esas montañas y en un rápido movimiento me las mostraba antes de volverlas a lanzar con el propósito de destruir la tierra sobre la que caminábamos sonámbulos. En cada uno de sus movimientos se sentía un temblor de intensidades mayores que lograron activar la lava de ciertos volcanes. Entonces, como en un vómito lento, los cráteres expulsaron sales rojas y brillantes en silencio aunque sobre un temblor que despertaba a otros animales. Casi satisfecho y sin mirarme el monstruo me dejo sobre una valle y caminó a esconderse detrás de aquel volcán. Su propósito, aquel de mostrarme su fuerza había terminado. Acepte mi culpa pero creí innecesaria su violencia.

Cuando la luna observaba desde el centro mismo de la bóveda el monstruo volvió, ya sin furia, ya sin odio, y como un humano cansado me pidió lo ayudara, se acostó junto a mí, y susurró gravemente que solo quería dormir.
El monstruo lanzaba fuego de su boca que quemaba los bosques que se extendían a sus pies.

18/8/10

Un día perfecto *

Sobre la superficie del agua se dibuja redonda la figura de un sol color rojo. La gente que descansa alrededor de la piscina, llevaba gafas oscuras y era casi seguro que ninguno notaba la figura roja de ese sol. Sobre las aguas flotaban varios niños en boyas y en juguetes inflables como tortugas y leones marinos. Un hombre de unos 35 años flotaba con el cuerpo echado boca abajo sobre un colchón sobre el que también flotaban varios vasos vacíos con sorbetes de colores dentro. Una niña, en lo alto de un trampolín, pedía a gritos ser observaba mientras un hombre, posiblemente su padre daba masajes a una mujer hermosa, de pecas y manchas en la espalda. Un camarero vestido de frac, con pelo echado hacia atras, equilibraba su charola entre los niños que corrían y entre los otros pequeños que querían empujarlo al agua. Su rostro lucía cansado y quizás en el fondo prefería estar sumergido con delantales y zapatos quizás incluso tirarse desde el trampolín.

Marcos observaba todo desde el balcón a 5 pisos de altura en su habitación. La puerta estaba totalmente asegurada y nadie a menos que tuviese llaves podría poner su cuerpo adentro. Entonces Marcos, que llevaba varios días de reclusión voluntaria, casi sin darse cuenta entró en pánico y largó a llorar como un chico. Se lanzó al piso, pataleó, cortó los cables del teléfono, encendió unas cartas que había escrito a mano, en un principio pensó que podría enviárselas a un periódico y luego se metió a la cama donde trató de escuchar su propia respiración.
Paulo Cisneros, el extranjero tocó la puerta varias veces y en vista de que Andrés no contestaba esperó que sea Marcos quien lo atendiera.

Marcos abrió la puerta más para recibir ayuda, y con los ojos mojados dio un apretón de manos a Paulo, el extranjero. Paulo echó un breve vistazo a la habitación e invitó a Marcos a tranquilizarse y hablar un poco. Paulo estaba igual o más asustado que Marcos.
En la piscina la niña se había tirado del trampolín y el hombre que flotaba con los vasos vacíos, bebía su tercera ronda de la mañana.

16/8/10

Tú mi junkie

Ella mira de costado. 45 grados después ella mira de frente. Mira en un espejo redondo, mira en espejo de mano, mientras mira ella estudia, en su reflejo encuentra que su rostro aún continúa desordenado. Entonces, ella toma las tijeras, toma una hoja azul de afeitar, toma un jabón y sobre este vierte medio litro de agua caliente mientras tararea una canción. Mientras, a través del espejo redondo, ella mira su cabeza reflejada, su cabello húmedo, la cama pulcramente ordenada, las almohadas sobre la cama, el vestido y la caja de zapatos junto a las almohadas mientras mira su cabello, mientras tararera una letra, mientras se mueven sus labios, mientras corta su cabello. 45 grados después ella mira satisfecha.

Ya sin cabellos, ella, que ya no luce como era ella, decide disfrazarse, decide ser niña, decide jugar a ser muñeca. Ella pinta unas cejas exageradas, coloca una peluca hecha con cabello de muñecas y viste un vestido de cuero negro. Vestido, cuero, peluca y cejas que combina sobre unos tacos rojos, altos, firmes como dos estacas. Antes de salir, ella coloca dentro de su bolso un revólver, las llaves en el llavero de Scooby doo, dos monedas de 100 pesos, cada una para los taxis y un teléfono celular al que lo tiene en modo de silencio. Entonces, ella mira el espejo girando, dando vueltas, mira, dice en voz alta, que no te canses de mirar. Gira 180 grados, coloca llave, detiene un taxi, sube, dá una dirección.

Ya en la calle es posible observar a niños manejando autos, autos hechos de madera y con dudosos sistemas de frenado.

El taxi cruza una calle. La calle termina en otras calles.

15/8/10

El hogar sin puertas

Omar desde la cima lanzó cuerdas para que los elefantes que venían tras de él, las amarrasen prontamente a sus cinturas. La cima fue lo más sencillo de alcanzar se repetía Omar, mientras en el cielo se dibujaban como costras las nubes de una tormenta que atacaba el volcán mas próximo. Los elefantes llegaron por fin varias horas después debido a su paso y la montaña por un instante se dobló tras el peso de aquellos cuerpos llenos de arena y con trompas de ladrillo. Se acostaron de lado uno encima de otro y permanecieron durmiendo durante las siguientes dos semanas. De esta forma celebraron la conquista de aquella montaña.

Cuando al fin Omar y los elefantes se sintieron aburridos, decidieron que lo mejor tanto para ellos como para la montaña sería abrir un cráter, esperar a que brote agua e inclinar sus palas hasta que la montaña sea un pozo. Al cavar, los elefantes habían perdido los colmillos pero el níquel que encontraron fue convertido en en mejores colmillos. Cinco años después salieron del otro lado del mundo. La vista, más que privilegiada les mostraba un desierto donde solo habían dos bicicletas.

Los elefantes y Omar se quedaron cansados y profundamente dormidos.

Al despertar, Omar no tuvo de otra que vagar por el desierto. Lo hizo a pie ya que las bicletas se las habían llevado los elefantes. Bajo un árbol negro, Omar encontró una serpiente o lo que había sido una. Sentado, pensó que bajar de esa montaña, aunque llevara su tiempo, tampoco había sido complicado. Entonces Omar, se preguntó, por primera vez, cuál era su nombre.
Al despertarse, Omar, con una mandíbula de caballo, escribió en la tierra con letras claras, un nombre que era el único nombre que recordaba Omar. Por tercera vez en el desierto, Omar volvió a quedarse dormido.


13/8/10

El público y las cortinas

La pared dividía en dos lados a la banda y al departamento, al ruido que vomitaban las trompetas, la batería, del silencio casi místico que rodeaba como cápsula a los gatos en la sala de Marcela.
Omar en primer plano e iluminado por el monitor, deja todas sus actividades y espera que Marcela, capte sus movimientos en breve, lo observe, y abandone todas sus actividades. También dentro de Omar se dibujan posibilidades que atentarían contra el bienestar de ellos, como cuando una persona se ha vuelto peligrosa, cuando gritas tan alto que te vuelves ronco.

Marcela con los auriculares conectados a su cerebro, ignora el fondo, el oxígeno, el planeta y los espacios y mecánicamente, con la precisión de un cirujano ilustra tapas de revista para una portada atrasada. Su pulso se hace visible como una montaña a un costado de su cuello mientras en el monitor dos personas que asisten al cine mastican snacks con los rostros de estrellas de cine en una película llena soldados disparando sus últimos misiles bajo las órdenes de un teniente desnudo. Marcela, como cambiando de canal, de sala, de trabajo y de laboratorio escoge un escenario donde una banda toca temas colgados de cabeza y con luces brillando desde el suelo.

El trío, toca versiones de The Mars Volta en una sala sin público, Omar detrás de un bajo amarillo deja de cantar para observar a Marcela que cambia varias veces de instrumento mientras una docena de gatos reptan por la paredes hamacándose en telarañas que ellos mismos han tejido.
Marcela acaricia a los gatos, observa a Omar a través de la habitación y apaga las luces dejando el escenario como un cuadro negro.