Del parlante salen los gritos de una de esas viejas estrellas del rock and roll que hace algunas décadas llenaban las portadas de las revistas más populares de la América, es decir, del rojo territorio Sioux. Además, el rostro de aquel mito con la boca abierta y el micrófono como una prolongación de sus manos también ha colgado de las paredes de jóvenes vestidos de plasma, casi como una figura mitológica o el hoyo a una de aquellas dimensiones donde uno espera entrar, morder y conocer mejor las profundidades de aquellos que nos crearon. Lo que faltaría, si despertara en la mitad de un trip o para completar el cuadro de aquellas habitaciones y la idea de algo eterno tiene que ver con lo religioso, es decir, dos y hasta tres filas de velas encendidas con el haz de luz rebotando en el cuerpo reptil, que ahora ya no se estira en un grito sino parece dulcificar al resto de la banda, a la gente del estudio, técnicos, y sobre todo a sí mismo, es decir, al fuego que abrasa y que lleva encendido a la mitad ciega, del cinturón para abajo, esa voz habla de un caballo sobre un fondo muy azul, fondo o caballo dentro del cual canta hasta volver a estar solo, en ese estómago, murmura, comprende lo que es amar su locura. ¿Su de él o su de ella? Los técnicos, el resto de la banda y con el tiempo los nuevos fanáticos habrán consolado sus cuerpos y sobre todo habrán hallado un nuevo modo de decir algo que parece invisible, es decir, además de haber cercado al fuego ya sabrán cómo iniciarlo. El poeta en el siguiente tema es fusilado por un pelotón invisible del que sólo se perciben los pasos. Era lógico. El parlante murmura: Weird scenes inside the gold mine.
Todo ha terminado, la guerra ha terminado, all is over baby, y sobre la mesa hay un plato lleno de frutas y manzanas rojas y verdes que saben a golosina de ferias y ruedas mecánicas, dulce brillante y pegajoso que parece estar hecho de neón. Tengo la manzana en mis manos pero espero llevarla a la boca más tarde quizás antes de salir camino al trabajo, horario nocturno, los socios me han dejado escoger las cosas que me gustaría componer, es gracioso, cuánto puede uno conocer de otra persona al mirar su boca llena de camarones y salsas blancas, a veces, un hilo verde merece cargar pañuelos o servilletas limpias, antes de la cena nuestras mesas están servidas. Lost in a roman wilderness of pain, canta ahora dentro de una caja oscura otro de los bacos al que le braman chasquidos eléctricos. Es una imagen lujuriosa y mística, un grito dentro de un espacio oscuro, el pulmón de R, acá abajo todo es gris y gelatinoso diría. Oscuro sobre oscuro. El bus azul está en camino dice la voz dentro del parlante y pienso en municiones mojadas y en un cubo que sostengo dentro de la boca, un objeto que deforma los labios, pero sobre todo que sirva para lanzar, es decir, cerrar la puerta, mirar adentro llevando la manzana en la mano. Así es la manzana, volando con rapidez hacia un ojo o llenando un pedazo de pan. Pero al mismo tiempo la canción o el objeto dan cuenta de un sitio, de una caja, de una línea tras la cual no se distinguen figuras.
Lo triste es salir de un tema para caer en el objeto antes de ponerlo en las manos para descubrir que parece ser una mancha. Una huella capaz de hacer saltar la aguja dentro de estos equipos de alta tecnología. Las interrupciones de la mancha sólo son interrupciones. A pesar de la pausa tomé el objeto y con mucho cuidado lo limpié, algodón, algo de aditivo para ablandar las huellas. El objeto regresa, la bandeja desaparece, la canción da vueltas al igual que el láser que apunta hacia el diamante hasta que suenan las cuerdas y el siglo cae, calles o vitrinas donde la piel es dorada, apta para vestir, También hay cortinas que separan la seda y la infaltable agua de neón. En esos giros la voz advierte la llegada del sol, de los pies y los fondos llenos de duna, además la nube parece capaz de refrescarnos, como el aliento de algo que parece venir de cualquier lado. Tras la cortina y los pliegues y la seda el rostro mirando hacia los ojos de un pozo, un hoyo que desaparece de manera intermitente. El hoyo puede ver la lengua afuera para medir los grados y las posibilidades, en realidad será una mandíbula. La mancha desaparece o se extiende. Luego el disco termina sin saltos.
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