15/8/10
El hogar sin puertas
13/8/10
El público y las cortinas
11/8/10
Lados C *
C
Entre el público un niño le pide a su padre que lo levante en hombros. El niño ve rostros, ve una luz y luego no ve más. Todo es parte del show dice una mujer de 35 años que trabaja de camarera y ha pedido que la suplanten. Andrea que esa noche trabaja hasta las doce, tiene un novio que le regala discos de bachatas. El sonido es una mezcla de percusión con ciencia ficción. Ficción de Ed Wood. Las filas de atrás ven primero el humo, las llamas. Una vieja Rickembacker cae en llamas de su pedestal. En los camerinos no hay nadie. En dos horas piensa Andrea, mientras toma 1 dólar y lo guarda junto a las otras propinas. Solo dos horas.
María Gabriela despierta. Charly tiene la cabeza echada hacia un lado. En Lima María se toma un té, memoriza acordes. Duerme. Cuando la azafata la despierta María recuerda que soñaba con una niña. María observa a Charly. María cierra los ojos. María sueña con Charly flotando sobre un lago.
En casa y luego de un baño el niño juega con sus dinosaurios, al más grande lo llama Lex. Luego se cuelga una guitarra eléctrica, luego repite no soy un extraño. Luego ve sus juguetes, su guitarra, su rostro en el espejo y se aburre. Su padre lo llama para que apague la luz. El niño apaga la luz. Antes busca la linterna. Esta es mejor que la luz dice.
10/8/10
El porvenir*
Patricia.
Jim Morrison ingresa al área de las duchas. Jim Morrison es delgado, lleva una chaqueta de piel, fuma un marlboro rojo; el humo, su cabello, desordenado. Tras Morrison una mujer, más baja que Jim, cabello oscuro, cuaderno en mano, lentes, cristales como ojos. Nadie los sigue, todos se han quedado atrás.
Un hombre gordo, vestido con un sombrero vaquero, discute con otro hombre, uno alto y delgado que también viste como vaquero. Cuatro hombres cargan un parlante tan grande como un elefante. El hombre gordo tira el sombrero al piso, levanta su dedo y antes de empujar al hombre delgado el hombre delgado agarra el dedo en el aire como un ave, como una águila, lo atrapa, lo enjaula, lo detiene. Las puertas del recinto se abren a las seis responde el público, como ha sido y como seguirá siendo dice el hombre gordo. Yo me encargo de mis músicos. El hombre delgado hace llamadas, levanta la voz, fuma un red apple, el hombre delgado junto al hombre gordo parece hacerse más delgado.
Ella tiene 16 años. Ella mira a su amiga. Ambas son menores, ambas han dicho verdades a medias. Una sombra atraviesa la puerta, una masa de brazos y de volúmenes. Ambas se despiden con prisa, ambas parecen dos hermanas. El público cruza la puerta, el sol desaparece, se filtra, ambas son menores y continúan contándolo a medias.
El escenario es rústico, frágil, poco confiable. Jefferson Airplane promete, Jefferson sale a escena, la fecha, 1969.
Jim Morrison y Patricia charlan como viejos e íntimos conocidos. Se sueltan, se escuchan. Repiten afectos, respiran a sus anchas, se lo toman con calma. Patricia guarda todo, cada detalle, incluso escucha y resalta frases al mismo tiempo. Patricia repite Morrison, Tricia, como si lo pronunciara por primera vez. La química, esa salvaje probabilidad se vuelve un método, un análisis, termina, se hace del tamaño de un resultado. Patricia y Morrison abren la llave, un hombre de azul los empuja, el gas cae, solo para músicos dice el hombre, Jim, Patricia, el público.
Afuera corean White Fanny, afuera el hombre gordo tiene el rostro hinchado.