Hebert toca el piano durante toda la noche. Al despertar la noche ha llegado de nuevo. Los movimientos de Hebert se vuelven lentos y torpes, al girar la cuchara dentro de la porcelana el agua caliente cae al suelo y sobre sus pies descalzos. El ruido del negocio cercano llega hasta la puerta y puede oírse hasta la mitad de la sala, del otro lado los murmullos de muchas personas dan la idea que son cientos sentados en una mesa golpeando su superficie y hablando cada cierto tiempo más fuerte y de varios temas que duran unos segundos. Los pies de Hebert tocan los muslos de Raquel que sonríe haciendo una mueca en su boca mientras los dedos se pierden bajo una tela estampada.
Afuera hay personas conocidas y clientes que alquilan una unidad y pasan frente a ellas toda la noche intentando agendar salidas hacia sitios menos populares o algún salón de baile. El hombre del peluquín amarillo llega con un vaso enorme de café en la mano y antes de sentarse toma uno de los ceniceros de cristal tan grande como el vaso de café. Su cabello tiene vetas ocres y rojizas como manchadas por un repuesto mecánico y sus propinas son peleadas por los técnicos del centro. Cada una de las unidades tiene el espacio suficiente para una sola persona que además debe ingresar su código antes de iniciar una sesión. Tras los cristales junto a la vereda hay niños que colocan sus manos sobre la superficie y tras irse dejan las huellas que pronto es borrada por uno de los asistentes. La alfombra del centro ocupa las dos hectáreas del suelo y de lejos parece nueva pero al mirarla con atención son evidentes varios agujeros producto de zapatos con piquetas o por fuego de los tabacos que han sido apagados. En una de las esquinas un pequeño grupo está sentado sobre la alfombra con botellas reciclables en las manos, botellas transparentes llenas de un líquido rojo como el vino.
Las luces del sitio no llegan hasta debajo de las consolas. Junto al modular hay un congelador lleno de botellas de sidra de varias marcas y una caja con helado o con postres que necesitan refrigeración. El hombre del camión canjea algunos septos e indica la caja mientras dice que es un regalo para su hija a la que no ha visto hace un mes. Tras guardar la caja dentro del camión regresa hacia su unidad y coloca un par de auriculares en su cráneo. Estás muerto Aldagor grita mientras sus ojos miran las pequeñas figuras dentro de un bosque con árboles también pequeños, su sonrisa llena su rostro. Alganor quien está del otro lado del modular aprovecha para explicar que no estaba atento mientras cierra los ojos antes dejando a la vista un pequeño brillo entre los pliegues de los párpados y el rostro. Alganor levanta un vaso de coca cola y sorbe un trago largo mientras guarda la respiración.
Por los parlantes suena la voz de Derrick, como si se tratara de el nacimiento de una serie de paredes o rocas grandes como automóviles. Los usuarios del centro apenas respiran entre las letras que salen de la garganta de Derrick y bajo los pies del baterista. Sin embargo los rostros tienen una sonrisa enorme y sus dedos siguen el ritmo moviéndose sobre el piso. El techo del centro cae sobre las consolas produciendo explosiones rojas y azules. Las llamas encienden la madera y la alfombra. Los brazos y las manos en alto no dejan de aplaudir y seguir el ritmo de los platillos que parecen medallas húmedas. Las explosiones llegan hasta la pared blanca y las sombras de las llamas cubren las de los usuarios que bailan colgados del cuello o sobre los hombros de otros. El centro está lleno de personas con banderas amarillas y verdes que bailan con el fuego antes de convertirse en una llamarada que cae sobre la alfombra y los pies descalzos de los que siguen sentados. Al romper los cristales los hombres de capucha llegan al círculo donde empujan las espaldas de personas que saltan sobre un pie. El círculo de personas gira alrededor y dentro de todo el centro. El techo cae sobre los cuerpos desnudos de hombres y mujeres con cabello amarillo. Los cuerpos encendidos caen al suelo y abren los brazos hasta que la alfombra se enciende. Los brazos de Derrick están llenos de dibujos borroneados que parecen ser tatuajes.
Don caminaba alrededor de los círculos procurando no chocar ni ser empujado. Tras levantarse intenta encontrar un rostro al cual culpar por la caída, antes de levantarse toma aire y jura que no perderá el control, lo hace mordiéndose los labios y cerrando con fuerza los párpados. Alguien más grande y más fuerte que Don lo levanta del suelo tomándolo por las axilas y soltándolo en el círculo con un empujón. El círculo gira alrededor de una pantalla de cristal rota y cubierta por llamas verdes. Varias mujeres saltan sobre aquella llama con los pies descalzos mientras Don permanece de pie y quieto como si buscara algo quieto, algo que no se moviera. El techo cae sobre los cuerpos humeantes levantando una nube de polvo que obliga a caminar a ciegas. El centro está lleno de rocas y cuerpos y llamas dentro de los agujeros, mientras, Derrick emite gruñidos mezclados con palabras y frases rimadas. El ruido abre un orificio en el suelo desde el cual suenan explosiones no muy lejanas que parecen acercarse al centro. Al abrirse, el orificio ha tragado la habitación del baño y las tuberías dejan correr agua que golpea contra los muros. Varios cuerpos lucen como cartones o revistas carbonizadas. Varios hombres saltan sobre el orificio que cada vez se hace más grande, junto al orificio una montaña de sillas sirve como caída para los cuerpos que saltan desde lo que quedaba del techo. La luna y las nubes tienen colores púrpuras y la luz de un poste eléctrico es cubierta por un tejido de cables y cajas metálicas.
Arnold es el nombre de un tema que suena alto cubriendo al ruido del televisor. Como en una montaña rusa se escucha Arnold, luego una melodía y al bajar la voz, el relato de un periodista que habla claro y con extrema seriedad. Cuando la canción vuelve a subir la melodía queda en segundo plano y quien canta contiene la respiración antes de continuar su frases, lo que le da otro tiempo al tema, como si fueran cuatro quienes cantan Arnold, uno subido a una escalera y dos dentro de una caja de cartón. Ese pasaje compuesto dura casi un minuto durante el que la tv desaparece. La cortina es empujada por una ráfaga de viento y los pies golpean el suelo. Luego Don baja la cabeza para mirar sus pies y también acerca el rostro hacia los dedos doblándose hasta que todo su cuerpo queda bajo la mesa. Luego deja sus labios sobre su pie durante varios segundos mientras cuenta de atrás hacia adelante siete números. Durante el cambio de tema se produce un silencio que coincide con el paso de un comercial a otro. La luz entra por la ventana marcando la sombra de los parlantes y la cesta de fruta sobre la pared roja. En la mitad de la pared hay un póster pequeño de una película cuyo título está impreso en letras amarillas. La mujer del póster lleva un vestido negro y está recostada sobre su espalda en una cama de mantas azules o grises, parece que dentro de esa habitación hay un tv encendido por la sombra del cuerpo de la mujer sobre la cama. Su cuerpo es delgado, estilizado, sus pechos son pequeños y su rostro parece una figura geométrica con varias esquinas y un corte de cabello que recuerda un kabuto Faxicura. A mitad de canción Jésica se acerca hacia el estante para tomar un objeto al cual lleva entre sus manos y su pecho mientras Don la mira salir.
Por los parlantes suena la voz de Derrick, como si se tratara de el nacimiento de una serie de paredes o rocas grandes como automóviles. Los usuarios del centro apenas respiran entre las letras que salen de la garganta de Derrick y bajo los pies del baterista. Sin embargo los rostros tienen una sonrisa enorme y sus dedos siguen el ritmo moviéndose sobre el piso. El techo del centro cae sobre las consolas produciendo explosiones rojas y azules. Las llamas encienden la madera y la alfombra. Los brazos y las manos en alto no dejan de aplaudir y seguir el ritmo de los platillos que parecen medallas húmedas. Las explosiones llegan hasta la pared blanca y las sombras de las llamas cubren las de los usuarios que bailan colgados del cuello o sobre los hombros de otros. El centro está lleno de personas con banderas amarillas y verdes que bailan con el fuego antes de convertirse en una llamarada que cae sobre la alfombra y los pies descalzos de los que siguen sentados. Al romper los cristales los hombres de capucha llegan al círculo donde empujan las espaldas de personas que saltan sobre un pie. El círculo de personas gira alrededor y dentro de todo el centro. El techo cae sobre los cuerpos desnudos de hombres y mujeres con cabello amarillo. Los cuerpos encendidos caen al suelo y abren los brazos hasta que la alfombra se enciende. Los brazos de Derrick están llenos de dibujos borroneados que parecen ser tatuajes.
Don caminaba alrededor de los círculos procurando no chocar ni ser empujado. Tras levantarse intenta encontrar un rostro al cual culpar por la caída, antes de levantarse toma aire y jura que no perderá el control, lo hace mordiéndose los labios y cerrando con fuerza los párpados. Alguien más grande y más fuerte que Don lo levanta del suelo tomándolo por las axilas y soltándolo en el círculo con un empujón. El círculo gira alrededor de una pantalla de cristal rota y cubierta por llamas verdes. Varias mujeres saltan sobre aquella llama con los pies descalzos mientras Don permanece de pie y quieto como si buscara algo quieto, algo que no se moviera. El techo cae sobre los cuerpos humeantes levantando una nube de polvo que obliga a caminar a ciegas. El centro está lleno de rocas y cuerpos y llamas dentro de los agujeros, mientras, Derrick emite gruñidos mezclados con palabras y frases rimadas. El ruido abre un orificio en el suelo desde el cual suenan explosiones no muy lejanas que parecen acercarse al centro. Al abrirse, el orificio ha tragado la habitación del baño y las tuberías dejan correr agua que golpea contra los muros. Varios cuerpos lucen como cartones o revistas carbonizadas. Varios hombres saltan sobre el orificio que cada vez se hace más grande, junto al orificio una montaña de sillas sirve como caída para los cuerpos que saltan desde lo que quedaba del techo. La luna y las nubes tienen colores púrpuras y la luz de un poste eléctrico es cubierta por un tejido de cables y cajas metálicas.
Arnold es el nombre de un tema que suena alto cubriendo al ruido del televisor. Como en una montaña rusa se escucha Arnold, luego una melodía y al bajar la voz, el relato de un periodista que habla claro y con extrema seriedad. Cuando la canción vuelve a subir la melodía queda en segundo plano y quien canta contiene la respiración antes de continuar su frases, lo que le da otro tiempo al tema, como si fueran cuatro quienes cantan Arnold, uno subido a una escalera y dos dentro de una caja de cartón. Ese pasaje compuesto dura casi un minuto durante el que la tv desaparece. La cortina es empujada por una ráfaga de viento y los pies golpean el suelo. Luego Don baja la cabeza para mirar sus pies y también acerca el rostro hacia los dedos doblándose hasta que todo su cuerpo queda bajo la mesa. Luego deja sus labios sobre su pie durante varios segundos mientras cuenta de atrás hacia adelante siete números. Durante el cambio de tema se produce un silencio que coincide con el paso de un comercial a otro. La luz entra por la ventana marcando la sombra de los parlantes y la cesta de fruta sobre la pared roja. En la mitad de la pared hay un póster pequeño de una película cuyo título está impreso en letras amarillas. La mujer del póster lleva un vestido negro y está recostada sobre su espalda en una cama de mantas azules o grises, parece que dentro de esa habitación hay un tv encendido por la sombra del cuerpo de la mujer sobre la cama. Su cuerpo es delgado, estilizado, sus pechos son pequeños y su rostro parece una figura geométrica con varias esquinas y un corte de cabello que recuerda un kabuto Faxicura. A mitad de canción Jésica se acerca hacia el estante para tomar un objeto al cual lleva entre sus manos y su pecho mientras Don la mira salir.
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