26/3/13
22/3/13
Primero evité usar el teléfono. Dejé el cuerno colgado, desconecté la línea, sacudí la alfombra, también coloqué a todo el armatoste dentro de un rectángulo de cristal. Lo llené con agua y lo cerré colocando una guía telefónica para hacer peso. Las llamadas suelen demorar entre 3 y 5 minutos, siempre soy el primero en preguntar cómo va la cosa pero inmediatamente me desconecto y empiezo a ver más allá del tema. El que llamen cada 10 minutos significa que empiezan a detestar mis opiniones, sobre todo aquellas en las que describo otras respuestas, sobre todo en las evidentes, quienes llaman, como hoy, tras dejar el curso de Tecnologías, necesitaban mi presencia, inmediatamente, como si en mi poder estuviera cambiar algo, siendo que el curso es dictado cada día, y siendo que ya el edificio se había cerrado. Además, no me ha gustado eso de enfrentar al velador tras la bulla y las puertas levantadas, la última vez que acepté volver tuve que dar la cara frente a la luz de una linterna larga como un dildo y oscura con la que nos amenazaron, como si uno nunca hubiera hecho una guardia. Sucedió por romper dos candados.
Dentro de casa hay espacio suficiente para que vivan diez personas pero de momento la familia no va a crecer. Llegué a este sitio recomendado de un compañero de talleres, al que tras dejarme en la puerta no volví a ver. Hay varias llaves colgadas de una pared llena de musgo y líquen. Si guardo silencio de una manera particular, creo escuchar al metal oxidarse y a los líquenes crecer. El olor de la casa me recuerda mucho a una calle de la ciudad de N, una calle que tenía un puente al fondo. A veces creo encontrar el sitio sobre el que se construyó la casa, la cruz o la X, aprovecho mientras el teléfono está en el rectángulo, mientras resbalo por la escalera o mientras trato de no apoyarme sobre los muros de adobe, sin verlo imagino que aquel sitio debe oler a ríos y detergente, ríos oscuros con árboles derribados dentro o como tinas plásticas con agua y detergente azul. La casa está hecha una calamidad, aunque sus paredes parezcan capaces de guardar cualquier ruido. En todo caso, es más verosímil que la casa se hunda, si no lo está haciendo ya, a que sus muros caigan unos sobre otros.
En la habitación roja se han dispuesto televisores y sillones. No veo la necesidad siendo que nadie más habita el sitio. Cuándo intento buscar a R, siento como si acabara de salir o como si caminara en otra habitación. R siempre dice que los ruidos pueden engañar, incluso se ha dado el tiempo de demostrarme que cuando creo escucharlo él está fuera, o que incluso en casa solo estoy yo y el rectángulo de vidrio. Él hace esas cosas sabiendo que yo tengo cierta fascinación cuando ya no puedo dormir por las noches y puedo dedicarme como un sonámbulo a recortar frases y publicidades de revistas viejas, supongo que de ese modo tendrás un tema que pegar dice, junto a la puerta de la habitación hay columnas de periódicos amarillos y rollos de etiquetas plásticas. La habitación roja antes funcionaba como comedor y de la pared tenía colgado un cuadro de un paisaje bucólico donde un niño descalzo intenta hacer volar una cometa. Tras el niño un perro, quizás un spaniel, corre con la mandíbula abierta cerca de las piernas del niño. Ambos corren junto a un riachuelo. En lugar del cuadro hay una mancha rectangular oscura, alrededor, el papel es amarillo, y los dibujos parecen borrarse.
Sobre la mesa hay varios papeles y envolturas con mitades de alimentos rápidos. La mitad de un burrito, la mitad de un pastelillo relleno con crema de leche, la mitad de un cubo de mantequilla, dos servilletas dobladas junto a un vaso lleno hasta la mitad con sprite. Junto a la puerta de la cocina hay un basurero con la palabra basurero escrita con pintura naranja, a mano alzada con caligrafía irregular. Los vidrios y los marcos viejos de acero no retumban pero cada tanto la música de los pisos cercanos parece subir unos cuantos decibeles. Alguna vez escuché el caso de un edificio al que se lo echó al suelo, lo que el tiempo pudo hacer, usando toneladas de equipo de amplificación. A veces abajo se escuchan temas a los que los viejos llaman baladas del recuerdo. Al decir abajo me refiero al basement pero en realidad la música debe venir de las fábricas vecinas, esas canciones suelen echar al tarro con letras naranja todo intento de subir a sitios desconocidos, de hecho, y aunque las ventanas no vibren uno siente como si estuviera en casa, y siendo que uno intenta dejar todo lo conocido por lo extraordinario, aunque no vibre, tampoco ya parece que uno siga teniendo los huesos de hierro. Si pudiera usar un tema para colapsar un edificio, por ejemplo el del antiguo banco, ese edificio con forma de licuadora, usaría música de Gary Galiano, esos temas harían sonreír como hipopótamos a los vecinos, a los chóferes de metro, es decir, haría del colapso un día tan azul, aunque claro, yo llevaría auriculares para evitar entre toda la nube y la lluvia de archivos volver a viajar a ese rincón de dientes amarillos y cabellos blancos. Amo ese edificio, y odio las baladas pero a veces es bueno destruir los recuerdos. Eso lo ha dicho R.
Sobre la mesa hay varios papeles y envolturas con mitades de alimentos rápidos. La mitad de un burrito, la mitad de un pastelillo relleno con crema de leche, la mitad de un cubo de mantequilla, dos servilletas dobladas junto a un vaso lleno hasta la mitad con sprite. Junto a la puerta de la cocina hay un basurero con la palabra basurero escrita con pintura naranja, a mano alzada con caligrafía irregular. Los vidrios y los marcos viejos de acero no retumban pero cada tanto la música de los pisos cercanos parece subir unos cuantos decibeles. Alguna vez escuché el caso de un edificio al que se lo echó al suelo, lo que el tiempo pudo hacer, usando toneladas de equipo de amplificación. A veces abajo se escuchan temas a los que los viejos llaman baladas del recuerdo. Al decir abajo me refiero al basement pero en realidad la música debe venir de las fábricas vecinas, esas canciones suelen echar al tarro con letras naranja todo intento de subir a sitios desconocidos, de hecho, y aunque las ventanas no vibren uno siente como si estuviera en casa, y siendo que uno intenta dejar todo lo conocido por lo extraordinario, aunque no vibre, tampoco ya parece que uno siga teniendo los huesos de hierro. Si pudiera usar un tema para colapsar un edificio, por ejemplo el del antiguo banco, ese edificio con forma de licuadora, usaría música de Gary Galiano, esos temas harían sonreír como hipopótamos a los vecinos, a los chóferes de metro, es decir, haría del colapso un día tan azul, aunque claro, yo llevaría auriculares para evitar entre toda la nube y la lluvia de archivos volver a viajar a ese rincón de dientes amarillos y cabellos blancos. Amo ese edificio, y odio las baladas pero a veces es bueno destruir los recuerdos. Eso lo ha dicho R.
19/3/13
Uhgo
Sería maravilloso soñar aquellos cuerpos. Mirar desde un sitio privilegiado cada uno de los pasos. Primero el uno, luego el otro retrocediendo la misma distancia, los hombros a la misma altura, las espaldas acercándose, es decir, mirar como si uno fuera el objeto o la raya sobre el piso sobre la cual ellos tendràn que detenerse. Pero en teoría los miro acercarse, dar sus pasos hacia atrás, pasos firmes que destruyen el espacio entre la pared, sus cuerpos y yo. Tras varios minutos, tras contar sus huellas, tengo al fin sus cuellos delante, sus cabellos que parecen jugar con el viento y unas cuantas ráfagas de polvo que nos doblan o nos obligan a cubrirnos, son ráfagas que bajan de las colinas azules, que aprovechan este espacio abierto para empujarnos o para echarnos sin resistencia al suelo, casi latigazos o sogas de puerto con la fuerza de un caballo. Dentro de una espesa nube nos mantenemos de pie esperando volvernos o desprendernos como el lodo seco, ocurre un remolino de pequeñas rocas nada peligroso, sus brazos se llenan de rasguños y los bolsillos de los pantalones se inflan con puñados de aquellas rocas. Yo los miro pues a pesar de estar a menos de un metro de ellos no estoy en el mismo sitio, o quizás, sea más correcto decir que los miro desde otro tiempo. Cómo logre viajar, en realidad no me he movido de este sitio, son ellos los que han traído a las ráfagas y son ellos los que dando esos pasos hacia atrás han vuelto, caminando de espaldas hasta pararse sobre la línea que corta la tierra. Una línea recta aunque llena de irregularidades. Cuando el viento se vaya, ellos convendrán en tiempos y ciertas reglas antes de correr hacia la pared que espera al frente, a cien metros o algo de distancia. Decidirán si salir con la pierna izquierda, si deberán hablar o respirar mientras corran. Será maravilloso, inolvidable, fecha para encerrar en un círculo rojo.
Luego la pared se llenaría de su piel. Cáscaras, puré, trozos, pies picados, varias manchas, montones y fragmentos sobre los ladrillos, protuberancias. El cuadro completo es dividido por aquella línea de ladrillos en posición horizontal con filos oscuros delante de aquel cielo azul. En la mitad, separados apenas los dos cuerpos, dos manchas, explosiones, dos huevos de avestruz lanzados hacia el muro.
El sueño sale de la cabeza a través de los oídos, y de los ojos y sobre todo de los poros. La única manera de no llorar durante la noche es cosiéndose los agujeros, es decir, viviendo dentro de una tzantza. Es decir, para evitar que la noche entre y gire dentro de aquel espacio, arañando las paredes y llevándose las imágenes y las palabras, hace falta reducir, cerrar, cocinar a la materia, al mecanismo nocturno. Pero, ¿cómo hacerlo estando tan lejos del nina? El sueño sale por todos los orificios hasta volverse algo peligroso, algo físico. Al hacerlo, la piel tiembla, al salir los huesos también parecen haber sido dirigidos, y dentro se producen las afrentas, los motines, y en algún punto, a cualquier hora, durante veloces segundos, el control se ha ido, es decir, se ingresa a la cuarta dimensión, sitio del que todo corre y hacia el que todo explota. El cuerpo, la piel, la tardes de 1985, toda articulación inútil, la resistencia fuera del guante, el colchón, el cuarto también estremeciéndose como si una mano los levantara y sacudiera para escuchar que llevan dentro, así, durante uno, dos, tres años, así mientras el edificio descansa en un silencio impertinente, sin ladridos, sin autos, espacio, ausencia.
Debajo de las piedras hay varios animales que corren de un sitio a otro perseguidos por los rayos del sol. La mano sostiene la roca hasta que alguien pide que la bajen. Todos miran aquel círculo negro mientras detrás las nubes avanzan como si retiraran una escenografía. Los animales entierran sus cuerpos pero hay algunas lombrices que se estiran y encogen dejando caer la tierra que se ha pegado a sus cuerpos. La tierra es negra, húmeda, ideal para descomponer alimentos o para sembrar y para mezclar en macetas de barro cocido, macetas llenas de piedras, macetas donde la tierra es insuficiente. Las bolsas se van llenando de insectos y raíces mientras atrás el escenario vuelve a montarse separando a los cuerpos del cielo y de los planetas y de los ojos de Urano. Esas nubes oscuras parecen amenazar al campo y a los animales que no han salido de sus establos o duermen sobre la superficie del agua. Las palas toman partes de aquel suelo como si se trataran de porciones de una torta oscura rellena de lombrices. Al terminar se observa un orificio en la falda de aquella loma mientras dos perros se acercan a escarbar sobre lo cavado. Las nubes se ha recargado sobre todo el campo y la oscuridad es evidente. Las gotas rebotan sobre la superficie plana antes de que las aves busquen sitios techados. Tras su culos marrones están los perros spaniel olfateando al igual que a los hombres que ahora bajan llevando aquellas lonas de mimbre sobre sus espaldas, cruzadas por las palas y los picos y las botas de goma y suela amarilla.
Luego la pared se llenaría de su piel. Cáscaras, puré, trozos, pies picados, varias manchas, montones y fragmentos sobre los ladrillos, protuberancias. El cuadro completo es dividido por aquella línea de ladrillos en posición horizontal con filos oscuros delante de aquel cielo azul. En la mitad, separados apenas los dos cuerpos, dos manchas, explosiones, dos huevos de avestruz lanzados hacia el muro.
El sueño sale de la cabeza a través de los oídos, y de los ojos y sobre todo de los poros. La única manera de no llorar durante la noche es cosiéndose los agujeros, es decir, viviendo dentro de una tzantza. Es decir, para evitar que la noche entre y gire dentro de aquel espacio, arañando las paredes y llevándose las imágenes y las palabras, hace falta reducir, cerrar, cocinar a la materia, al mecanismo nocturno. Pero, ¿cómo hacerlo estando tan lejos del nina? El sueño sale por todos los orificios hasta volverse algo peligroso, algo físico. Al hacerlo, la piel tiembla, al salir los huesos también parecen haber sido dirigidos, y dentro se producen las afrentas, los motines, y en algún punto, a cualquier hora, durante veloces segundos, el control se ha ido, es decir, se ingresa a la cuarta dimensión, sitio del que todo corre y hacia el que todo explota. El cuerpo, la piel, la tardes de 1985, toda articulación inútil, la resistencia fuera del guante, el colchón, el cuarto también estremeciéndose como si una mano los levantara y sacudiera para escuchar que llevan dentro, así, durante uno, dos, tres años, así mientras el edificio descansa en un silencio impertinente, sin ladridos, sin autos, espacio, ausencia.
Debajo de las piedras hay varios animales que corren de un sitio a otro perseguidos por los rayos del sol. La mano sostiene la roca hasta que alguien pide que la bajen. Todos miran aquel círculo negro mientras detrás las nubes avanzan como si retiraran una escenografía. Los animales entierran sus cuerpos pero hay algunas lombrices que se estiran y encogen dejando caer la tierra que se ha pegado a sus cuerpos. La tierra es negra, húmeda, ideal para descomponer alimentos o para sembrar y para mezclar en macetas de barro cocido, macetas llenas de piedras, macetas donde la tierra es insuficiente. Las bolsas se van llenando de insectos y raíces mientras atrás el escenario vuelve a montarse separando a los cuerpos del cielo y de los planetas y de los ojos de Urano. Esas nubes oscuras parecen amenazar al campo y a los animales que no han salido de sus establos o duermen sobre la superficie del agua. Las palas toman partes de aquel suelo como si se trataran de porciones de una torta oscura rellena de lombrices. Al terminar se observa un orificio en la falda de aquella loma mientras dos perros se acercan a escarbar sobre lo cavado. Las nubes se ha recargado sobre todo el campo y la oscuridad es evidente. Las gotas rebotan sobre la superficie plana antes de que las aves busquen sitios techados. Tras su culos marrones están los perros spaniel olfateando al igual que a los hombres que ahora bajan llevando aquellas lonas de mimbre sobre sus espaldas, cruzadas por las palas y los picos y las botas de goma y suela amarilla.
13/3/13
Desarmar un Teléfono
Su rostro tiene la forma de una papa. A mí me gustan las papas, si tuviera un cuerpo más grande, como el de un hipopótamo,ncomería papa noche y día. La veo sobre un plato grande, sobre el cual descansa su cabeza, en realidad es su cabeza la que tiene esa forma, ancha de un lado y angosta del otro. Su cara más bien parece una pared. A mí me encantan las paredes, de hecho siento que podría vivir pegado a una todos los días, con los brazos estirados intentando abarcarla toda, desde los puntos donde la pintura ha desaparecido hasta los sitios donde el cemento es evidente. Es lo contrario que ocurre con la papa, pues si comiera papa todo el día, mi cuerpo sería inútil y no serviría ni para empujar un changuito de cuatro ruedas. Pero su cara, es decir, la pared que me mira de frente tiene varios lados, izquierdo oscuro, derecho brillante, hasta ahí distingo cada vez que ella presta atención a alguien o algo delante de nosotros, debajo es distinto, tiene aquel corte en la quijada que la acerca a las esquinas de aquellos muros que no se juntan con otros, muros a los que le han faltado ladrillos y sobre los cuales yo intentaría explotar.
Supongo que ambos podríamos estrellarnos contra algún muro, es decir, retroceder varios pasos, contarlos y aprenderlos en varios ejercicios, sería gracioso repetir esa numeración camino a la explosión. Después y a una determinada distancia empezar la carrera levantando todo el polvo posible. Esto quiere decir que bajo nuestros pies la arena o el polvo fino, finísimo como el talco pero de un tono marrón, nos perdería o nos ocultaría durante cortos pero valiosos segundos de cortina y feedback. La cortina marrón, los pies empujando las rocas y saltando sobre el suelo, como si fueran cauchos o ruedas, como si todo fuera definitivo, es decir, algo que acaba de suceder pero que ocupa espacio. Luego la imagen es sencilla, ambos corriendo como salvajes, es decir, dos cuerpos que se acercan hacia el muro con los brazos girando a los lados y la cabeza echada hacia adelante, abriendo brecha, cortando el aire, a los velos externos y marrones, al paso, caída y somnolencia del sol, avanzando a una velocidad dentro de la que la lluvia o el sudor parecen nacer en el cuello, precipitándose entre las partículas de pómez y desapareciendo en una breve explosión, manchando el espacio de un tono azul. De ese mismo modo los cuerpos avanzarían repitiéndose en una secuencia de otros cuerpos como sombras que forman una fila que parece infinita.
Mientras aquella secuencia llena la imagen, la luz parece desaparecer o ser absorbida por la fila y por las extremidades y las prendas de nylon. En aquella masa los volúmenes tienen relación con las líneas y los vértices que forman los huesos. Un cuerpo que parece respirar dentro de otro, un volumen redondo que parece o que intenta salir, como si buscara, entre aquellas siluetas o sombras una grieta, como un pie dentro de una bolsa negra. Para aquel momento la estela es larga e imposible de determinar. Ya una mano pasa por una cintura, sucede que el evento entre ambos cuerpos parece suceder detrás de un ventanal. La falsa percepción incluso elimina los ruidos, dejando apenas un rumor que parece venir de un objeto cúbico guardado en algún bolsillo.
Lo siguiente es peligroso, pues equivale a perder cada sentido hasta volverse sólo un millón de huesos. El muro y su resistencia infinita apenas si perciben la llegada de aquellos pómulos y de aquellas frentes que al contacto se vuelven fragmentos, como la arena de los vidrios, o como el fuego de la pólvora. Primero los huesos frontales, primero un fragmento amarillo que parece dirigirse a la pantalla, casi dado para tomarlo con la mano como un objeto para volver con un recuerdo lento en el bolsillo. Luego la mitad de la mano, un puñado de arcilla marrón, polvo o esquirlas seguidas de la muñeca y del antebrazo. El resto del cuerpo, la quijada, el cuello, los pechos volviéndose una sola masa que reta por varios, infinitos segundos, a la gravedad, intentado, en esas dimensiones mínimas, quedarse dentro del aire, con el aire, flotando, por momentos lejos del suelo y del sol, gracias a un brazo largo, a una corriente externa pero que parece disfrutar y manejar su falta de peso, apenas, hasta cuando el estómago y la cintura empujadas por la inercia de la carrera, desaparecen al tocar los ladrillos. Ya para entonces el polvo no sólo es amarillo, son varios los rastros, además de los líquidos y otras partes que parecen abandonar por primera vez sus hoyos. Junto a la pared parecen quedar dos pares de pies.
Eso en velocidades alteradas. Sin aquel efecto los cuerpos desaparecerían muy pronto, habría que rebobinar varias veces hasta comprender lo ocurrido. Un síntoma claro de la fiebre es la reproducción continua de imágenes inútiles. Nadie cree que este puede ser el estado de salud favorito de alguien que prefiere dejarse el día dentro de la cama durante semanas o incluso hasta el inicio de los años andinos. Allí las camas parecen divertirse tirándose una seguida de otra sobre el cuerpo de langosta de aquel que descansa. De no ser por su peso, la langosta nadaría o flotaría con la cama dentro de una bañera amarilla, bebiendo con un sorbete el aire que la rodea. Los ojos cerrados, la cama sumergiéndose cada ciertos lapsos.
10/3/13
8/3/13
Del parlante salen los gritos de una de esas viejas estrellas del rock and roll que hace algunas décadas llenaban las portadas de las revistas más populares de la América, es decir, del rojo territorio Sioux. Además, el rostro de aquel mito con la boca abierta y el micrófono como una prolongación de sus manos también ha colgado de las paredes de jóvenes vestidos de plasma, casi como una figura mitológica o el hoyo a una de aquellas dimensiones donde uno espera entrar, morder y conocer mejor las profundidades de aquellos que nos crearon. Lo que faltaría, si despertara en la mitad de un trip o para completar el cuadro de aquellas habitaciones y la idea de algo eterno tiene que ver con lo religioso, es decir, dos y hasta tres filas de velas encendidas con el haz de luz rebotando en el cuerpo reptil, que ahora ya no se estira en un grito sino parece dulcificar al resto de la banda, a la gente del estudio, técnicos, y sobre todo a sí mismo, es decir, al fuego que abrasa y que lleva encendido a la mitad ciega, del cinturón para abajo, esa voz habla de un caballo sobre un fondo muy azul, fondo o caballo dentro del cual canta hasta volver a estar solo, en ese estómago, murmura, comprende lo que es amar su locura. ¿Su de él o su de ella? Los técnicos, el resto de la banda y con el tiempo los nuevos fanáticos habrán consolado sus cuerpos y sobre todo habrán hallado un nuevo modo de decir algo que parece invisible, es decir, además de haber cercado al fuego ya sabrán cómo iniciarlo. El poeta en el siguiente tema es fusilado por un pelotón invisible del que sólo se perciben los pasos. Era lógico. El parlante murmura: Weird scenes inside the gold mine.
Todo ha terminado, la guerra ha terminado, all is over baby, y sobre la mesa hay un plato lleno de frutas y manzanas rojas y verdes que saben a golosina de ferias y ruedas mecánicas, dulce brillante y pegajoso que parece estar hecho de neón. Tengo la manzana en mis manos pero espero llevarla a la boca más tarde quizás antes de salir camino al trabajo, horario nocturno, los socios me han dejado escoger las cosas que me gustaría componer, es gracioso, cuánto puede uno conocer de otra persona al mirar su boca llena de camarones y salsas blancas, a veces, un hilo verde merece cargar pañuelos o servilletas limpias, antes de la cena nuestras mesas están servidas. Lost in a roman wilderness of pain, canta ahora dentro de una caja oscura otro de los bacos al que le braman chasquidos eléctricos. Es una imagen lujuriosa y mística, un grito dentro de un espacio oscuro, el pulmón de R, acá abajo todo es gris y gelatinoso diría. Oscuro sobre oscuro. El bus azul está en camino dice la voz dentro del parlante y pienso en municiones mojadas y en un cubo que sostengo dentro de la boca, un objeto que deforma los labios, pero sobre todo que sirva para lanzar, es decir, cerrar la puerta, mirar adentro llevando la manzana en la mano. Así es la manzana, volando con rapidez hacia un ojo o llenando un pedazo de pan. Pero al mismo tiempo la canción o el objeto dan cuenta de un sitio, de una caja, de una línea tras la cual no se distinguen figuras.
Lo triste es salir de un tema para caer en el objeto antes de ponerlo en las manos para descubrir que parece ser una mancha. Una huella capaz de hacer saltar la aguja dentro de estos equipos de alta tecnología. Las interrupciones de la mancha sólo son interrupciones. A pesar de la pausa tomé el objeto y con mucho cuidado lo limpié, algodón, algo de aditivo para ablandar las huellas. El objeto regresa, la bandeja desaparece, la canción da vueltas al igual que el láser que apunta hacia el diamante hasta que suenan las cuerdas y el siglo cae, calles o vitrinas donde la piel es dorada, apta para vestir, También hay cortinas que separan la seda y la infaltable agua de neón. En esos giros la voz advierte la llegada del sol, de los pies y los fondos llenos de duna, además la nube parece capaz de refrescarnos, como el aliento de algo que parece venir de cualquier lado. Tras la cortina y los pliegues y la seda el rostro mirando hacia los ojos de un pozo, un hoyo que desaparece de manera intermitente. El hoyo puede ver la lengua afuera para medir los grados y las posibilidades, en realidad será una mandíbula. La mancha desaparece o se extiende. Luego el disco termina sin saltos.
5/3/13
El trabajo es muy aburrido, sentarse frente a una pantalla e intentar contar algo sin caer en temas caminados puede llevarlo a uno hacia un abismo cubierto por una nube densa y gris de gases calientes. La neblina es única, estrambótica, pero dentro de ella uno siente que pierde la respiración sin ser ahorcado. Si fuera necesario contar una historia sería la de un hombre ahogado en el cuello de una camisa de franela, o la de una canción lejana, tocada bajo un ritmo de vals, como esos temas lentos de aquel disco del prisma y la luz descompuesta. ¿Qué tiene ese sitio para verlo con ojos de locura o con orejas en forma de pirámide de murciélago? Una de las razones para preferir lo uno de lo otro es... no hay respuesta, cien millones de años y el secreto está en repetir que aún nada ha sido descubierto. Sobre la mesa hay frascos llenos la altura de un dedo de agua verdosa y sin tapas junto a platos de vidrio con fruta brillante con piel casi plástica. La ventana abierta hasta la mitad y la cortina colgada entre los metales. El sonido de un auto, la marcha de los niños a la hora del recreo y los cables para colgar la ropa largos, metálicos, formando redes sobre las gradas de piedra y sobre los pilones grises. Dentro de la habitación hay un paraguas y aunque cayese la lluvia la mejor opción seguiría siendo quedarse sentado esperando que la máquina recree las imágenes del futuro.
Cada paso puede ser un lento proceso hacia la misma aniquilación. Lo terrible es la imagen el rastro y la visita prolongada al evento. Debajo de las piedras sobre la que el hombre que se ahoga con su camisa usó para descansar hay partes inconclusas de una premisa por completar, es decir, el propósito de aquel hombre, negar que se ahoga dentro de aquellas pieles, nada oculto, debajo de las piedras, es ya inútil. ¿Qué puede ser menos alentador para un hombre que saber que su sombra nunca lo abandonó? Quizás ni el hombre más rápido del mundo lo pueda evitar. Saltar en llamas hacia una pileta desde el edificio más alto y con el combustible más fuerte, digo, envuelto en napalm, tampoco, quien sabe si la sombra tarda un par de segundos antes de que el cuerpo flote de espaldas sobre el agua azul. Claro, luego el chapuzón sería doble tras la llegada de esa forma gris, o cafecina o negra según la fuerza del sol y de las llamas. Dos chapuzones, dos montones irregulares y elevados durante otros pocos segundos, como si se trataran de un escupitajo sobre una superficie de pintura blanca acrílica. Luego el sonido ronco, la garganta atravesada por flema. Si dentro del agua el hombre intentara ahogar a su sombra daría agenda a los turistas que toman sol sobre hamacas azules, es decir, entre los cristales se creería observar algo producto de la insolación, quizás y hasta dulce, pero en realidad alejado del frío del piso de una bañera, de la sal en la boca o de los elásticos de un gorro de baño. Eso y luego la salida del agua, un brazo de viento que corre desde la montaña, las manos juntas del hombre, preparado para orar.
Pero no termina al salir vestido y al cargar en la espalda la sabiduría resumida de los fondos. Tragar piso y gasolina y arena sorpresivamente desconocida y la carne de otros mensajeros invisibles. Ellos también se detienen en las paradas a esperar al nuevo Lord, que luce como una esfera azul con puertas a sus costados. "El azul" cumple su misión sin hacer preguntas y tampoco espera que nosotros demos algo de valor o que nos abramos el estómago, es decir, cabe su frase: "no hay tiempo para monedas o para cubrir las piernas con nylon". Dentro de la esfera las filas y el orden son una característica capaz de transformar el volumen por lo único. Uno teme que al viajar las cosas se la vayan escurriendo hasta desaparecer entre los dedos pero ya en "el azul" uno entiende que no es necesario ya volver a tomar ni retener. La mano en alto, los brazos apretando los metales, hasta mil siete siestas son posibles dentro de "el azul" tan fuerte y ordenado es su interior que apenas uno piensa o duda. Ya con los ojos extinguidos y flotando dentro de un fuego y dentro de los gases calientes, por primera vez, uno deja de preocuparse. Al no tener nada realmente en las manos uno depende solo de "Lord" y "Lord" o "Lord Azul" es experto en el cuidado de los suyos. Incluso uno al despertar debería colocar las manos sobre el rostro del "hombre de uniforme" y esperar que entienda que uno quiere que le cedan su puesto. Entonces uno haría con "Lord" las cosas que normalmente uno olvida y "Lord", al verlo a uno uniformado no lo reconocería. Lo único descabellado sería creer que por llevar el uniforme tan apretado y recto ya uno se mueve como "el uniformado", lo ideal sería tener una charla anterior con él, pero es extraño, al subir a "Lord" o "El azul" uno siempre olvida la cita con el hombre uniformado que gira el timón y habla a través de un radio que pende de la frente de "Lord".
La cama parece ser el mismo sitio desde hace treinta años y no deja ser el único lugar donde uno realmente quiere pasar. Aquel mueble es el único que conoce con exactitud cómo uno ha cambiado. Lo importante es recordar éstas y muchas otras cosas para pertenecer para siempre al mueble de madera y horizontal. O más bien, mueble hecho con piel y huesos. La posibilidad de despertar es millonaria cuando uno es descubierto a través de las manchas y de los cuerpos que tiritan. Ese mueble es tan hermano tuyo como un pedazo de pan. La posibilidad de una vida en bucle es cercana. Veinte horas y luego sumar cien años debajo de mantas sin hacer nada, sin abrir puertas de viviendas vecinas, sin patear al caniche del parque y sobre todo sin nada por lo que decir confieso que conocí parte de una vida. O quizás todo por lo cual vale la poner atención está dentro de aquel mueble y debajo y entre sus chillidos, y sólo existe, es cercano mientras uno deja de estirarse y se entrega, es decir, se vuelve pelusas en las sombras entre las cuatro patas. El mueble es el portal hacia el éxito financiero político de aquella habitación y por ende del vecindario. El éxito se mide por la cantidad de horas que uno permanece muerto o dentro de otros cuerpos, como Malkovich. Debajo de la cama es otra cosa, ese es un pueblo al que nadie quiere conocer ni reconocer, son como las plantas que siempre necesitan agua, o como las bolsas negras que uno nunca termina de sacar.
Lo peor son las puertas abiertas a la madrugada y lo peor es levantarse con una taza de café cortado en las manos, sobre todo cuando la taza acaba de salir del platillo redondo del horno eléctrico. Uno siente que hay una voz arriba repitiendo tranquilo, temporiza tus dedos. En realidad lo que hay entre la cortina y el jarro de porcelana es un llavero y dos manos que aseguran (vistos desde la habitación) para siempre una puerta amarilla. Eso parece un objeto crudo, como el que uno ve cuando sintoniza sin querer un comercial y también como despertar con flemas en la garganta. De nada sirven las infusiones ni la medicina química, las manos se encantan apretando mientras la cáscara cruje. Entonces la jarra cubre la boca y el vapor llega al techo mientras la madera y el resto de cosas sobre el suelo se vuelven terrosos, mientras uno recuerda que en esos casos el charco marrón, el ombligo y la madera serán visitados por el sol, cuando baje, o que algún deportista rojo hará una llamada antes de su vuelta diaria alrededor de los parqueaderos. Ese es un alivio, no como ser testigo de aquellas manos amarillas que aseguran aquel sitio tan pequeño que debe oler a encendedor. En realidad paso de la puerta amarilla y los gases ya han cubierto el rostro, y hasta allí me quedo, luego recuerdo resortes y todo se vuelve gris, y termina como cuando empiezan las tormentas. Queda el frío sobre el estómago. El plan es una ducha y dormir bajo el chorro de agua.
Lo peor nunca termina de llegar. Debe ser parecido a la vida dentro de un cuentagotas y al mismo tiempo es tener prisa sabiendo que uno hace fila dentro del cuentagotas. Y además uno puede volverse maravillosamente adicto a las cosas que nunca estás hechas ni terminadas así como a la posibilidad de vivir soltando un pasamanos para agarrarse a un clavo. Y la cosa será natural como respirar e invisible, tan inútil que al rato la piel colgará y una montaña de ropas estarán esperando bajo una luz naranja por plancha y por dos paredes como estómagos plano que las llenen o que borren los pliegues. Porque eso es seguro, las manos dentro de aquellos jugos, llenando y corchando con trozos secos de maíces amarillos. Eso es seguro, igual que un suelo recién cambiado, da gusto, nunca mejor los pies dan cuenta de sus formas, uno desciende con las alas desplegadas atrás hasta descubrir una pista más lisa que el hielo. Patas de pterodáctilo. Es fácil confundir las alas por mecanismos desplegables. Luego la huella vive. La calle está del otro lado del campo. Se pueden observar todas las construcciones.
3/3/13
solo estar y solo dejar porque ya está, ya te quieren
NO TENER QUE HACER NADA
EL MIRA TV, EL LEE UN LIBRO, EL PEINA SU CABELLO.
ELLA SILVA UN TEMA, ELLA PINTA UNA PARED, ELLA CAMBIA UN FOCO
LA TOALLA SIGUE COLGADA DE LA PERCHA, LA MÚSICA NO TERMINA
LA ALMOHADA SIGUE ARRUGADA, LAS COBIJAS Y LA ALFOMBRA TIENEN COLORES SIMILARES.
Me parece que lo importante es establecer una relación entre los procesos internos y externos de las empresas. Para establecer la relación interna se puede hacer uso de planos que muestren tanto el equipamiento industrial de cada empresa, como su uso, y los tiempos que le toma a una maquina elaborar un producto. Planos que lograrían dar cuenta de las jerarquías internas de los procesos, desde el producto en bruto hasta el producto final. Además, se debe mostrar los cordones de seguridad existentes, es decir, el marco de seguridad dentro del cual se producen los procesos, tanto internos, como externos o ecológicos, a fin de mostrar una idea de desarrollo y producción integral, tanto en la eficiencia de los procesos, como con los cuidados ambientales. También sería importante apartar unos planos a describir como la empresa aporta con la comunidad, a veces las empresas tienen montados programas para aprovechar los materiales que sobran, es decir, la idea del reciclaje.
Para los procesos externos se haría necesaria la filmación de planos externos de cada planta, planos generales que nos den una idea de gran envergadura, ya que las empresas deben proponer la idea de lugares o industrias no solo eficientes sino competitivas, listas para laborar dentro de cualquier mercado internacional, de modo que la elección de planos , bajos y contrapicados servirían para acentuar esta idea de grandeza. Así mismo estos planos deberían estar montados, junto a planos en movimiento de maquinaria pesada, o de procesos de construcción, mucho mejor si los planos contienen la utilización de los materiales producidos, es decir, el uso en sí de la materia que producen todas estas empresas, planos altamente contrastados, a contraluz o con presencia de materiales sólidos como e hierro, el concreto o grandes llantas de camiones que darían la idea de un movimiento y de una continua transformación.
Estos dos párrafos señalarían o estarían dedicados a tejer una idea específica sobre las empresas asociadas a "nombre de la sociedad", es decir, sobre miembros y funciones, a nivel visual. Sin embargo para establecer a "nombre dela sociedad" quizás sea lo más indicado hacer uso de una voz en off documental que de una manera un tanto informativa y al mismo tiempo misteriosa, induzca o persuada al espectador a querer conocer quién está a cargo de todas esas empresas. Para ello se puede establecer una premisa a resolver dentro del documental, es decir, intentar demostrar algo. por ejemplo, y ya que este sería el aporte dramático o argumental, sería quizás factible demostrar que el avance del país, de Ecuador, en el campo de obras e infraestructura, se debe a la labor y presencia de "nombre de la sociedad". Para ello la voz en off describiría la presencia de las empresas y sus productos dentro de las principales obras de un país, que ha pasado de algún modo o que se ha vuelto una referencia mundial, de este modo aprovechamos las obras recién concluidas que además dan cuenta de una estabilidad, y de un tejido apto para inversiones. También la voz en off reforzaría las ideas de las estructuras anteriores, es decir, de desarrollo integral, ecológico, apto para el mercado internacional, garantizado o de primera categoría, seguro, eficiente, profesional.
EL MIRA TV, EL LEE UN LIBRO, EL PEINA SU CABELLO.
ELLA SILVA UN TEMA, ELLA PINTA UNA PARED, ELLA CAMBIA UN FOCO
LA TOALLA SIGUE COLGADA DE LA PERCHA, LA MÚSICA NO TERMINA
LA ALMOHADA SIGUE ARRUGADA, LAS COBIJAS Y LA ALFOMBRA TIENEN COLORES SIMILARES.
Me parece que lo importante es establecer una relación entre los procesos internos y externos de las empresas. Para establecer la relación interna se puede hacer uso de planos que muestren tanto el equipamiento industrial de cada empresa, como su uso, y los tiempos que le toma a una maquina elaborar un producto. Planos que lograrían dar cuenta de las jerarquías internas de los procesos, desde el producto en bruto hasta el producto final. Además, se debe mostrar los cordones de seguridad existentes, es decir, el marco de seguridad dentro del cual se producen los procesos, tanto internos, como externos o ecológicos, a fin de mostrar una idea de desarrollo y producción integral, tanto en la eficiencia de los procesos, como con los cuidados ambientales. También sería importante apartar unos planos a describir como la empresa aporta con la comunidad, a veces las empresas tienen montados programas para aprovechar los materiales que sobran, es decir, la idea del reciclaje.
Para los procesos externos se haría necesaria la filmación de planos externos de cada planta, planos generales que nos den una idea de gran envergadura, ya que las empresas deben proponer la idea de lugares o industrias no solo eficientes sino competitivas, listas para laborar dentro de cualquier mercado internacional, de modo que la elección de planos , bajos y contrapicados servirían para acentuar esta idea de grandeza. Así mismo estos planos deberían estar montados, junto a planos en movimiento de maquinaria pesada, o de procesos de construcción, mucho mejor si los planos contienen la utilización de los materiales producidos, es decir, el uso en sí de la materia que producen todas estas empresas, planos altamente contrastados, a contraluz o con presencia de materiales sólidos como e hierro, el concreto o grandes llantas de camiones que darían la idea de un movimiento y de una continua transformación.
Estos dos párrafos señalarían o estarían dedicados a tejer una idea específica sobre las empresas asociadas a "nombre de la sociedad", es decir, sobre miembros y funciones, a nivel visual. Sin embargo para establecer a "nombre dela sociedad" quizás sea lo más indicado hacer uso de una voz en off documental que de una manera un tanto informativa y al mismo tiempo misteriosa, induzca o persuada al espectador a querer conocer quién está a cargo de todas esas empresas. Para ello se puede establecer una premisa a resolver dentro del documental, es decir, intentar demostrar algo. por ejemplo, y ya que este sería el aporte dramático o argumental, sería quizás factible demostrar que el avance del país, de Ecuador, en el campo de obras e infraestructura, se debe a la labor y presencia de "nombre de la sociedad". Para ello la voz en off describiría la presencia de las empresas y sus productos dentro de las principales obras de un país, que ha pasado de algún modo o que se ha vuelto una referencia mundial, de este modo aprovechamos las obras recién concluidas que además dan cuenta de una estabilidad, y de un tejido apto para inversiones. También la voz en off reforzaría las ideas de las estructuras anteriores, es decir, de desarrollo integral, ecológico, apto para el mercado internacional, garantizado o de primera categoría, seguro, eficiente, profesional.
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