31/1/13

La portada tiene una mujer con avena en el cuerpo. El color de las hojuelas de avena es amarillo. Uno podría imaginar que esa mujer debería estar dentro de un vaso de cristal, pienso en la mujer y sus quejidos al ser bañada por la leche guardada dentro de un refrigerador y las hojuelas flotando sobre su cabeza. Eso pienso, que esa mujer que está sentada sobre sus rodillas en un espacio infinitamente blanco y con unas hojuelas de avena en su trasero bien podría estar dentro de un vaso de cristal al que luego lo llenaría con alguna bebida helada. La mujer tiene en la portada de la revista una actitud de figura de porcelana, es decir, si uno recorta la imagen o si uno la reconstruyera a través de el barro hasta convertirla en un objeto cerámico tendría por resultado una figura para colocar debajo de un cilindro transparente con una luz por debajo. La imagen podría descansar en la mitad de una mesa o en el medio de un reunión motivando a la unión mística de todos los seres y empresas y marcas que buscan un símbolo bajo la cual rezar con las manos juntas. Porque supongo que todos adoran las cosas extrañas, fuera de lo común o perfectas como esta mujer que esta llena de líneas curvas. Nada en ella es lineal, o recto, por más que busco no hallo esa geometría, todo es irregular empezando por su cabello y terminando en las plantas de los pies, Sólo las líneas del código de barras logran romper la monotonía. Hasta ahí la revista vende, es decir cumple su cometido de perder al espectador entre los pliegues de las historias de todos los hombres, un símbolo dotado de la fuerza suficiente para girar los volantes y no regresar nunca más a los suelos conocidos. Pero es acaso la función de una revista polemizar tanto con los hábitos e ilusiones de los hombres que apenas puedan leer y escribir?

del otro lado hay dos fotografías con publicidades de productos distintos. Nunca aprecié la publicidad a excepción de las fotografías en blanco y negro donde casi nunca prestaba atención a lo publicitado sino a los contraste y sobretodo a las sombras. En este caso es distinto pues el color ocupa el fondo donde cuatro deportistas posan con los brazos estirados como si fueran volar o despegar, en realidad no se entienden muy bien la publicidades aunque intente desarmarlas y es por eso que uno insiste en su existencia inútil. La marca es Puma y los deportistas una vez más intentan ser un monumento a la energía. Bien por ellos y por la fotografía del frente donde una dama está sentada dentro de un vestido de princesa y rodeada de pastelillos cubierto por canela en polvo. Los deportistas puma y la princesa hansel y gretel juntos forman la historia de los cuatro enanitos y la blanquita encantada. Lo importante es que la publicidad no haga daño, y que los involucrados sean recibidos en la mesa de cualquier hogar. La imagen cumple con eficiencia el propósito pero yo cansado corro a la siguiente página.

Mujer de avena de pie junto al índice. Una vez más lo irregular frente al orden impuesto por las letras y los números que impresos en rosado indican la información y los temas que llenan aquel número. Pasando por colaboradores, música, renault, todo el conjunto en un equilibrio de tonos pasteles. Del otro lado, en la página siguiente los empleados de la revista con sus correos y sus direcciones más el nombre de la editorial. Por un momento pienso que la mujer de la avena ha pasado por los refrigeradores de todo ese personal pero luego pienso que esa es una idea muy socialista y que este medio impreso tiene todo para llegar a rascar las nubes y la panza de dios. El número de la revista es el 115 y en letras oscuras y negrillas explica que es una revista sola para adultos. Ni modo, niños, tendrán que conformarse con encender la tv para mirar a la reportera del cuatro con sus escotes entrevistando a hombres de pelo cano. Aunque para esa hora deberían estar en la escuela mirando los pelos del lunar de su profesora de castellano. Por cierto lunar es un sustantivo al igual que pelos.

Siguientes dos páginas, colaboradores con fotografías de sus rostros en blanco y negro muchos jóvenes a los que no confiaría ni la alfombra del perro. Ahí caigo en cuenta que esta edición trae dos colaboradores menos que las ediciones anteriores. Hoy intentaré vender la revista al mismo precio que compré a alguno de mis compañeros de salón. Total aun está nueva pues tiene una noche fuera de casa. Repito estos colaboradores me dan todo menos buena espina, y sus biografías lo confirman. Uno de ellos un cantante con mas de cuatro millones de seguidores en twitter, es decir, hombre de letras e ideas frescas que no ha logrado destruir la vida tal como la conocemos. Otro un cronista con la misma novela publicada desde hace diez años, eso ya da iras habiendo tanto fantasma en la web. El que me preocupa es un periodista recién graduado al que su abuelo acaba de dejar de llamarlo torbellino. De torbellino a tormenta queda un paso, pero entonces el otro mundo del que todos hablan es el resultado del paso del periodismo recién graduado sobre él.
En la siguiente página carta de lectores. Querida revista, excelente fotografía, me han abierto los ojos, formen una secta, vistan a todos de blanco y lancémonos al vacío a esperar el mes nuevo. Foto de la revista anterior con otros cuerpos irregulares pero en tamaño pequeño. Algo y nada para entender a la revista que no sea a través de lo visual.

Siguiente página un editorial que trata el tema del sexo con fútbol y tenis de por medio. En la página del frente la foto de dos autos deportivos y de color rojo sobre una pista de karting con unos pinos o cipreses al fondo. La marca ya puede ser especulada, es el ferrari japonés. En la página anterior el sexólogo invita a su paciente a aceptar la contrapropuesta de una tenista, dejarse meter el mango de la raqueta por el orificio del culo. Yo he jugado tenis y puedo recordar que el mango de la spalding con la que jugaba era hexagonal, o quizás octagonal  y algo recto debería entrar en lugares igualmente geométricos. Quien sabe que esas venas que tenemos atrás estiradas no sean más que un tejido geométrico que resulta acoplarse a cualquier figura regular. De todos modos recuerdo el mango de la spalding y a una rubia danesa mirando a través de un orificio hacia el otro lado de una puerta. Ahora, hay límites dentro del disfrute, lo que sale debe volver a entrar.

En la página siguiente Gaby Diaz con su carota anunciando el horario de uno de sus programas concursos. Una vez estuve loca por la Díaz pero otro día la conocí en persona y aún no le he dado una segunda oportunidad tras haberle gritado a uno de mis compañeros de piso. Resulta que ella con su cuerpote era tan apta para las noticias como para gritarle a los más débiles, débiles físicos y mentales, aunque al abrir los ojos una vez más pensé en de qué hablas Andrés, es la tv. Se mantiene fresca la Gaby aunque sus vestidos la hagan parecer una mujer casada y arrepentida viajada de la década de los cincuenta de uno de esos países yanquies. Es decir, me dan ganas de regresar a su casa que imagino con jardín y perro allá en los buenos países yanquies y decirle algo que sé que deberé inventar en cada nueva frase, es decir, la Gaby sabrá dudar de mi y por ellos deberé relatar mi historia del viaje en el tiempo y de sus vestidos con lentejuelas doradas que me recuerdan a un época donde el cine mexicano estaba lleno de estrellas de novelas y revistas para adultos. Se me viene a la cabeza la imagen de la misma suca pelo teñido con labios carnosos dentro de un restorante en medio de una carretera entre una ciudad azul y un cactus verde. Pero la Gaby sonríe mientras mi compañero la filma y entre ellos hay la música de un teléfono celular de fondo.

Del otro lado un mujer de nombre Mara Roldán sostiene sus traje de baño como si lo subiera o como si lo fuera a bajar. El traje es negro y el fondo azul y negro, un azul casi eléctrico pero eléctrico de compañía o fábrica a punto de estallar. Ella es rubia y según la información colombiana. Edición 115 dice en letras blancas sobre el muslo de la Roldan y pienso en ciclistas o lugares de reparación donde Roldán ocuparía una de las paredes no con honores sino con el fin de dar algo a los clientes que no sea el caucho y la grasa de las esquinas, algo que demuestre que el deporte es capaz de lograr que una mujer se aleje de las camisas y los trajes y sea capaz de utilizar ropas mínimas con orgullo pero sin sexualidad de por medio, porque el deporte es ante todo perfección como una bicicleta recién armada o reparada o pintada.

Las siguientes páginas tienen fotografías de ropa masculina, a dos páginas juntas, zapatos, casimires, camisas y corbatas para lucir fresco y joven para siempre, a lo james bond según explica el título de la publinota. El terno casimir es de color café con líneas de un café más claro que lo cruzan verticalmente. A simple vista se lo ve ligero y apto para estas ciudades donde el sol es el enemigo a combatir evitándolo bajo uno de estos trajes ligeros, casi como capa de superhéroe. Los zapatos ofertados son de lo más vulgares y recuerdan a unos que sin haberlos usado han envejecido hasta ser irreconocibles, quizás por la falta de luz solar o la mano de grasa necesaria cada tanto. La nota incluye precio al ojo intuyo que por 300 dólares uno puede buscar nuevos empleos o sorprender al inspector del mes que sabe que debe bajar de peso aunque eso no le quite el sueño.

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